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Colombia - Cargada el 09.02.2010 17:24:43 COT 

Estancias

Siga y siéntese cómodo.

El encantador

Estancias > Medios y cultura popular
Por: Marsares

6 dAmerica/Bogota Febrero dAmerica/Bogota 2010 1:43 COT

Rolando Castaño (Diego Cadavid), un timador de barrio, con figura, simpatía y un buen repertorio de argucias, es El encantador. De barrio en barrio, de pueblo en pueblo, vive de las fantasías de los demás. Aunque tiene momentos agradables, la novela no trae ninguna sorpresa, ese valor agregado que maniata al televidente y lo hace olvidar el fatídico control remoto que puya su infidelidad a cada minuto, incitándolo a cambiar de canal.

“El encantador” llega a una comunidad, se hace amigo de las monjas, se interesa por los temas comunitarios, se ofrece a ayudar, planea rifas, nadie se le apunta ni a vender ni a comprar, pero como en esta vida el altruismo se acabó, ofrece una jugosa comisión por cada boleta vendida y así logra vender todas las boletas para luego apropiarse del dinero y, como las langostas, después de arrasar con todos los ahorros, huye a otro sitio a continuar sus tropelías.

Estos estafadores, de inteligencia superior, se constituyen en un filón de historias que el cine y la TV han sabido aprovechar con variada fortuna. Son tan ingeniosos los escenarios que construyen que uno termina simpatizando con ellos sin pudor ni cargos de conciencia. Con Leonardo Di Caprio, tenemos un ejemplo relativamente reciente en Atrápame si puedes, la película de Steven Spielberg basada en la vida de Frank Abagnale Jr., un estafador legendario que termina al final contratado por el FBI para descubrir las estafas de sus colegas.

Pero quizás el ejemplo más cercano a nuestra realidad latina se encuentra en Nueve reinas, la estupenda película argentina de Fabián Bielinski con Ricardo Darín como Marcos, el experto timador callejero —diferente a “el encantador” de este primer capítulo— por su espontaneidad y picardía, que al final termina timado por sus víctimas, en una estupenda voltereta que los espectadores gozamos hasta el final.

Nada que ver con este “encantador” colombiano, que pese a los esfuerzos de Diego Cadavid no convence por lo simple del argumento. Sí, hay que reconocerlo, es simpático, incluso 'flecha' a más de una, pero le falta al personaje esa magia del verdadero estafador, ese don de gentes, que se traduce en un particular encanto que seduce, que pone a la víctima de rodillas, en esa arrolladora simpatía, de verbo fácil, desbordante, que maniata, enamora y destruye.

Es apenas el primer capítulo, dirán algunos. Hay que esperar que se desarrolle la historia para que despliegue su fantasía, me dijo una amiga, y se convierta en el delincuente de altos quilates que el libretista planeó para acomodarle su vida y de paso la de los televidentes para salvarnos in articulo mortis de la encerrona que nos tienen preparados RCN y Caracol con sus nuevas dosis de traquetos (Rosario Tijeras y El Cartel 2).

Pero un estafador que no seduzca de entrada, que no sea capaz de envolver a su víctima (en este caso nosotros, los televidentes) es un verdadero paquete chileno, porque los de verdad no tienen una segunda oportunidad para engañar. Diego Cadavid la pide a gritos con su desteñido personaje, y eso basta para decir "no, gracias" y cambiar de canal, como para ver la sexta y última temporada de Lost, cuyo final, como el de la ponencia del referendo reeleccionista, ya se filtró. Pero no importa. Vale la pena… Lost, por supuesto.

La bella Ceci y el imprudente, cenicientos criollos

Estancias > Medios y cultura popular
Por: Marsares

25 dAmerica/Bogota Noviembre dAmerica/Bogota 2009 0:00 COT

Entretenida. ¿La telenovela como debe ser? (con perdón de Tigo) No tanto, pero aguanta. La bella Ceci y el imprudente es la nueva jugada del Canal Caracol por la comedia. Mientras cachacos y costeños luchan por los $300 millones del Desafío, el Monchi Maestre se resigna a su suerte y Gabriela descubre el secreto que le arruga el destino y estira la sintonía (rating, como le dicen ahora), una cenicienta criolla encuentra su propio ceniciento, embolatándonos por un rato los novelones diarios de mentiras palaciegas, vecinos guaches y negras despistadas.

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Soho TV, curvas y rectas torcidas

Estancias > Medios y cultura popular
Por: Marsares

11 dAmerica/Bogota Noviembre dAmerica/Bogota 2009 0:02 COT

La verdad se esperaba más de Soho TV, la revista Playboy a la colombiana en su incursión televisiva. Pero el resultado fue lánguido, pese a las curvas de infarto de las modelos, sin Photoshop posible, que nos recuerdan, como lo denuncia la Plegaria vallenata, que el Dios que se acomoda allá en las alturas sabía tan poco de aritmética que a unas les dio todo y en cambio a otras más bien poco.

Aparte de las carnes generosas de María Patricia Montoya, que a lo largo del programa fue quitándose prenda tras prenda, a instancias de Diego Cadavid en su papel de fotógrafo de utilería, acompañada de Melissa Montoya y Sara Corrales, que en otros lados del set se esforzaban por demostrar con retorcijones, gestos y miradas gatúbelas que lo que no se exhibe no se vende, lo demás fue simple repetición de cualquier magazín con aires de periodismo.

Mientras Alexandra Santos y Carlos Marín como conductores de Soho TV trataban de convencernos de que el programa era tan espontáneo como la sonrisa de mirame y no me toqués de la Montoya, otros caminos se intentaban para mostrar que, aparte de las curvas, también son posibles las rectas.

Daniel, Daniel, ¿dónde te metiste? Es cierto que montar a Valeriano Lanchas en bus para fingir por unas horas ser cantante de transporte público es meritorio, no sólo por su voluminosa figura que pasó con dificultad la registradora, sino por su estentórea voz que asustó a más de un pasajero. Pero eso lo hace Séptimo día si encuentra por ahí que una de las oyentes acaba de escapar de un conservatorio siquiátrico donde le tocó aprender a tocar la bandolina para quitarle el miedo al contrabajo.

Tampoco causó mayor sorpresa la lavada y planchada a dos indigentes para demostrar que el hábito si hace al monje, pues entraron sin problemas a restaurantes que un par de horas antes los rechazaron, por oler feo, vestir feo y, encima de eso, ser feos. Una historia al estilo Pirry, que lo hace mejor, porque les encima la rehabilitación, el encuentro con la familia y la beca para estudiar problemas ajenos en la Comisión de Acusaciones.

¿A esto se reduce Soho TV? ¿A mostrar viejas empelotas y rellenar el libreto con historias tan obvias que hasta el Canal Institucional las mejora con las pataletas de Fabio Valencia Cossio y las chuzadas ópticas a los blackberrys de Arias & Cía? La veo grave. Al parecer es cierto que no todo lo que brilla en el papel lo hará en la TV.

Si Daniel hijo nos ha mostrado que es capaz de todo para vender las mismas empelotas de otros lados, con sólo inventarse escenarios como los aledaños al Palacio de Uribe, o acompañamientos de santos patronos de la izquierda como Carlos Gaviria en últimas cenas inquietantes, ¿por qué tan poco imaginativo en este primer programa televisivo?

Distinto si pone a Melissa Giraldo empelotando a Valeriano en pleno Transmilenio o a la Corrales rifándose una bañada con el par de indigentes, mientras la Montoya alista la manguera. Seguro que en estos momentos hasta clasificaban para regaño de consejo comunitario, con derecho a réplica en el apartamento de Tatiana de los Ríos.

Dios las cría y Soho las rejunta. Esperamos el segundo número; sin numeritos, por favor.

Amor en custodia, refrito a la colombiana

Estancias > Medios y cultura popular
Por: Marsares

10 dAmerica/Bogota Noviembre dAmerica/Bogota 2009 15:09 COT

Los canales colombianos de TV le quieren apostar a lo seguro, sobre todo RCN que suspirará con alivio el 31 de diciembre, dejando atrás un año de vacas flacas, que hubiera sido un desastre completo de no ser por El último matrimonio feliz, que en el primer semestre le sostuvo la sintonía, y El capo que, en el segundo, se la elevó. Por eso, prefieren lo malo conocido y le apuestan a un refrito argentino que transitó con éxito por México, Amor en custodia.

En la versión colombiana, la rica no es la dueña de una empresa de lácteos (Argentina) ni tampoco empresaria cervecera (México) sino de la moda, con apellido italiano, para que luzca más chic. Paz Delucci (Alejandra Borrero) es una especie de Silvia Tcherassi, que sufre un intento de secuestro en su hacienda. Su ángel salvador es Juan Manuel Aguirre (Ernesto Calzadilla), un campesino empobrecido sin derecho a Agro Igreso Seguro y con pinta de Jean-Claude Van Damme criollo que se entrena en las montañas en artes marciales. Caído del cielo llega en el momento justo y pone en fuga a los plagiarios, casi sin despeinarse.

Por supuesto, Juan Manuel es tan honesto y servicial que dan ganas de elegirlo congresista y Paz tiene un esposo tan, pero tan malo, Alejandro Sanín (Marcelo Dos Santos), que no le va a quedar más remedio que enamorarse de Juan Manuel, cuyo éxito con los secuestradores, lo convierte en su guardaespaldas. Infortunadamente es casado, pero como su esposa se muere en el momento oportuno, el camino para el amor queda despejado.

Tiene que haber una hija insufrible, la de Paz por supuesto, que como su nombre lo indica es una Bárbara (Ana Wills) que tiene su propio guardaespaldas, Nicolás Pacheco (Iván López) destinado a sufrir los desplantes de niña mimada, pero como el amor no sólo es ciego sino sordomudo, todo lo puede por unos cuantos capìtulos, porque tanto va el cántaro a la fuente… A la par, está Tatiana (Stefana Godoy), la hija de Juan Manuel, buena ni más faltaba, que no sólo se va a disputar el amor de Nicolás; además, al final va a resultar ser hija de Paz, regalada por el abuelo Santiago (Humberto Dorado) cuando apenas mojaba el primer pañal para evitar un escándalo.

Mejor dicho, una versión latina, con alargues, vericuetos, arribismo, desplantes, lloriqueos, amor a segunda vista, hijas perdidas y falsas, de The Bodyguard, la entretenida película de Mick Jackson, que Whitney Houston (en el esplendor de su carrera musical) y Kevin Costner protagonizaron en 1992. De drama a culebrón retorcido, que Alejandra Borrero se arriesgó a protagonizar, alejándose de los personajes de carácter (como en Mujeres asesinas), para volverse la boba que exaspera, junto a otro bobo, quienes, como todos los bobos, al final terminan embobados el uno por el otro y la audiencia, igualmente embobada, aplaude su bobería.

Por ahora, Alejandra Borrero, que aceptó el rol, para sostener su proyecto teatral Casa Ensamble, no se apropia del papel y recuerda el de Antonia (El último matrimonio feliz), su último gran éxito. En los pasillos de RCN se escucha la poca fe que se le tiene a esta novela que llevaba un tiempo guardada y se le lanza para atenuar la pálida segunda temporada de Pandillas guerra y paz, cuyo rating (28 en el estreno) amenaza con mandarla al infierno de la medianoche. Los demás actores (y actrices para que Ángela Benedetti no se enoje) pasan el examen, pero salvo milagros televisivos, que los hay los hay, la historia es tan gastada que es probable que luego del tiempo decoroso en el prime time, vaya a pernoctar en las tardes de Nuestra Tele.

Pero al menos es un descanso entre las noticias de las siete, con su carga de guerra chavista, corrupción agraria y encrucijadas que alimentan gabelas parlamentarias, y El capo, que de tanto dar vueltas la historia, con alargue incluido, va camino a convertirse en el éxito capado de la noche.

Las muñecas de la mafia, bistec a la criolla

Estancias > Medios y cultura popular
Por: Marsares

1 dAmerica/Bogota Octubre dAmerica/Bogota 2009 0:07 COT

Con seis bellas protagonistas encabezadas por Amparo Grisales, el Canal Caracol pretende mostrar una nueva faceta del género mafioso: contar su historia a través de sus mujeres que al parecer -por lo visto hasta ahora- se basará en el destape generoso de sus carnes.

La ventaja de los géneros es que, bien manejados, dan lugar a muchas historias. El mafioso es rico en facetas por su clandestinidad, violencia y derroche, amén de violador de todas las reglas, lo que produce en el imaginario colectivo una mezcla seductora de admiración y rechazo.

La televisión colombiana lo sabe y al lado de las infaltables historias de amor, ambientadas en múltiples escenarios de clases sociales, ha encontrado un filón en los últimos tiempos que le reporta disímiles ganancias: historias sobre la mafia del narcotráfico, producto criollo por excelencia, que hoy los mexicanos pretenden superar con éxito inocultable.

En el pasado reciente se han intentado tres perspectivas interesantes con desiguales resultados. Con Los protegidos (Canal RCN) se quiso mostrar este submundo a través de los testigos; luego, con El cartel (Canal Caracol) se adoptó la visión histórica, basada en personajes reales del cartel del norte del Valle, y ahora, con El capo (Canal RCN) se pretende explorar un perfil sicológico de un líder criminal al que se le enfrenta, desde el 28 de septiembre Las muñecas de la mafia, con la visión femenina.

Como puede verse, los enfoques a primera vista son interesantes y niegan el desprecio de muchos de sus críticos que consideran al género como agotado y a sus realizadores como morbosos que lo utilizan únicamente para subir el rating. Pero igual podría decirse de la eterna historia de amores imposibles, separados por las clases sociales. Todo se puede contar de nuevo, pero depende del cómo, con quién y la perspectiva a tener en cuenta.

Los protegidos es un ejemplo del desperdicio de una buena historia. Carencia de investigación, repetición de lugares comunes, un libreto insulso con personajes que, con el correr de los capítulos, se convirtieron en caricaturas: Carlos Barbosa con su lloriqueo constante, Luis Eduardo Arango escondido en una lavandería y Ana Bolena Mesa con sus poses de femme fatale, mandaron a la producción al sótano de la medianoche pese a los esfuerzos de Mark Tacher y Verónica Orozco, en pos del eslabón perdido.

El cartel, en cambio, basado en narcos de carne y hueso, detallados por alguien que estuvo con ellos, mostró a la teleaudiencia el ascenso, consolidación y derrumbe del último de los grandes carteles colombianos de la droga, el del norte del Valle. Amigos, rivales y luego enemigos, sobreviviendo a punta de plomo y delaciones, mostraron la realidad que los medios destapan de vez en cuando. Actores, libreto, dirección y locaciones cuidadosamente escogidas convirtieron la serie en uno de los programas más vistos de la televisión colombiana en el pasado reciente.

El capo muestra otra realidad. Acá no se trata del ascenso o historia de un criminal (aunque existen las obvias referencias), sino de su desplome, sus últimos días en los que ve el desmoronamiento de un imperio que tardó 25 años en construir. Al lado de la soberbia salen a relucir sus miedos, sus cobardías, su codicia, su miseria humana. Una mirada al interior del infierno, con una atmósfera igual de oscura que su protagonista, ha calado tanto en los televidentes que ya aboga un número respetable porque se le dé una segunda oportunidad, en la invitación que por Facebook se les hace de que propongan un final para la serie.

Las muñecas de la mafia le apuesta a la carne y de ahí que Amparo Grisales encabece la nómina con sus aún inquietantes curvas que desordenan las filas masculinas a su paso. Pero como sucedió con su aventura musical, donde pretendió reemplazar con gemidos sus carencias vocales, aquí cubre sus deficiencias actorales con la exhibición de sus bellísimas extremidades y sus gestos que remedan boleros empacados en aguardiente. Si por un instante nos abstraemos de esta maravilla femenina, se evapora el espejismo y queda un personaje hueco, vacío, en suma, patético y aburrido. Con razón Solórzano se quiere divorciar y los televidentes igual, pese a las fantasías carnales que excita Doña Amparo.

Sus cinco compañeras tampoco salen mejor libradas, salvo por su anatomía, exuberante por demás. La niña buena (Angélica Blandón) con papá borracho que se toma el dinero de la matrícula universitaria y la destina a vender celulares en los semáforos. La ingenua y despistada (Yuly Ferreira), que parece sacada con espejito de la selva (qué horror como camina) con su traje de copera de raspachines. La trepadora (Katherine Escobar) que quiere conseguir marido mafioso a como dé lugar, y dos (Alejandra Sandoval y Andrea Gómez) con progenitores narcos. El uno con aspiraciones de ir a las grandes ligas exportando coca en 150 zapatos, y el otro, piloto del que se sospechan sus non sanctas relaciones.

¿Por qué no reinas, modelos y presentadoras de TV, que son en realidad las buscadas por los mafiosos? Las de la historia son apenas polvos de ocasión que no aguantan sino una rumba de fin de semana con piscinazo y empelotada. Interesante que se hubieran metido con la Cartagena pura y casta de Raimundo Angulo, buscado a las modelos de cuadernos escolares o esculcado por los lados de las presentadoras de TV que luego de contarnos los intríngulis del mundo, venden al mejor postor aquello que antaño las mamás cuidaban con denuedo y que hoy rifan en las fiestas de quince.

Lástima que los libretistas se hayan ido por las ramas, escogiendo el camino fácil de ganar rating a punta de rabadilla que, si bien recrea los ojos del televidente que al llegar del trabajo sólo encuentra un bulto de rulos con dolor de cabeza incluido, al final queda igual de aburrido que si de eyaculación precoz se tratara. Pero existe la recompensa. Si persiste al pie del televisor, es posible que encuentre a las verdaderas muñecas en otros programas y arregle la noche imaginando su propio libreto.

De eso se trata la televisión interactiva, ¿o no? 

El capo, apuesta ganadora de RCN

Estancias > Medios y cultura popular
Por: Marsares

27 dAmerica/Bogota Agosto dAmerica/Bogota 2009 21:18 COT

Con El capo se cumplieron las expectativas de RCN TV por recuperar el esquivo rating del prime time de la televisión colombiana. Luego de estruendosos fracasos como el de Valentino el argentino, producciones insípidas como Verano en Venecia, rellenos para aguantar la sequia como Las detectivas y el Víctor o intentos por explorar nuevas temáticas como El fantasma del Gran Hotel con discretos resultados, RCN le apuesta de nuevo a la mafia, jugada arriesgada si se tiene en cuenta el lánguido resultado de Los protegidos, cuyo primer capítulo le auguraba vientos propicios, pero transformada con el correr de los capítulos en una caricatura, el infierno de la medianoche fue su destino final.

[sigue...]

Gabriela, giros del destino, telenovela sencilla que apoya el rating de Caracol TV

Estancias > Medios y cultura popular
Por: Marsares

4 dAmerica/Bogota Julio dAmerica/Bogota 2009 16:43 COT

Como en un partido de fútbol se desarrolla la pelea por el primetime de la televisión colombiana. El que va ganando, espera; el que va perdiendo, arriesga. El Canal Caracol, que hace rato encabeza el rating de este apetecido horario nocturno, juega a mantener el resultado alargando sus éxitos (Vecinos), al igual que lo hizo en el pasado (Nuevo rico, nuevo pobre) y pone en el aire historias sin complicaciones, bien contadas, con enfoques de alguna novedad (el mundo del patinaje). Al Canal RCN, en cambio, que desde Pura sangre no ha podido lanzar un éxito contundente —aunque con El último matrimonio feliz, de buena factura, consiguió salvar el honor con un rating aceptable—, no le queda otra que proponer historias que se salgan de los moldes tradicionales (como El fantasma del gran hotel), con el riesgo de caer en el ridículo si la trama no es mesurada, los actores se sobreactúan o se acude a trucos baratos o lugares demasiado comunes.

En Gabriela, giros del destino, comenzando por el nombre (grandilocuente) no hay nada salido de lo común. Una patinadora ve frustrada su carrera deportiva por un conductor irresponsable que la atropella. Meses después coinciden en su lugar de trabajo y ella, sin saber de quién se trata, se enamora. Queda así planteado el drama, creando el interés del televidente sobre su desarrollo: crecimiento del amor, revelación del secreto y rompimiento, para luego empezar un largo trecho que recomponga el camino.

Respecto a los protagonistas, Gabriela (Carolina Gaitán) y Pablo (Andrés Toro), el primer capítulo los delimita en sus aspectos básicos: el físico (jóvenes, agradables físicamente, pintas informales), el social (Gabriela, de clase media baja, deportista exitosa, educación media que apenas la capacita para trabajos menores; Pablo, élite económica, se supone de excelente educación, hijo único, no trabaja en nada conocido) y el psicológico (ella, esforzada, disciplinada, alegre, con ganas de triunfar en el patinaje, juiciosa, colaboradora con los gastos de su casa; él, clásico mantenido, disfruta del dinero de su familia, sin meta alguna para el futuro).

[sigue...]

45 años de Doctor Who

Estancias > Medios y cultura popular
Por: Rafa XIII

23 dAmerica/Bogota Noviembre dAmerica/Bogota 2008 22:23 COT

Uno de los logos de la serie

Aquel sábado 23 de noviembre de 1963, cuando prácticamente toda la atención mundial estaba puesta en los trágicos sucesos ocurridos en Dallas el día anterior, la BBC de Londres emitió en horario vespertino el primer episodio de una de las series más emblemáticas de la ciencia ficción, y que con el paso de los años se convirtió en uno de los programas de mayor duración al aire en la historia de la televisión: Doctor Who. La serie se mantuvo de manera consecutiva en pantalla durante 26 años, desde noviembre de 1963 hasta diciembre de 1989, y en su segunda etapa, se emite desde 2005. Sin embargo, en el intermedio se realizaron innumerables especiales conmemorativos, dramatizaciones radiales, reediciones del programa en VHS y en DVD, y una película, en 1996.

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Muñoz vale por dos, una comedia inteligente

Estancias > Medios y cultura popular
Por: Marsares

5 dAmerica/Bogota Octubre dAmerica/Bogota 2008 16:23 COT

Hay algo que me gusta en particular de Muñoz vale por dos. Los pobres no son animalitos sacados del monte, que no saben sino comer, dormir y hacer el ridículo. En esta telenovela de Caracol Televisión, los que apenas viven con lo justo son seres normales, viviendo en situaciones normales, sin acentos estereotipados ni modales de de cerdos criados con desperdicios.

Román Muñoz (Mauricio Vélez) es el escolta de un rico empresario hotelero (Arturo Castellanos, interepretado por Víctor Mallarino), que a lo sumo se gana tres salarios mínimos, redondeados con horas extras, a quien le alcanza para sostener dos hogares y hacerles el quite a sus consecuencias. Con un humor basado en los equívocos y no en la chabacanería, este seriado de veintiséis capítulos realmente divierte.

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Luis Santiago, morbo recurrente

Estancias > Medios y cultura popular
Por: Marsares

3 dAmerica/Bogota Octubre dAmerica/Bogota 2008 18:47 COT

Nada que hacer. Vivimos en un mercado de lágrimas. Sin demeritar la colaboración de los medios, en especial los televisivos, en las pesquisas judiciales que culminaron con éxito, al final, como telenovela barata, el drama de una familia fue manoseado sin pudor, reemplazando el oficio de análisis e información por el morbo fácil de las cámaras, esculcando por doquier el dolor ajeno.

Con irrespeto manifiesto, los televidentes fueron llevados a montar guardia frente a la humilde vivienda de la madre de Luis Santiago para no perder detalle de su desmoronamiento como persona. También las cámaras se deleitaron en mostrar el encuentro del cadáver y la manipulación de sus restos por los expertos al extraerlos de la bolsa.

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