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Columnas

Las voces de equinoXio

Hipster de buseta

Columnas > Limpia - Mente Por: Johanna Pérez Vásquez

31 dAmerica/Bogota enero dAmerica/Bogota 2011 10:17 COT

 

Santrax

Se sube a la buseta un sábado a las 8 de la noche en la séptima con 46, le pregunta al conductor si puede llevarlas a ella y a su amiga por dos mil pesos, aunque la tarifa completa es 700 pesos más costosa. Sonríe como mosca muerta y logra el favor.

Ya sentada en el costado izquierdo del vehículo medianamente destartalado, habla con su amiga de fin de semana de lo peligroso que se ha vuelto su barrio:

 

Hipster de buseta

Ay sí, es que llegar a mi casa es horrible, horrible, horrible, hay que subir por la 92, desde la séptima y eso es súper solo, ya han robado a varias personas por ahí

Amiga de fin de semana

Huy sí, me imagino.

Hipster de buseta

Yo por eso prefiero dar toda la vuelta por el otro lado, por la 93 o por la 94.

Amiga de fin de semana

Claro, es mejor.

Hipster de buseta

Ay pero no sé qué hacer.

Amiga de fin de semana

¿Qué hacer…?

Hipster de buseta

Sí, hoy. Estoy muy cansada como para ir a rumbiar, sólo quiero dormir, leer algo de Camus y quedarme dormida.

Amiga de fin de semana

Sí, yo sé.

Hipster de buseta

Pero no quiero llegar sola a mi casa, no a esta hora, por lo que te dije.

Amiga de fin de semana

¿Y por qué no llamas a tus papás para que te recojan en mi casa?

Hipster de buseta

Pues sí, espera llamo a mi papá. 

 

….

Hipster de buseta

¿Papá? Hola, ¿cómo estás? 

Celular

Hipster de buseta

Sí, sí. Te llamo para que por favor me recojas en la casa de las gemelas.

Celular

Hipster de buseta

No, con la otra, con Helena, estoy con Helena.

Celular

Hipster de buseta

Sí, ah bueno entonces pídeme esto.

Celular

Hipster de buseta

Sí ahí, mira, entonces pídeme una sopa ramén y un rollo de sushi.

Celular

Hipster de buseta

Sí, de ese, del normalito. 

Celular

Hipster de buseta

Sí, eso y nada más. Gracias papá.

 

Vida sufrida la de la hipster de buseta, que a veces se ve obligada a pagar los 1300 pesos que vale el pasaje regular en buseta, mientras los pobres regatean todos los días para pagar sólo mil pesos.

El que se acuesta con amigos

Columnas > Limpia - Mente Por: Johanna Pérez Vásquez

16 dAmerica/Bogota diciembre dAmerica/Bogota 2010 16:48 COT

Federico
Antes, cuando era más joven tenía sexo con mujeres mayores, sin compromisos, sin problemas.
 
Sarah
Y me vas a decir que ahora no.
 
Federico
No, no te voy a decir eso. Ahora… a veces tengo sexo con amigas, pero siempre, sin excepción quieren saber luego si somos novios o no, dicen “la respuesta que me des va a estar bien”, pero la verdad es que siempre esperan que les diga “sí, vamos a ser novios después del sexo”.
 
Sarah
¿Y eso se arregla?
 
Federico
¿Qué?
 
Sarah
La amistad, ¿la amistad sobrevive después de eso?
 
Federico
Mmm no, creo que no.
 
Sarah
Para mí que ustedes los hombres, si pudieran, si nosotras las mujeres no tuviéramos problema con eso, se acostarían con todas sus amigas.
 
Federico
…Sí, es verdad, nos gustaría.
 
Sarah
Pero eso es difícil, las mujeres podemos tener sexo con un hombre sin que sea nuestro novio o nuestro marido.
 
Federico
¿Has tenido sexo con alguien que no sea tu pareja?
 
Sarah
… Eso no se pregunta Federico.
 
Federico
No seas tonta, si ya estamos hablando de sexo así puedo preguntar eso.
 
Sarah
Bueno, el asunto es que tiene que haber algo: gusto, cariño, atracción, química, no somos como ustedes, que nos acostamos con alguien porque ‘ajá’. Las mujeres somos más complejas.
 
Federico
Sí, son muy complejas. Pero no respondiste lo que te pregunté.
 
Sarah
Y no lo voy a hacer.
 
Federico
¿Por qué?
 
Sarah
Porque luego tendría que responderte si me acostaría contigo o no.
 
Entrada relacionada: La que se acuesta con amigos

Sonreír es para mujeres

Columnas > Limpia - Mente Por: Johanna Pérez Vásquez

18 dAmerica/Bogota noviembre dAmerica/Bogota 2010 16:38 COT

Pocas expectativas ajenas tan machistas, y sutiles a la vez, como la de aquellos que siempre quieren verte sonreír sólo porque eres mujer.
 
A las mujeres se nos cría con la idea de que debemos ser criaturas sociales, amables, candorosas e incluso cálidas, para que nuestra personalidad combine armónicamente con nuestro cuerpo. Los hombres también reciben una educación que se ve bien con sus cuerpos. Desde pequeños los convencen de que las lágrimas no les quedan bien y si intentan jugar con muñecas los regañan, porque ese comportamiento es un peligro potencial, además ningún papá sueña con tener hijos homosexuales. 
 
No importa cuán delgados sean los televisores o qué tan grande sea el ancho de banda de nuestra conexión a internet, los cuartos de las niñas se siguen pintando de colores pasteles y hay más hombres en las facultades de ingeniería que en las de psicología, confirmando que no hemos cambiado.
 
La mayor parte de mi vida ha transcurrido en ambientes donde se me ha discriminado poco o nada por el hecho de ser mujer. Encuentro tan natural el hecho de dirigirme a un hombre como un igual que tengo serias sospechas de que olvidé cómo coquetear, sobretodo porque cuando me encuentro con un tipo que me resulta atractivo termino diciéndoselo dentro de las 24 horas siguientes después de conocerlo, pero no con tono cómplice sino como quien le plantea una situación a un socio para abordarla de alguna manera, pero la falta de habilidades femeninas no para acá.
 
Mis recuerdos están salpicados de frases como “eres una aburrida”, “deja de ser tan amargada” o “no leas tanto” así como de miradas inconformes por los decibeles a los que llego cada vez que suelto una carcajada. Lastimosamente, para otros, no puedo confirmar que sea un suicida en potencia porque nunca intenté cortarme las venas o lanzarme desde la azotea de un edificio, pero tampoco puedo complacer a quienes me ven como un somnífero. No necesito bailar para divertirme, no me gusta reírme a un volumen “decente” y no le sonrío a todo el mundo.
 
Las personas tienden a sacar conclusiones apenas ven a una persona y esas conclusiones no salen sólo de lo que tienen al frente. Cuando conocemos a alguien los estereotipos hacen lo que quieren con nuestro criterio, impulsándonos a hacer afirmaciones acerca de cómo debe ser una persona por el modo en que se ve, se viste, habla, se ríe o no sonríe. Es más, la primera operación que hace nuestro cerebro, después de ver un objeto con forma de persona, es definir si es un hombre o una mujer, luego vienen las ideas preconcebidas. Ahí es justo cuando yo comienzo a perder.
 
De un tiempo para acá he comenzando a sospechar que si hubiera nacido hombre no me dirían con tanta frecuencia que soy antipática y odiosa. De las mujeres, más específicamente dentro de una cultura latina, se espera que sean amorosas, suaves y alegres para que complementen a los hombres, cuando eso no ocurre quienes las rodean creen que es su deber criticarlas para que cambien, pero no se detienen a pensar que simplemente no son ni tan divertidas, ni tan interesantes como para que inspirarles sonrisas a mujeres como yo.
 
Así como yo vivo feliz sin sonreírle a todos, espero que otros lo sean ignorando el hecho de que no muestro mis dientes con la frecuencia que una actriz porno muestra las tetas, al tiempo que entienden que eso no me hace menos mujer.
 
Esta columna también está publicada en mi blog Licuc.

Twitter: El atrapa-ideas

Columnas > Limpia - Mente Por: Johanna Pérez Vásquez

14 dAmerica/Bogota octubre dAmerica/Bogota 2010 16:15 COT

Si bien las sesiones de espiritismo sirven para comunicarse con los difuntos, son completamente inútiles para revivir ideas. A las frases brillantes hay que capturarlas en el momento. Para cumplir esa función Twitter puede ser una buena red atrapa-ideas.
 
Por lo general las ideas nacen crudas, prematuras y deformes. Es responsabilidad del inventor, del ingeniero o del creativo trabajar en ellas hasta convertirlas en aparatos con utilidad, puentes resistentes o eslóganes pegajosos, sin embargo no siempre quien parió la idea es capaz de transformarla.
 
No se trata de un tema de habilidad o imaginación, más bien se relaciona con la entrega y la disposición.
 
En muchas ocasiones voy por la calle y algo llama mi atención, luego busco apresuradamente mi casi eterna compañía, mi libreta de notas para aterrizarla, esperanzada en que cuando la relea más adelante pueda escribir una columna entera a partir de ella, pero no siempre tengo tanta motivación, tanto talento o simplemente carezco de disciplina suficiente para llevarla a donde quería.
 
Con el pasar de las semanas el papel donde escribí esa cautivadora ocurrencia se vuelve opaco, se llena de sombra por la suciedad y pierde su calidad especial, acompañada por otras ideas, en bruto también, y unas más desarrolladas con dedicación, que sólo esperan ser publicadas para darse a conocer.
 
La triste realidad, de muchos pensamientos es que no germinan, al menos no en la cabeza de su creador.
 
Del mismo modo en que Flickr está poblada con miles de imágenes que pueden ser usadas libremente, siempre y cuando se dé crédito a los autores, Twitter es un semillero de iniciativas que cualquiera puede usar para darle vida a un proyecto nuevo. Aunque no estén claras las aplicaciones de Creative Commons en este servicio de micro-blogging, prefiero llevar mis ideas al mundo a través de esta herramienta, siempre y cuando pueda expresarlas en 140 caracteres o menos. Quizás neuronas distintas a las mías puedan darles el futuro que yo no les di.
 
 
Esta columna también está publicada en mi blog Licuc.

Advertencia: Analfabeta chateando

Columnas > Limpia - Mente Por: Johanna Pérez Vásquez

16 dAmerica/Bogota septiembre dAmerica/Bogota 2010 16:36 COT

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Creative Commons License photo credit: miniQQ
 
A veces cuando chateo con alguien por MSN, leo muy rápido y saco conclusiones, luego respondo, mal, todo mal, porque más tarde, cuando tengo tiempo, me aburro de lo que estoy haciendo o decido perder el tiempo revisando los registros de las conversaciones pasadas, descubro que Sarah me preguntó por mi prima y yo le respondí pensando en la suya. Sospecho que mi imaginación se está enredando peligrosamente con mi realidad. Es mejor que deje mi costumbre multitarea porque me estoy saboteando desde adentro.
 
Hace un par de semanas comencé a ver con preocupación cómo mi disco duro se llenaba inexplicablemente. Había borrado todas las series de televisión vistas, pasado a mi unidad externa los documentos del año pasado y eliminado los archivos innecesarios de trabajos pasados, pero la imagen del espacio libre se hacía más y más pequeña.
 
Esculqué muchas carpetas de la unidad C, una por una, aún sin entender qué había adentro, decidida a descubrir qué ratón, termita o plaga similar estaba comiéndose mi computador. Tras un par de horas descubrí la razón, Digsby, el programa que uso para centralizar los servicios de mensajería a los cuales estoy afiliada, tiene una función que guarda automáticamente los registros de todas las conversaciones que mantengo. Esa bendita carpeta estaba llena de basura electrónica o eso creía.
 
La curiosidad me pudo y comencé a abrir una por una las carpetas de charlas tenidas hace meses. Estuve toda una tarde leyendo lo que me decían y lo que respondía, al final tenía una conclusión clara: yo no sé leer, no tengo comprensión de lectura.
 
Me he encontrado en la ducha pensando en lo ridículo que es aguantarle desplantes a un hombre inmaduro, para luego darme cuenta de que Silvia no está de novia con él sino que Andrea usaba esa situación para compararla con la relación que tiene ahora. En resumen, leer a la ligera y responder es equivalente a todo el esfuerzo mental que hace un hombre para responder algo coherente cuando su novia le pregunta si está gorda. No hay modo de responder bien, se responde por decir algo, para evitar el llamado de atención del otro, pero bien no se hace.
 
Luego de revisar esos archivos me siento insegura y chateo menos, pero cuando lo hago intento no hacer nada más al tiempo. No quiero tener problemas del tipo “anoche te dije en MSN que ya no estaba con Mario sino con Iván” cuando una amiga me presenta al novio y yo le llamo por el nombre incorrecto. De ahora en adelante pretendo tener toda mi atención centrada en lo que escriben los demás para evitar nuevas vergüenzas.
 
Realmente no sé cuánto tiempo vaya a necesitar para recuperar la confianza en el funcionamiento de mi cabeza, el hecho de no pronunciar palabra cada vez que chateo no ayuda, así es muy difícil separar la fantasía de la realidad, sólo sé que de ahora en adelante es mejor no tratar asuntos importantes por chat mientras se lo acaban de inventar.
 
 
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Pasatiempo: Odiar

Columnas > Limpia - Mente Por: Johanna Pérez Vásquez

12 dAmerica/Bogota agosto dAmerica/Bogota 2010 16:51 COT

Conozco personas a quienes les apasiona encontrar motivos de odio verdadero y profundo, seres a los que la sola posibilidad de lanzar sus ataques contra un blanco jugoso y distraído les hace brillar los ojos, individuos que salivan de sólo pensar en los chismes que podrán esparcir acerca de alguien, más aún si tendrán la oportunidad de crearlos.
 
Generalmente noto la existencia de estos personajes cuando se sueltan, cuando sienten la confianza suficiente para dejar fluir sus agresiones abiertas o escondidas. En otras ocasiones los reconozco porque me corresponde ser el objetivo a destruir.
 
Aunque no soy coleccionista profesional de agravios y quejas, me sé muy capaz de revivir todo tipo de recuerdos, basada en las emociones que me produjeron las experiencias que los imprimieron en mi cabeza, por eso recuerdo con bastante claridad las veces que recibí críticas, fundadas o no, con toda la intención de herirme. Han llegado de variados lugares, desde bienintencionados amigos preocupados por mi eterna adolescencia, hasta de enemigos hechos a la ligera y sin ganas.
 
Lentamente estoy aprendiendo que no debo tomar decisiones ni evaluar situaciones estando cansada. La falta de sueño es equivalente al exceso de alcohol en la sangre, todo se ve distinto, más grave, más iluminado o más bonito de forma intercalada, por lo que prefiero dormir bien, esperar a que se retiren los efectos del guayabo (también conocido como resaca) antes de emprender las sendas elegidas. Sin embargo soy consciente de que no todos actúan así.
 
Algunos individuos tienen unas vidas tan aburridas y miserables, tan monótonas que han asesinado su imaginación, al punto que sólo pueden tener emociones fuertes siguiendo con las pautas que traen desde antes. Están aquellos que olvidaron (sí, para colmo perdieron la memoria también) otras formas de diversión distintas a lanzar críticas destructivas y empollar huevos de resentimiento. Se sienten conformes y menos incómodos sentándose en sus nidos de espinas para producir veneno hacia otros. Pueden pasar meses, años, incluso décadas y ellos seguirán esperando el momento en que sus objetivos caigan en desgracia, para anunciar a su audiencia que se ha quebrado la cáscara, que el engendro ha salido para permitirles gozar con la desgracia ajena, sin embargo esto no siempre ocurre.
 
Hay épocas durante las cuales las personas tienen los problemas de siempre: pierden el trabajo, se enferman, sufren robos, deben realizar reparaciones locativas y demás, para luego volver a emplearse, montar un negocio, recuperar la salud, irse de compras o disfrutar de la remodelación, con lo cual cometen un grave error, intentan ser felices, en algunos casos lo logran. El odiador aficionado sentirá como una traición personal que alguien más, alguien que no sea el, obtenga beneficios con esfuerzo, aun cuando no desee lo conseguido por otro, porque este ejemplar siente como una ofensa dirigida expresamente hacia el, cualquier suceso positivo que le ocurra a los demás.
 
Me estaría declarando mentirosa si negara que por temporadas el exceso de problemas y la falta de optimismo me han tentado a ejercer este pasatiempo, sin embargo con los años he aprendido que el tiempo y energía que pierdo odiando a otros, podría invertirlo provocándoles yo misma las desgracias o creando éxitos propios que les permitan a los odiadores amargarse solos.
 
He descubierto que el último método es más divertido y productivo, por eso prefiero reírme con frecuencia, hasta de mis errores, antes que desgastarme eligiendo gestos, palabras y medios para responder ofensas ajenas, que sólo me quitan espacio para llegar a los lugares donde realmente deseo estar. Esta es la forma que he elegido para amordazar a los odiadores.
 
 
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¿Para qué People En Español si existe Facebook?

Columnas > Limpia - Mente Por: Johanna Pérez Vásquez

15 dAmerica/Bogota julio dAmerica/Bogota 2010 16:21 COT

 
Hace algo más de 2 años abrí mi cuenta en esta famosa red social, tras la insistencia de un par de amigos míos, pero poco después ya me estaba arrepintiendo. Víctima de mi curiosidad husmeé el perfil de un ex novio y descubrí que estaba estrenando pareja.
 
Hoy los arrepentimientos no me abandonan. Mientras se hace cada vez más popular 1984, la novela de George Orwell, yo sigo teniendo episodios psicóticos en los que espío hasta la última foto del álbum de un contacto, que estoy a punto de borrar, como si con eso pudiera aprender de memoria todo lo que no podré volver a ver, cuando me quiten los permisos para acceder a su información privada.
 
Las fotos me obsesionan, me cuestionan, me hacen sobreanalizar más que de costumbre. Me gusta imaginar que si las parejas sonríen con la misma amplitud tendrán un largo futuro juntos, pero si en cambio ella muestra todos sus dientes y él sólo dibuja una curva con sus labios, me convenzo de que la catástrofe está a la vuelta de la esquina. Sin embargo parezco tener compañía en mi compulsión hacia las imágenes.
 
Ya perdí la cuenta de las ocasiones en que alguien paró la fiesta para hacer una sesión fotográfica, justo cuando a todos les salía divinamente coordinada la coreografía de La Macarena, aun con la borrachera que tenían. Tampoco sé cuántas veces vi a compañeras de clase salir corriendo al baño para maquillarse, porque ya se venía el fotoestudio, ni los berrinches que tuve que presenciar porque les tomaron una foto casual y no salieron sonriendo. Obligaron al fotógrafo aficionado a borrar en su presencia la imagen maldita, de lo contrario lo acosarían hasta el cansancio para impedir que imágenes tan antiestéticas vieran la luz.
 
En algún punto los realities perforaron los ideales de la sociedad y la gente se convenció de que para ser legítimamente exitoso es necesario mostrarlo, es requisito exhibir a cuántas fiestas se asiste, cuántas playas se visita en las vacaciones y la multitud de amigos que se tienen. Es más, algunos expertos en relaciones públicas afirman que la mejor forma de mantenerse en el closet, si se es gay, consiste en hacer un acuerdo con una hermosa amiga para que salga en las fotos haciendo las veces de pareja, con este simple acto se logrará callar a los críticos y se los obligará a decir frases como: “Yo a Ricardo no lo bajaba de gay hasta que vi la foto de su novia en Facebook, es hasta bonita”, comprobando el poder de validación, en el mundo real, que tiene la red.
 
Actualmente tengo menos de 100 contactos en mi cuenta, es de acceso público y todas las fotos, donde se me podía reconocer fácilmente, salieron de ahí, igual que las etiquetas que me habían puesto los demás o las que yo misma situé sobre mi miopía. Ahora mi perfil de Facebook sirve para promocionar mis textos, los que se leen aquí o allá, no para alimentar el morbo ajeno. Mis datos en esa red social son inútiles para aquellos personajes, tan oscuros como yo, que intentan establecer mi nivel de felicidad viendo fotos mías y de mis amigos.
 
En este orden de ideas yo soy una total fracasada, nadie me invita tragos, no me bronceo al lado del mar y nadie me habla. Esos que tengo agregados en Facebook, son un grupo de samaritanos que se apiadaron de mis inexistentes habilidades sociales y me agregaron para que no luciera tan anormal.
 

Es hora de que lo reconozca: no tengo amigos, soy insoportable, Facebook es la verdad del mundo. Ese sujeto a quien oí hablar a escondidas, mientras hacía que leía en el autobús, tenía razón. Quien no está en la red social no existe, quien no sonríe en los álbumes no es feliz. Yo no soy feliz y como tengo menos de 100 contactos soy una paria a quien nadie se acerca, ni siquiera cuento para las estadísticas, soy una vagabunda porque en caso de emergencia, en caso de necesitar contactos para lograr un trabajo o pedir un favor nadie me auxiliaría, al fin y al cabo quien no tiene amigos virtuales es sólo un fantasma en la red.

 

 
Este artículo también está publicado en mi blog Licuc

 

Mujeres Jedi

Columnas > Limpia - Mente Por: Johanna Pérez Vásquez

15 dAmerica/Bogota junio dAmerica/Bogota 2010 17:19 COT

*Ilustración de Santrax

Columna parcialmente inspirada en este video.

 
Cada vez que veo un comercial de lavaplatos o detergente me convenzo de que soy una mujer jedi, me repito por infinita vez que me gustaría más combatir el Lado Oscuro de la Fuerza, antes que regalarle mi vida a limpiar la casa. Prefiero que los platos y la ropa sucia se acumulen, en lugar de perderme la lectura de un buen libro o una buena conversación con gente interesante. 
 
Los modelos de feminidad han cambiado poco, a pesar de que las mujeres comenzamos a trabajar fuera de casa y superamos en número a los hombres en las universidades. Los avances científicos y tecnológicos sólo nos recuerdan a diario que es más fácil cambiar el modo en que vemos películas que la forma en que pensamos, que es más sencillo inventar productos para limpiar la ropa que técnicas para sacarnos de la pobreza mental. Ante ello las mujeres jedi nos sentirnos extrañas.
 
Disfrutamos viendo una y otra vez The Devil wears Prada no porque queramos tomar ideas para saber cómo vestirnos, sabemos bien que esas tendencias ya están pasadas de moda. Lo hacemos para admirar una y otra vez a la miserable Miranda, porque en el fondo queremos ser un poco como ella, queremos ser una mujer inteligente con poder, una dama jedi que con su intuición predice las perturbaciones en la fuerza.
 
Ser mujer y preferir aprender de política, de estrategias en los negocios, de economía o de ingeniería parece una contradicción, pero para nosotras es más natural gastar tiempo y dinero consumiendo información que comprando cosméticos. Si tenemos que arreglarnos para una fiesta de gala, un matrimonio o un coctel lo haremos, pero no nos preocuparemos todos los días por vestirnos como si las calles fueran pasarelas. Los tacones están bien para algunas ocasiones, sin embargo para las damas jedi, que peleamos batallas con frecuencia, se hicieron los zapatos bonitos y cómodos que nos permiten pensar en nuestro siguiente golpe, sin la distracción de los pies adoloridos.
 
Crecimos de un modo distinto, aprendimos a limpiar para ser capaces de vivir sin servicio doméstico, nos aburre la sola idea de tomar un curso avanzado para sacar manchas. La pasión la sentimos por las filosofías orientales, por los recovecos de las humanidades, por los misterios de la física cuántica y por los hombres.
 
De niñas jugábamos a las muñecas, pero preferíamos los carros y las espadas, teníamos más amigos que amigas y nos fuimos dando cuenta que ellos, los hombres tenían futuros más divertidos y amplios, por eso nunca dejamos de jugar con ellos y con sus espadas.
 
Esta columna también está publicada en Cartel Urbano y en mi blog Licuc
 

La navidad de reserva

Columnas > Limpia - Mente Por: Johanna Pérez Vásquez

4 dAmerica/Bogota enero dAmerica/Bogota 2010 22:28 COT

Sarah

Hace poco estuve en un concierto. De lo poco o mucho que entendí me quedó sonando la navidad de reserva.

Irene

¿Navidad de reserva?

Sarah

Sí, navidad de reserva.

Irene

¿Y qué es eso?

Sarah

Una navidad que tienes en cualquier momento del año, con tus gustos, tus condiciones, a tu medida.

Irene

Mmm me gusta, suena bien.

Sarah 

Totalmente, yo quiero navidad de reserva.

Imagino que habrá mucha gente triste porque la época navideña se está acabando, ni qué decir de la decembrina, tiene las horas contadas, pero un momento, cierto, estoy hablando por mí. 

Películas como El expreso polar me han enseñado que la navidad, el espíritu que la envuelve, está en el corazón, así que si se quiere tener navidad todo el año se puede.

La navidad, hasta donde mi verde grinch interior me deja entender, es una época donde se me invita a tratar mejor a los demás, olvidar las ofensas, ignorar mis deudas actuales para adquirir unas más grandes y costosas, porque de este modo, actuando así estaré siguiendo la tradición.

Mmm no, creo que estoy mal. Intentaré comenzar de nuevo. ¡Maldito grinch!

La navidad es una época de felicidad, para compartir con los seres queridos, para recordar a los amigos que están lejos, para reunirse en familia y agradecer al Creador todas las bendiciones que derramó sobre nosotros en este año que se termina. Es momento de renovar la fe en los sucesos que nos ocurrirán el próximo año, porque serán mejores, más dichosos que los pasados. 

Esteeee, mmm, creo que tanta miel no me queda.

¡Carajo! Perdí la idea el hilo de lo que quería decir.

(Relectura rápida.)

La navidad de reserva es una temporada maravillosa. Poco se sabe de ella pero personas como yo la disfrutan mucho. Durante ella, que puede durar un mes, 3 semanas o 9 meses, cada quien es libre de elegir, pasamos momentos adorables junto a nuestros amigos, pero a diferencia de la navidad tradicional, no estamos obligados a celebrarla con toda la familia reunida, escogemos a unos cuantos, generalmente aquellos con quien mejor nos llevamos, para contarles los sucesos recientes de nuestra vida.

Considero la navidad de reserva una bendición. Como no tengo un menú preestablecido puedo comer desde una hamburguesa hasta arroz blanco, pero si no estoy de ánimo para un plato principal, disfrazo una taza de café o té de bebida tradicional, mientras saboreo cada trozo de torta de fresas. Al no cocinar o sonreír por obligación, muestro mi esencia de forma auténtica. Mi acompañante de celebración, con quien comparto o no sangre, está al tanto de que la versión mía que tiene al frente no está endulzada, adicionada con preservantes o maquillada especialmente para lucir exitosa en la ocasión.

La navidad de todos, la navidad tradicional (¿o era comercial?) está a punto de acabar, máximo llegará hasta el 6 de enero, pero por suerte para personas como Sarah, Irene y yo comenzará la otra, la de reserva, la que cabe en cualquier momento del año, la que nos alegra la vida sin símbolos universales ni director de marketing de temporada.

Para todos feliz pre-navidad de reserva.

Madrazo mata porta-retrato

Columnas > Limpia - Mente Por: Johanna Pérez Vásquez

28 dAmerica/Bogota diciembre dAmerica/Bogota 2009 15:55 COT

Durante esta época del año en que se dañan puertas arrancando algunos adornos navideños pegados con silicona, se esconden otros, se estrenan regalos y se guardan unos más en los espacios vacíos dejados por la limpieza anual, se hacen evidentes varias cosas.

 
Si uno desea expresarle aprecio a otra persona y la conoce poco basta con enviarle una tarjeta, un mensaje de texto o darle una llamada en caso de que se sepa donde ubicarla.
Si uno quiere comunicarle su desprecio a alguien que conoce, pero por razones fuera del control propio, debe soportarlo basta con regalarle un accesorio para la casa.
 
No importa qué tan buen gusto se tenga ni qué tanto se empeñe uno en adivinar las preferencias decorativas de otra persona, es cierto que si uno nunca ha visitado el hogar de alguien, será prácticamente misión imposible elegir un candelabro o parecido, que cumpla con los requisitos de estilo, material y color para que combine con los que ya tiene el regalado. De ahí que afirme categóricamente que si uno quiere ofende a alguien no hay como regalarle un porta-retrato.
 
Si bien un madrazo le puede dañar el rato y hasta el día a uno, es más fácil deshacerse de el que de un artículo material e inútil que como bien dijeran los libretistas de Futurama “es basura desde el mismo momento en que salió de la fábrica”.
En esta vaca loca consumista en la que andamos todo el año, pero que se enfatiza cuando llega diciembre, el cumpleaños o x fecha, que los imaginativos comerciantes se inventaron para vender más, no falta el personaje que quiere quedar divinamente con todo el mundo, hasta con aquellos a quienes no llama en meses para saber cómo están y que sólo saluda si se los topa inevitablemente por la calle. Es justo ahí cuando sus motivaciones reales y profundas salen a la superficie.
 
Como ya dije cuando la idea es decirle a un conocido “oiga que tenga buen año” u “ojalá le cuajen todos sus planes”, porque el verbo cuajar se pone de moda en enero más que en otras épocas, lo mejor es acceder a cualquier línea de comunicación y expresarlo así, sin muchas arandelas. Minutos para llamar a celulares se consiguen desde 200 pesos así que el detalle le puede salir súper barato y con 1000 pesos ya saludó a 5 fulanos, entonces ¿para qué regalar basura? Sólo se me ocurre que para amargarle la vida a alguien.
 
Si a uno le cae mal una persona tiene varias salidas, entre ellas ignorarla, lo cual suele ser fácil si uno no tiene que verla todos los días, y ser hipócrita.
 
Yo soy de quienes prefieren que le digan las cosas de frente y sin palabras bonitas, pero reconozco que eso me hace un bicho raro en esta cultura y entre las mujeres, porque acá les encanta decir las cosas con indirectas y tratando de no molestar susceptibilidades ajenas dizque para mantener buenas relaciones, pero como yo lo entiendo, las relaciones manejadas de ese modo se hacen quebradizas e inseguras, en esas no se puede confiar, entonces si me dan una vaina que no usaré ni por equivocación o que a la legua se nota que me la dieron por quedar bien ellos, tengo la seguridad de que sin salir del plástico terminará en la caneca de la basura. Lo lamento por los recursos naturales que fueron necesarios para su producción. Así estaré más agradecida con aquellas personas que me dicen que me detestan de frente y con valor o que optan por la vía de ignorarme sin molestarme la vida, antes que con aquellas que ni siquiera saben cuándo cumplo años pero que por quedar bien me regalan porquerías.
 
Recuerde cada vez que reciba un regalo completamente desubicado que es un signo de lo poco que lo aprecia quien se lo dio, porque alguien que lo estime aunque sea una gotica no le va a hacer el mal de encartarlo con pendejadas que nunca usará.
 

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