El género no define el oficio
Especial Día Internacional de la Mujer 2008Por Nacira Badran
sbado 8 de marzo de 2008 0:14 COT
Fotos: Nacira Badran, especial para equinoXio
Un día Enith Fernández y sus tres compañeras de Artesanías Ruth, la microempresa que montaron con las uñas hace tres años, llegaron al Castillo de San Felipe a participar en una feria con todos sus productos pero sin un peso, y al terminar el evento, así se fueron.
Ese día la suerte no estuvo de su lado, no vendieron nada y no tenían con qué devolverse para el sector Zarabanda del barrio Olaya Herrera, donde viven. En ese momento pensaron que hasta ahí llegaba el grupo y el trabajo que habían realizado.
Enith cuenta que en ese momento pensó en todo lo que tuvo que pasar con su hija Liliana, de 12 años, para salir del infierno que vivían en su natal Tierralta (Córdoba), víctimas de la violencia.
“Vivíamos a la orilla del camino, eso lo quemaron todo, mandaron a desocupar y nos vinimos porque había mucha matanza”, recuerda Enith.
Ella había salido de su finca con el propósito de buscar mejor fortuna en la ciudad y con el deseo de no vivir bajo los criterios antiguos que se tienen sobre el oficio de una mujer.
Pero mientras Enith iba de un barrio a otro en Cartagena, intentando encontrar un lugar estable donde quedarse con su hija, viviendo incluso en medio de aguas negras, la mujer se quedaba toda la madrugada despierta pensando qué podía hacer para cambiar su destino.
Entonces recordó que cuando era niña jugaba con totumo haciendo una infinidad de cosas y se dio cuenta que dedicándose a eso podría ser útil para algo más y comenzar a elaborar las artesanías que hasta ahora le han ayudado a mantenerse activa.
Encontró a Glennys Ortiz, Nora Castillo y Ana Rosa Marimón, quienes decidieron acompañarla para cumplir juntas el sueño de ver sus artesanías en cualquier rincón de Colombia y, ¿por qué no?, del mundo.
Acomodadas en un rincón de la casa de Enith y cubiertas por un plástico, a un paso de la ciénaga, las mujeres iniciaron labores.
“Hacemos calzados artesanales, agendas con material reciclable, jaboneras con totumo, bordados, mochilas, cucharones, frascos con coco y de cuanta cosa se nos pasa por la cabeza, tratamos de aprender algo y de eso hacer cosas diferentes”, explica Enith.
Las mujeres iniciaron capacitaciones con diferentes ONG y fundaciones, con lo que añadieron conocimientos a sus ganas de salir adelante y de destacarse como mujeres. Con lo aprendido se reunían, desde muy temprano hasta altas horas de la noche, en la casa de Enith, sin descuidar a sus familias, pero haciendo todo lo posible por poner todo de sí y llevar a la realidad infinidad de artículos innovadores que cobran vida en sus mentes.
Pero por momentos, ellas sentían que los deseos no eran suficientes, más aún cuando sus esposos reclamaban su presencia en el hogar.
“Este trabajo ha sido una lucha con nuestros compañeros, ellos nos apoyan, pero en el fondo les gustaría que nos quedáramos en la casa y a veces, no sabemos si por descuido o a propósito, nos botan las cosas que hacemos, como si no le dieran importancia a nuestras artesanías”, dice Enith.
Y es que definitivamente en las últimas décadas alguien ha estado cambiando la mentalidad de las mujeres, quienes por inercia van cambiando el comportamiento doméstico con el que se supone que deben venir, por uno independiente y trabajador, que busca resaltar el talento que todas, sin importar clase social o edad, tienen.
Al parecer, así sucedió con las cuatro mujeres de Artesanías Ruth, para quienes las incomodidades, la pobreza y la falta de apoyo no fueron obstáculos en el camino por convertirse en microempresarias.
“Todos los momentos difíciles que hemos tenido son experiencias a las que tenemos que hacerle buena cara”, dice Nora Castillo.
En diciembre pasado, las mujeres consiguieron adecuar mejor el espacio en el que trabajaban, ya no están bajo un techo de plástico, sino en un ranchito de madera en el patio de la humilde casa de Enith, esperando la oportunidad para demostrar a todos que ellas pueden trabajar y que son más que amas de casa.
“Esto lo vamos a sacar adelante y cuando sea así tendremos muchos recuerdos y experiencias chéveres”, dice Enith.
La historia de Enith, Glennys, Nora y Ana Rosa, cuatro mujeres enfrentadas a la dureza de la vida, es un ejemplo para otras resignadas a ser muy poca cosa en el mundo, quienes deben darse el valor que merecen, sin importar el pensamiento de otros o lo que imponga la sociedad, no sólo en fechas memorables como ésta, el Día Internacional de la Mujer, sino durante todos los días de su existencia, con el propósito de convertirse en mujeres listas y en forma para enfrentar cualquier oficio.
martes 11 de marzo de 2008, 10:26 COT
Emociona leer esta crónica de solidaridad y enorme voluntad de autoafirmación y emprendimiento. Una pieza preciosa de periodismo ciudadano.
Esperamos saber más de éste grupo de mujeres en el futuro.