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Columnas

Las voces de equinoXio

La frugalidad: un referente ético para la crisis económica

Columnas > El psicoscopio Por: Javier Akerman

4 dAmerica/Bogota mayo dAmerica/Bogota 2009 20:03 COT

Muchos dólares

En occidente tenemos y gastamos demasiado. Esto nadie puede ponerlo en duda. El budismo coincide con otras corrientes filosóficas en que la felicidad verdadera proviene de vivir con menos y necesitar lo justo y necesario, es decir, en la frugalidad. Ser sobrio y frugal consiste en no desperdiciar y ser más justo con la distribución de los recursos y los bienes. En un mundo de codiciosos, en el que se tiran tantas cosas a la basura cuando todavía son útiles, en el que nos incitan a consumir de forma ilimitada y feroz, la frugalidad nos muestra un camino ecológico y espiritual a seguir. A los niños debemos inculcarles la frugalidad, que es una virtud que debe aprenderse en la infancia, con el ejemplo familiar como referente.

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Jubilación y “tercera edad”: ¿principio del fin?

Columnas > El psicoscopio Por: Javier Akerman

30 dAmerica/Bogota abril dAmerica/Bogota 2009 1:25 COT

Algunos esperan la jubilación con ansia, para sentirse liberados del yugo esclavizante del trabajo. Otros la observan “desde lejos”, como si no fuera a llegarles nunca. Pero a casi todos, sean cuales sean las expectativas personales, les supone un shock emocional y un proceso adaptativo que puede convertirse en un serio trastorno depresivo. Cuando en muchos países del mundo se está debatiendo retrasar la edad de jubilación para aliviar las arcas del estado de las prestaciones sociales, amparados por la indiscutible realidad social del aumento de la longevidad, la jubilación regresa a los foros de opinión con más fuerza que nunca. Pero… ¿estamos preparados para enfrentarnos a ella?

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Drogas: del uso chamánico a los abusos profanos

Columnas > El psicoscopio Por: Javier Akerman

13 dAmerica/Bogota octubre dAmerica/Bogota 2008 20:32 COT

Tipos de drogas

La problemática de las drogas abarca múltiples campos interdisciplinarios y sociales, además del meramente policial. Al referirnos a ellas estamos entrando subrepticiamente en nuestro cerebro y todavía podemos ir más allá del mismo. ¿Por qué existe la adicción a determinadas sustancias? ¿Indican acaso ciertos receptores químicos del cerebro que estamos genéticamente predispuestos a las drogas? ¿Qué barrera separa una droga “legal” de una “ilegal”? Lo que está muy claro es que algunas personas tienen una mayor propensión a caer en el abuso y a reincidir de forma compulsiva en su adicción.

Pero, ¿qué buscamos en las drogas?

El chamanismo y las drogas sagradas

Desde la estepa siberiana, pasando por el Tíbet hasta las más recónditas selvas americanas, los seres humanos han utilizado desde tiempos inmemoriales plantas, hongos y sustancias diversas que eran ingeridas en determinadas ocasiones con fines sagrados. Es el caso del chamanismo. La palabra deriva de las lenguas de la familia uraloaltaica, que se habla en toda Asia Central y del Norte. El chamanismo también cruzó el Estrecho de Bering en los tiempos prehistóricos y se expandió progresivamente entre los esquimales y las tribus indias en todo el continente americano. El chamán representa aquí el papel de “médico del alma”.

Los rituales mágico-religiosos, muchas veces apoyados en el uso de plantas, como los hongos sagrados y el peyote (este último muy utilizado por los chamanes mexicanos), tienen como objetivo modificar la conciencia durante un lapso de tiempo, durante el cual el chamán acompaña al enfermo o a la comunidad a la que cuida en la búsqueda y posterior sanación de aquellas parcelas de su alma que se encuentran enfermas o alteradas. Es un “viaje más allá de los sentidos cotidianos”.

De este modo, la sanación espiritual lleva a la sanación física. Las drogas, en este caso, eran un elemento sagrado y estaban fuera del mundo profano. No eran sustancias para ser usadas con fines festivos o por pura diversión. Al alejarnos de ese círculo y pasar a manos “no ritualizadas” las drogas perdieron su sentido sagrado y se han ido infiltrando en nuestro tejido social con el correr de los siglos. El hombre es un ser religioso y ritualista. La búsqueda de la trascendencia ha marcado nuestra historia con sangre, sonrisas y lágrimas.

Las drogas, además de su carácter sagrado inicial, fueron pasando a manos de los “hombres-medicina” con el fin de mitigar dolores y aliviar enfermedades. De ahí al uso médico actual no ha sido más que un transcurrir temporal. Hoy en día las drogas, legales o no, son un poder económico gigantesco en el que se ocultan intereses políticos, médicos y sociales bajo hipócritas declaraciones de uno y otro lado. No voy a entrar en este asunto que me llevaría a escribir no uno sino una serie completa de artículos durante semanas.

¿Cuál es la causa de la adicción a las drogas?

Joven en un rincón con cápsulas tiradas en el suelo

Debemos hacer un paréntesis y distinguir la adicción a sustancias químicas externas y a las adicciones endógenas o del propio individuo. Los receptores del placer en el cerebro no discriminan en muchos casos el origen del estímulo que excita ciertas zonas. En 1976 se demostró la existencia de varios receptores opioides en el cerebro (Martin y colaboradores), detectando en ese momento tres tipos distintos que en la actualidad casi llegan a la treintena. Estos estudios demostraron que nuestro cerebro segrega de forma natural un buen número de opiáceos, que son conocidos como encefalinas o endorfinas. Estas sustancias provocan euforia, analgesia, sedación y en muchos casos éxtasis. Y están ahí, dentro de nosotros mismos. La neurociencia avanza la hipótesis de que las encefalinas forman parte de nuestra evolución y son el camino químico a algunas experiencias religiosas. Por eso, muchos “devotos religiosos” necesitan el arrobamiento místico que desencadena en ellos una adicción a ese “éxtasis espiritual”.

Dentro del fenómeno del fanatismo religioso puede existir en parte una explicación químico-adictiva: un torrente de opiáceos cerebrales muy poderosos que invade nuestros sentidos. Los centros de recompensa en el cerebro coexisten entre ellos y a veces la frontera que separa una fuente externa de una interna es apenas imperceptible. Caemos en una adicción cuando ésta es la única fuente de placer (o casi la única) que buscamos compulsivamente y por culpa de ello se resiente la salud y el entorno socio-profesional. Cuando no desarrollamos otras fuentes e intereses que nos “llenen interiormente” y den un sentido a nuestras vidas, podemos caer en la tentación de tratar de llenar ese vacío con cualquier droga, legal o ilegal. Además, ¿dónde está la diferencia entre uso y abuso? Pues casi la misma que entre enamorarse y obsesionarse. O disfrutar de una copa de vino y desmayarse por un coma etílico. Es el perfil de cada uno de nosotros y el bagaje cultural, educativo y ético que nos haya acompañado el que finalmente podrá ser decisivo.

Drogas legales y drogas ilegales

En EUA más de cuarenta mil niños hiperactivos están siendo tratados con Ritalina, que es un derivado de las anfetaminas, el metilfenidato. Está químicamente emparentado con éstas y funcionalmente con la cocaína. Muchos de estos niños “legalmente drogados” probablemente ni siquiera sufran un Trastorno de Hiperactividad sino que sean niños “inquietos y traviesos”; es más fácil drogarlos que soportar su comportamiento. Pero se prescribe también como medicamento principal o de apoyo en el tratamiento de la narcolepsia, la depresión en los ancianos, la demencia senil, la enfermedad de Alzheimer, la fibromialgia, el síndrome de fatiga crónica, la impaciencia de los miembros (“síndrome de piernas inquietas”), los dolores secundarios en los cánceres, los síncopes, los traumatismos craneales, los shocks postanestésicos o bien después de un trasplante de órgano, además de que su ingesta facilita el desenchufe de los aparatos respiratorios en las unidades de vigilancia intensiva (UVI) y, claro está, la hiperactividad infantil con déficit de atención o sin él, como he mencionado.

Y no hablemos de las benzodiacepinas (los ansiolíticos tradicionales) que aumenta un 7-10 % anual. En España en 2002 se consumieron 36 millones de envases de ansiolíticos, y en la actualidad se consumen -cifras aproximadas que no tienen en cuenta el uso sin receta médica- casi cuarenta millones de envases anuales de tranquilizantes (casi uno por habitante) y el 21 % de los pacientes que acuden al médico de atención primaria consumen psicofármacos.

Una absoluta hipocresía que esconde un monstruoso negocio farmacéutico, por lo que será difícil que estas aterradoras cifras desciendan, habida cuenta de que los laboratorios farmacéuticos no piensan perder cotas de mercado. Somos los “drogadictos legales”. Y cada año se irán “descubriendo” nuevos trastornos mentales y del comportamiento que pasarán a formar parte de nuevos protocolos clínico-terapéuticos. Trastornos que antes eran simples “nervios” ocasionales y a los que no se les daba importancia y que hoy en día tienen su propia “tarjeta de identidad”: estrés post-vacacional, trastorno por incumplimiento terapéutico (atención con este posible nuevo criterio), “problema de aculturación”, “problema religioso o espiritual”… (quien lo desee puede consultar Problemas adicionales que pueden ser objeto de atención clínica del DSM-IV-TR, que es el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales).

Estamos elevando determinadas conductas que siempre han sido normales a entidades psiquiátricas que van reduciendo no solo nuestra capacidad de adaptación diaria sino nuestra propia libertad. Nos inducen a que nos sintamos enfermos. Así convivimos con la eterna paradoja de que el tabaco y el alcohol son legales, los psicofármacos campen a sus anchas en las recetas médicas pero andemos con absurdos escrúpulos morales, médicos y jurídicos con el cannabis, por ejemplo. La excesiva tutela que el estado ejerce sobre sus ciudadanos puede abrir una caja de Pandora peligrosísima, pues lo que realmente falla es la propia estructura y modelo político-económico del estado. Y casi puedo generalizar sin meterme en colores, banderas ni partidos, da igual. Nos deslizamos hacia un mundo monocromo, medicalizado, excesivamente judicializado y progresivamente deshumanizado.

Nuestro mayor potencial: nosotros mismos

No debemos caer en la pasividad o en la indolencia social. Debemos ejercer la crítica y la reflexión y procurar no “tragarnos” todo lo que nos dicen “porque sí”. Hay que reflexionar y huir del alarmismo. Tenemos la capacidad de pensar y podemos poner en funcionamiento el razonamiento y la autodisciplina. Una forma magnífica sería comenzar a tejer redes de intercomunicación social que reflejen nuestras inquietudes y críticas. No solo en internet, también en nuestro entorno físico cotidiano, incluso con nuestros propios médicos. No vayamos a lo fácil. Tomemos conciencia de que la mayor parte de los muchos trastornos mentales y del comportamiento son meras e interesadas estadísticas.

Para dejar de ser “consumidores consumidos por el sistema” debemos sacar nuestro potencial humano, que es inmenso y que late dentro de nosotros pugnando por salir. Ya lo dice el budismo: Toda felicidad en este mundo nace del deseo de la felicidad de los demás. Todo sufrimiento en este mundo nace del deseo de nuestra propia felicidad. La mejor medicina que podemos tomar son las riendas de nuestro propio destino para trazar un camino alejado de lo egoico y que ayude a caminar a los demás, pues la peor adicción en la que podemos caer es en el desconocimiento adictivo, que es simplemente la falta de conocimiento de las realidades, como dejó escrito el Maestro Budista Robert Thurman.

Eurasia y las nuevas hegemonías geopolíticas

Columnas > El psicoscopio Por: Javier Akerman

29 dAmerica/Bogota septiembre dAmerica/Bogota 2008 12:31 COT

Mapa de Eurasia por biomas

Tras la caída del muro de Berlín en 1989 y el fin de la “guerra fría” entre las dos grandes superpotencias de entonces, EUA y la Unión Soviética, el mundo vivió un breve período de optimismo ante el impulso pacífico de relaciones entre ambas naciones. En Europa se estaba trabajando en la unión monetaria que conllevaría el embrión de los Estados Unidos de Europa, en un desarrollo político casi confederal en cuanto a su estructura y funcionamiento.

Pero tras la Guerra de Iraq, en la tristemente conocida operación “Tormenta del Desierto”, orquestada por los EUA y seguida fielmente por la mayor parte de las naciones europeas, los aires de optimismo se tornaron en nubes oscuras y posteriores tempestades político-sociales. Sadam Hussein, el dictador iraquí, antes aliado de EUA, fue el pretexto utilizado como “cabeza de turco” para consolidar exclusivamente a la nación de las barras y estrellas como único imperio hegemónico. La ex URSS, con un proceso de reconversión y desestructuración interna, quedó relegada a un segundo plano. La única verdad es que la Unión Europea se doblegó a los intereses financiero-petrolíferos yanquis que veían en la inmediata conversión del euro como moneda transaccional que Iraq iba a adoptar un peligro para el poder del “petrodólar”.

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La utopía de la responsabilidad social

Columnas > El psicoscopio Por: Javier Akerman

18 dAmerica/Bogota septiembre dAmerica/Bogota 2008 19:28 COT

Mirando a la luna

Con el correr de los años se hace más evidente la utilidad del análisis personal. Este acto diario puede llegar a convertirse en una magnífica herramienta de cambio en la vida de cualquiera de nosotros. El análisis pone delante de los ojos los defectos que se deberían cambiar y dota a la conciencia de una dimensión ética más precisa, al sensibilizarla de la responsabilidad que existe en cada acto de nuestra vida, sobre todo al interactuar con las demás personas que se cruzarán en nuestro camino. El análisis personal no es una forma de autocastigo masoquista, en absoluto. Sencillamente es una forma de sentirte mejor contigo mismo y de reconocer que la naturaleza humana es algo más que comer, trabajar, procrear, criticar, envidiar y dormir.

Nos hacemos más humanos cuando levantamos la vista de nuestro ombligo para mirar a los demás a los ojos y tratamos de corregir las pequeñas o grandes heridas que hayamos podido infligir, consciente o inconscientemente, a otros seres humanos. Ejemplos puede haber muchos: esa mala palabra al vecino; ese acto de ira irrefrenable; esas ganas de "cotillear"; ese impulso por destruir la reputación de determinadas personas; las ansias de subir por encima de los demás sin importar los medios; la envidia, el resentimiento, el egoísmo, los apegos materiales que nos alejan de nosotros mismos…

La personalidad “autotélica”

Justicia ciega

Si con la práctica del análisis personal, ya bien sea a través de la meditación o con un simple diario de reflexiones, el dolor y el arrepentimiento por los errores cometidos te hacen más consciente de tus principios y refuerzan tu compromiso ético, entonces estarás en el camino de desarrollar una personalidad “autotélica”.

El psicólogo de EUA Mihály Csíkszentmihályi asegura que cuando entramos en un “flujo” de conciencia en el que te sientes motivado, absorbido por lo que haces y profundamente realizado, estás desarrollando una personalidad “autotélica”. Ser autotélico implica ser capaz de afrontar la vida con dedicación y entusiasmo más allá de nosotros mismos, es decir, viviendo la vida como un fin en si misma. Nadie es de forma integral autotélico, por supuesto. La personalidad autotélica es más una meta y un camino que una condición. Una persona que fluye por ese sendero autotélico no necesita excesivas posesiones materiales, comodidad, poder o fama porque las actividades más sencillas que realiza son profundamente gratificantes. En un momento dado logrará alcanzar un estado de máxima satisfacción cuando adquiere sentido de su compromiso social y empieza a desarrollar comportamientos que inducen a disminuir la “entropía” del entorno, como el activismo social desinteresado, la ayuda humanitaria y en general cualquier acción que busque el bienestar de la humanidad.

¿Y cómo se llega a esto? Pues cuando después de hacer uso del análisis personal te das cuenta de que todos tus actos dejan detrás de ti una infinidad de consecuencias. El individualismo y el materialismo extremo nos alejan de esa percepción solidaria. El verdadero capital social es la capacidad que tienen los miembros de una sociedad para comprometerse por el bienestar de su comunidad. Y en la encrucijada social e histórica en la que nos encontramos es más necesario que nunca hacer nuestras las palabras de los investigadores sociales Massimini y Delle Fave: “necesitamos crear nuevos valores cuando los viejos pierden credibilidad”, y añadiría: “o nos destruyen como individuos y como sociedad”.

Aprendizaje autotélico

Cerebro

Se comienza cuando tienes la firme intención de reparar el daño producido. A veces es algo tan sencillo como una llamada telefónica, o simplemente no volver a cometer la acción que ha desencadenado el mal cometido. Porque… ¿qué ganamos regocijándonos en el dolor ajeno? Todas nuestras acciones, todas, son interdependientes; no hay acciones aisladas. Tenemos una enorme responsabilidad que late en cada acción y en cada paso que damos en la vida. Una palabra mal dicha, una injuria vertida es una puñalada al alma que no solo ocasiona un perjuicio enorme a la persona que la recibe; esa persona tiene familia, hijos, gente que depende de él y, con toda seguridad, también tiene sus "cosas buenas", sus virtudes. Nuestro ánimo por perjudicarle puede interferir gravemente en su estado de ánimo y desencadenar un "efecto mariposa" gravísimo del que, en última instancia, nosotros hemos sido los responsables.

¿Cómo es eso? Pues que mi reproche o insulto, por ejemplo, al condicionar su estado emocional, lo puede hacer más vulnerable y que no preste, por ejemplo, tanta atención al tráfico mientras conduce, porque está "dándole vueltas" a lo que le he dicho. Y de pronto, en un trágico despiste, se empotra contra otro coche o arrolla a un transeúnte y la tragedia se desata de forma infernal. Y todo comenzó probablemente con esa palabra malediciente o esa ira desatada y visceral de la que tú, yo o cualquier otro somos responsables.

Nadie es perfecto pero todos podemos aspirar a ser mejores personas. Debemos reflexionar sobre las implicaciones que nuestros actos tienen. Porque al igual que la ira, la envidia o las ganas de hacer daño pueden ser el germen de una desgracia, una buena palabra, una sonrisa, un abrazo o simplemente refrenar un impulso negativo puede ser una acción que salve una vida o que cambie un destino. Nada nos hace más grandes que reconocer lo pequeños que somos en este inmenso Universo. Alimentar el ego con la ira solo traerá desgracia a nuestras vidas. El veneno del odio es la mayor fuerza destructiva de la humanidad.

Empecemos por nosotros mismos. Un análisis de los actos del día seguido de un propósito de cambio. Los resultados pueden ser maravillosos. Piensa cómo te sientes cuando te hacen el daño a ti y recuerda que cuando llegue el momento de tu muerte, cuando te encuentres a solas contigo mismo, la conciencia de tus actos será tu única compañía en esos momentos. El budismo y sus técnicas de meditación y desarrollo de los “antídotos” contra los “venenos de la mente”, como el odio o la ira, pueden ser una opción idónea. Pero más allá incluso de cualquier filosofía o religión, el ser humano puede elevarse por encima de sí mismo en el acto heroico más loable, que es tratar hacer realidad la utopía de la responsabilidad y del compromiso social, es decir, la felicidad y la liberación de todos los seres humanos.

Laicismo, estados confesionales y libertad de conciencia

Columnas > El psicoscopio Por: Javier Akerman

3 dAmerica/Bogota septiembre dAmerica/Bogota 2008 22:35 COT

Batalla

El laicismo, en definición del diccionario de la Real Academia (RAE), “es la doctrina que defiende la independencia del hombre y, en particular, del Estado, de toda influencia eclesiástica o religiosa”. No obstante la confusión alrededor de este concepto ya viene de antiguo. Defender la laicidad no es adoptar una actitud furibundamente antirreligiosa. Esta creencia ha sido usada siempre por grupos religiosos ultraconservadores que se arropan de un fácil “victimismo” para criminalizar todo posicionamiento laico del estado.

Estado laico y estado confesional

Es importante dejar bien claro que el laicismo, más que una doctrina, es una opción de libertad de conciencia. Es una fundamental actitud individual o colectiva ante las doctrinas religiosas, independientemente de la confesión que sean.

El Estado Confesional (ya sea católico, protestante o islámico) no deja otra opción religiosa y se convierte en un absoluto controlador de la conciencia ciudadana al proteger y, en muchos casos imponer, la norma moral y teológica que debe seguir la sociedad. El estado debe ser absolutamente neutral en cuanto a las prácticas religiosas siempre y cuando éstas no conculquen las leyes. El estado no debe promover una determinada opción religiosa por encima de otras, por el contrario, debe respetar su práctica privada.

Lo que es inadmisible es que, por razones históricas, una determinada religión sea juez y parte desde posiciones gubernamentales. El derecho a la libertad de conciencia de cada persona choca frontalmente con un estado confesional. La neutralidad del estado en lo referente a las religiones es la mejor posición institucional para evitar desigualdades y abusos de poder. Su independencia garantiza la igualdad de trato de las confesiones que conviven en su territorio nacional. El abuso de poder de los estados confesionales adquieren su máxima expresión en los Estados Teocráticos, en donde las leyes y los derechos civiles de la ciudadanía están supeditados a la Ley de Divina dando como resultado, en casos ya tristemente conocidos, del más ciego e intolerante fanatismo religioso. Un estado democrático no puede consagrar privilegios para nadie.

Laicismo y anticlericalismo

¿Religión en la escuela? No, gracias

El anticlericalismo puede empezar a germinar si no se separan del estado los privilegios de cualquier religión. La sociedad debe ser política y administrativamente laica para que todos los que la forman puedan ser libres en materia de conciencia y creencia. El laicismo es un verdadero antídoto contra los integrismos religiosos que en pleno siglo XXI han polarizado la sociedad mundial. El laicismo no es sinónimo de exclusión, ni de ateísmo estatal, ni es un “sentir antirreligioso” que emana del estado.

Un estado laico defiende la sana convivencia de las creencias religiosas en su territorio pero no se identifica con ninguna. Por desgracia muchos países que han tratado de separar Iglesia/Estado se han encontrado con la beligerante oposición de los que temen perder ciertos privilegios adquiridos a golpe de decreto. También en el lado contrario están las persecuciones religiosas promovidas por dictaduras que ni siquiera dejaban un margen a la práctica religiosa en el ámbito privado.

Ética laica y moral religiosa

Hay que diferenciar claramente la ética laica de la moral religiosa, pues si bien ambas provienen de una transmisión cultural y de valores socialmente “heredados”, en la moral sobresale el aspecto obligatorio, teológico, coercitivo y punitivo. En las normas morales destaca la presión externa, en cambio en las normas éticas sobresale el valor percibido y apreciado internamente por el individuo desde la perspectiva de la libertad para evaluar, reflexionar y hasta criticar ese modelo. El fundamento de la ética laica es asumir un valor sin presiones, no una norma impuesta desde el exterior, sino a la que se llega internamente por la libre reflexión de conciencia del individuo.

En la ética la normativa tiene sus raíces en la autonomía de la creencia sobre la libre reflexión. Se fundamenta sobre el conocimiento, no sobre emociones transmitidas de generación en generación que se refuerzan a si mismas gracias al miedo, el desconocimiento o la inmadurez del individuo. La libertad de análisis implica el compromiso de desligar las falsas creencias de mitos y de estereotipos. En la ética somos cirujanos que diseccionamos la norma mientras que en la moral acatamos el valor condicionados por una educación esclavizante en lo intelectual.

A punto de rematar la primera década de este nuevo siglo asistimos asombrados a un rebrote de los fundamentalismos religiosos. Por un lado están los que propugnan volver a las Cruzadas y al rearme moral contra ateos y paganos y en el otro frente se agitan las aguas fanáticas de alfanjes y cimitarras contra los “infieles”, para reconquistar los territorios perdidos en cruentas y sanguinarias guerras pretéritas. La idea de una espiritualidad laica expresa, en cierto sentido, parte de la visión budista actual sobre este tema. El Dalai Lama afirmó que "el significado auténtico del laicismo es el respeto por todos los credos encaminados a asegurar la felicidad del ser humano”.

Pensador

¿Choque de civilizaciones? ¿Alianza de civilizaciones? Creo que promover la laicidad estatal es un buen comienzo, pues si permitimos que algún dios se instale en el sillón presidencial y que las urnas tengan menos valor que los denominados “libros sagrados”, podemos volver peligrosamente a una nueva Edad Media, a la Edad Oscura de la razón.

Pero también debemos estar atentos contra quienes pueden utilizar un falso laicismo para negar el derecho del individuo a expresar su sentir religioso dentro de las leyes y del estado de derecho.

La muerte: mito y realidad

Columnas > El psicoscopio Por: Javier Akerman

26 dAmerica/Bogota agosto dAmerica/Bogota 2008 17:00 COT

Muerte

“Aprende a vivir y sabrás morir bien” (Confucio)

Está presente en nuestra vida diaria, acechante pero unida a todos los actos de nuestra existencia; la muerte ocupa el rincón más oscuro de nuestros temores, desafiando nuestros sueños e igualando a todos los seres humanos en un mismo destino inexorable. La vemos pero no la miramos, pues a pesar de su realidad consustancial a nuestra existencia tratamos de alejarla de nuestra conciencia. Es la “innombrable”, la que nos obliga a hacer uso de eufemismos para no poner en nuestra boca su nombre maldito. Pero está ahí, queramos o no, la reprimamos en nuestro inconsciente o la pintemos de cálidos colores para sosegar el miedo que nos hiela el alma. Muerte que va unida al dolor como acompañante maldito. Al final de nuestras vidas nos tendremos que encarar con ella, solos, sin que cuente en ese momento lo mucho o nada que hayamos tenido en nuestra corta existencia. Es el Acto Sublime. El Velo de Isis que se abrirá para nosotros en un acto íntimo de comunión con la eternidad.

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Razón, superstición e intolerancia cultural

Columnas > El psicoscopio Por: Javier Akerman

18 dAmerica/Bogota agosto dAmerica/Bogota 2008 22:57 COT

Símbolo masón

La palabra esoterismo procede del griego έσώτερος (esoterikos, “lo que está dentro, en el interior, oculto”). Este término abarca un grupo de creencias, prácticas y conocimientos para cuyo acceso se necesita un cierto grado de “iniciación”. En la antigua Grecia la enseñanza esotérica era la que se impartía dentro de las academias o escuelas, mientras que la exotérica era a la que tenía acceso todo el mundo, fuera de los centros de enseñanza. Desde siempre han existido escuelas filosóficas que afirman poseer una “verdad oculta” sólo accesible para sus miembros, pero la búsqueda de conocimiento exige el desarrollo de la facultad del juicio propio. Pitágoras, de hecho, tenía dos clases de discípulos: los exotéricos y los esotéricos; estos últimos eran los que recibían las más altas enseñanzas del sabio griego y debían guardar silencio sobre ellas.

El físico cuántico Schrödinger dejó escrito: "La distinción Pitagórica de los números triangulares no fue una simple Ilusión”.

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Juegos Olímpicos, represión política y la justificación de la disidencia

Artículo destacado > El psicoscopio Por: Javier Akerman

11 dAmerica/Bogota agosto dAmerica/Bogota 2008 19:50 COT

Tibet will be free (西藏自由)
Pancarta rezando "El Tíbet será libre" colgada cerca al Estadio Nacional de Pekín (mejor conocido como el ‘Nido de pájaro’) el 6 de agosto de 2008. Los activistas que la colgaron fueron detenidos por la policía y deportados (Foto: Students for a Free Tibet / licencia CC-BY)

Nadie puede poner en duda que en China no existe una democracia parlamentaria, que en su lugar gobierna una férrea dictadura comunista y que los derechos humanos son continuamente pisoteados. La mayoría de las naciones silencian hipócritamente estos hechos y solo se atreven a emitir tibias protestas escritas que en otros países de menor envergadura se hubieran convertido drásticas medidas de presión. Pero no voy a escribir sobre el régimen político chino sino que me voy a centrar fundamentalmente en la legitimidad de las protestas pacíficas que utilizan los Juegos Olímpicos para sus reivindicaciones, como es el caso de los diversos colectivos a favor de la libertad para Tíbet.

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Pena de muerte: el signo de la ignominia

Columnas > El psicoscopio Por: Javier Akerman

4 dAmerica/Bogota agosto dAmerica/Bogota 2008 22:37 COT

La pena de muerte es el signo peculiar de la barbarie” (Víctor Hugo)

Silla eléctrica

Desde la Ley del Talión, recogida en el Código de Hammurabi en Mesopotamia (siglo XVII A. C.), la mayoría de los países tenían reconocida la pena de muerte o pena capital en sus leyes. Fue a partir del siglo XVIII cuando se comenzó a “humanizar” la aplicación de dicha pena, pues hasta ese siglo incluso se trataba de aumentar el sufrimiento del ajusticiado como una forma de hacerle pagar por sus crímenes. Durante este siglo el estado busca formas más eficaces de ejecución, pues la muerte dolorosa y dilatada del reo empieza a repugnar las conciencias de la gente. La invención de la guillotina en Francia o el garrote vil en España persiguen, de hecho, ese fin: evitar el sufrimiento excesivo al condenado. Les sigue la silla eléctrica en Estados Unidos de América en 1890 y posteriormente la cámara de gas en 1924. Por último, llega la inyección letal en 1977 que se aplica por primera vez en 1982 en Texas.

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