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Colombia - Cargada el 29.11.2014 03:29:21 COT 


Columnas

Las voces de equinoXio

Una Vuelta para el olvido

Columnas > Con los taches arriba Por: Rafa XIII

11 dAmerica/Bogota septiembre dAmerica/Bogota 2014 14:07 COT

Nairo Quintana

Para el lector desprevenido, la primera conclusión a la que se podría llegar es que los aficionados al ciclismo y la prensa especializada en Colombia, a raíz de los triunfos de nuestros pedalistas en las grandes competiciones internacionales de años recientes, nos volvimos unos malacostumbrados. Tienen razón. Cuando uno recuerda que en mayo de 2013 Rigoberto Urán se paraba en el segundo puesto del podio al término del Giro de Italia, que en julio del mismo año Nairo Quintana hacía lo mismo en el del Tour de Francia, y que en este 2014 Quintana y Urán hacían el uno-dos en Italia, no era para nada descabellado pensar que este iba a ser el año del triunfo en la Vuelta a España, reverdeciendo la hazaña alcanzada por Lucho Herrera en 1987.

Inconscientemente asumimos la idea de que, obtenido ya el primero o el segundo lugar de la clasificación general de alguna de esas tres competencias, que son las más importantes del ciclismo de ruta en el mundo, cualquier cosa que se consiguiera por debajo de eso sería un fracaso. Y lo es, dado el nivel con el que Nairo y Rigoberto llegaron a la línea de partida del giro ibérico en Jerez de la Frontera. Al lado del británico Christopher Froome, eran los extranjeros favoritos para disputarles el título a los locales Alejandro Valverde, Alberto Contador y Joaquim Purito Rodríguez.

Pero ha sido un fracaso con atenuantes. La sabiduría popular nos dice que hay que estar preparados para lo peor cuando las cosas parecen estar saliendo demasiado bien. Y parecía que estaban saliendo demasiado bien, el 31 de agosto, durante la etapa entre Guadazaón y Valdelinares, porque no solamente Winner Anacona ganó la fracción, sino que además Nairo Quintana se puso la camiseta de líder de la carrera, y tanto Anacona como Urán quedaron dentro de los diez primeros de la clasificación. ¿Qué más se podía pedir?

Lucho Herrera

El totazo contra el pavimento y la realidad vino menos de 48 horas después, en la contrarreloj individual entre el monasterio de Santa María de Veruela y Borja, el 2 de septiembre. Le estaba comentando a mi padre, mientras departíamos en la cafetería de una clínica a la espera de una cita médica para él, que Quintana tenía entre sus amistades al corredor Mauricio Soler, que había sufrido un accidente durante una competición, y cuya gravedad fue tal que tuvo que retirarse del ciclismo. Estaba terminando de decírselo, cuando vimos en la televisión a Quintana chocando contra una baranda y dando volteretas por el aire antes de caer violentamente sobre la carretera. A pesar del golpe, “Naironman” se levantó y siguió adelante, con su humanidad magullada, pero su orgullo y ganas de vencer intactos. Los que pasamos del tercero y el cuatro piso tuvimos de inmediato un déjà vu con la imagen de Herrera llegando a Saint Étienne, en 1985, con el rostro ensangrentado por una terrible caída, pero triunfante en la raya de sentencia de aquel tramo.

Nairo perdió tiempo valioso. Perdió la camiseta de líder, a manos de Contador (que no la ha soltado desde ese aciago día). Pero era nuestro Nairo, el invencible. El que cae y se levanta. El que no le tiene miedo a nada ni a nadie. Era imposible que le ganaran tan fácilmente. La sabiduría popular, emparentada con Murphy, nos dice también que cuando algo anda mal, siempre tiende a empeorar. No la quisimos oír, y el comienzo del fin se dio poco después de arrancar la décima etapa, de Pamplona a San Miguel de Aralar. Una caída múltiple de varios pedalistas involucró a Quintana, esta vez, de manera aún más delicada, y una fractura de omoplato lo sacó definitivamente de la Vuelta. Nada qué hacer. Todas nuestras esperanzas quedaron depositadas en Rigoberto Urán.

A diferencia de Nairo, Rigoberto tiene su talón de Aquiles en los terrenos montañosos. No es un gran escalador, y eso se notó a medida que la inclinación de las vías se fue haciendo mayor. Del minuto y ocho segundos que lo separaban de Contador el día del retiro de Quintana, Urán pasó, luego de tres etapas cuesta arriba, a quedar a 18 minutos y 53 segundos del líder español. Fue un auténtico calvario ver cómo llegaban y llegaban ciclistas a la meta en Lagos de Somiedo, el 8 de septiembre, y no aparecía el antioqueño. Cuando al fin pudo hacerlo, su rostro reflejaba lo que no queríamos admitir: que habíamos sido derrotados. Una bronquitis dejó a Urán sin fuerzas, vencido. Nos dieron el aliciente de que había una jornada de descanso antes de la decimoséptima etapa, pero era una falsa esperanza. Lo más sensato era retirarse, y este 10 de septiembre, Rigoberto Urán no tomó la largada. Primero que todo estaba su salud.

Así, un par de caídas y una enfermedad nos privaron de hacer una nueva figuración histórica en la Vuelta a España 2014, por parte de nuestros dos mejores ciclistas. No fue culpa de ellos, ni de nadie más. Fueron circunstancias de la carrera. En el ciclismo, como en cualquier otro deporte, los participantes saben que están expuestos y dispuestos a ganar o a perder. Lo que pasa es que nosotros, los aficionados, ya nos acostumbramos solamente a verlos ganar. No nos gusta que pierdan, y menos de esta triste manera.

Dos a uno: lágrimas de dolor y agradecimiento

Columnas > Con los taches arriba Por: Rafa XIII

4 dAmerica/Bogota julio dAmerica/Bogota 2014 22:50 COT

James Rodríguez

Mientras escribo estas líneas cae un tremendo aguacero sobre la capital colombiana. Parece que el cielo también estuviera llorando esta inmerecida eliminación de Colombia en el mundial Brasil 2014, a manos de la selección local y con la complicidad manifiesta del árbitro español Carlos Velasco.

No se trata de una actitud rencorosa ni de un sentimiento de malos perdedores de parte de los colombianos, sino de una certeza acerca de algo que se veía venir en los días anteriores al partido y que desgraciadamente se confirmó a medida que pasaron los 90 minutos de juego en estadio Castelão de Fortaleza. Se temía que la terna arbitral estuviera cargada del lado de Brasil y, en efecto, así sucedió.

De todas maneras, Colombia no hizo lo que tenía que hacer para contrarrestar el hecho de jugar contra doce (más bien catorce, contando los jueces de línea) y permitió que la selección auriverde se pusiera arriba en el marcador demasiado rápido. Había que aguantar al menos 20 minutos, pero a los seis del pitazo inicial cayó el primer gol local, en una desatención de Carlos Sánchez en el tiro de esquina, que dejó libre a Thiago Silva para anotar sin marca alguna en el arco de David Ospina. Cualquier planteamiento que hubiera tenido José Pékerman tendría que empezar a modificarlo inmediatamente, porque la opción era empatar o salir goleado. Daba lo mismo perder por uno o por diez goles, igual, seríamos eliminados.

La igualdad casi se dio a los diez minutos, con un remate de media distancia de Cuadrado que habría cambiado la historia del juego. De ahí en adelante, fue un monólogo de pito en contra de Colombia, porque el central señalaba absolutamente cualquier falta cometida por los nuestros mientras se hacía el de la vista gorda con la golpiza que Fernandinho, Paulinho y Marcelo les dieron a James y a Cuadrado. Las tarjetas amarillas apenas si se vieron al final de la primera parte, a pesar del concierto de patadas, agarrones y empujones de los brasileños.

Menos mal Ospina soportó incólume el aluvión. A los 19, contuvo dos tiros consecutivos de Hulk y Oscar, otro más de Hulk en el 27, un cabezazo de Fernandinho a los 33 y un tiro libre de Neymar Jr. a los 43. Lo mejor era que el primer tiempo terminara pronto, de modo que don José le cambiara la cara al equipo nacional en el camerino en el entretiempo, como tantas veces lo había hecho.

El XI titular colombiano en Fortaleza

Como se dijo más arriba, la cuestión era empatar o salir goleados. Pékerman sacó a Ibarbo, metió a Ramos y la tricolor se vio más ofensiva. Guarín se acercó con un zurdazo de media distancia a los 58. Y vino la jugada polémica a los 65. Tiro libre cobrado por Rodríguez, borbollón en el área y Mario Yepes finalmente metió la pelota en el arco. El árbitro y el asistente señalaron fuera de lugar, que en ningún momento existió porque, si bien en el instante previo a que James pateara Guarín estaba adelantado, cuando la bola iba por el aire regresó a posición lícita y él NO participó en la acción. Yepes, Zapata y Ramos, que saltaron a cabecear en el racimo de jugadores, estaban en línea con los defensas verdeamarelos. No había ninguna razón para anular la anotación colombiana.

Y como el mandadero tenía que completar su misión, dos minutos más tarde, Velasco pitó una falta inexistente de James —con tarjeta amarilla para el 10 cucuteño— sobre Hulk, que causó el tiro libre para el golazo de David Luiz. Ahora había que pensar no en hacer un gol para empatar, sino meter dos para alcanzar el milagro. Enseguida entró Bacca por Teófilo Gutiérrez. Si íbamos a perder, que fuera con las botas puestas.

El premio al esfuerzo de la selección cafetera se dio por un penalti increíblemente pitado a nuestro favor por Velasco. Habría sido el colmo que no lo concediera. Júlio César, el arquero de Brasil, derribó a Bacca cuando se encaminaba a la portería. Era penal, en Fortaleza, en Río de Janeiro, en Bagdad y en Cafarnaúm. Pero también debió ser expulsado el guardameta, puesto que era el último hombre y cortó con infracción una jugada inminente de gol. El referee se lavó las manos con una simple tarjeta amarilla. Gol de James Rodríguez, 2-1. Entró Quintero por Cuadrado y parecía que se iba a conseguir la hazaña.

Los últimos diez minutos del partido fueron la demostración de que Colombia tenía con qué jugársela el todo por el todo y que Brasil, muerto de miedo, solo pudo superarnos con la complicidad de los hombres de negro —hoy de verde—. Pedían tiempo, pegaban, pegaban y pegaban. Tras el penal anotado por Rodríguez hubo seis llegadas al área de Júlio César por ninguna a la de Ospina, que incluso se aventuró a cabecear un tiro libre en el tiempo agregado, cuando ya habíamos quemado las naves.

James y Pékerman

Final del encuentro. James lloró, Pékerman lloró y todos lloramos. Tristes, porque no sólo los coterráneos sino también los extranjeros vieron que el resultado estuvo ensombrecido por la intervención de un arbitraje amañado y localista, pero a la vez sentimos una gratitud enorme hacia este plantel de futbolistas, que desde el DT hasta el tercer arquero fueron unos dignos, dignísimos representantes del fútbol colombiano y que lograron la mejor figuración en nuestro corto historial mundialista.

Gracias a don José, a James y a todos. Lo que hicieron superó las expectativas del más optimista de los hinchas. Si queremos estar en Rusia 2018, lo mejor es darle continuidad a este proceso y hacer oídos sordos a voces estúpidas como la de Carlos Antonio Vélez y sus secuaces, que, favoreciendo oscuros intereses personales como la promoción de jugadores de su cuerda y la obtención de comisiones, claman por el regreso de la rosca maldita que impidió el avance del fútbol de Colombia en las tres eliminatorias anteriores.

DOS a cero: Colombia, entre los ocho mejores del mundo

Columnas > Con los taches arriba Por: Rafa XIII

28 dAmerica/Bogota junio dAmerica/Bogota 2014 23:19 COT

James Rodríguez

Asumí el riesgo de escribir en caliente, cuando por fuera de la ventana retumban las vuvuzelas y, a pesar de la prohibición, la harina vuela por los aires y los borrachos se tambalean en los andenes. Colombia celebra alborozada esta clasificación inédita a los cuartos de final de la Copa Mundial de la FIFA Brasil 2014.

¿Por qué? Es la única forma de interpretar lo sucedido en los noventa minutos antes de que se enfríe la emoción, y el fragor de lo ocurrido en la cancha se convierta en una simple estadística de formaciones, tiros al arco, faltas, tarjetas y porcentajes de tenencia de la pelota, acompañadas de las imágenes en video de los goles. Ese el registro para la posteridad, pero lo que se siente entre pecho y espalda no es capaz de describirlo ningún alfabeto de ningún idioma, ni la cámara con la más alta definición que se haya inventado hasta el momento.

Colombia, al mando de José Néstor Pékerman, superó al palmarés de Uruguay, con sus dos títulos mundiales, sus dos olímpicos y sus casi veinte Copas América, jugando al fútbol, y aprovechando dos de las tres oportunidades de gol que tuvo durante el trámite del partido. El gran protagonista de la jornada fue sin duda James Rodríguez, que esta vez se puso el traje de definidor en lugar del de pasador, anotando un gol antológico de picabarra a los 27 minutos de la inicial, y otro con su pierna menos hábil —la derecha— a los tres del segundo tiempo.

James Rodríguez

Como era de esperarse, los uruguayos dieron muchas dificultades, puesto que que generaron nueve remates al arco colombiano, conjurados por David Ospina, siendo las más destacadas la atajadota a un tiro de media distancia de Cristian Cebolla Rodríguez en el minuto 18 de la segunda parte; la que le detuvo con el pecho a Maximiliano Pereira, cuando el reloj marcaba 33 minutos de la complementaria; y una más a Édinson Cavani, faltando siete para el pitazo final. Pero también los celestes se dedicaron gran parte del tiempo a repartir pierna fuerte y malintencionada, en la mayoría de los casos dirigida a Cuadrado, James y Teófilo Gutiérrez, con la complacencia del árbitro neerlandés Bjorn Kuipers. La más infame de todas fue una patada sin el balón en juego de Gastón Ramírez a Pablo Armero. Era para tarjeta roja directa, pero el central de manera increíble amonestó a Armero, seguramente por dejarse pegar. Tanto a los charrúas como a sus cuasi hermanitos, los argentinos, siempre se les ha reconocido ese espíritu de lucha que los lleva a no rendirse tan fácilmente ante la adversidad, con lo cual han logrado una cantidad de triunfos en circunstancias heroicas cuando todo parecía perdido. Pero también es amplio su historial de sucesos bochornosos cuando son vencidos por sus oponentes. En el Cono Sur, particularmente en ambos lados del Río de la Plata, son pésimos perdedores, y acuden a cuanta cochinada saben para ensuciar el triunfo de quienes los derrotan.

No deja uno de pensar cómo habría sido esta Selección Colombia en Brasil si hubiera estado Radamel Falcao García. Si así no más gana, gusta y a veces golea, ¿qué tal si lo tuviéramos a él? Creo que ni el más optimista de nosotros esperaba una presentación tan llena de elogios por parte de los expertos y los aficionados rasos, que ven en la tricolor —ahora bicolor, por cuestiones de la moda— un estilo de juego práctico y contundente, en el que Pékerman ordena, James ejecuta —con Cuadrado, Teo, Jackson y Sánchez como escuderos— y Yepes, Zapata y el gran Ospina custodian la retaguardia como perros de presa.

Hemos superado el listón dejado en Italia 1990 en esta fase, cuando Roger Milla nos envió de regreso a casa, tras aquel lamentable error de René Higuita. Unos días antes de comenzar el mundial, más exactamente el 23 de mayo, decía pensando en voz alta que era iluso y absolutamente contrario a la razón, pero que nada costaba soñar con que el capitán Mario Alberto Yepes regresara a Colombia con un trofeo en la mano. Hoy, todavía sigue siendo iluso y contrario a la razón pensar que esto sea posible, pero el derecho a soñar continúa. El viernes 4 de julio, en el estadio Castelão, de Fortaleza, nos espera Brasil, con sus cinco títulos mundiales, ocho Copas América, cuatro Copas Confederaciones y más de 200 millones de torcedores en contra nuestra. Ya eliminamos en franca lid a un grande como Uruguay, ahora vamos entonces por otro, y por la hazaña…

CUATRO a uno: el diez y el récord

Columnas > Con los taches arriba Por: Rafa XIII

25 dAmerica/Bogota junio dAmerica/Bogota 2014 13:37 COT

James Rodríguez

La nueva edición de esta columna parecía escribirse sola, porque un marcador tan abultado prácticamente diría todo y era poco lo que habría agregar a un triunfo categórico, que demostraba la superioridad futbolística de Colombia sobre Japón en el partido de cierre de la primera fase del Grupo C, en Brasil 2014.

Pero no fue así. Un equipo puede golear a otro con tres o más anotaciones, todas de penalti, o con un par de goles ilegales que desequilibren un apretado uno a cero, o el árbitro puede mermar a uno de los oncenos con expulsiones, y luego de que éstas se producen, el rival aprovecharse de la ventaja numérica y pasarle por encima.

No ocurrió nada de eso en el Arena Pantanal, de Cuiabá. Lo que en realidad sucedió tuvo lugar en el intermedio del juego, en el que, como ya es usual, José Néstor Pékerman determinó la variante que cambió para bien del seleccionado cafetero el curso de las acciones.

Y es que en el primer tiempo la cosa estuvo fea. Los japoneses, con apenas un punto en la tabla, se aferraron a la pequeña esperanza matemática que aún les quedaba para clasificar, que consistía en vencer a Colombia y esperar un empate entre Costa de Marfil y Grecia, para intentar superarlos por gol diferencia. Después del penal convertido por Cuadrado, con el que la tricolor colombiana se puso adelante, hubo cuatro opciones claras de gol de los nipones, por parte de Kagawa (dos), Honda y Okubo. El empate, como dicen en España, estaba al caer, y cayó en el último minuto de la inicial, con un cabezazo de Okazaki, superando en el centro del área a Carlos Valdés, que llegó tarde a cerrarlo.

El diez

Cuando parecía que había fracasado el experimento de haber puesto desde el vamos a ocho jugadores diferentes a los de los anteriores partidos, el técnico compuso el andar de Colombia, mandando al terreno de juego a James Rodríguez a partir del comienzo de la etapa complementaria. De inmediato se sintió la mejoría del equipo. El desorden que había tenido el combinado nacional en la primera parte, con un Quintero deslucido y gris, se transformó en un engranaje perfectamente sincronizado.

Como en los mejores días del Pibe Valderrama, la camiseta 10, ahora con Rodríguez, fue la que distribuyó la pelota a lo largo y ancho del césped. El 2-1 llegó en un tirazo cruzado de Jackson Martínez, tras un pase de, adivinen de quién… de James, que se la dejó servida, a un lado del punto penal. Por fin se le abría el arco a Chachachá. Con ese resultado morían las ilusiones de Japón, porque necesitaría no sólo voltear el tanteador sino hacer bastantes goles y, para colmo de males, ya iba ganando Grecia. Esto no quiere decir que los japoneses no lo intentaron, pues de hecho tuvieron tres disparos al arco después del segundo gol de Colombia, pero era demasiada el agua en contra con la que tenían que remar y en el arco estaba David Ospina.

¿Les digo de quién fue el pase en profundidad desde casi la mitad de la cancha para el tercer gol de Colombia, y segundo de Jackson? Adivinaron. OTRA VEZ de James Rodríguez. Y para que la faena fuera completa, el propio James nos regaló el 4-1, con una espectacular jugada individual de doble enganche sobre su marcador y una obra maestra en la definición, para el delirio de la fanaticada en las gradas del estadio y en todos los rincones del país y del mundo en donde hubiera alguien nacido en esta tierra. El diez de Colombia no solo entrega la pelota en bandeja para que sus compañeros la pongan en el fondo de la red, sino que también los hace cada que tiene la oportunidad. Ante la ausencia de Falcao, el gran James Rodríguez es quien lidera a nuestra selección en el campo de juego y lo hace con lujo de detalles.

El récord

Faryd Mondragón

Con el partido resuelto, vino el momento para la historia. Pékerman utilizó el cambio que le quedaba para rendirle un homenaje a Faryd Mondragón, y de paso convertirlo en el jugador más veterano en la historia de los mundiales de fútbol, a sus 43 años recién cumplidos. Además de la ovación cerrada de los hinchas y del registro para la posteridad, el guardameta vallecaucano le puso el moño a su carrera deportiva atajando en el tiempo de adición un remate de Kakitani.

Hace 16 años, en Francia 1998, Mondragón lloró de tristeza al ver que su esfuerzo sobrehumano en el partido contra Inglaterra había sido inútil y que, si bien evitó una goleada de proporciones vergonzosas, de todas maneras quedamos eliminados en aquella ocasión. Ahora lloró de alegría y nostalgia, al recibir el reconocimiento de la afición que vio en él, en Córdoba y en Calero a los tres arqueros más importantes del pasado reciente de nuestro fútbol.

Fue una actuación extraordinaria de Colombia. Llegan los cuartos de final frente a Uruguay el sábado 28 de junio, en el Maracaná de Río de Janeiro. Ahí comienza –o termina- todo otra vez. En cualquier caso, serán 90 o 120 minutos en los que contendremos la respiración.

DOS a uno: ¡estamos clasificados!

Columnas > Con los taches arriba Por: Rafa XIII

20 dAmerica/Bogota junio dAmerica/Bogota 2014 10:41 COT

James Rodríguez y sus compañeros

Sabíamos de antemano que no iba a ser fácil. Y no fue fácil. Desde un comienzo teníamos claro que el rival a vencer en este grupo era Costa de Marfil, y los elefantes africanos de verdad que fueron el oponente más difícil que ha tenido Colombia desde aquel épico partido contra Chile en la eliminatoria sudamericana, el día que se obtuvo la clasificación a Brasil 2014.

Basta con repasar las acciones del primer tiempo en el Mané Garrincha, de Brasilia, para darse cuenta de que los marfileños no dejaron que nuestra selección tuviera el más mínimo ápice de comodidad para desplegar su juego. Pékerman repitió la formación con la que se impuso a Grecia hacía cinco días, pero esta vez Víctor Ibarbo, uno de los más destacados de dicha jornada, fue completamente distinto: aparatoso en el choque, nulo en los piques y torpe para eludir a la zaga. En general, la tricolor no pudo llegar mucho al arco de Costa de Marfil en la etapa inicial. A los cinco, Teófilo Gutiérrez falló un tiro desde fuera del área sobre el palo de la mano izquierda de Barry. La razón principal para la mala definición de Teo fue que el balón le quedó para la pierna zurda, y él es diestro. A los 16, fue Zokora quien estuvo a punto de cometer un autogol al desviar un centro de Cuadrado. Y a los 27, otra vez Gutiérrez se encasquilló al momento de finalizar un pase preciso de James al punto penal. De nuevo le quedó el esférico para su perfil menos hábil. A estas tres opciones colombianas habría que sumarle un tiro bastante chueco de James Rodríguez que pasó lejos de la meta. Eso fue todo nuestro volumen ofensivo en los primeros 45.

Costa de Marfil mantuvo a raya a Colombia con base en el juego fuerte, con faltas reiteradas sobre Cuadrado, a quien le dieron golpes de manera alternada Tiote, Zokora, Serey y Boka. El equipo de Lamouchi también se acercó a la valla de Ospina con relativa peligrosidad, con lanzamientos de Aurier a los 31 y Serey a los 36. Sobre los 43, hubo una jugada que en mi concepto era penalti por empujón de Zapata sobre Gradel, el cual por fortuna para Colombia no fue concedido por el juez central Webb.

Pékerman nos tiene acostumbrados a cambiarle la cara al equipo para el segundo tiempo. No sabemos qué les dirá en el intermedio, pero siempre que las cosas no andan como queremos en el inicio, para el complemento se ve al combinado nacional con otra actitud. Hasta Ibarbo, que había estado intrascendente, se inventó una jugada a los tres minutos en la que increíblemente se gambeteó a sí mismo, desperdiciando una oportunidad clara de anotar porque, de haber sido exitoso en el drible en la medialuna, quedaba de frente al arco. Instantes después vino el movimiento que enderezó el rumbo colombiano, con la entrada de Juan Fernando Quintero por el propio Ibarbo. Automáticamente, James tuvo el socio ideal para generar peligro. Y fue precisamente por los pies de Quintero que pasó el balón que Cuadrado estrelló en el horizontal. El reloj marcaba 13 minutos de la segunda etapa.

Lamouchi envió a Drogba a la cancha. Se produjo un “¡Uh…!” entre los que estábamos viendo el partido, porque esa era el arma más poderosa de los africanos. Lo paradójico es que no llevaba ni 180 segundos en el césped cuando en un tiro de esquina que cobró Cuadrado, cabeceó James —¡ganándoles el salto a los gigantes Drogba y Zokora!— y fue el primer gol colombiano. La reacción de Costa de Marfil no se hizo esperar, y ahí de nuevo apareció Ospina a los 22 para conjurar el tirazo de Aurier. Afortunadamente, dos minutos más tarde, James le robó la bola a Serey en la bomba central, recibió Gutiérrez, y éste le hizo el pase mortal a Quintero, que la mandó al fondo de la red con sutileza y sangre fría.

No era necesario correr más riesgos. Arias entró a tapar el hueco que dejaba Armero al ir al frente y que era aprovechado constantemente por Aurier para hacer daño por esa banda. Sin embargo, quedó un agujero por el otro lado, y Gervinho, solo, sin la ayuda de nadie, se llevó por delante a Aguilar, Sánchez y Zúñiga para poner el descuento. Una jugadota individual del 10 marfileño al servicio del AS Roma. Quedaban 17 minutos, los cuales, desde nuestro punto de vista, iban a durar ochenta segundos cada uno, sin contar los que agregaran en la reposición. Había que resguardarse y por eso Pékerman puso a Mejía en lugar de Aguilar, pero se negó a renunciar del todo al ataque. Cuadrado tuvo el tercero faltando 15 minutos, y Quintero quiso colgar a Barry con un globo de más de media cancha que por poco se mete en el pórtico.

Para, como dicen los entendidos, cerrar el partido, se debe contar con jugadores curtidos, con muchos almanaques y vueltas olímpicas encima, que sepan emplear la marrulla adecuada para neutralizar el avance del otro equipo y enfriar los ímpetus. Yepes fue el hombre de los últimos cinco minutos y del tiempo adicional. Les ganó a todos en lo canchero. Hasta se dio el lujo de cometer un penal de esos que no le pitaban nunca en contra a Pasarella, Baresi o Moore. Nadie lo vio, y aunque lo hubieran visto, ningún árbitro se lo habría marcado, por puro respeto a su veteranía.

El pitazo final y el empate entre Grecia y Japón instalaron a Colombia en octavos de final de esta Copa del Mundo, en donde enfrentará a alguno de los dos seleccionados que clasifiquen en el grupo D. Ya igualamos lo conseguido hace 24 años. Cualquier instancia que alcancemos de aquí en adelante será nuestro nuevo referente histórico que dejará atrás el 4-4 con los soviéticos en Chile 1962 y el 1-1 con Alemania en Italia 1990.

TRES a cero: el debut soñado

Columnas > Con los taches arriba Por: Rafa XIII

15 dAmerica/Bogota junio dAmerica/Bogota 2014 8:39 COT

Pablo Armero

Colombia puso fin a 16 años de ausencia mundialista con una gran victoria, ganando y goleando a Grecia, y dando un paso importante con miras a clasificarse a la segunda ronda de Brasil 2014.

Dicen los viejos zorros del fútbol que ganar el primer partido del mundial no solo es un gran golpe anímico favorable para el grupo de jugadores, el cuerpo técnico y la afición, sino que aumenta exponencialmente sus posibilidades de seguir con vida en el torneo. En el caso colombiano, nuestra única aventura más allá de la primera fase se dio precisamente en Italia 1990, al vencer en su primera aparición por dos a cero a Emiratos Árabes. La derrota ante Yugoslavia y el empate con Alemania pusieron a Colombia en octavos de final, en donde Camerún nos envió de vuelta a casa. En las otras participaciones anteriores y posteriores, arrancamos perdiendo el primer juego (1-2 con Uruguay en Chile 1962, 1-3 con Rumania en Estados Unidos 1994 y 0-1 también contra Rumania en Francia 1998) y quedamos eliminados luego de los tres partidos de rigor.

Claro que perder el primer juego o uno de los encuentros de la ronda inicial tampoco es una sentencia de muerte. De hecho, Argentina perdió con Italia 0-1 en 1978, de todas maneras avanzó y fue campeón. Más recientemente, en Sudáfrica 2010, España cayó ante 0-1 ante Suiza y también se alzó con el título. En cualquier caso, y haciéndole una extensión al postulado pambeliano de que es mejor ser rico que pobre, en los mundiales y en cualquier otro torneo, largo o corto, siempre será mejor arrancar ganando que perdiendo.

Y eso lo tenía absolutamente claro el técnico José Pékerman. El DT de la selección Colombia supo sortear la desventaja que tenía desde antes del pitazo inicial al no tener entre sus once jugadores a la figura máxima de Radamel Falcao García, cuya lesión fue imposible de recuperar a tiempo para contar con él en este mundial. En los partidos de fogueo realizados en los últimos meses había empezado a destacarse el desempeño de Víctor Ibarbo, futbolista de quien, a la primera impresión, uno estaría tentado a pensar que por ser un camaján (para los no colombianos, esta palabra es sinónimo de corpulento) no es habilidoso. Todo lo contrario: es veloz, con una zancada larga que supera a quienes lo intenten marcar, y poseedor de una muy buena gambeta. Partiendo desde el medio, Ibarbo llegó permanentemente por el costado izquierdo del ataque cafetero, para hacerle compañía a Teófilo Gutiérrez, que sobre el papel era el único atacante.

El gran temor de todos era que, ante la ausencia irremediable de Falcao, autor de la mitad de los goles de Colombia en la eliminatoria, el combinado tricolor quedara castrado en su capacidad ofensiva. Por fortuna, no fue así. El gol que rompió la sequía de más de una década y media lo hizo Armero, el lateral izquierdo, muchas veces cuestionado por ser demasiado bueno para proyectarse en ataque, pero no tanto para regresar a su obligación básica, que es la de defender.

De la misma manera que se le hicieron reparos en su momento a Armero por subir mucho y bajar poco, la defensa colombiana en general estuvo en entredicho en gran parte de la eliminatoria y los amistosos debido, por ejemplo, a la lentitud de los centrales Yepes y Perea. Con todo, el argumento estrella de Pékerman para desvirtuar tales señalamientos era el de que la valla menos vencida fue la nuestra. Y eso tiene su explicación: a Colombia le llegaban, pero David Ospina nos salvaba los muebles, con voladas milagrosas que evitaban goles cuasi cantados.

Esta vez no fue la excepción. Cuando finalizaba la primera parte y Grecia se había apoderado del control de la pelota, Ospina hizo una atajada portentosa ante un remate furibundo de Panagiotis Kone, que de meterse en el arco pudo haber cambiado la historia del juego.

Teófilo Gutiérrez

James Rodríguez, opaco durante prácticamente toda la primera parte, salió con otra actitud para la complementaria, y eso se reflejó en la mejoría del equipo. James se puso la ropa de organizador, haciendo la pausa cuando los griegos apuraron y acelerando el ritmo cuando ellos estuvieron a contrapié. En alguna ocasión le comenté a un grupo de amigos en una tertulia de fútbol que Teófilo Gutiérrez en la selección era destacadísimo jugando en Barranquilla y menos desequilibrante en los partidos de visita, tal vez porque le hacía falta el fervor de su público. Con un estadio Mineirão lleno en un 98 por ciento con aficionados colombianos, Teo debió sentirse como si estuviera en el Metropolitano, pues su trabajo frente a Grecia fue digno de un nueve sobre diez, con una anotación en el momento clave para darle la tranquilidad a Colombia, porque, instantes después, un cabezazo de Theofanis Gekas pegó en el horizontal y de picabarra regresó al terreno de juego.

Era el momento de los cambios. Pékerman, para mantener el resultado, y Santos, para tratar de achicar la distancia. Este duelo también lo ganó el entrenador argentino. Aguilar, Arias y Jackson Martínez reforzaron la marca —los dos primeros— y el ataque —el último—, aunque Martínez no generó realmente oportunidades manifiestas de peligro en el arco helénico.

James Rodríguez

Faltaba el gol de James, que llegó en el tiempo de reposición, merced a un taco de lujo de Cuadrado. Fue el premio al mejor del partido. Un debut soñado, con un marcador abultado que es beneficioso para un eventual desempate (¿con Costa de Marfil?) por el ítem del gol diferencia y con el alivio de que, aún sin Falcao, Colombia tuvo juego colectivo y poder anotador. Estamos alegres. Es apenas normal que celebremos con alborozo. Pero no despeguemos los pies de la tierra.

Quintana y Urán, de oro y plata

Columnas > Con los taches arriba Por: Rafa XIII

1 dAmerica/Bogota junio dAmerica/Bogota 2014 12:49 COT

Nairo Quintana
Rigoberto Urán

Los de mi generación somos unos privilegiados. Hace tres décadas, siendo niños y adolescentes vimos cómo Alfonso Flórez ganaba por primera vez una carrera en Europa: el Tour de l’Avenir, en 1980. Poco después, vimos también a Lucho Herrera coronando el mítico Alpe d’Huez en el Tour de Francia de 1984. En el 87, a través de la radio y la televisión, nuestros oídos y ojos fueron testigos de cómo el mismo jardinerito de Fusa llegó primero a Lagos de Covadonga, se adueñó de la camiseta de líder y el 15 de mayo se consagró como el primer —y hasta ahora, único— colombiano en ganar la Vuelta a España. Lucho fue el máximo exponente del pedalismo nacional, secundado por otros grandes corredores como Fabio Parra, Martín Ramírez, Francisco Rodríguez, Édgar Condorito Corredor, José Patrocinio Jiménez, Israel Pinocho Corredor, Samuel Cabrera, Manuel el Jumbo Cárdenas, Herman Loaiza, Nelson Cacaíto Rodríguez, Pablo Wilches y Abelardo Rondón, entre otros. Cada uno de ellos, en mayor o menor medida, fueron nuestros ídolos y motivo de grandes satisfacciones para la afición colombiana.

Alfonso Flórez

Ahora que estamos en la madurez, vemos con alegría que volvemos a tener verdaderos monstruos de la bicicleta, como los de aquellos viejos tiempos. Lo que han alcanzado Nairo Quintana y Rigoberto Urán no solo iguala sino que supera con lujo de detalles las hazañas de nuestros corredores criollos en la década de los ochenta del siglo pasado. Al triunfo de la Vuelta a España (la tercera competencia de ruta más importante del mundo) en 1987 de Herrera y al tercer puesto de Parra en el Tour de Francia (la carrera más importante) de 1988, le anteponemos el doblete como subcampeón de Urán en el Giro de Italia (la segunda carrera a nivel mundial) en 2013 y 2014, el subtítulo de Quintana en el Tour francés del año pasado y su flamante corona de campeón del Giro italiano en este 2014, el triunfo más importante del ciclismo colombiano de ruta en toda su historia.

Este Giro ha tenido sabor a Colombia por donde se le mire. Desde la etapa 12, la franela de líder de la competencia estuvo en poder de un compatriota. Rigoberto Urán se adueñó de la codiciada maglia rosa –camiseta rosada— el 22 de mayo, en la contrarreloj individual entre Barbaresco y Barolo, y la cedió a Nairo Quintana cuando éste ganó la etapa Ponte di Legno-Val Martelo, cinco días más tarde. El boyacense mostró un paso impresionante en el ascenso, a pesar de haber tenido en las horas previas dificultades de salud debido a un resfriado. La consolidación de Nairo se dio en la cronoescalada individual del viernes 30, en una durísima subida a la Cima Grappa, desde casi el nivel del mar hasta los 1.775 metros de altura, lo cual, para las condiciones climáticas y topográficas europeas, es comparable a trepar a un páramo de los nuestros que esté por encima de los tres mil metros. Quintana ganó la etapa y le sacó ventaja suficiente a sus perseguidores como para correr tranquilo el sábado y el domingo hasta la meta final, por cuanto dejó a su compatriota Urán a 3:07, al italiano Fabio Aru a 3:48 y al francés Pierre Rolland a 5:26. A no ser que ocurriera una debacle de proporciones nunca vistas, era imposible que a Nairo le quitaran el máximo lugar de honor del podio en Trieste.

Sin embargo, Quintana no bajó la guardia en la fracción del 31 de mayo, también montañosa y con llegada en un puerto de primera categoría en el Monte Zoncolan, y se mantuvo al acecho de los que protagonizaron fugas. Para que no quedaran dudas, mantuvo a Urán con la misma distancia y amplió la diferencia sobre Aru y Rolland, que al término del vigésimo tramo quedaron a 4:04 y 5:46, respectivamente. No había nada que hacer. Era solo cuestión de hacer el desfile triunfal el último día, alistar las banderas, las botellas de champaña y empezar a celebrar.

Julián Arredondo

Amén del uno-dos en el podio, la actuación colombiana en Italia significó también la maglia bianca —camiseta blanca— para el propio Quintana como el mejor joven de la competición y la maglia azzurra –camiseta azul— para Julián Arredondo como el mejor de la montaña, quien además se impuso en la categoría de la combatividad. A manera de bonus track, Nairo alcanzó el primer lugar en el escalafón de la Unión Ciclística Internacional, con 345 puntos, frente a 308 de Alberto Contador. Todo salió a pedir de boca. Como hace tres décadas, hoy mi generación afortunada está aquí para verlo, oírlo y disfrutarlo.

Los hombres de Pékerman

Columnas > Con los taches arriba Por: Rafa XIII

13 dAmerica/Bogota mayo dAmerica/Bogota 2014 21:07 COT

Tras una larga pausa, ocasionada por circunstancias de fuerza mayor, retomo este espacio en la época precisa en la que el mundo se apresta a vivir el evento máximo del rey de los deportes: el Mundial de Fútbol Brasil 2014.

Ha corrido bastante agua por debajo del puente desde la columna anterior, publicada a finales del año pasado, aún en medio de la euforia por la clasificación de Colombia a la cita orbital, poniendo fin a 16 años de ausencia. Primero vino el sorteo de los grupos, en los que nuestra selección, en su condición de cabeza de serie, evitó toparse en primera instancia con los equipos más fuertes, y como se dice coloquialmente, le dieron pasto para que pase sin mayores apuros a octavos de final.

Con la llegada de 2014 empezaron las malas noticias. La lesión de Radamel Falcao García sembró la preocupación en los hinchas colombianos, porque tal como ocurrió en 1994 con el Pibe Valderrama, perdíamos a la figura más importante del equipo. Otros jugadores seleccionables, como Teófilo Gutiérrez, Éder Álvarez-Balanta y Mario Alberto Yepes, también sufrieron inconvenientes de salud por golpes fortuitos y lastimaduras de rutina que no revistieron la misma gravedad que el caso de Falcao.

Desde entonces, la evolución médica de García ha sido difundida por los medios más con el corazón que con el rigor científico que debería tener. Es claro que él quiere jugar el mundial, que todos los colombianos queremos que él juegue el mundial, y hasta los de los equipos contrincantes quieren que él esté en el mundial, pero únicamente un milagro atribuible a los recién canonizados Juan XXIII y Juan Pablo II permitiría que el Tigre, además de ir a Brasil 2014, esté en condiciones plenas para jugar. Nos pasó con el ya mencionado Valderrama en Estados Unidos 1994, que se recuperó pero anduvo a media máquina, siendo un extra sin parlamento en la pobre actuación que tuvo Colombia en canchas norteamericanas a pesar de su favoritismo. Dos décadas después, por más campañas que hagan en televisión, por más trinos y retrinos en Twitter, y cadenas de mensajes que se publiquen en los muros de Facebook, la rodilla de Falcao no estará al 100 % para el primer partido de la tricolor ante Grecia el 14 de junio.

Los convocados

Por esta razón José Pékerman fue prudente y paciente en grado sumo para dar su lista de 30 preseleccionados. Esperó hasta los últimos quince minutos de la última hora del último día de plazo que daba la FIFA para tal propósito. Así terminaron cuatro meses de conjeturas y especulaciones que hacían —hacíamos— los 47 millones de directores técnicos en potencia que existen —existimos— en Colombia. Y haciendo uso de mi condición de “técnico” de “mi selección”, previamente, a través de las redes sociales, el 7 de mayo me aventuré a lanzar los 23 nombres que en mi concepto serían los seleccionados…

Los trinos photo Trinos_zps06dd0e98.jpg

ARQUEROS: Ospina, Mondragón y Vargas. DEFENSAS: Zúñiga, Armero, Arias, Yepes, Zapata, Álvarez y Mosquera. VOLANTES: Aguilar, Guarín, Valencia, Cuadrado, Rodríguez, Sánchez y J.F. Quintero. DELANTEROS: Bacca, Gutiérrez, Martínez, Ramos, Ibarbo y Muriel.

Y estos fueron los 30 que llamó Pékerman (en itálicas los siete jugadores extras):

ARQUEROS: David Ospina, Faryd Mondragón, Camilo Vargas. DEFENSAS: Éder Álvarez-Balanta, Santiago Arias, Pablo Armero, Aquivaldo Mosquera, Mario Yepes, Cristian Zapata, Camilo Zúñiga, Luis Amaranto Perea, Carlos Valdés. VOLANTES: Abel Aguilar, Edwin Valencia, Juan Guillermo Cuadrado, Fredy Guarín, Juan Fernando Quintero, Carlos Sánchez, James Rodríguez, Aldo Leao Ramírez, Alexander Mejía, Macnelly Torres y Elkin Soto. DELANTEROS: Carlos Bacca, Teófilo Gutiérrez, Víctor Ibarbo, Jackson Martínez, Luis Fernando Muriel, Adrián Ramos y Falcao García.

Nada mal. Acerté 22 de los 23 porque no quise poner a Falcao. Consideraba y aún considero innecesario, al igual que muchos colegas, el hecho de llamar a 30 para luego dejar 23. La mayoría de los técnicos mundialistas hicieron de una vez su lista definitiva y asunto terminado. De todas maneras, los escogidos por el DT argentino al servicio de la Federación Colombiana de Fútbol se ajustan a la realidad del momento y al proceso que dio como resultado la clasificación. Ellos han sido sus hombres de confianza y merecían la convocatoria. Además, había que incluir a Falcao para no echar por tierra la enorme parafernalia mediática y publicitaria que se ha levantado en torno a él. Aunque no juegue, García será una especie de Cid Campeador, que gane las batallas sin estar en el combate, pero que con su sola mención y presencia sirva como elemento de disuasión para los contendores.

Así las cosas, los siete que pueden quedar al margen de la planilla que se inscribirá a comienzos de junio ante FIFA para el campeonato serían Perea (por algo llamó a Mosquera), Valdés, Álvarez-Balanta, Guarín (que no puede jugar el primer partido por haber sido expulsado en la última fecha de la eliminatoria), Soto, Mejía y Muriel.

Nuestros rivales

En cuanto a los llamados por los tres equipos que enfrentarán a Colombia, tampoco hubo mayores sorpresas. Costa de Marfil tiene a Didier Drogba, Gervinho y Yaya Touré como figuras descollantes, y en mi concepto es el único equipo que de verdad le hará oposición al combinado colombiano en el Grupo C. La velocidad de los africanos puede llegar a ser un verdadero dolor de cabeza ante centrales lentos como Yepes, Perea y/o Mosquera, y laterales que van al ataque y no regresan, como Zúñiga y Armero.

Con respecto a los otros dos, no nos digamos mentiras. Esta Grecia no es la misma que ganó la Eurocopa de Naciones en 2004 ¡hace DIEZ años a punta de táctica murciélago! En la lista de 29 futbolistas dada a conocer por Fernando Santos hay doce jugadores que militan en la liga helénica, y de los que juegan en el exterior sobresalen Sokratis Papastathopoulos, del Borussia Dortmund, Vasilis Torosidis, del Roma, y Giorgios Samaras, del Celtic de Glasgow. Los demás están en equipos de poca relevancia.

En Japón, si bien es cierto que de los que quedaron campeones de Asia en 2011, también al mando del actual entrenador italiano Alberto Zaccheroni, fueron convocados trece integrantes, esa superioridad en su continente (casi hegemónica en tres de las últimas cuatro versiones de la Copa Asiática), no se ha visto reflejada en sus participaciones mundialistas: dos eliminaciones en primera ronda y dos en octavos de final. Son buenos, aunque tampoco es para salir corriendo a escondernos del susto. Pero por si las dudas, cualquier precaución no sobrará para tener a buen recaudo a Hasebe, Honda, Kagawa y Okazaki.

Los deportistas del año y el fiasco de 2013

Columnas > Con los taches arriba Por: Rafa XIII

2 dAmerica/Bogota diciembre dAmerica/Bogota 2013 21:17 COT

Nunca antes había sido tan fácil, y a la vez tan difícil escoger a los personajes más destacados del deporte colombiano en los doce meses que están a punto de terminar. Fácil, porque, afortunadamente, los triunfos y logros de los deportistas colombianos fueron muchos, demasiados, y en casi todas las disciplinas en las que hubo un participante nacido en esta tierra la bandera colombiana estuvo siempre en los lugares de honor. Y difícil, porque además de cantidad, hubo calidad en las victorias de los nuestros, de modo que fue un partidero de cabeza el tener que ponderar a uno en detrimento del otro, sin caer en la injusticia.

Con base en el criterio de importancia del evento que otorgó el título, la dificultad en la obtención del mismo y la popularidad del deporte practicado por el ganador, el siguiente, en nuestro concepto, es el podio de los mejores deportistas de 2013.

1. Caterine Ibargüen, la nueva Negra grande de Colombia

Koneva, Ibargüen y Saladuha

Sin duda, ella fue una de las revelaciones del XIV Campeonato Mundial de Atletismo Moscú 2013. La longilínea saltadora nacida en Apartadó, Antioquia, ya había dado muestras de lo que era capaz, durante su participación en el Suramericano de Atletismo Buenos Aires 2011, donde ganó el oro; en los Panamericanos de Guadalajara, en los que consiguió el mismo metal; y en los Olímpicos de Londres 2012, que la vieron alzarse con la presea plateada. Su consagración definitiva se dio en el foso de arena del triple salto en la capital rusa. A medida que fue superando las fases preliminares, su favoritismo fue creciendo, y en la final apenas si tuvo resistencia de parte de sus más fuertes rivales, la local Ekaterina Koneva —quien perdió la opción de vencer a nuestra compatriota al fallar en el salto definitivo— y la ucraniana Olha Saladuha. De todas maneras, este trío de atletas hizo el uno, dos, tres en la modalidad de salto triple.

Por si esto fuera poco, luego vino su espectacular actuación en la Liga de Diamante, certamen compuesto por un circuito de 14 competencias atléticas celebradas en diferentes ciudades del mundo, en las que Ibargüen acumuló un puntaje suficiente para doblar el obtenido por Saladuha (28 contra 11) y ratificarse como la reina indiscutible del salto triple femenino en 2013.

2. Rigoberto Urán y Nairo Quintana

Urán

No fueron campeones absolutos de la clasificación general, pero se lograron parar en la foto final del podio de dos de las tres competiciones más importantes del mundo en cuanto a ciclismo de ruta se refiere. Urán fue subcampeón del Giro de Italia, primer colombiano que alcanza semejante posición y, además, primer pedalista latinoamericano en subirse al podio en toda la historia de esa carrera. El antioqueño, en opinión de los expertos, pudo haber sido incluso campeón si no hubiera desperdiciado tiempo valioso como gregario del líder del equipo Sky Procycling, el corredor británico Bradley Wiggins, que venía de ganar el Tour de Francia de 2012 y era el campeón reinante tanto a nivel olímpico como del mundial de ruta: Wiggins tuvo que retirarse prematuramente de la competencia en la duodécima etapa, cuando el tiempo perdido por Urán en favor suyo era demasiado. Sin embargo, el esfuerzo del ciclista antioqueño se vio reflejado en una victoria en el décimo tramo, entre Cordenons y Altopiano del Montasio. Con todo, el campeón, Vincenzo Nibali, lo superó por algo más de cuatro minutos en la clasificación general final.

Quintana

Nairo Quintana, por su parte, volvió a poner el tricolor nacional en los Campos Elíseos de París, esta vez en la segunda posición del Tour de Francia, superando el tercer puesto de Fabio Parra, en 1988. El menudo pedalista boyacense recuperó también para Colombia la mítica camiseta blanca de pepas rojas que distingue al campeón de los premios de montaña y, de contera, consiguió también la casaca blanca que lo acredita como el mejor corredor novato de la competencia francesa en 2013. A Quintana también le pasó lo que a Urán: empezó como gregario y terminó como líder de su equipo, en este caso, ante el mal desempeño de Alejandro Valverde, la figura máxima hasta la etapa 13 del equipo Movistar. Cuando Valverde quedó sin opción de título, mucho antes de terminar la carrera, se hizo evidente que el sacrificio de Quintana había sido en vano, y que aquellos preciosos minutos y segundos perdidos bien podrían haber significado no un segundo lugar para Nairo sino el título. El bonus track de su actuación fue su primer lugar en la vigésima etapa, entre Annecy y Mont Semnoz, el 20 de julio. En la clasificación general, a Quintana también le ganó un británico, Christopher Froome, sacándole apenas cuatro minutos y fracción.

3. La selección Colombia de José Pékerman

Falcao

Lo logró él. Lo lograron los jugadores. Lo logramos los casi 50 millones de colombianos que hicimos fuerza hasta el punto de la hernia en aquel dramático partido frente a Chile, el 11 de octubre, que nuestro equipo nacional perdía por 0-3 al término del primer tiempo. Parecían hacerse realidad los peores vaticinios de los pesimistas, y que otra vez íbamos a llegar a la última fecha dependiendo no sólo de un triunfo en Defensores del Chaco contra Paraguay sino de que no hubiera ningún resultado amañado en Montevideo, como había pasado en las eliminatorias para los mundiales de 2002 y 2006. Pero algo grandioso tuvo lugar en ese camerino durante el intermedio. Tal vez nunca sepamos lo que Pékerman les dijo a sus dirigidos, pero lo que sea que haya pasado en el vestuario del Metropolitano, amén de los cambios dispuestos por el entrenador argentino al servicio de la Federación Colombiana de Fútbol, ocasionó que el equipo saliera en la segunda parte con una disposición completamente distinta. Se produjo algo más allá de lo táctico. Fue una remontada con base en lo testicular. Los tres goles, de Teófilo Gutiérrez y Falcao García, combinados con la victoria de Ecuador en Quito contra Uruguay, nos dejaron automáticamente clasificados a Brasil 2014 y acabaron con más de una década y media de sequía mundialista.

El éxito del trabajo de José Néstor Pékerman pasa no solamente por el esquema propuesto dentro del terreno de juego, sino, sobre todo, por el trabajo mental. Como lo señalamos en su momento, el técnico rioplatense puso a pensar a sus jugadores de otra manera. Los convenció de sus capacidades y potenció sus virtudes. Les hizo ver sus defectos, pero a la vez les hizo caer en cuenta de que sus rivales también los tenían y que era en esas debilidades de los oponentes en donde más se tenía que atacar para hacerles daño. Los números de la selección Colombia al mando de Pékerman son contundentes: de los 30 puntos sumados al final por el cuadro cafetero, en los trece compromisos de eliminatoria que él dirigió se obtuvieron 26 unidades, luego de ocho triunfos, dos empates y tres derrotas (Leonel Álvarez ganó un partido, empató uno y perdió otro).

Por fin los menores de veintitantos años sabrán lo que es ver la camiseta colombiana (a pesar del horrible diseño que se inventaron los genios de Adidas) en un campeonato mundial de fútbol, y los que llevamos más años a cuestas tendremos la oportunidad de cambiar el magnífico recuerdo del empate in extremis con Alemania en Italia 90 por la imagen de una meritoria actuación del seleccionado tricolor, ojalá llegando a instancias avanzadas del torneo, como los cuartos de final, e incluso más. Colombia tiene los hombres, los nombres y el Director Técnico (así, con mayúscula) para ser protagonista en las canchas brasileñas.

El fiasco

Viera

Así como hubo ganadores, también los fracasos fueron bastante notorios, y uno de los más sonados fue el del América de Cali, que por segundo año consecutivo vio frustrado su intento de regresar a la primera división del fútbol profesional colombiano.

Hay que separar dos cosas: lo institucional y lo deportivo. Si miramos la gestión empresarial, lo conseguido por el presidente escarlata, Oreste Sangiovanni, es memorable. Luego de 16 años de ostracismo, el equipo de los Diablos Rojos salió de la tristemente célebre “Lista Clinton”, que tuvo maniatada a la Corporación Deportiva América durante todo ese tiempo, privándola de contar con las relaciones comerciales fundamentales para que el desempeño de la empresa fuera el adecuado. Con bombos y platillos se hizo el anuncio oficial, y las cosas empezaron a mejorar paulatinamente para la naciente América S. A., pues se firmó un contrato con la multinacional Adidas para que se hiciera cargo de la elaboración de la indumentaria del plantel durante los próximos cuatro años. También se acordó que Bavaria estuviera patrocinando la camiseta por lo que restaba de 2013, con posibilidad de extender dicho patrocinio si el equipo ascendía a la Primera A.

El panorama deportivo fue todo lo contrario. La nómina, según lo sostenido por los directivos, fue escogida por el propio técnico Diego Edison Umaña, pero fue muy inferior en cantidad, en calidad, y más que todo, en el rendimiento alcanzado, en comparación con la de 2012. Recapitulando, el equipo de Eduardo Lara, el año pasado, ganó el primer torneo y peleó el ascenso hasta el último momento, pues jugó la finalísima del año (que perdió por penales ante Alianza Petrolera) y luego cayó en el repechaje de la promoción ante el Cúcuta por diferencia de gol, con un global de 3-5 que favoreció al cuadro rojinegro. América 2012 acumuló 103 puntos (sumando el partido que ganó en la promoción) y contabilizó 92 goles, récord absoluto para la categoría. El América 2013 no clasificó a ninguna de las dos finales semestrales, y perdió la opción de clasificar a la promoción por reclasificación ganando un partido que le convenía perder. A pesar de los 87 puntos obtenidos, se quedó sin nada.

Salvo el portero uruguayo Alexis Viera, el relevo de jugadores debe ser total, pues quedó comprobado que ni los experimentados (Tavima, Hurtado, Arzuaga, Núñez y Arango), ni los jóvenes (Rivera, Cardoza, Ortiz, Peralta, García, Martínez y un largo etcétera), ni los brasileños de poca monta (Junior Paraiba, Wander Luiz y Flavio Carvalho —que dejó el equipo por amenazas de la hinchada—) se logró el objetivo de volver. La confirmación de la salida de Umaña, tras este rotundo fracaso, deja sembradas muchas dudas acerca de lo que será América en 2014, su tercera temporada en la segunda división, a la que siguen cayendo los equipos tradicionales de la A, como le tocó ahora al Deportes Quindío. Lo más grave es que la máxima categoría de nuestro campeonato se está peruanizando, porque llegará inevitablemente un nuevo equipo de la B (el ganador de la final entre Autónoma o Fortaleza) y si el Cúcuta Deportivo pierde la promoción contra el perdedor de esa finalísima, serán diez los conjuntos de segunda que llegan a primera y se quedan. Con antelación ya lo han hecho Equidad, Deportivo Pasto, Chicó, Patriotas, Alianza Petrolera, Envigado, Itagüí y Atlético Huila.

Llegó la hora

Columnas > Con los taches arriba Por: Rafa XIII

8 dAmerica/Bogota octubre dAmerica/Bogota 2013 8:54 COT

Pékerman

So pena de parecer un economista, dado que los que ejercen como tales son famosos por pronosticar qué va a suceder en el mundo de las finanzas para luego tener que salir a explicar por qué no pasó lo que ellos mismos vaticinaron, es tiempo de ver cómo Colombia ratificará de una vez por todas su participación en Brasil 2014.

Decíamos en la columna anterior que Colombia, con 23 puntos, estaba a una victoria de asegurar un cupo directo al Mundial del próximo año, en el doblete ante Ecuador y Uruguay. Pues bien, a pesar de la victoria ante los ecuatorianos y las 26 unidades alcanzadas, hubo una serie de marcadores en los otros partidos que solamente le permitieron al cuadro tricolor tener garantizado el cupo al repechaje. ¿Por qué no se logró el cupo directo en septiembre? Porque aquel viernes Chile le ganó por goleada a Venezuela (necesitábamos que empataran) y Uruguay derrotó a Perú (debían ganar los peruanos). De contera, el martes siguiente, perdimos contra los uruguayos, Bolivia empató con Ecuador (tenía que ganarle) y Venezuela venció a Perú (a Colombia le servía que empataran). No se dio ninguno de los resultados que le convenían a nuestra selección. Quedó haciendo falta un punto para no ocupar la quinta casilla, que obliga a jugar una serie extra de ida y vuelta contra Jordania.

No hay motivo para alarmarse, ni tampoco para entregarse al triunfalismo. En cualquier caso, como colombianos debemos estar ya curados de espantos, al recordar que clubes y selecciones representantes de este pedazo de tierra han perdido copas en el último minuto de la prórroga de un tercer partido, o han recibido nueve goles en un preolímpico cuando se podían encajar hasta ocho tantos en contra sin quedar eliminados. Estamos en Colombia, el lugar en donde ocurren cosas que no pasan en ninguna otra parte del planeta.

En esta última dupla de partidos nos esperan Chile —que también necesita un punto ante nuestro equipo o contra Ecuador, para escapar del quinto puesto— y Paraguay, completamente eliminado. La última vez que se les ganó a los australes en territorio colombiano fue en Bogotá, para la eliminatoria a Japón-Corea 2002, hace la friolera de DOCE años, con goles de Freddy Totono Grisales, Juan Pablo Ángel y Jersson González. Con esos tres puntos obtenidos, Colombia llegó vivo al juego en Defensores del Chaco, ganó y goleó a Paraguay, pero todos sabemos lo que pasó de manera simultánea en el partido entre Uruguay y Argentina, con aquel sospechoso empate a uno entre hermanitos.

Las dos rondas clasificatorias siguientes no nos traen buenos recuerdos. Rumbo a Alemania 2006, el combinado cafetero venía herido de muerte tras perder 2-3 contra Uruguay. Un lánguido empate 1-1 ante Chile en Barranquilla, el 8 de octubre de 2005, nos dejó conectados a respiración artificial. De nada sirvió el triunfo 1-0 en Paraguay porque, a la misma hora, Argentina “perdía” por la mínima diferencia ante Uruguay. Para Sudáfrica 2010, un 3-1 contra los charrúas obligaba a Colombia a ganarle a Chile en Medellín, para tener alguna opción matemática en el último partido en tierras guaraníes. El 10 de octubre de 2009, perdimos 2-4, con baile y pintada de cara de parte de los dirigidos por Marcelo Bielsa. Eliminada, Colombia ganó otra vez en Paraguay y, ¡oh, sorpresa!, ahí sí ganó Argentina en Montevideo, ante un Uruguay clasificado de antemano.

Al margen de los tongos, esas tres selecciones Colombia que fracasaron en su intento de ir a un mundial merecieron la eliminación por su falta de jerarquía, cosa que le sobra al onceno de Pékerman, que ha ganado, gustado y goleado, pero también ha empatado y perdido, sabiendo manejar siempre cualquiera de esos resultados. Nos falta un punto de seis posibles para quedar por encima del quinto puesto y evitar jugar el repechaje, y de seguro que el técnico argentino al mando de nuestro equipo irá por los dos triunfos, no solo porque le ha imprimido al seleccionado una mentalidad ambiciosa, que no se conforma con hacer el menor esfuerzo para conseguir lo que se necesita, sino porque además la FIFA informó hace unos días que el ranking al término de las presentes eliminatorias determinará quiénes serán las cabezas de serie en Brasil 2014, siendo el local una de ellas y las otras siete plazas se asignarán por la ubicación en dicho escalafón, en el que Colombia está actualmente en la quinta casilla, lo cual, de carambola, también garantizará que los suramericanos, excepto Ecuador, queden de entrada sembrados en grupos diferentes.

La única baja importante en la convocatoria de Pékerman la constituye Camilo Zúñiga, lesionado a última hora y reemplazado de emergencia por Santiago Arias, del PSV Eindhoven, de Holanda. Sin embargo, no es de extrañarse que el DT nacional, en vez de improvisar como lateral derecho a un debutante absoluto en la de mayores como Arias, luego de la no muy afortunada experiencia con Stefan Medina en Montevideo, más bien se decida por el experimentado Luis Amaranto Perea, central natural, pero que ha ejercido por las bandas cuando ha sido necesario. Por otra parte, vuelve Armero, que tuvo que ser suplido por el ahora ausente Zúñiga en la franja izquierda, con la desventaja de quedar con la cancha cambiada al no tener perfil zurdo. Sabemos que es mucho pedir que en el medio creativo jueguen al mismo tiempo James Rodríguez y Juan Fernando Quintero, porque no solamente saben con la pelota y la entregan a los atacantes en el lugar y momento adecuados, sino que también ellos mismos llegan a zona de remate y tienen precisión en los tiros libres. Arriba, a diferencia de la jornada anterior, Falcao está en plenitud de condiciones.

Faltan 180 minutos para volver a un campeonato mundial de fútbol. Sin lugar a dudas, allí estaremos, y tenemos hombres y nombres para dar de qué hablar en Brasil.

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