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Reflexiones sobre las Memorias olvidadas del expresidente Andrés Pastrana

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lunes 31 de marzo de 2014 8:05 COT

Andrés Pastrana y Tirofijo
Imagen tomada del archivo del expresidente Andrés Pastrana

Para quienes nos preguntamos sobre el timing de las Memorias olvidadas del expresidente Pastrana las noticias son regulares: la respuesta queda en suspenso. La mejor pista está en la nota preliminar:

Lo que aquí entrego es un collage de época de un país en el que, para muchos que han tenido el valor de dar la batalla, el simple hecho de estar vivos es un verdadero milagro. Lo hago bajo la convicción de que en estos contados hechos históricos –a buen entendedor, pocas palabras– hay elementos apasionantes y entretenidos que, conocidos sus detalles íntimos, aún pueden tener una moraleja.

Moraleja es la palabra clave, ajuste de cuentas o vuelta de tuerca puede ser la cifra. Destaquemos algunas reflexiones a partir de las Memorias olvidadas del expresidente Pastrana. Siéntanse cómodos porque es una entrada larga.

  1. La verdadera lavandería

La mayor decepción de la segunda versión de Wall Street filmada por Oliver Stone es que no se asome ni de riesgo por el lavado de activos en la economía estadounidense. Breaking Bad se acerca un poco, así sea para utilizar una lavandería de forma metafórica para ubicar el primer gran laboratorio de Walter White; la forma en que las grandes multinacionales se lucran del narcotráfico aparece anunciada ligeramente y poco después se termina la serie: otra oportunidad perdida para comprender el narcotráfico en los Estados Unidos.

La macroeconomía del narcotráfico ha demostrado que si a la economía colombiana le entrase el 10% del dinero generado por el narcotráfico, estallaría. Algo similar a la inflación que vivió Cali en los noventa con el auge del Cartel del Valle. En otras palabras, más del 90% de las ganancias del narcotráfico se queda en los Estados Unidos y en Europa: ¿cómo lo están lavando y cómo se benefician sus países y sociedades de todo ese dinero? El expresidente Pastrana se lo preguntó a Escobar:

—¿Cuáles son los carteles de la droga de Estados Unidos?

—No se conocen públicamente, doctor Pastrana, pero existen. A ellos no los desenmascaramos porque se acabaría el negocio para ambos.

[…]

—¿Hay políticos de Estados Unidos asociados con ustedes? —averigüé.

—En los Estados Unidos sí que hay políticos involucrados y son amigos míos. Gobernadores amigos míos de los Estados Unidos llevan allá las avioneticas cargadas de droga —pero no me dio nombres.

Esto cuando el kilo de cocaína estaba a 8.000 dólares en los EUA, ahora se estima que cuesta diez veces más. Dado que el narcotráfico no ha disminuido y a los países productores de cocaína siguen llegando porcentajes bajos de las ganancias de la droga, solo se puede concluir que los carteles estadounidenses siguen activos y lavando en forma. La verdadera guerra contra las drogas que debería liderar EUA está en su propia casa, Pablo Escobar dixit.

  1. Sobre lo no dicho

La memoria La prueba reina es de las más confrontantes que trae el libro. Nos retrotrae a ese episodio traumático del Proceso 8.000, a la relectura del libro Poder, justicia e indignidad, la memoria de la Comisión Ciudadana de Seguimiento del proceso al entonces presidente Samper, donde se detallan todas las triquiñuelas de Samper para absolver sus responsabilidades por la financiación recibida de parte del Cartel de Cali. Advertencia a los lectores: aquí es necesario endurecer el estómago para resistir las náuseas de ese episodio.

La prueba reina a la que se refiere el expresidente Pastrana es a la carta que desde la cárcel en Colombia le enviaron los hermanos Miguel y Gilberto Rodríguez Orejuela en la que aceptan que financiaron a Ernesto Samper Pizano y que él siempre fue consciente de dicha financiación. Nada sucedió a sus espaldas, mejor dicho. Y Samper sigue tan campante y en libertad disfrutando de su pensión de expresidente de Colombia. Ponga aquí su dedo el lector antes de salir corriendo al baño.

Lo que sí es de material psicoanalítico son los silencios que recorren este capítulo. Está el silencio de César Gaviria, que según declaró Joe Toft, exdirector de la DEA en Colombia en ese momento, sabía del contenido de los narcocassettes. ¿Por qué Gaviria no actuó ante esta información? Joe Toft asegura que Gaviria sabía del financiamiento meses antes de que Pastrana le llegara con las cintas. La única explicación que ha dado el presidente Gaviria es llamar al expresidente Pastrana “un loco de atar”. ¿Por qué la inteligencia colombiana no filtró los narcocassettes después de la primera vuelta? Parece que soltarle la bomba a Pastrana dos días antes de la segunda vuelta fue el Pastrana, salve usted la patria de la Inteligencia colombiana.

Aquí vienen las preguntas por los silencios del expresidente Pastrana: ¿por qué no hizo públicos los narcocassettes? Como dice en sus Memorias, tenía a mano los medios de comunicación de su familia TV Hoy y La Prensa. El expresidente se excusa diciendo que no estaba seguro de la autenticidad de las voces en las cintas, pero ¿qué margen de duda le podía caber dada la fuente que se los estaba entregando? Para que la Dijin diera el paso de entregarle los narcocassettes tenía que estar muy segura de su autenticidad. En este momento recordé mi charla con una persona que trabajaba en la campaña del expresidente Pastrana: pesó el favoritismo que tenía Pastrana en las encuestas. Tenía razones para creer que podría ser elegido y su campaña optó por esperar a las elecciones y luego, independientemente del resultado, dar a conocer los narcocassettes, tal como sucedió.

Pero sin duda el silencio más sorprendente fue el que guardó hasta la publicación de este libro el expresidente sobre la prueba reina, la carta de los Rodríguez Orejuela. Más aún, en la forma en la que la presenta en el libro, deja un gran interrogante. Pastrana dice que fue el médico Santiago Rojas quien le entregó la carta de los hermanos. Pero la carta misma, en su segundo párrafo, dice:

En cuanto a su pregunta, le queremos contestar con la sinceridad a la cual nos es posible llegar por el momento.

¿Cuál fue la pregunta de Pastrana? Según el libro, sería la que él le hizo a Santiago Rojas sobre si los Rodríguez Orejuela iban a reaccionar ante las revelaciones del libro de Santiago Medina, pero esta no es la pregunta que responden los hermanos… ¿por qué Pastrana siendo presidente no actuó en consecuencia con la información contenida por esta carta? De nuevo me temo que entraron toda clase de consideraciones políticas antes de cumplir con la obligación jurídica y moral de denunciar de nuevo a Samper, ahora sí con la prueba reina. Los Rodríguez Orejuela no iban a perder un careo con Samper después de firmar esta carta, ¿por qué no lo hizo Pastrana?

  1. Las lecciones del Caguán y la silla vacía

A Andrés Pastrana el país le debe el justo reconocimiento por su audacia y disposición para firmar la paz con las Farc. Cuando se celebraron los diez años del fin del proceso del Caguán, un grupo de académicos elaboró un documento con algunas lecciones para acercarse a la paz. La experiencia del Caguán fue tomada como un fracaso del cual se debería de aprender. Una lectura equivocada a mi parecer, pues no destacan por ninguna parte que el proceso estaba viciado por la agenda doble que tenía las Farc. Es una lástima que en sus Memorias el expresidente Pastrana no le haya respondido el guiño que le hizo Fidel Castro con su libro La paz en Colombia, a todas luces un esfuerzo de Castro por poner en perspectiva el esfuerzo de Pastrana ante el engaño de las Farc. Obviamente Castro, diplomático consumado, no lo pone así, pero es uno de los vectores principales del libro.

En otra memoria, el expresidente nos dice que finalmente conoció la respuesta a la pregunta del millón, por qué Tirofijo no quiso asistir a la inauguración de los diálogos de paz en la zona de distensión y dejó solo a Pastrana acompañado únicamente por una silla vacía. Pero, ¿encontró realmente la respuesta?

El primer cuento de Marulanda fue que había 3 o 4 paramilitares infiltrados en el Caguán que querían asesinarlo. Esto en medio de mil guerrilleros. No se lo creyó nadie y con justa razón Pastrana se lo recriminó: “Usted no me previno para nada y yo incluso asistí con mi hijo Santiago”. El segundo cuento, la respuesta que Pastrana toma por válida, fue la que le contó Tirofijo a Tony López, delegado del Partido Comunista en la embajada de Cuba en esa época. Este es el diálogo entre López y Pastrana:

—Yo siempre he creído que hubo algo extraño, muy distinto a las excusas inverosímiles de inseguridad alegadas por Marulanda —le anoté a Tony.

—Sí, Presidente: él no fue por otras razones.

—Écheme ese cuento, Tony.

—Yo fui con mis compañeros cubanos a hablar con él, a tratar de convencerlo de que asistiera a la instalación de la mesa: “No, yo no voy”, respondía, y repetía el cuento del atentado que tenían listo los paramilitares para matarlo.

“Es imposible que alguien pueda atentar contra usted con la gigantesca fuerza guerrillera que tiene desplegada. Aquí no puede alegar lo de los paramilitares”.

“Bueno, le voy a contar por qué no voy”, accedió por fin Tirofijo.

“Cuénteme”.

“Mire, yo no voy a ir porque el presidente Pastrana es muy carismático y es un gran tipo. Si yo me subo a la tarima él me va a saludar afectuosamente frente a las cámaras de televisión de todo el mundo y eso lo van a ver todas las FARC ”.

“De eso se trata”.

“El presidente Pastrana, por su forma de ser, me va a saludar afectuosamente, muy decente, como es él y, entonces, ¿cuál cree usted que será el mensaje de Andrés Pastrana saludando así a Manuel Marulanda?”.

“Dígame cuál”.

“El mensaje es que se hizo la paz y apenas estamos comenzando los diálogos. Las FARC van a creer que Pastrana y Tirofijo ya tienen un arreglo desde el comienzo y eso a mí me perjudica”.

El embajador López le aseguró en vano que estaba profundamente equivocado.

“Compañero, los guerrilleros me van a ver saludándome afectuosamente con el presidente y van a comentar entre ellos que los traicioné desde el comienzo de los diálogos. Ese es el mensaje que van a entender los guerrilleros: ‘Tirofijo se entregó a Pastrana’, van a decir”.

A renglón seguido, el expresidente dice que vista desde la lógica de Tirofijo, esta argumentación tenía razón. Difiero del expresidente. En su libro Doctor: algunas tendencias de la cultura colombiana, del letrado al gamín y el colono, el psicoanalista José Gutiérrez desnuda el poder de la palabra en la historia social de Colombia. En un país con alta tasa de analfabetismo el que publicaba un libro era rey. De ahí que la gramática se volviera una cuestión de estatus en nuestro país. El otro lado de la moneda era la indefensión de las personas poco educadas a la hora de pedir justicia, por ejemplo. Al ser incapaces de verbalizar su caso se quedaban impotentes ante la injusticia. Recordemos que hoy, en pleno siglo XXI, aún hay mecanógrafos ganándose la vida en el centro de Bogotá redactando cartas para personas que no saben escribir o no tienen máquina de escribir siquiera, o niños de la calle que saben leer a quienes los que no saben les pagan la boleta del cine para que les lean los subtítulos de las películas.

El libro y posterior película El lector, de Bernhard Schlink, nos dio un retrato muy elaborado de esta indefensión. Luego, la película El discurso del rey nos mostró lo que podía hacer el pánico escénico ante la incapacidad para hablar bien. Otro argumento a favor de que a Tirofijo le pudo más el pánico escénico y el exceso de cancha de Pastrana para no presentarse a la mesa del Caguán lo da el mismo expresidente:

En el transcurso de mi encuentro como presidente electo con Tirofijo, él, lo mismo que yo, dio su palabra de asistir a la instalación de los diálogos de paz, aunque siempre tuvimos dudas de que cumpliera.

“Si en la instalación de la mesa va a hacer presencia, ese día yo también hago presencia, y dejamos las mesas instaladas”, me prometió Marulanda la primera vez que lo vi.

Tras múltiples deliberaciones, Víctor G. Ricardo impuso su propuesta de celebrar un acto enorme para la firma del inicio de los diálogos, pero yo pensaba lo contrario: “Lo importante es que Tirofijo y yo firmemos un papel en el que quede constancia de que acaban de comenzar los diálogos entre el gobierno colombiano y las FARC. Eso debe ser todo, nada más”.

No obstante, Víctor G. consideró que la realización de un acto solemne y concurrido para la firma sería obligante para la guerrilla, así como una postura de transparencia en nuestro proceder frente a la opinión pública. Aún así, en las vísperas del evento continuaba dándole mis razones.

—Usted debe entender que Marulanda es rudimentario, medio analfabeto y consciente de que habla muy mal para hacerlo en público. Si yo me preocupo y me pongo nervioso con la idea de presidir ese evento frente a doscientos periodistas de todos los continentes, el cuerpo diplomático y delegados de decenas de gobiernos y organizaciones del mundo entero ¿cómo será Tirofijo, un tipo que ha pasado la vida escondido en el monte?

Recuerdo cuando alguna vez alguien preguntó en una reunión si había cigarrillos. El propio Tirofijo fue a buscar una cajetilla, al regresar la puso sobre la mesa con una caja de fósforos y exclamó complacido:

—Desde que haiga Marlboro aquí no hay problema.

El diagnóstico de Pastrana es muy acertado: Marulanda era rudimentario, medio analfabeto y consciente de que hablaba muy mal para hacerlo en público. Esto bien pudo ser lo que pesó más para no presentarse a la mesa, más allá de conspiraciones o mensajes a las miembros de las Farc, una organización en la que bastaba algo como “estamos negociando, no nos hemos entregado” de su parte para que nadie pensara lo contrario.

Lo que sí es de admirar en Marulanda es que a pesar de esos vacíos de formación fue capaz de liderar a las Farc durante tanto tiempo y llegar a convertirla en un movimiento de 20.000 guerrilleros que lograron hacer sentir débil al establecimiento antes de empezar los diálogos del Caguán. Y lo que el país debe agradecerle es que respetó en todo momento la integridad del expresidente Pastrana, quien dos veces tuvo el coraje indescriptible de encontrarse a solas con Marulanda rodeado de mil guerrilleros y sin ningún tipo de escolta. Si bien las Farc empezó los diálogos del Caguán con la idea de rearmarse y pararse de la mesa con buena imagen, no llegó al límite de secuestrar al presidente de la República. Queda como ejercicio imaginarse qué hubiera sucedido en la historia de Colombia de haber sido así.

Otro dato que traen las Memorias es que la idea original de la zona de distensión fue del presidente Santos. Pero antes vale compartir una anécdota reveladora del libro de Pastrana:

Ese mismo día, después del almuerzo, el doctor Santiago Rojas, buen amigo que me acompañaba en calidad de médico personal en esa ocasión, se puso de pie y se dirigió a la cúpula de las FARC.

—Señores, les voy a hacer magia —y sacó una baraja.

—¿Magia? —preguntó el guajiro Milton de Jesús Toncel Redondo, alias “Joaquín Gómez”.

—A ver, agarre una carta, yo me volteo para no verla pero usted se la muestra a los demás para que ellos sí sepan cuál es —le contestó al guerrillero incorporándolo al juego.

—Ya —respondió Joaquín Gómez tan pronto como sacó el as de corazones.

—Muy bien, vuelva a meter la carta en la baraja sin que yo vea.

—Ya —mintió el guerrillero, pues lo que hizo fue esconderla en un bolsillo.

—Muy bien —exclamó Santiago sin haber visto la carta ni saber qué había hecho Joaquín con ella—. Ahora, voy a adivinar cuál fue la que escogió.

Escarbó la baraja y no la encontró.

—Usted no la ha puesto. Métala sin que yo vea y le adivino cuál es.

—Ya la metí —volvió a mentir Joaquín Gómez.

—¿Está seguro de que la metió aquí? —preguntó Santiago luego de revisar de nuevo la baraja, carta por carta.

—Sí, seguro que la metí.

—¡Usted la tiene guardada y no me la devolvió! —protestó el médico.

Los guerrilleros que estaban a la mesa rieron a carcajadas y se acabó el juego.

Más tarde, Santiago me buscó:

—Presidente, la mentalidad de estos tipos es la mentalidad de la trampa.

La mentalidad de la trampa y del vivo colombiano. De la misma manera que el presidente Santos nos quiso cambiar la Operación Conejo por la Operación Jaque. Siguiendo la anécdota de Rojas, el mago de Santos debe tener varias cartas guardadas ante las Farc, como las tuvo con el expresidente Uribe. Pero aparte de estas formas de negociar y vivir la vida, lo que el libro de Pastrana también nos muestra es que la decisión de las Farc de hacer el tránsito de grupo guerrillero a partido político parece tener todo el apoyo interno del Secretariado. ¿Cómo se deduce esto? Porque Marulanda, Reyes y Cano eran la línea dura de las Farc, la que se oponía a negociar fuera de Colombia o insistía en luchar hasta tomarse el poder. El círculo se cierra luego de la publicación de La paz en Colombia de Fidel Castro: no es improbable que los Castro hayan autorizado los diálogos en La Habana siempre y cuando la intención de las Farc sea real y no estén jugando a guardar cartas en el bolsillo.

Siempre me intrigó que las Farc mencionaran los pollos y gallinas que fallecieron con los ataques a las repúblicas independientes, esos bombardeos que sembraron la semilla de las Farc. En el fondo, quizás Marulanda no quería más que seguir siendo un campesino y toda la reivindicación de la necesidad de la reforma agraria por parte de las Farc no es más que hacer el valer el derecho de los campesinos colombianos a cultivar su tierra en paz, sin que los maten a ellos ni a sus animalitos. Ya sin Marulanda, las Farc puede asumir un discurso más urbano y moderno si se quiere, propugnando por la socialdemocracia como hace ahora. La gran pregunta es si el país está preparado para ello.

Quedan más temas por tratar a partir de las Memorias olvidadas y probablemente habrá que esperar a una segunda edición para que el expresidente Pastrana nos cuente por qué es tan crítico con el actual proceso de paz, que es en gran parte heredero de la experiencia del Caguán.

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