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Colombia - Cargada el 02.09.2010 14:52:31 COT 

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Siga y siéntese cómodo.

Colombia entre los cuatro mejores en la Copa Mundial Femenina Sub-20 de la Fifa Alemania 2010

Estancias > Primera plana
Por: Marsares

24 dAmerica/Bogota Julio dAmerica/Bogota 2010 8:16 COT

En media hora de ensueño, las niñas de Colombia consiguieron su tiquete a la semifinal derrotando a las exitosas suecas 2 -0, que junto con Corea del Norte, habían eliminado en la primera ronda a las campeonas de Sudamérica, las brasileñas.

El pronóstico era reservado dado el excelente comportamiento de la suecas en su grupo, que incluso se dieron el lujo de ganarle a Corea del Norte, subcampeón del certamen pasado y una potencia en esta categoría. Pero no fue tal. Con el balón a ras de piso, las colombianas ejercieron un dominio absoluto en la primera media hora del partido.

El monólogo comenzó con dominio del balón, supremacía en el medio campo y salidas veloces a través de Yorely Rincón que en el primero y segundo minutos ya había disparado al arco sueco. Lo propio hizo Tatiana Ariza por la banda derecha al minuto 8, sin que las suecas atinaran a parar sus desplazamientos.

El premio a la insistencia de Yoreli Rincón se dio al minuto 11 con un tiro de media distancia que dejó sin opción a Hilda Carlen, la arquera sueca. Pese al marcador, las nórdicas no reaccionaron y Colombia siguió tocando, abriendo el campo a los costados, pases precisos que no solo maniataban a las rivales, sino que iban tejiendo jugadas de peligro.

A estas alturas, Sofía Jakobsson, que se había lucido en la primera ronda con excelentes pase- goles y venía precedida de ser la máxima goleadora del Campeonato Femenino Sub-19 de la UEFA, no encontraba manera de comunicarse con Antonia Goransson, que con cuatro goles anotados en el certamen, era un referente de peligro para la zaga colombiana.

Anuladas por el buen juego de las colombianas, y con la defensa nerviosa por los desbordes de Tatiana Ariza que sin cesar una y otra vez penetraba al área por la banda derecha, llega el pase profundo que no pudo despejar la zaguera Elin Borg, que vio cómo la colombiana se lanzaba al área y conseguía anotar entre dos defensas, al palo derecho de la guardameta. Veintidós minutos y el 2 -0 era un justo premio a lo visto en el campo.
 
Los minutos posteriores siguieron en la misma tónica, Colombia tocando y armando jugadas ofensivas y las suecas tratando de detener la avalancha colombiana. Apenas en los últimos minutos consiguieron sacudirse un poco del dominio de las sudamericanas, pero sin llegar a inquietar en el fondo.

La segunda mitad mostró a las suecas más dispuestas al ataque tratando de manejar el balón en el medio campo, con algunas llegadas al arco colombiano pero sin crear peligro, bien por los eficaces recortes de las zagueras o por las ocasionales intervenciones de Paula Forero. Por momentos se vio a Colombia metida en el campo, quitando balones, reventando algunas veces, saliendo con pelota dominada, con escasos errores en la entrega, que fue uno de sus pecados en el enfrentamiento con Costa Rica.

Las estadísticas lo dicen todo. Trece remates a portería, contra cinco de las suecas. Y aunque fue un partido relativamente tranquilo, la incapacidad de las suecas para hilvanar su juego, lo suplieron cometiendo faltas, 18 en total contra 5 de las colombianas, y solo al final del juego se presentaron dos tarjetas amarillas: Sarah Stork a los 85 y Lady Andrade a los 90. En cuanto a la posesión del balón, 53% lo tuvo Colombia.

La única oportunidad clara de las suecas la tuvieron en el minuto 80 cuando Sofía Jakobsson hizo un tiro cruzado con Paula Forero en el piso y vencida, pero detrás de ella, atenta, estaba Carolina Ariza, de muy buen desempeño en el partido, que detuvo el balón en la línea de gol, despejándolo hacia el centro del campo. Los últimos minutos mostraron a Suecia jugando al pelotazo una y otra vez en procura de un tiro de suerte o un descuido del rival.

Las niñas colombianas, en su debut mundialista en esta categoría, jugaron su mejor partido del campeonato, con técnica, marcación, manejando los tiempos, pelota a ras de piso y muy aplomadas, mostrando seguridad y destreza. Su próximo partido lo jugarán en la misma Bielefeld contra el vencedor del duelo entre Estados Unidos y Nigeria, el 29 de julio a las 6:30 de la tarde, hora local.
 
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Partido por los cuartos de final, jugado en el estadio Schüco Arena de Bielefeld, el 24 de julio de 2010 ante 4.375 espectadores.

Colombia

Paula Forero, Natalia Gaitán, Natalia Ariza, Daniela Montoya (Melissa Ortiz – 83'), Paola Sánchez (Ana Maria Montoya – 88'), Yorely Rincón, Liana Salazar, Yulieht Domínguez, Tatiana Ariza, Lady Andrade (Ingrid Vidal – 93'), Carolina Arias.
Entrenador: Ricardo Rozo (COL)

Suecia

Hilda Carlen. Emma Kullberg, Elin BORG (Catrine Johansson – 26'), Mia Karlsson, Emilia Appelqvist, Josefine Alfsson(Sarah Stork - 78'), Sofia Jakobsson, Tilda Heimersson, Amanda Ilestedt, Antonia Goransson, Kristin Karlsson (Olivia Schough – 55')
Entrenador: Calle Barrling (SWE)

Goles: Yorely Rincón (COL) 11',  Tatiana Ariza (COL) 22'

Árbitro: Hong Eun Ah (KOR). Amonestó a Sarah Stork (SWE) 85' y Lady Andrade (COL) 90'

    Las chicas superpoderosas hacen historia en el Mundial Sub-20 de Alemania

    Estancias > Primera plana
    Por: Marsares

    21 dAmerica/Bogota Julio dAmerica/Bogota 2010 15:23 COT

    Madrugón para verlas en su tercer partido de la primera ronda, pero vaya alegría que nos brindaron. Tienen menos de 20 años, pero la base de esta selección Colombia femenina de fútbol ya tiene un largo y brillante recorrido que las llevó a ser campeonas del sudamericano Sub-17, con la correspondiente cita mundialista, luego el subcampeonato sub-19 celebrado en Colombia detrás de Brasil, y ahora participantes en el Sub-20 de Alemania 2010. Unas bellas y superpoderosas veteranas.

    Perdieron 3-1 con Alemania la actual campeona mundial, no por inferioridad técnica, sino por descuidos propios del nerviosismo del novato que por primera vez participa en un certamen mundial de esta categoría. Dos descuidos en cinco minutos consiguieron el desequilibrio. En el partido anterior habían empatado con Francia 1-1 con un gol agónico, luchado a través de todo el partido, y en este momento Costa Rica era el rival a vencer para pasar a cuartos de final.
     
    Las dificultades eran mayúsculas. Francia le había ganado a Costa Rica 2-0 sumando 4 puntos, estableciendo un +2 en el gol diferencia, contra un -3 de las nuestras y apenas un punto. De Alemania, ni hablar, al haber ganado los dos partidos estaba clasificada para la siguiente ronda, por lo que su partido con Francia tan solo aclaraba el primer lugar del grupo, presagiándose un enfrentamiento relajado de su parte. No es grato depender en parte de los resultados ajenos. Colombia necesitaba que Francia perdiera con Alemania por un marcador abultado y nuestras chicas que le ganaran a las Costarricenses también por goleada.
     
    Todos los resultados se dieron, pero empecemos por el propio partido. Colombia, jugándose la vida, enfrentó el partido con una variación de la nómina (seis en total) ante una Costa Rica animosa, eliminada al haber perdido con Francia y Alemania, con deseos de no irse en blanco del mundial. Por fortuna, pese a tener mayor facilidad de llegada al campo colombiano en los primeros minutos, no tuvieron fortuna para concretar. Sus intentos naufragaban en el último cuarto de cancha.
     
    Las colombianas, por su parte, tampoco lograban contundencia en el ataque. Equivocaciones en los pases, dificultad para armar paredes, desorden arriba, sin poder fabricar jugadas claras para abrir el marcador. Pero las fallas eran suplidas a punta de corazón y una zaga de tres atenta a resguardar su portería. La cancha la corrían, trataban de desbordar, siempre con el balón al piso, pero sin conseguir más de tres pases, perdiéndolo con las ticas, que a su vez insistían en llegar, aunque sin inquietar la portería colombiana.
     
    El primer gol (40')llegó con pelota quieta, jugada de laboratorio que indica trabajo técnico del banco. Cobro de tiro de esquina abierto y la emergente Daniela Montoya esperando en el punto penalti, sin marca, para anotar con un cabezazo preciso. Mientras tanto, en el otro partido, Alemania también hacía lo suyo, con dos goles sobre Francia. El marcador se movió de nuevo a favor, ya para terminarse la primera mitad con un balón que luchó por la izquierda Ingrid Vidal cerca de la línea de meta, ante la zaga costarricense que fue incapaz de controlarla, hasta que por fin pudo centrar para que Daniela, de nuevo, por la izquierda de la guardameta, con un disparo cruzado anotara el segundo gol (40').
     
    En el período final, un tercer gol alemán aclaraba aún más las cosas, aunque luego un gol francés, poniendo el marcador 3-1 dejaba por el momento fuera a las colombianas. Aún faltaban dos goles más. Alemania metió el cuarto, mientras Colombia perdía tres posibilidades de gol con Paola Sánchez.
     
    Algo curioso. Rozo, su entrenador dio orden de que las niñas no supieran nada del otro encuentro para que no perdieran la concentración. Pero Yoreli se dio sus mañas y en el intermedio el médico de la selección le contó que Alemania le estaba ganando 2-0 a Francia.
     
    Del resultado final y su clasificación se enteraron cuando terminó el partido. Por eso, su esfuerzo se prodigó en la cancha en la segunda mitad, aunque sin llegar otras anotaciones que les dieran tranquilidad. El tercer gol (90+3')llegó en el tiempo de descuento por una falta dentro del área cometida por una zaguera tica contra la siempre peligrosa Daniela.
     
    Al margen, y como adobo de esta clasificación, dos situaciones aledañas consolidaron el pase de Colombia a los cuartos de final. La primera se dio en el otro partido del grupo en contra de Francia al no reconocerse un gol legítimo suyo, similar al de Lampard contra Alemania en el mundial de Sudáfrica. Rebote, con entrada más allá de la línea de gol. A esas alturas Francia perdía 4-1 y con este gol quedaba el marcador 4-2, suficiente para eliminar a Colombia.
     
    La segunda, el cobro irregular del penalti por Yoreli en el tiempo de descuento del segundo tiempo que, contra el reglamento reciente, amagó antes de tirar, lo que justificaba su repetición, pero la árbitro validó la acción, marcándose el tercer gol.
     
    Clasificación sufrida, luchada con denuedo, mostrando la madurez de este grupo de niñas que a la par que crecen en edad, también lo hacen en el fútbol, mostrando que Colombia tiene mucho que mostrar en la rama femenina.
     
    Más aún. En la misma fecha, Brasil, el campeón sudamericano era eliminado, quedando Colombia como única representante de la región. Logro sin precedentes y un aplauso en la distancia para nuestras niñas que ahora son Sudamérica en el Mundial.
     
    El sábado, a las 4:30 de la mañana, Colombia enfrentará a la sorprendente Suecia, también debutante en este mundial, que terminó de primera en su grupo, después de derrotar a Corea del Norte. Pronóstico reservado, pero de las chicas superpoderosas todo se puede esperar. Es que con ese corazón, aunado a su calidad…
     
    ¡Fuerza Colombia!
     
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    Partido de la primera ronda jugado en Dresden, en el Estadio Rudolf-Harbig, a las 11:30 de la mañana, hora local, ante 12.863 espectadores.
     
    Colombia
      Paula Forero, Lina Taborda, Natalia Gaitán, Daniela Montoya, Ingrid Vidal (Katerin Castro – 77'), Paola Sánchez, Yorely Rincón, Lady Andrade, Carolina Arias, Vanessa Aponte (Liana Salazar – 61') Melissa Ortiz (Tatiana Ariza – 49')
       
      Costa Rica
       
      Priscilla Tapia, Mariela Campos (Daniela Vega – 64'), Paola Alvarado, Daniela Cruz, Carolina Venegas, Katherine Alvarado, Raquel Rodríguez Cedeño, Raquel Rodríguez Vásquez, Yocelin Rodríguez, Fabiola Sánchez (Marianne Ugalde – 63'), Hazel Quirós, (Maria Moreira – 17')
       
      Goles: Daniela Montoya (COL) 24' y 40', Yorely Rincón (COL) 90'+3, de penal.
       
      Árbitro: Dorcioman (ROU). Amonestó a Katherine Alvarado (CRC) 38', Yorely Rincón (COL) 38', Natalia Gaitán (COL) 87'

      España cumplió su cita con la historia

      Estancias > Primera plana
      Por: Marsares

      12 dAmerica/Bogota Julio dAmerica/Bogota 2010 14:17 COT

      El de Iniesta es el mejor gol del mundial, no por su belleza, vamos, que hubo otros mejores, sino porque cerró con broche de oro el ciclo de una generación brillante que la historia del fútbol recordará con admiración y cariño. No jugó su mejor fútbol en esta Copa Mundo de Sudáfrica, pero tal vez no ha habido un campeón como España que la haya sufrido tanto, que se haya inyectado adrenalina a dos manos en cada partido, que con el corazón en un puño la haya luchado con la fe del que sabe que la historia le tiene una deuda por saldar.

      Cuando Del Bosque saca a Villa -por Dios a Villa, su goleador, la mejor carta ganadora, el candidato a botín de oro- y mete a un “Niño” Torres convertido en sombra, un interrogante arrugó el ánimo. ¿Qué quiere este señor? ¿Entregar el partido? Pero Del Bosque, como el pulpo Paul, sabe leer la fortuna y le apuesta con brío. Torres, que hizo un mundial pálido, desteñido, pobre de solemnidad, abre la puerta para que a cuatro minutos de la lotería de cobros, el partido se resuelva a favor de España.
       
      Minuto 116. El “Niño” se desmarca por la izquierda, por pura voluntad y garra, porque este territorio es ajeno a su destreza y manda un centro a Iniesta para que defina, pero se atraviesa la pierna de Mathijsen que la deja bailando en el área. Fábregas retoma la intención de Torres y como buen mensajero la recoge y se la pasa a Iniesta que espera para dar el puntillazo. Una bola en diagonal que se recordará por mucho tiempo, atraviesa los pocos metros que separan a España de la historia.
       
      Atrás quedaron las peores y mejores intenciones de Holanda, un equipo venido a menos que quiso controlar el partido con taches y desbordes. Un partido tartamudo, interrumpido a cada momento por un rosario de interminables faltas holandesas, dispuestas a recortar a cualquier costo los intentos ofensivos de los españoles. Y también los desmarques de Robben, siempre buscando el palo izquierdo del arquero, asistido por el estupendo Sneijder y apoyado por Van Persie.
       
      Apenas dos centenas de segundos quedan y los holandeses miran el césped como extraños. Robben, en cuclillas, extravía la mirada. De Jong voltea la cabeza hacia la tribuna donde el rojo hierve, y baja los brazos. Dejó de importar el patadón que le dio en el pecho a Xavi Hernández en la primera mitad. Tampoco la celada que le tendieron a España, igual a la de Brasil, para meterla en un cuadrilátero, pero España le hizo el quite y ahí están los resultados. Némesis le devolvió lo suyo.
       
      Villa en el banco goza como los otros y entiende el sacrificio. Sabe que es parte de un equipo, que se necesitaba ajustar el engranaje, que su salida temprana del partido fue un acierto y que toda su lucha a través de siete partidos está resumida ahí, en ese instante, en ese gol que borra falencias, ambigüedades, pasajes oscuros y una derrota de la que nadie se acuerda. Un gol que premia el pundonor y el fútbol de verdad.
       
      Casillas en el arco le pone la cara a la hermosa noche sudafricana. En un país lejano de otro continente, España, la que en los últimos tres años fabricó una leyenda, había encontrado su vellocino de oro. Ahí, en el arco que mantuvo invulnerable ante Robben, ante el reclamo holandés de merecerse la corona, porque la tercera es la vencida, Casillas lloró, como millones en la tierra de los viñedos y las adargas y al otro lado del océano los que también sintieron que los genes suyos pertenecen a esta jornada de gloria.
       
      La cámara se regodeó en ese instante, en los rostros que nos aprendimos de memoria desde que aparecieron años atrás, fruto del trabajo de muchos, empezando por la propia Holanda, la maravillosa naranja mecánica, que revolucionó el fútbol español con la llegada de Cruyft como entrenador y una constelación de estrellas, cambiando el rumbo de la furia roja y sus estériles emociones, por un juego depurado, técnico, ambicioso y preciso.
       
      Ahí están los nombres, como el del esforzado Ramos que lo intentó una y otra vez, desmarcándose, con Piqué guardando la casa, con Puyol intentando repetir el cabezazo mágico que eliminó a Alemania, con Capdevila poniendo problemas en sus subidas, Busquets aguantando la arremetida, unos más y otros menos, pero cada quien poniendo lo suyo, fallando, corrigiendo, enhebrando, con la terquedad del campeón.
       
      No queda más por decir. En la tierra donde nuestra especie se originó y comenzó la más grande aventura de todos los tiempos, muchos siglos después regresaron de países lejanos campeones de todas las etnias y culturas a cumplir como hermanos una cita con el pasado. Ganó el mejor, y Sudáfrica, complacida, mostró al mundo que sí es posible un mundo sin racismo, porque todos provenimos de la misma madre.
       
      Resta mucho por hacer pero ahí queda el ejemplo.
       
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      Final del Mundial de Sudáfrica 2010 disputada en el estadio Soccer City de Johannesburgo ante 84.490 espectadores.
       
      España
       
      Iker Casillas; Sergio Ramos, Piqué, Puyol, Capdevila; Busquets, Xabi Alonso (Cesc, m.87), Pedro (Navas, m.60), Xavi, Iniesta y Villa (Fernando Torres, m.105).
       
      Holanda
       
      Stekelenburg; Van der Wiel, Heitinga, Mathijsen, Van Bronckhorst (Braafheid, m.105); Van Bommel, De Jong (Van der Vaart, m.99); Robben, Sneijder, Kuyt (Elia, m.71); y Van Persie.

      Goles: Iniesta (m.116)

      Árbitro: Howard Webb (ING). Expulsó por doble amonestación a Heitinga (m.109). Amonestó a Van Persie (m.15), Puyol (m.17), Van Bommel (m.22), Sergio Ramos (m.23), De Jong (m.28), Van Bronckhorst (m.54), Capdevila (m.67), Robben (m.84), Van der Wiel (m.111), Mathijsen (m.117) y Xavi (m.21).

      ¡Ay Muslera!

      Estancias > Primera plana
      Por: Marsares

      11 dAmerica/Bogota Julio dAmerica/Bogota 2010 10:56 COT

      Sí, definitivamente este no fue el día del arquero uruguayo. Mientras su equipo hacía las cosas bien, Muslera no se cansaba de hacer las cosas mal. Los unos tratando de armar jugadas, llevar peligro al arco alemán, respondiéndole de igual a igual, y él poniendo el codo para borrarlo a punta de imprecisiones e inseguridades. Tres pifias, tres goles.

      ¡Ay Muslera! Es cierto, hoy está de fiesta Uruguay por un cuarto lugar que sólo tenía como referencia los libros de historia, pero como diría Mafalda, queda una basurita en el ánimo, ese pensar que quizás las cosas podrían haber sido mejores. Inconforme que es uno pero qué se le hace, Uruguay anotó por propios méritos, Alemania igual… aunque Muslera le ayudó con todo el desencanto posible.

      El partido fue entretenido, que en este Mundial es casi una proeza, hasta el punto que la máxima estrella de Sudáfrica es un pulpo, la imagen más recordada son los mocos de Löw, la mejor actuación es la de Maradona peleando con los hinchas alemanes, la mayor animación un montón de zancudos zumbando a través de las vuvuzelas y el mejor trofeo una jabulani extraterrestre.

      Sin Klose y Lahm, el uno por lesión muscular y el otro por lesión viral, Löw mandó a su equipo a ganar, con Cacau en punta, como distracción para que dejaran tranquilo a Müller, que a diferencia de Messi, anota, pero no porque sea mejor, sino porque trabaja acompañado. Y como estos partidos son para el álbum familiar, puso a Butt, el arquero del Bayern, y a Dennis Aogo, proveniente de la cantera de la Sub 21 que ganó la Eurocopa de la UEFA.

      Tabárez, aunque con cara de puño como siempre pese a estar la gloria trepándosele por las espaldas, miró satisfecho a su equipo. Lugano de regreso para ponerle orden a la guachafita, y Luis Suárez, la “mano del diablo” como la calificó Gyan, otra vez en la Celeste para meter goles, o por lo menos evitarlos. ¿Si brasileños y argentinos los meten así, por qué los uruguayos no los pueden sacar igual? Todo lo del pobre es robado.

      Alemania, como si nada hubiera pasado, salió ordenado como siempre. Si a comparaciones nos vamos, los germanos fueron en esta Copa como los colegiales que aún le comen cuento al profesor y juiciosos hacen la tarea. Firmes, carrera mar, balón rastrillando el piso, solo las jugadas necesarias, nada de rifarla, pases de profundidad y llegadas peligrosas. Fútbol sencillo, bonito y eficaz. Se merecen su diploma.

      Uruguay también en las mismas, en sus mismas, es decir, vestidos y alborotados, desordenando las filas, banquete para un prefecto de disciplina. Pero es que con un Forlán quién no. Los alemanes con el balón y estos con la emoción, robándoselo, volándose para el predio ajeno, a lo viernes por la noche, plena aventura, noche de pasión y noviazgo en ciernes con la jabulani, tan promiscua como el escenario, pero querer es poder.

      La verdad, esos veintidós se veían bien corriendo en el campo, con llegadas, uyuyuy en los hinchas de parte y parte, y el corazón diciendo que ya casi la meten, pero nada hasta que a Schweinsteiger se le saltó la piedra y se la tiró a Muslera a lo alemán, es decir a meterla junto con él en el arco. Pero éste la rechazó a medias para que Müller la recogiera y sumara méritos para el premio de la FIFA.

      El que reza y peca, se condena. Schweinsteiger no cuidó a su jabulani y Diego Pérez literalmente se la robó, de frente y sin pena, para que Suárez se la llevara con el pie, que también sabe hacerlo. Con solo los zagueros centrales, Alemania mira al uruguayo dársela a Cavani, mientras Forlán por la derecha corre hacia el arco. Pero no había necesidad. Cavani la mete en diagonal y los alemanes aprenden que con éstos hay que dejar la casa con llave.

      El segundo tiempo es igual, con un ingrediente, los de azul perdieron la pena por completo a los que se la tienen montada en todos los mundiales. Alguna vez tiene que voltearse la torta ¿y por qué no ahora? Egidio Arévalo se mete por la derecha y se la manda a Forlán para que se luzca. Media tijera, Butt que hace lo que puede, y todo el mundo arrimándose al partido con aplausos, empezando por Pablo, el Forlán padre, que donde quiera que esté, gritó estrujando la camiseta, éste es mi hijo.

      Dos, Uruguay; uno, Alemania. Entonces sí se puede. Ahí fue cuando Butt demostró que más sabe el diablo por viejo que por diablo y tapó todas las intenciones celestes. Sus compañeros, en el terreno hacían bien la tarea. Boateng sabe que por arriba Muslera es poco lo que sabe hacer -bueno, también por abajo- y se la centra desde la derecha a Jansen. Cabezazo y otra vez a barajar. Paul, en su acuario, sonríe a lo pulpo, comiendo almejas uruguayas.

      Los uruguayos no se la creen. A decir verdad, los alemanes tampoco. Saben que si no aseguran el partido, estos igualados uruguayos le pueden hacer el cajón, porque a diferencia de España, los charrúas no esperan pelotas quietas para meterla. Por fortuna Özil cobra con eficacia un tiro de esquina al área, Muslera sale a danzar con el viento, borbollón, y Khedira que se escribe con “O” de oportunista, se eleva, y de cabeza mete el tercero.

      ¿Ustedes qué creen? Exacto, a Uruguay le importó un pito el cuento del 3-2 y como si nada, se fueron encima de Alemania, que un poco despeinado, porque se trataban de colar por todos lados, los mantuvo a raya, hasta el último instante, en el que estos uruguayos se despidieron de Sudáfrica, como aparecieron, con una sorpresa para agrandar corazones, un cobro de tiro libre de Forlán que se estrella contra el travesaño. Final surrealista.

      Buena por ambos. Superaron sus expectativas que los mostraban como equipos débiles. Uruguay por haber llegado al mundial por repechaje y Alemania, por haberse arriesgado con un equipo juvenil. El recibimiento no va a ser igual. Uruguay recibirá como héroes a los de Tabarez y vaya que lo merecen. Alemania acogerá con simpatía a los muchachos de Löw, pero con el resquemor de que el partido que debieran haber jugado fue el del domingo, ante Holanda; tenían con qué.

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      Partido por el tercer y cuarto puesto del Mundial de Sudáfrica, disputado en el estadio Nelson Mandela Bay de Puerto Elizabeth ante 36.000 espectadores.

      Uruguay

      Fernando Muslera, Jorge Fucile, Diego Lugano, Diego Godín, Martín Cáceres, Maximiliano Pereira, Diego Pérez (Walter Gargano, m.77), Egidio Arévalo Ríos, Edinson Cavani (Sebastián Abreu, m.89), Diego Forlán y Luis Suárez.

      Alemania


      Butt, Boateng, Mertesacker, Friedrich, Aogo, Mueller, Khedira, Schweinsteiger, Jansen (Kroos, m.81), Ozil (Tasci, m.90+) y Cacau (Kiessling, m.74) 

      Goles: Müller (m.19); Cavani (m.28); Forlán (m.52);
      Jansen (m.56); Khedira (m.82)

      Árbitro: Benito Archundia (México). Amonestó por Alemania a Aogo, Friedrich y Cacau y por Uruguay a Diego Pérez.

      Ganó Argentina

      Estancias > Primera plana
      Por: Huésped

      9 dAmerica/Bogota Julio dAmerica/Bogota 2010 9:58 COT

      Por Raquel Eugenia Consigli y Horacio Martínez Paz

      Para La Argentina que yo quiero 

      No dudamos de que el título y el desarrollo de este artículo van a ser polémicos.

      A pesar de haber caído por goleada alemana en el campeonato mundial de fútbol de Sudáfrica 2010, Argentina ha ganado.

      Perdió un seleccionado que llevaba nuestros colores por fuera, pero que tenía la impronta kirchnerista por dentro. La señora presidente soñaba con la Plaza de Mayo atestada de incondicionales admiradores (de los que vienen por el "jornal" de vino y sándwich), y un balcón compartido con Néstor, Maradona y Estela de Carlotto, entre otros emblemas de la "cultura" nacional actual. Una imagen que quedaría en la memoria colectiva por años y años. Choripán y circo del bicentenario. Ni pensar lo que hubiera sido el palco en Johannesburgo, con el discurso de la victoria del "modelo económico, político, social y deportivo" de Kristina —que todo el planeta debería implementar inmediatamente—, en caso de haber ganado el campeonato.

      [sigue...]

      Holanda ganó pero Uruguay no perdió

      Estancias > Primera plana
      Por: Marsares

      7 dAmerica/Bogota Julio dAmerica/Bogota 2010 21:46 COT

      Debe reconocerse que ganó el mejor, que quiere decir, el más eficaz. Pero también se merece su cuota de incienso la celeste, que perdió, es cierto, pero batallando, en unos minutos memorables donde hubiera podido torcerse el destino, pero los dioses fueron esquivos, no sólo para infortunio de Uruguay, sino también de América Latina que aplaudió, apretó los dientes, gozó y sufrió en espera de la terca victoria.

      Muchas cosas para recordar de este partido. A grandes rasgos, la simpleza del fútbol holandés, que sin alcanzar el brillo de antaño, se mostró como un ariete demoledor. Al principio, prudente, por los pergaminos del adversario, pero luego, advertido de su desorden, empezando por las malas entregas que les servían en bandeja de plata las oportunidades, decidió incursionar en predio ajeno, aunque sin mayor fortuna.
       
      Viene un instante que abisma por la belleza de su composición. El equilibrio perfecto en el que la trayectoria, la velocidad y la distancia se unen a una estirada magnífica que rinde pleitesía al balón imposible de detener. Un disparo desde 35 metros realizado por un veterano, Van Bronckhorst, fulmina la valla uruguaya para comenzar a escribir la historia de un partido en el que un grande quiere reivindicar las dos finales perdidas. Una cita con el futuro.
       
      Pero Uruguay tiene el alma que les hizo falta a los brasileños. Sin la técnica de antaño, pero con el corazón de siempre, espantan la desesperanza. Sylvia Plath dijo alguna vez que “morir es un arte como cualquier otra cosa” y los charrúas lo demostraron en este partido, con un prólogo que emocionó a propios y extraños. Un Forlán, cuya padre, Pablo, padeció la eliminación de 1974 a manos de la Holanda de Cruyft, equilibra el recuerdo con un disparo similar al de Van Bronckhorst, más corto, más ligero, pero igualmente demoledor por su significado. Uruguay dijo presente, y empató el partido.
       
      Segundas partes nunca fueron buenas, dicen los perdedores, aunque a veces la fortuna se endereza a punta de corazón. A eso le apuesta Uruguay pero Holanda tiene las mejores cartas, Robben y Sneijder, para la baza ganadora que desequilibra las cuentas. La Celeste quiere pero no puede. Desde los primeros minutos del segundo tiempo es arrollada por la mancha naranja que se extiende como una epidemia y los contagia de desconcierto.
       
      Salidas fulminantes por las bandas, tiros cruzados que apenas ven pasar los hombres de azul, que amontonados presienten el desastre, y a trompicones logran sobreaguar la tempestad, pero no hay nada que hacer. Valeroso el gesto, pero un huracán no se le detiene con coraje. El balón es holandés y se lo llevan por la derecha, lo pasan con precisión, abren la cancha, la izquierda mortífera y Sneijder que la manda rasante para desequilibrar de nuevo el partido. Falta el de Robben, y Kuyt se lo sirve con un pase perfecto que cabecea con la precisión de un ingeniero. Curioso. Dos desheredados del Real Madrid por no tener cabida con la llegada de Kaka y Cristiano Ronaldo, son figuras de este mundial y nunca se sabe, pueden llegar a ser los sepultureros de España.
       
      Uruguay mira el reloj. Apenas 13 minutos para enderezar el barco que la tormenta lleva a su antojo al acantilado. Tarea que se antoja imposible pero quién los convence. Al filo de la navaja, sin Robben ni Forlán en el campo, jubilados por sus técnicos, Maximiliano Pereira sorprende a todos con un gol que se coloca en la yugular holandesa. El “Loco” Abreu instala sus bártulos en el área y en una carrera desenfrenada contra el destino, pone a danzar el balón ante el desespero holandés que suplica por el pitazo final.
       
      Nuestro último representante se devuelve a casa, dejando en la retina de los latinoamericanos esos destellos de gloria que diluyen las carencias que sólo pueden ser remediadas con milagros y Sudáfrica no es tierra de promisión. Un aplauso para la Celeste que hoy abre las ventanas, sacude los tapices, quita el polvo de los cuadros, barre los corredores, para que el viento fresco entre a la casona señorial. La vida regresa con los nuevos moradores. Es tiempo de siembra.
       
      - – -
       
      Incidencias: partido de las semifinales disputado en el estadio Green Point, de Ciudad del Cabo ante 62.468 espectadores. 
       
      Uruguay
       
      Fernando Muslera; Maximiliano Pereira, Mauricio Victorino, Diego Godín, Martín Cáceres; Diego Pérez, Walter Gargano, Egidio Arévalo Ríos, Álvaro Pereira (m.78: Sebastián Abreu); Edinson Cavani y Diego Forlán (m.84: Sebastián Fernández).Seleccionador: Oscar Washington Tabárez.

      Holanda

       
      Maarten Stekelenburg; Khalid Boulahrouz, John Heitinga, Joris Mathijsen, Giovanni Van Bronckhorst; Mark Van Bommel, Demy de Zeeuw (m.46: Rafel Van Der Vaart); Arjen Robben (m.90: Eljero Elia), Wesley Sneijder, Dirk Kuyt; y Robin Van Persie. Seleccionador: Bert Van Marwijk.

      Goles: Giovanni Van Bronckhorst (m.18); Diego Forlán (m.41) Wesley Sneijder (m.70); Robben (m.73); Maximiliano Pereira (m.92).

      Árbitro: Ravshan Irmatov, de Uzbekistán, amonestó a M. Pereira, M. Cáceres, Sneijder, Boulahrouz y Van Bommel.

      Se maradonió Argentina

      Estancias > Primera plana
      Por: Marsares

      5 dAmerica/Bogota Julio dAmerica/Bogota 2010 17:26 COT

      Argentina, desde que el fútbol se enquistó en nuestro continente, siempre ha sido una cantera de jugadores virtuosos con el balón, hasta el punto de haber ganado dos veces el campeonato mundial, pero igual también se ha caracterizado por ser una suma de egos, de desbordantes individualidades que resuelven partidos, ganan títulos, encantan la tribuna y derriban adversarios.

      Pero Argentina pocas veces en su historia ha podido conformar un equipo, apenas ha sumado talentos, confiando su suerte al fútbol exquisito que en cualquier momento rompe el esquema y dibuja la victoria. Con Maradona como técnico no fue diferente, aunque hubo un matiz; en vez de la suma tradicional se pasó a la montonera dependiente de uno solo, Messi, el mejor de todos, al que se le encomendó la historia.
       
      Por el mundial, Argentina caminó con paso cansino, sembrando muchas dudas. Contra Nigeria sufrió, con Grecia fue un monólogo gris y contra Corea del Sur, goleó pero no convenció. En los tres partidos, su zaga experimentó problemas. El partido contra México lo ganó con holgura por una pifia arbitral y un regalo de la defensa rival. Sin ese gol fraudulento de Tévez, México habría podido ganar un partido que dominaba a su antojo.
       
      Por eso no sorprende lo de Alemania. Argentina fue un tigre de papel, un carnaval de ilusiones que nada tenía que ver con la realidad. Sin medio campo, encomendado a un solitario Maxi Rodríguez, con la creencia de que tres delanteros acaban con cualquier rival, Maradona le apostó su alma a los goleadores, como dijo después del partido, ese es el fútbol argentino, jugado para la tribuna, simple populismo que sólo busca el momento del encanto y no la construcción paciente de un resultado.
       
      Alemania es todo lo contrario. Como ellos mismos lo han dicho. Nunca han tenido un Messi que deslumbre al mundo y quizás por eso conforman equipos para que el talento fluya entre ellos y lleve a un resultado en el que todos participan, desde la zaga que sabe llevar el balón hasta el medio campo donde la jugada se pule y se entrega a los delanteros, o al que esté en mejor posición para concluir con el resultado buscado.
       
      Alemania es espléndida porque tiene talento y disciplina, tácticas y variedad de estrategias, jugadores que saben definir y responden en la marca, como Podolski, verdadero guerrero capaz de sacrificarse en la defensa para cortar un avance, tapar un espacio, desarmar un rival. Todos ponen, todos juegan, todos concluyen. Como es la esencia alemana, motor de Europa, que se levantó de sus cenizas y creó una sociedad incluyente que privilegia el esfuerzo común, uniendo talentos y destrezas.
       
      Argentina resultó ser un fiasco y lo que es peor, no lo reconocen. Dicen que el gana goza, y el que pierde, explica. Y desde la debacle con Alemania no han hecho otra cosa que explicar, explicar y explicar el por qué si no hubiera sido por el primer gol… Lo mejor del cuento es que lo marcó un muchacho al que Maradona, el del ego desbordado, el que aún está convencido de que Dios es porteño, había confundido con un recogebolas. Müller, que lleva cuatro goles anotados, le anotó el primero, apenas a tres minutos de haber comenzado el primer tiempo. Fácil, con velocidad, sorpresa y habilidad.
       
      Messi qué podía hacer, si no estaba jugando para un equipo sino con una montonera de egos inflados por el propio técnico. Por eso se perdió del partido, pese a que Alemania le prestó el balón a la ruidosa argentina por un largo trecho, apuesta peligrosa porque de todas formas en cualquier momento podía aparecer la chispa, pero la pólvora estaba mojada.
       
      Alemania, dueña y señora del partido, cuando quiso, retomó las acciones y como un reloj, con todas sus piezas en orden, fabricó los tres goles restantes, que hubieran podido ser más, porque por delante no había sino argentinos sorprendidos de que unos muchachos, a quienes miraron siempre por encima del hombro, fueran capaces de irrespetarlos.
       
      A partir del minuto 68 se comenzó a escribir el epitafio de Argentina. El “recogebolas”, desde el piso, sirve a Podolski que en una fulminante invasión al área se la centra a Klose para que el segundo gol anuncie el desastre. Siete minutos más tarde, el estupendo Schweinsteiger, cerebro de la máquina de Löw, pasa por toda la zaga gaucha y se la entrega a Friedrich para que sume un gol más. El cuarto, producto de un contragolpe le sirve a Klose para acercarse a la mítica cuenta de Ronaldo.
       
      Lástima por Argentina, protagonista del fútbol, perdida en la soberbia de quienes olvidaron que la historia no la escriben los iluminados sino los pueblos. Costosa enseñanza.
       
      - – -
       
      Encuentro de cuartos de final del Mundial de Sudáfrica disputado en el estadio Green Point de Ciudad del Cabo ante 64.100 espectadores.
       
      Argentina
       
      Sergio Romero; Nicolás Ottamendi (Javier Pastore, m.70), Nicolás Burdisso, Martín Demichelis, Gabriel Heinze; Maxi Rodríguez, Javier Mascherano, Ángel di María (Sergio Agüero, m.75); Lionel Messi; Carlos Tévez y Gonzalo Higuain.
       
      Alemania
       
      Manuel Neuer; Philipp Lahm, Per Mertesacker, Arne Friedrich, Jerome Boateng (Jansen m.72); Sami Khedira (Kroos m.77), Bastian Schweinsteiger; Thomas Müller (Trochowski, m.84), Mesut Özil, Lukas Podolski; Miroslav Klose
       
      Goles: Müller (m.3); Klose (m.68); Friedich (m.74); Klose (m.89)
       
      Árbitro: Ravshan Irmatov (UZB), amonestó a los argentinos Mascherano y Otamendi y al germano Müller.

      Uruguay apagó a las “Estrellas negras”

      Estancias > Primera plana
      Por: Marsares

      3 dAmerica/Bogota Julio dAmerica/Bogota 2010 12:33 COT

       

      En este mundial de Sudáfrica donde las decepciones han primado sobre las emociones, este partido entre Uruguay y Ghana va a ser recordado. No por el encuentro en sí, que mostró a dos equipos esforzándose por ganar, sino por el último instante, donde un goleador se transforma en portero y salva momentáneamente a su equipo de la eliminación y otro goleador marra el penalti que hubiera podido escribir una página gloriosa para un continente.

      Increíble. Está a punto de culminar el segundo tiempo de la prórroga, últimos segundos del minuto 120, un tiro libre de costado en contra de Uruguay, el balón llega al área y nadie se apropia de él, entrevero, angustia de todos, incluido Muslera que lo busca entre piernas y brazos, de repente la pelota aparece con sello de gol pero Luis Suárez, en la raya, la revienta hacia el centro, donde encuentra a Dominic Adiyiah que de un cabezazo la devuelve a la portería con un Muslera vencido y de nuevo Luis Suárez se atraviesa y la tapa con la mano, como arquero emergente.

      Desconcierto total en Uruguay, alegría desbordante en Ghana. No sólo tarjeta roja para el goleador de la celeste, sino penalti a favor del superviviente africano. La tribuna enloquece porque dentro de unos segundos uno de los suyos estará entre los cuatro mejores del mundo. Las vuvuzelas anuncian el carnaval, Asomoah Gyan, especialista en penaltis, el ariete que tiene a las estrellas negras en esta cúspide, tiene en su botín escrita la historia… pero estrella el balón contra el travesaño.

      Antes de que el esférico regrese al campo el árbitro da el pitazo final del partido y comienza la lotería de tiros desde el punto penalti que favorece a Uruguay, no sólo por la suerte y los nervios propios de los cobradores, sino porque Muslera con Tabarez estudiaron juiciosos los videos de Ghana y se aprendieron de memoria su estilo de cobrar. Esto hay que resaltarlo, como el último disparo, el del “Loco” Abreu, no sólo porque con él escribió el epitafio de Ghana, sino porque regresa a Uruguay a ser protagonista de los mundiales.

      Atrás quedan los 120 minutos donde se jugó en varios tiempos. Un comienzo arrollador de la Celeste, como todos los sudamericanos queremos que lo haga con los Países Bajos, reivindicando el buen fútbol contra la guerra de los taches. Entró con autoridad, portando una camiseta que en Sudamérica se respeta porque la portan guerreros con blasones antiguos, pero que ahora deben ganarse los propios, para volver a ser grandes y esta es la tarea que la celeste hoy está realizando.

      Ghana, desconcertada, no pudo menos que agazaparse en el campo, mientras pasaba el relámpago que anunciaba la tormenta uruguaya, encabezada por Suárez, motor de estos primeros minutos que lo intentó sin eficacia. Pero los nubarrones desaparecieron y Ghana tomó el control, colándose al campo austral por las bandas, como en otros partidos, pero igual sin contundencia. Uruguay, acorralado por la exuberancia física de los africanos, sacó el libreto del aguante en espera de mejores oportunidades, perdiendo en el entretanto a Lugano por lesión.

      El reaparecido Sulley Muntari, el enfant terrible de los black stars, triple campeón con el Inter, lanzó un poderoso disparo con la zurda que Muslera, tapado por Gyan, no alcanzó a observar. Gyan mueve su cabeza y por ahí, por ese resquicio entra el gol de Ghana, desatando la alegría colectiva. Ghana, con el segundo mundial a cuestas, tenía el tiquete para la semifinal. Pero con Uruguay nunca se sabe y pese a que el juego por momentos se tornaba espeso por las faltas reiteradas de parte y parte, sacó del sombrero un gol de Forlán para empatar el partido, con un cobro de pelota quieta.

      El partido en los siguientes minutos debió haber sido de Uruguay, pero Luis Suárez, como Podolski contra Serbia, falla en todos los estilos, remates a quemarropa, cabezazos, festival del desperdicio, aunque uno de los culpables fue Kingson, que supo resguardar su arco. Después se volteó la torta y de nuevo Ghana se fue con todo a buscar la victoria, en oleadas que apenas podían contener los uruguayos, hasta ese instante mágico, novelesco, que elevó a los cielos a Uruguay y mandó al fondo del pozo a la desesperada Ghana.

      Uruguay está entre los cuatro mejores del mundo. Mucho tiempo esperando este momento y con una oportunidad de oro de disputar la final, porque Holanda quedará sembrada en el camino. ¿Se puede? Claro que se puede y aquí le robo las palabras a Mario Benedetti,
       
      “En las fronteras
      del futuro
      hay un control
      estricto
       
      sólo son admitidos
      los sobrevivientes” 
       
      como esta selección, la única sobreviviente de Sudamérica, que ha llegado a punta de corazón, de creer en sí misma y con la suerte del campeón. Eso marca la diferencia.

      Marío Benedetti, “el hacedor de utopías y conspirador de sueños” como lo recordamos en estas páginas el día de su muerte, es el referente de Uruguay, es el referente de nuestra región para seguir avanzando. Sobre sus hombros la Celeste carga la responsabilidad de representar a Latinoamérica entera, una sola voz, una sola selección que debe hacer realidad las palabras del maestro: “Mira al pasado, y crea la historia; mira al futuro, y crea las utopías”. Es el momento.

      - – -

      Encuentro de los octavos de final disputado en el Estadio Soccer City de Johannesburgo, ante  84.017  espectadores.

      Uruguay
       
      Fernando Muslera; Maxi Pereira, Diego Lugano (cap) (Andrés Scotti 38), Mauricio Victorino, Jorge Ciro Fucile; Álvaro Fernández (Nicolás Lodeiro 46), Egidio Arévalo Ríos, Diego Pérez, Edinson Cavani (Sebastián Abreu 76); Diego Forlán, Luis Suárez. DT: Oscar Washington Tabarez.
       
      Ghana
       
      Richard Kingson; John Paintsil, John Mensah (cap), Isaac Vorsah, Hans Sarpei; Anthony Annan; Samuel Inkoom (Stephen Appiah 74), Kwadwo Asamoah, Kevin; Prince Boateng, Sulley Muntari (Dominic Adiyiah 88); Asamoah Gyan. DT: Milovan Rajevac.
       
      ÁrbitroOlegário Benquerença (POR) Amonestó a: Uruguay: Fucile (20), Arévalo Ríos (48), Diego Pérez (59); Ghana: Paintsil (54), Sarpei (77), John Mensah (93)  Expulsiones: Uruguay: Suárez (120+1) 

      Goles: Uruguay: Forlán (55) Ghana: Muntari (45+2)
       
      Tiros desde el punto penalti: Uruguay: Forlán, Victorino, Scotti, Abreu; Ghana: Gyan, Appiah. Fallaron: Mensah y Adiyiah 

      Se fundió la Canarinha de Dunga

      Estancias > Primera plana
      Por: Marsares

      2 dAmerica/Bogota Julio dAmerica/Bogota 2010 23:08 COT

      Se repitió la película. El Brasil de las estrellas fulgurantes se fue al piso como en 2006. Hay dos chivos expiatorios. Uno, el obvio, Dunga, a quien los éxitos habían salvado del patíbulo. El otro, Melo, que desde su ingreso a la canarinha fue crucificado, muerto y sepultado por la afición, pero resucitado por la terquedad de Dunga. Dos exiliados que contarán sólo cuando se recuerde como afrenta esta eliminación.

      De todas formas, se esté o no de acuerdo con el estilo Dunga, que hizo de Brasil una Esparta de soldados disciplinados y austeros, reemplazando a la Atenas librepensadora, de genios impredecibles, jugadas de fantasía y alegría sin fin, hay una cosa cierta. Este Brasil, tan lejano de su esencia como la Alemania de Löw  lo es de la suya, es un gran equipo, quizás el mejor de este mundial.
       
      Sin embargo, está fuera. Si Alemania, Argentina, España, cualquiera de los sudamericanos lo hubiera derrotado, la desazón sería menor. Porque son equipos generosos con el fútbol, que tratan de enriquecerlo abriendo nuevas fronteras, mezclando lo sabido con el riesgo, apostándole a la técnica, pero sin abandonar lo que ha hecho del fútbol el mejor de los deportes, la sorpresa, la creatividad, la improvisación con tinte de locura, donde un segundo significa la alegría de toda una vida.
       
      La derrota es amarga y se recuerda el fatal segundo tiempo para crucificar a jugadores que cualquier selección desearía tener consigo. ¿Y qué del primer tiempo? ¿Cuando las ideas de Dunga en complicidad con el talento de sus jugadores, daban frutos jugosos y saludables? ¿Eso no vale? Incluso, el tan criticado Melo fue el artífice de un gol lacerante, una pincelada de pensamiento rápido, oportunidad aprovechada, sorpresa y definición eficaz por Robinho. De la misma especie que el primer gol de Alemania a Inglaterra con el saque de Neuer y la definición de Klose.
       
      En esos 45 minutos brilló el espectáculo brasileño de obreros que igual atacaban que defendían como el propio Kaká, por poner un ejemplo, conformando con zagueros y volantes el muro de contención cuando perdían el balón. Infortunadamente, este equipo no tuvo la fortaleza mental de un campeón y por eso perdió. Cayó en la trampa de los matones de barrio y les respondió de igual manera. Eso querían los holandeses, ese era su único argumento, provocar, sacar de quicio, desordenar el ánimo, para destruir lo que eran incapaces de hacer con el balón.
       
      Cada falta, y fueron muchas, de todos los estilos, sabores y colores, interrumpía el juego, creaba el cortocircuito que anulaba el avance, la sorpresa, la inventiva. Kaká, Robinho, Maicon… los brasileños vivían en el piso. ¿Eso es jugar al fútbol? Sí, aunque no nos guste. Otro tipo de fútbol, tacaño, simplón, lejano de la maravillosa Holanda de Cruyft, Van Basten y Gullit. Pero a la de nuevo cuño le basta para suplir sus carencias. Juego de zapa, pero eficaz, porque también consigue resultados. Para la muestra un Brasil.
       
      La máquina de Dunga funcionó, pero el autogol de Melo le metió un palo en la rueda. Increíble como se descompuso. Holanda que había hecho poco por el partido, que no había tenido oportunidad cierta de anotar, empata por un error ajeno y le saca el mejor provecho, multiplicando el estilo de taches contra espinillas. Y Brasil, como si se tratara de un equipo de la Sub 17 que apenas están curtiéndose, con los nervios desaforados se desploma refundiendo sus argumentos del primer tiempo entre la tosquedad del adversario.
       
      Devolviendo patada con patada se desconcentraron hasta el punto de dejarse anotar un gol impensable para una zaga curtida y disciplinada. Descuidan al más bajo de los holandeses y le permiten, solitario, que cabecee dentro del área. Absurdo, pero más lo fue el festival de agresiones, mini rings que se repartieron por el campo, con Van Pierse Vs Robinho en el primer asalto, respondiéndole con el ojo por ojo bíblico a la naranja troglodita, hasta la falta estúpida de Melo que provocó su expulsión.
       
      ¿Habrá terminado la era que inició Parreira en el 94, intentando domesticar el genio ancestral volviéndolo pragmático en busca de resultados? Es posible que el péndulo regrese en busca de retomar la herencia de los años dorados que vieron el nacimiento de fulgurantes estrellas. Es lo que quiere la afición, ávida del jogo bonito, es lo que quieren los dirigentes para que los estadios se llenen y las arcas se multipliquen, pero un retorno al juego del pasado es un anacronismo.
       
      Quizás hay que atemperar el experimento de Dunga, mezclando talento con la planificación estratégica de los partidos donde cada hombre funcione con claridad dentro del engranaje, como hoy lo hace Alemania, crisol de culturas que muestran un equipo interesante en trance de formación. No se necesitan los cuarteles de Dunga, pero tampoco la pocilga en la que convirtieron a Brasil las juergas de hace cuatro años, de Ronaldinho y compañía.
       
      Cuando se va el gato, los ratones hacen fiesta. Sin la auriverde queda con pronóstico reservado el nombre del nuevo campeón del Mundial de Sudáfrica 2010.
       
      - – -
       
      Partido de los cuartos de final disputado en el estadio Nelson Mandela, de Puerto Elizabeth, ante 46.732 espectadores.
       
      Holanda
       
      Maarten Stekelenburg; Gregory Van der Wiel, John Heitinga, Andre Ooijer, Giovanni Van Bronckhorst; Mark Van Bommel, Nigel De Jong; Wesley Sneijder, Dirk Kuyt, Arjen Robben; y Robin Van Persie (m.85, Jan Huntelaar). Seleccionador: Bert Van Marwijk.
       
      Brasil
       
      Julio César; Maicon, Lúcio, Juan, Michel Bastos (m.62, Gilberto); Gilberto Silva, Felipe Melo, Daniel Alves; Kaká; Robinho y Luis Fabiano (m.77: Nilmar). Seleccionador: Dunga.
       
      Goles: 0-1, m.10: Robinho. 1-1, m.55: Felipe Melo en propia meta. 1-2, m.68: Sneijder.
       
      Árbitro: el japonés Yuichi Nishimura expulsó a Felipe Melo (m.xx) por falta sobre Robben. Y amonestó a Heitinga, Michel Bastos, Van der Wiel, De Jong y Oojier.

      Portugal tuvo su florero de Llorente

      Estancias > Primera plana
      Por: Marsares

      1 dAmerica/Bogota Julio dAmerica/Bogota 2010 23:49 COT

      Como en los albores de la independencia colombiana cuando el florero de Llorente desató la revolución, igual pasó con España; otro Llorente, que no estaba en las cuentas de nadie, entró en reemplazo del “Niño” Torres a un partido soso, para ponerle la adrenalina que despertara a Villa, Iniesta, Xavi y compañía, en mora de revalidar -con las consiguientes dudas- la aspiración española de alzarse con el título de esta Copa Mundo.

      Con tantas frustraciones de verdad se creía que éste iba a ser un superclásico entre la campeona de la Eurocopa que llegó como máxima favorita y el tercer mejor equipo del mundo, según la FIFA. Pero como si estuviéramos viendo “Plan 9 del espacio exterior” de Ed Wood, la peor película de todos los tiempos, la primera parte de este encuentro fue un monumento al tedio, al desgano, a la desidia, a la incapacidad, como si estuvieran en un partido de beneficencia pro burka en los estadios.
       
      Después de los tres primeros minutos en que Torres y Villa quisieron sorprender a Eduardo, los 22 jugadores se dedicaron a pasear en safari por la gramilla sudafricana, mirando la bola en su estado natural, en espera de que alguien se apiadara de ella y la mandara a descansar. Pero como si nada. Ella de aquí para allá, y los jugadores de allá para acá.
       
      Cristiano Ronaldo miró hacia arriba en espera de que la Virgen de Fátima le contara el cuarto secreto, cómo jugar bien al fútbol y mandar al carajo a Casillas y toda su corte. Pero hubo mutis en el foro, mejor dicho, en el cielo. A decir verdad, tan aburrido estaba el cuento que, muy seguramente se fueron a ver los cuartos de final de Wimbledon, que estaba a punto de dar la más grande sorpresa de los últimos tiempos, la eliminación de Roger Federer.
       
      Pero volvamos al partido que para fortuna del planeta fútbol, dejó atrás el primer tiempo y dio comienzo al segundo. ¿Será que le metemos pólvora como en carnavales a ver si se pellizcan? Joder, que el mismo cuento de la bella durmiente en espera del príncipe azul, cansa. Se anuncia cambio en España y la tribuna se prepara para aplaudir a Cesc, pero no, Del Bosque estrena a Llorente. Los técnicos de las graderías protestan. Ahora sí nos lleva la que nos trae.
       
      Trece minutos del segundo tiempo y como Condorito, ¡plop! explota la modorra. Ramos centra y Llorente engarza. Sí, la tira para otro lado, pero vamos, al menos sabe para qué son los guayos. A los demás les da como vergüenza, y se prende el bombillo. Llorente sigue en su cuento, como cualquier novato, rompiéndose el alma, y le funciona. Mientras entretiene a los dos centrales, Iniesta le hace un pase al borde del área a Xavi, que de taquito se lo pone a Villa, se interpone Eduardo, la pelota queda bailando y el que es caballero insiste. Villa la mete.
       
      Un largo suspiro de alivio se escucha por toda la península. El cuarto gol de Villa en este campeonato es un boleto a los octavos, tan esquivos hasta este momento y ahora es cuestión de administrar el partido, poner el balón en cuarentena y esperar por un espacio libre para el remate de la corrida. Pero Portugal salió de remos débiles, bajo de casta, ligero, pusilánime, y no embiste. Pitos en la tribuna.
       
      Ramos, Iniesta, Villa, con el capote tratan de rematar lo que ya está muerto, pero Eduardo los priva del entierro. El partido languidece de a poquitos, mientras Cristiano Ronaldo, desesperado, intenta hacer algo, pero nadie lo acompaña, así que solo, dispara a ver si la suerte lo acompaña. Las vuvuzelas callan para que se escuche fuerte el abucheo. Desprecian al ídolo y el ídolo los desprecia a ellos. Divorcio a la vista. Termina el partido y Portugal se va de esta Copa Mundo apenas con la gloria de haber goleado a uno de los equipos más débiles del mundo.
       
      España sale aplaudida, abrazan a Llorente y de paso a Del Bosque, que leyó el partido y logró colocar la carta que hacía falta para completar la veintiuna. Viejo zorro. Hoy le funcionaron las cosas, ¿pero en el próximo? Siguen las dudas con España.
       
      - – -
      Encuentro de octavos de final del Mundial de Sudáfrica 2010, disputado en el Green Point Stadium de Ciudad del Cabo, ante 62.955 espectadores.
       
      España
       
      Iker Casillas; Sergio Ramos, Puyol, Piqué, Capdevila; Busquets, Xabi Alonso (Marchena, m.93+), Xavi, Iniesta, Villa (Pedro, m.88); y Fernando Torres (Llorente, m.58).
       
      Portugal
       
      Eduardo; Ricardo Costa, Carvalho, Bruno Alves, Fabio Coentrao; Pepe (Pedro Mendes, m.72), Tiago, Raúl Meireles; Simao (Liedson, m.72), Cristiano Ronaldo y Hugo Almeida (Danny, m.58).
       
      Goles: Villa (m.63)
       
      Árbitro: Héctor Baldassi (ARG). Expulsó a Ricardo Costa en el minuto 89 por un codazo a Capdevila. Amonestó a Xabi Alonso (74) por España, y a Tiago (80) por Portugal.

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