سكر بنات
Body letters > ColumnasPor Sophie
mircoles 22 de octubre de 2008 20:16 COT

Cuando Andrés me envió el enlace yo no tenía ni idea de qué se trataba, pero él se notaba emocionado “mira, Bailarina, quiero verla pero acá no ha llegado todavía”. Bastó ver a esa mujer de espaldas de frente a la ventana mirando a través de las persianas no se qué, con la luz del sol a través de ellas para que yo también deseara ver Caramel. Luego descubrí que esta imagen tan sugestiva para mí era simplemente un abrebocas de lo que iba a encontrarme cuando decidiera poner el disco en el DVD.
Me encanta el caramelo desde que soy una niña. Amo sentir su suavidad en mi boca y cómo se estira mientras lo moldeo con mis dientes una y otra vez, como en un juego interminable, y se queda pegado a mis dientes impidiéndome muchas veces siquiera hablar, y mi saliva recorriendo las múltiples formas que toma para luego deslizarse con la misma suavidad por mi garganta; es para mí, una experiencia realmente placentera; la misma que tuve al ver a Layale (Nadine Labaki) en su vestido de flores, descorriendo las cortinas para ver a través de las persianas. La misma suavidad del caramelo que recuerdo desde pequeña, la veía ahora en el cartel promocional de la película… la misma que sentiría en los siguientes 96 minutos después del play.
Con un pequeño fogón, una olla, mucha azúcar mezclada con agua y limón y las manos de una mujer estirando una pasta dulce, pegajosa, dura y de color miel –que no se sospecha aún para qué es– empieza a contarse esta historia. Caramel gira en torno a la vida de cinco mujeres libanesas aparentemente distintas entre sí, pero todas con las mismas ganas de amar y ser amadas y con el mismo dilema de poder ser ellas, en una cultura en la que, a las mujeres se les niegan muchas cosas, aún la capacidad de decidir sobre sí mismas.
Layale trabaja en un salón de belleza en Beirut y se encuentra en un callejón sin salida: está enamorada de un hombre casado, quien promete separarse de su esposa pero ella sabe que no será así, y su dolor es aún mayor cuando, en su afán de conocer a la otra mujer del hombre que ama, se da cuenta de que lo ama tanto como ella y de que estaría dispuesta a todo por él, incluso a ceder en sus gustos y deseos por los de él.
Nisrine (Yasmine Al Masri) es compañera de Layale en el salón, está a punto de casarse con Bassam pero la atormenta un secreto: ella no es virgen y nadie lo sabe, mucho menos su futuro esposo. En el mundo musulmán el sexo prematrimonial no está permitido y la familia de Bassam es muy conservadora. De esta manera, Nisrine deberá tomar una difícil decisión si quiere casarse con el hombre que ama y crear un pequeño “engaño” para su noche de bodas.
Rima (Joanna Mukarzel) completa el trío en este salón de belleza, se siente atraída por las mujeres y esto es algo que la inquieta, pues a pesar de su poca feminidad y los pantalones anchos y holgados no es explícita con su inclinación sexual –incluso el chico de la correspondencia le coquetea–. La historia de Rima es tal vez la que más me gusta, es la más sugerente y por eso la de mayor tensión y fuerza. Hay mucho deseo y provocación en las miradas que Rima hace a Siham (Fatmeh Safa) la bella mujer de largo y muy negro cabello que va al salón de belleza a que la peinen y por quien Rima se siente atraída, encontrando cierto eco de parte de Siham, quien siente la falta de afecto de su esposo. De alguna manera, estos encuentros en la peluquería darán un sentido distinto a la vida de estas dos mujeres; tanto así, que al final llevará a Siham a un acto radical.
Jamale (Gisèle Aouad) es cliente habitual de Si Belle —el salón de belleza— y una actriz wanna-be. Vive haciendo castings para programas de televisión o comerciales. Su conflicto: envejecer. Jamale no puede admitir que ya no es una jovencita y está dispuesta a todo por no reconocerlo. Sin embargo, no importa cuánto mienta a los demás, nunca podrá mentirse a sí misma, ella lo sabe y tendrá que vivir en su doloroso delirio, aunque eso le implique hacer cosas tan patéticas como penosas y lamentables.
Rose (Sihame Haddad) es ya una mujer mayor, quien se dedica a la costura; su taller-casa está justo en frente de Si Belle y durante toda su vida ha cuidado de su hermana mayor Lili (Aziza Semaan), quien es mentalmente desequilibrada. Sin embargo, un día encuentra su primer amor en un extraño que llega al taller para arreglar sus pantalones y la invita a salir. Así decide ir a Si Belle con la ilusión de ver una Rose más bella, de verse más bella con la timidez propia de una mujer que ha dejado sus sueños, anhelos y deseos siempre de lado. Ir al salón de belleza es el primer acto en el que piensa en ella misma y, al igual que las otras mujeres de esta historia, también deberá tomar una dura y dolorosa decisión y una vez más tendrá que hacer un gran sacrificio.
El salón de belleza se convierte entonces en el punto de convergencia de las historias de estas seis mujeres que sufren y se alegran por lo que les ha tocado vivir. Si Belle es el universo en donde la sensualidad, la eroticidad y la complicidad cobran vida con la mayor libertad pero también con la mayor intimidad; un universo donde los hombres, el sexo, la vanidad, el amor y desamor se convertirán en los temas centrales de sus conversaciones aún sin hablar “entre cortes de pelo y depilación con una pasta caramelizada de azúcar, agua y limón”.

Caramel logra explorar de forma sutil el universo femenino a través de la cotidianidad de la mujer, una mujer común y corriente, una mujer universal que puede estar en cualquier parte y logra mostrar de las forma más íntima y cálida ese mundo, representado por un salón de belleza –qué ingenio, qué mejor lugar que un salón de belleza para explorar el mundo femenino– en el que cada una de ellas ES, se descubren a sí mismas, ese salón se convierte en su espejo interior, es el sitio para ver lo que son, lo que tienen, lo que hay detrás de sus máscaras de (in)felicidad y en su interior. Y es así como Caramel, cuenta una historia en Beirut, donde ningún exterior (en el sentido estricto de la palabra) importa, y creo que es precisamente de esa universalidad donde radica su brillo.
La metáfora del salón de belleza usada por Labaki me parece maravillosa, es aguda, sutil pero profunda. Sin embargo, la metáfora del caramelo me parece más bella aunque dolorosa. Esta mezcla de mucha azúcar, agua y algo de limón, es una técnica tradicional de depilación de las mujeres árabes ¿No es acaso esto bello? Para mí es todo un deleite sensorial y la sola depilación con caramelo es un una sugestión, aún sabiendo que puede ser doloroso, muy doloroso. Y Caramel está llena de eso: felicidad y dolor, felicidad en medio del dolor, dolor en medio de la felicidad, dolor por la felicidad, felicidad a través del dolor, dolor porque no hay felicidad.
Hay una escena bellísima en la que Layale está depilando a la esposa de su amante, y exorciza su dolor a través de la técnica del depilado, mientras ésta última se siente feliz porque, a pesar de lo doloroso que pueda ser, depilarse es un sacrificio que hace para estar bella para su esposo. Como el caramelo que, a pesar de tener el dulce del azúcar, también tiene el ácido del limón que a veces puede volverse amargo. Para mí, esta es una de las escenas más intensas de la película pero también una muy bonita. Y hay por supuesto muchas otras, pero no dañaré –más– la sorpresa para el cinéfilo que no la haya visto –como Andrés–.
Pero no sólo las escenas sino los escenarios, Si Belle es simplemente hermoso, tan colorido y cálido, tan intimista y femenino –tanto que Youssef es demasiado torpe dentro- que uno siente que en realidad es un refugio cómodo y acogedor. Lo mismo sucede con los diálogos; sencillos, cercanos, íntimos, secretos, cómplices, desposeídos de cualquier pretensión o vanidad, tan naturales. Debo admitir –y no con pena- que en cada detalle se percibe la mirada de su directora –que también es la guionista y una de sus protagonistas-, de haber sido esta una historia contada por un hombre, el resultado habría sido claramente distinto.
“Se aprecia el toque sutil y femenino que su directora da a muchas escenas, lleno de sensibilidad y capacidad para interiorizar los sentimientos, y también su voluntad de dejar espacio al espectador y no remarcarle un desarrollo concreto”: Julio Rodríguez Chico
Dos detalles muy sutiles y cómicos que me encantaron de la cinta: El primero, la B del letrero caído de la peluquería, colgado de un hilo, como si recordara que, a pesar de las vicisitudes, estas mujeres aún se mantienen y no cejan en su intento. El segundo, el placer de Layale al saborear el caramelo preparado antes de depilar a Youssef, como si eso fuese una antesala de lo que podría venir más tarde.
Sin embargo, Khaled Mouzanar no puede pasar desapercibido en esta película. Músico libanés, escribió y compuso toda la banda sonora, su música envuelve todo el filme y se le va metiendo a uno por la piel bien adentro los poros. Mouzanar hace una excelente combinación entre la música tradicional libanesa y el tango, como sucede con Tango Caramel, la canción con que abre la película y con la que se ha promocionado. Pero si de escoger se trata, me quedo con Succar Ya Banat, justo la que –sin proponérmelo- lleva por nombre, el mismo de la película.
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sbado 25 de octubre de 2008, 03:04 COT
Que linda reseña para una película que tal vez nunca veré. سكر بناتsignifica caramelo, que a su vez se traduce como Succar Ya Banat.
sbado 25 de octubre de 2008, 03:11 COT
Uy! En verdad qué linda es la cancíón “Succar Ya Banat”. Sabe a caramelo…
jueves 30 de octubre de 2008, 17:31 COT
Dulce dulce…
Hacer cine que hable sobre lo que significa ser mujer suele ser complicado, porque tiene esa tendencia a caer en estereotipos, lo que al parecer no sucede acá.
Me gusta, debo decir, la manera en como te expresas… muy dulce y diferente a como lo hago.
Espero ver más en esta columna
jueves 30 de octubre de 2008, 23:34 COT
yo la vi! yo la ví con mi gato 🙂 en el MamBo hace como mes y medio. Es hermosa, es HERMOSA es lo único que puedo decir. Las historias, la fotografía… aaaah mi favorita de éste año (entre todo lo que he visto nuevo y viejo).
martes 4 de noviembre de 2008, 22:01 COT
¡Qué antojadora reseña! Menos mal me vi la película antes de leerla porque si no me estaría halando los pocos pelos que me quedan de la impaciencia. Definitivamente es de las comprables. 🙂
También me llamó mucho la antención el detalle del letrero del salón de belleza: “Si belle“, que podría traducirse como “bella”. Al mostrarlo con la “b” caída, el letrero se lee como “Si elle” (“ella”). Para mí, es una declaración entre líneas de la directora, protagonista y co-escritora (la mamacita Nadine Labaki), que yo interpreto como “ella no debe buscar ser bella a los ojos de otros para ser feliz, debe buscar ser ella misma para forjarse su priopia felicidad“. Puede sonar muuuuy rebuscada para quien no ha visto la película, pero después de degustar la historia seguramente me darán la razón.
Ah, y que rico escuchar otra vez la canción. Yo que pensaba que no había lengua más rica de escuchar que el francés, me sorprendí emocionado hasta las lágrimas con el “sukkar ya banat” cantado en árabe en esta canción. ¡Muy bacana! 🙂
Andrés