Le Bunker (añoralgias) [segunda parte]
Columnas > Cómic en serio Por: Doctor Comic2 dAmerica/Bogota Noviembre dAmerica/Bogota 2011 20:42 COT
Antes de continuar con esta historia debo anotar que Le Bunker contó con algo así como dos miembros de “apoyo”, es decir, que estaban para todo lo que fuera farra y desorden pero desaparecían mágicamente a la hora de montar las presentaciones. Mentiras, eran buenos amigos y colaboradores pero tenían otras cosas que hacer (bueno, al menos nosotros nos tragábamos ese cuento) eran el ¿estudiante? de economía Walter y el estudiante de ¿física? Nicolás.

En el grupo de Le Bunker teníamos clara una cosa por encima de todo: que NADA estaba claro. Muchas veces las reuniones consistían en ver películas que nunca íbamos a presentar, rematar las sesiones viendo capítulos que yo grababa de El siguiente programa y evadiendo casi siempre lo que hace que todo cineclub termine siendo un nido de mamertos: EL FORO post proyección.
Este anti-ejercicio, que algunos considerarán profano y blasfemo, nos permitía a cada uno llevarnos una idea acerca de la película que habíamos visto y luego comenzar a organizarla sanamente en nuestras respectivas cabezas y soledades. Luego, en el trascurso de la semana fluía todo, se armaba el ciclo a presentar, se organizaban los detalles de publicidad y la respectiva reseña (que casi siempre escribía yo pues todos los comprometidos le iban sacando el c… a esa vaina que, sí, honestamente, es muy jarta)
Le Bunker fue un grupo de amigos antes que de “expertos” o “críticos sesudos”, eso creo que lo mantuvo vivo por tanto tiempo… no recuerdo hasta ahora que se desatara una gresca intelectualoide de opiniones encontradas: al final todo se resolvía de modo fluido, y con fluido etílico…
En fin, antes de seguir adelante con esta historia creo que conviene presentar al lector la “listica” de películas proyectadas (obviamente en desorden de aparición y olvidando varias, ¡mi memoria no da para tanto!):
Vacas, La ardilla roja, Tierra, Los amantes del círculo polar, Dogma 94 (Celebración, Los idiotas y Mifune), El exorcista, El resplandor, Europa, Tiempo de gitanos, Gato negro gato blanco, Underground, Bajo los olivos, El sabor de las cerezas, Tesis, El cubo, Dark City, Jhonny Palillos, El almuerzo desnudo, Noche en la Tierra, Pi, Réquiem por un sueño, Simplemente sangre, Abre los ojos, Miedo y asco en Las Vegas, El tren del misterio, Ghost Dog, Antes de la lluvia, Existenz, Eraserhead, El hombre elefante, Los sospechosos usuales, Tokio Ga, El relámpago sobre las aguas, El color del paraíso, Tumbas a ras de tierra, El círculo interno, Rompiendo las olas, Las aventuras del Barón de Munchausen, Audición, Extraños en el paraíso, El amigo americano, Paris-Texas, Terciopelo azul, Corazón salvaje, etc, etc.
Es muy difícil contar aquí la inmensa cantidad de anécdotas ocurridas tras bambalinas y los aprendizajes a punta de metidas de pata, de las cuales la que quizás fuera la más recordada haya sido en nuestra función inaugural con la película de Julio Medem Vacas, que el grueso del público asistente disfrutó bellamente desenfocada. Con todo y eso (agregando el hecho de que muchos se fueran convencidos de que la película era así), el cineclub siguió adelante hasta que se nos volvió una rutina de cada jueves tener el montaje listo.
Otro aspecto que aprendimos sobre la marcha fue que no sé en qué momento amarramos al costo de la taquilla una cerveza y crispetas de cortesía, de ahí que los réditos siempre fueran mínimos… en otro momento faltaron la cerveza y las crispetas y ¡oh sorpresa!, la gente ni se inmutó… afortunadamente no había un paisa en el grupo, pues este se habría ahorcado con su carriel al hacer las cuentas de lo que habíamos dejado de percibir desde el principio. Pero ese fue otro elemento que siempre mantuvo al grupo: una total apatía por “hacer billete” con Le Bunker, esa nunca fue la meta, nadie cobraba y todo se reinvertía.
Cuando vino a sobrar algo de dinero cumplimos un pequeño sueño al filmar un minimetraje que enviamos al festival de cine de Cartagena y que ante el asombro general fue seleccionado para presentarse con otros cortos. Debido a nuestras apretadas agendas y nuestros más aún apretados bolsillos, nadie pudo ir a ver este magno acontecimiento (¿o creo que “El Chango” y “James Windows” fueron?, no recuerdo bien), pero en fin, el hecho es que se hizo, fue reconocido y eso fue lo más gratificante.
En un momento determinado perdimos nuestra sede original y tuvimos que trastearnos a un tertuliadero recientemente abierto en la avenida Pasoancho. De entrada todos nos entregamos al tedioso proceso de decorar y habilitar el espacio, hubo que construir un techo improvisado y repellar paredes y pintar. Pese a todo, la sala quedó decente y si bien el sitio en sí contaba con una dudosa administración que en términos coloquiales se resume con la frase “mucho cacique y poco indio”, Le Bunker tuvo su segundo aire con un flujo más “univalluno”, por decirlo así: más intelectualoide, medio mamerto… pero en fin, el cine que mostrábamos no nos dejaba de otra… y había que reconocerlo a ratos, algo de ese público era parte de nosotros mismos.
Hacia el año 2001 Le Bunker comenzó a agonizar: no fue solo que cambiáramos de sitio de proyección dos veces, no fue solo que en nuestra propia alma mater (¡SÍ, UNIVALLE!) se nos diera la espalda por una pataleta del sindicato y su uso y abuso de la sala de cine, no fue tampoco que todos estuviéramos ad portas de graduarnos en nuestras respectivas carreras: lo que definitivamente cerró el ciclo fue la sorpresiva y triste partida de nuestro muy estimado ideólogo alucinado… el vacío dejado por alguien que siempre tuvo una sonrisa estridente, un comentario agudo o un berrinche creativo que en últimas era el vapor que alimentaba toda la maquinaria.
Pero para nosotros, quienes lo conocimos tan de cerca, el “Perni” no ha muerto, desde hoy él vive… en Madrid, España, adonde partió hace ya diez años para cumplir su meta de estudiar dirección cinematográfica, y si es la mitad de inteligente de lo que creo, para jamás volver a estas atrasadas e incultas tierras (bueno, a menos que vuelva de visita, ¡pero que HUYA apenas pueda de aquí!).
El legado que Le Bunker me dejó fue una visión más amplia de lo cinematográfico, perspectivas nuevas para apreciar el séptimo arte y un hambre de continuar ese proceso en solitario. Bueno, también me legó una novia (que era asistente recurrente a las proyecciones), pero esa es otra historia en la que quizás profundice en un futuro arrebato de desnudez pública… y hablando de desnudez pública… bueno, esa también es otra historia.
Un saludo a mis queridos Le Bunkerinos… ¿o Le Bunkerianos? Nunca pensamos en el gentilicio, espero que hayan recibido la nota que envié antes de comenzar a publicar estos textos y espero no haber faltado a la memoria de ese alu(cine) que mantuvimos a flote hace más de diez años ya.
Posdata: se reciben comentarios, lágrimas, etc. Acá el ahora autonombrado Dr. Cómic los lleva en la memoria, el corazón y una porción irrecuperable del hígado.