A corazón abierto, nuestro Grey’s Anatomy
Estancias > Medios y cultura popularPor: Marsares
27 dAmerica/Bogota Abril dAmerica/Bogota 2010 21:31 COT
Desde la prehistoria de la TV cuando el Dr. Kildare (1961 – Richard Chamberlain) hacía de las suyas con pacientes y admiradoras, la fascinación por la vida de los médicos ha sido materia de muchas series, quizás porque esos míticos lugares constituyen un mundo aparte de magos capaces de enfrentar la muerte. Últimamente, series como Dr. House, un antimédico que rompe todos los esquemas, o ER, que en una decena de temporadas nos mostró la angustia diaria de las salas de urgencia de los hospitales, o Grey's Anatomy que nos da un vistazo sobre los hospitales a través de los ojos de sus estudiantes, renueva el género sin mostrar cansancio.
RCN Televisión, recuperándose de un mediocre 2009, pelea por mantenerse en el primer lugar del prime time de la TV colombiana, apostándoles a telenovelas clásicas (Amor en custodia), vidas de artistas (Amor sincero), catarsis del narcotráfico (Rosario Tijeras) y ahora a realizar versiones criollas de series exitosas como Grey's Anatomy, que en el caso nuestro se llama A corazón abierto. Variedad de géneros que agradece el televidente, mientras la competencia anuncia la segunda parte de su exitosa serie El cartel y una temporada más de El desafío, esperanza de mejorar el esquivo rating de los últimos meses.
A diferencia de Amas de casa desesperadas, que desperdició el esfuerzo de crear una versión latina limitándose a un simple cambio de actores, A corazón abierto busca un sabor colombiano, dándole un giro a la historia original, en especial al personaje principal, María Alejandra Rivas (Verónica Orozco), a quien se le ha querido dotar de mayores fortalezas que Meredith Grey (la protagonista de la historia original), presa de sus miedos y frustraciones. María Alejandra, por el contrario, tendrá mayor control sobre si misma y poseerá cualidades que la salvarán de las situaciones difíciles que encontrará en su camino. Difícil tarea este nuevo molde que le agrega blancura al personaje con el riesgo de volverlo anodino, pero démosle un compás de espera, es lo menos que se puede pedir. .
Las escenas del primer capítulo se fueron sucediendo con buen tino, aunque las de ebriedad y novia engañada de María Alejandra no logran convencer del todo, pero se nota la buena realización y la fuerza que comienza a mostrar un personaje antagónico (Cristina Solano, interpretado por Natalia Durán) con mayor ímpetu que el original. La carga que lleva consigo de ser la mejor, que la aparta de sus compañeros por su individualismo, su carácter hostil y la envidia a flor de piel, tiene oportunidad de desarrollarse en los capítulos posteriores, enfrentada a la bella María Alejandra Rivas, y su difícil romance con su jefe Andrés Guerra (Rafael Novoa) que también hizo una buena presentación.
El mérito del guión original es que no se trata de una batalla de buenos perfectos y malos en trance de condenación eterna, sino de un grupo disparejo de residentes de medicina, que quieren cumplir sus sueños, gobernados por jefes imperfectos, que también tienen su corazoncito. Falta ver como le va a la versión colombiana, empezando por Miranda Carvajal (Aída Morales), la jefe estricta, dictatorial, que a medida que avance la historia mostrará su lado humano.
Fatal el diálogo entre Diego Trujillo que interpreta al novio de María Alejandra y ésta cuando lo sorprende en el consultorio haciendo el amor con una enfermera. Aparte del diálogo mismo, inverosímil por demás, la frialdad de Trujillo que parecía recitando sus líneas, sin mayor emoción, con ademanes que recordaban su personaje de Los Reyes es el lunar de este capítulo. Su pobre actuación que luego se repetiría en las escenas posteriores en busca de la novia airada, marca un flojo personaje que, por fortuna, no tendrá mayor incidencia en la historia.
Faltan personajes por aparecer como el de Mauricio Hernández (Jorge Enrique Abello) y Alicia Durán (Carolina Gómez), pero en lo fundamental una buena realización supervisada por Fernando Gaitán, y un equipo que recrea con buen tino la historia diaria del Hospital Universitario Santa María, con la promesa de oxigenar las noches aunque, a decir verdad, hay productos que entretienen más allá de los collares de perlas como es el caso de Rosario Tijeras, una agradable sorpresa por su realización que vale la pena resaltar.

