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¿Dos ortografías compatibles?

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martes 9 de noviembre de 2010 0:09 COT

No, no, no la quitarán
No, no, no la quitarán (Foto: naroh [David Fernández] vía flickr, licencia CC-BY-NC-ND)

Hace muchos años vengo trabajando el problema de la ortografía del español. Tuve la oportunidad hace más de medio siglo de enseñar español en la Universidad Sofia de Tokio, Japón, después de haber estudiado latín y griego en la Universidad Javeriana de Bogotá, inglés en la de Santa Clara, California, EUA, y finalmente japonés en el centro de estudios de los jesuitas en Yokosuka, cerca a Tokio. De regreso a Colombia he sido profesor de español en varias universidades de Medellín.

Una experiencia permanente es la gran dificultad de toda clase de estudiantes con la ortografía. Con todo, no es algo personal, solamente. Lo reconocen, también, todos los colegas y lo siente la inmensa mayoría de los estudiantes desde el momento en que empiezan a aprender a leer y escribir. Es más. Se trata de un problema de multitud de lenguas, al menos las que utilizan el alfabeto latino, como lo prueba la reforma que ya hicieron el italiano y el alemán, así sean parciales, y como se ha propuesto para el inglés sin ninguna respuesta, pero donde muchos hacen cambios a su gusto, lo que a la larga creará una inmensa confusión.

En español la propuesta más llamativa últimamente fue la del Nobel García Márquez en el Primer Congreso Mundial de la Lengua Española en Zacatecas, México, en 1997. Si recibió el rechazo casi despectivo de un académico español, en Colombia, un importante miembro del Instituto Caro y Cuervo, Siervo Custodio Mora Monroy, lo recibió con entusiasmo: “Afortunadamente el tema está otra vez descongelándose”, escribió. Sí. Otra vez. No es la única, ni la de menor autoridad. Hace casi dos siglos, cuando ya la mayoría de los países hispanoamericanos estrenábamos la independencia de España, Andrés Bello, junto con el cartagenero Juan García del Río, publicaban en Londres en 1823 un extenso artículo titulado: “Indicaciones sobre la conveniencia de simplificar la ortografía”, que reeditaron en 1826 con el sugestivo título: “Indicaciones sobre la conveniencia de simplificar y unificar la ortografía en América”. Lo más revolucionario, diríamos hoy que celebramos el bicentenario de la independencia de todo nuestro continente, es la motivación de tan importante documento. Sacar del inmenso atraso educativo a toda nuestra población. Dice así:  

Uno de los estudios que más interesan al hombre es el del idioma que se habla en su país natal… Desde que los españoles sojuzgaron el nuevo mundo… la lengua castellana es la que prevalece en los nuevos estados… Y, aunque sea doloroso decirlo, es necesario confesar que en la generalidad de los habitantes de América no se encontraban cinco personas en ciento que poseyesen gramaticalmente su propia lengua, y apenas una que la escribiese correctamente. Entre los medios no sólo de pulir la lengua, sino de extender y generalizar todos los ramos de ilustración, pocos habrá más importantes que el simplificar su ortografía, como que de ella depende la adquisición más o menos fácil de los dos artes primeros, que son como los cimientos sobre que descansa todo el edificio de la literatura y de las ciencias: leer y escribir.

Analizan las tres razones que siempre ha esgrimido la Real Academia Española para imponer su confusa ortografía: la etimología, la costumbre y la fonética. Sobre la primera dicen: “La etimología es la gran fuente de la confusión”. Sobre la segunda: “¡Qué cosa más contraria a la razón que establecer como regla de la escritura de los pueblos que hoy existen (y esto era hace dos siglos), la… de los pueblos que existieron dos o tres mil años ha!”. El tercero, la pronunciación: “es el único esencial y legítimo”. Y ante la más posible objeción se anticipan a responder: “Algunos se oponen a las reformas alegando que parecen feas, que ofenden a la vista, que chocan; como si una misma letra pudiera parecer hermosa en ciertas combinaciones y deforme en otras”.

Con dichas razones proponen un alfabeto prácticamente fonético para la época y hasta le ponen nuevos nombres a cada una. Lo que finalmente lograron imponer fue una pequeña reforma: utilizar solo la j, no la g, para el fonema j, eliminando ge, gi, lo mismo que dejando la y solo como consonante y la i siempre que se tratara del fonema vocálico: i como conjunción, no y, así: i, lei, buei… Dicha reforma se esparció por todo el continente a mediados del siglo XIX, pero finalmente murió en Chile en los años 20 del siglo pasado, cuando, curiosamente, Turquía, tras la derrota del Imperio Otomano, cambió su alfabeto árabe por el latino, haciendo que las palabras se escriban como se pronuncian, o sea un alfabeto fonético como lo soñara Bello para el español.  

En la propia España, como lo relatan las Academias en su Ortografía de la Lengua Española de 2002 en el Prólogo: “En 1843, una autotitulada «Academia Literaria y Científica de Profesores de Instrucción Primaria» de Madrid se había propuesto una reforma radical, con supresión de h, v y q, entre otras estridencias, y había empezado aplicarla en las escuelas” (subrayado mío). Nótese lo despectivo de los términos subrayados. Nadie más puede crear una Academia, y menos si son solo profesores de educación primaria (precisamente los que enseñan a leer y escribir), y cualquier propuesta que no sean sus normas es estridente.

La respuesta a todo fue el “Prontuario de ortografía de la lengua castellana, dispuesto por Real Orden para el uso de las escuelas públicas por la Real Academia Española con arreglo al sistema adoptado en la novena edición de su Diccionario”, dado el 25 de abril de 1844, y firmado por la Reina Isabel II. Esta es la que, validos en autoridad más que en razones científicas, los únicos que se pueden denominar académicos, han impuesto como “una Ortografía verdaderamente panhispánica” (Ibíd.). Lo curioso es que, según ellos mismos confiesan en el primer capitulo, al tratar de los fundamentos de la Ortografía: “Una ortografía ideal debería tener una letra, y solo una, para cada fonema, y viceversa”.

¿Por qué los Académicos tildan de “arribistas” a los que piden u ofrecen soluciones al problema de la ortografía y tildan de “fáciles diatribas” los reproches a su negativa permanente a cualquier cambio? Su disertación reconoce los tres principios de que hablaba Bello: etimología, costumbre y fonética. Dicen que desde 1741 vienen proclamando “su opción por el criterio fonético con preferencia sobre el etimológico”. Sin embargo, la realidad es que poco lo han modificado: cambio de ph por f, y autorización para cambiar ps por s y poco más. En cambio la fonética tiene que ceder a lo que denominan la costumbre, que no es otra que la norma impuesta por ellos validos en la autoridad de una reina, cuando el 90% de los hispanohablantes vivimos en repúblicas.

En una serie de estudios científicos del Instituto Caro y Cuervo con la Universidad de Salamanca sobre Grafemática (la ciencia que estudia los grafemas con que se trascriben los fonemas), un sesudo investigador llega a la conclusión de que fueron los tipógrafos, tras la invención de la imprenta, los que determinaron en gran parte la ortografía. ¿No sería por cierta petulancia de creerse los más cultos o por imitar otras lenguas como el francés y el italiano? (Hoy mismo existen los sublimes “correctores de estilo”).    

El alfabeto y la ortografía

Es curioso que las Academias de la Lengua en su Nueva Gramática ni siquiera mencionan el alfabeto (como sí lo hacen otras lenguas) y en su Ortografía lo único que les interesa es cómo utilizar las diferentes letras sin ningún sentido histórico de la evolución de la escritura y de por qué no hay una armonía entre la lengua hablada (la fonética) y la escrita (el alfabeto).

La palabra, el lenguaje, don maravilloso que eleva al ser humano por encima de todos los demás seres del cosmos, es, sin duda, una de las creaciones más sublimes de toda su evolución. Debieron ser miles, cientos de miles de años para inventar cada uno de los fonemas, cada sílaba, cada palabra, que a la vez iban trasformando su espíritu, su capacidad de conocer la naturaleza, los seres humanos del entorno y a sí mismo. El lenguaje se convirtió en el instrumento de comunicación por excelencia, a la vez que en herramienta inmensamente complicada por el inmenso simbolismo de unos códigos cada vez más y más complejos. Sin el habla, imposible la comunicación mutua, imposible siquiera considerarnos como humanos, mucho menos avanzar como personas, como sociedad, como los responsables del devenir de todo el cosmos.

Si la creación del habla fue un prodigio de creatividad, de arte, no menos que de voluntad y de amor hacia los otros, la invención de la escritura no lo fue menos. Desde esas primeras y asombrosas figuras dibujadas en las cuevas con tinta indeleble hace 30 y hasta 40.000 años, que todavía nos asombran, pasando por miles, cintos de miles de pictogramas y petroglifos dispersos por todos los continentes, y luego el ingenio que representan los primeros jeroglíficos, las representaciones cuneiformes de mensajes estereotipados, los primeros fonogramas, hasta llegar al prodigio de abstracción y síntesis del primer alfabeto, obra genial de un pueblo y una región que propiciaría los desarrollos más asombrosos de la cultura.

El primer alfabeto fue fonético: una letra para cada fonema. De su Fenicia original pasaría a Occidente a través del griego, el latín y aun el cirílico; mientras por el Oriente se esparciría a través del hebreo y el árabe, convirtiéndose en el vehículo de comunicación de gran parte de las lenguas de todo el globo. Al ser incorporado por cada lengua nueva se ha tenido que adaptar a sus características fonéticas y adquirir formas acomodadas al espíritu de cada una de ellas, no menos que a los materiales para escribirlo: tabletas, papiro, pergamino, papel, tablero, pantalla, lo mismo que punzón, lápiz, tiza, tinta, muchos más.

Para llegar al español, el alfabeto pasó primero por el griego y el latín. De este, a medida que iba naciendo el propio idioma español, tras el declive del imperio romano, se fue remodelando al igual que lo hacían las demás lenguas romances. Si el nuestro creó la ñ, en vez de los dígrafos nn, gn, el inglés y el alemán crearon la w y los dígrafos th, sh. Con todo, poco a poco fueron aplicando las diferentes letras a fonemas muy variados. Pero el resurgir de la cultura grecorromana en el Renacimiento vendría a influir de manera especial en el culto casi idolátrico a la etimología en todas esas lenguas, pues al reencontrar sus antiguas raíces se creyó que era la única forma culta de escribir, así la fonética hubiera evolucionado de modo diferente, no solo al contacto de las primitivas lenguas hispanas, sino también con el lenguaje de los visigodos y mucho más de los árabes, sin contar que en ese momento crucial el español empezaba a recibir influjos absolutamente desconocidos en Europa con sus conquistas por todo el globo, en especial en nuestra América.  

¿El resultado final? 28 letras para solo 22 o 23 fonemas, los únicos que permanecen hoy en el español, en combinaciones de alrededor de 1.000 sílabas fonéticas diferentes, empezando por las simples vocales, los diptongos y triptongos, formando luego mezclas variadas de estos con una o más consonantes, ya sea que los antecedan, los sigan o ambas cosas a la vez. El hecho más característico es un predominio de las vocales y dos consonantes n, s al final de las palabras, en comparación con otras lenguas —aun el mismo latín donde son muy frecuentes otras consonantes—, y el predominio de la acentuación de las palabras graves y agudas por sobre las esdrújulas, lo que le da una sonoridad y musicalidad muy diferente al inglés, el alemán y aun al francés, y, por supuesto, a lenguas como el chino, el japonés y el coreano.

Esa gran diferencia entre el número de fonemas y letras no es la única, ni siquiera la principal inconsistencia entre el alfabeto y la ortografía que se empeñan en mantener inalterada las Academias. Mucho más confuso para los niños que se enfrentan a la temprana edad de seis o siete años al aprendizaje de la lectura y, sobre todo, de la escritura de su lengua materna, es que una misma letra puede representar varios fonemas (c, los de k, s, z; g, los de g, j; r, los de r, rr; x, el de ks; y, los de y, i), mientras un único fonema se puede representar con varias letras (b, con b, v; j, con g, j; k, con c, k, q, x -ks-; s, con c, s, x, z; y, con ll, y). Que usamos la h, que es muda, o sea, que no representa ningún fonema no solo para conformar el dígrafo ch, sino para modificar la escritura aun de las simples vocales (ah, ha, eh, he, hi, oh, ho, hu); y utilizamos una letra extranjera w para duplicar la u. Finalmente a la q y a la g les añadimos una u antes de e, i; en el primer caso, absolutamente redundante; en el segundo tenemos que colocar una diéresis sobre la u, ü. Y alguna inconsistencia más. Todo eso se tiene que memorizar en cada caso particular, ya que no hay ninguna regla lógica que exija necesariamente una letra en vez de otra para trascribir la fonética que desde niños y por toda la vida, cada uno ha escuchado.

No obstante, para crear un alfabeto fonético del español no se va a atropellar con todo su historial. De ser posible se deben utilizar letras del alfabeto conocidas por todos, y que representan los fonemas más característicos, de modo que al pasar de la ortografía actual a la nueva, esta se pueda leer sin dificultad. Al mismo tiempo, se debe buscar que el nuevo alfabeto no desentone en la fonética con respecto a otras lenguas romances, comenzando por el latín que es su origen, más allá de lo que lo hace en la actualidad. En síntesis, que conserve, hasta donde sea posible, lo mejor de toda la tradición del español, pero evitando los factores de confusión, en especial los destacados en el párrafo anterior.

Lo primero que haremos es eliminar la w, letra ajena a la historia de nuestra lengua y cuyo fonema expresamos con la vocal u. Lo mismo hacemos con la h, siempre que es muda, excepto para formar el dígrafo ch, pues no se justifica crear una letra nueva para representar este fonema, y además, es muy común en todas las lenguas. Se elimina la x, pues es la representación de dos fonemas diferentes ks, ya sea en una sola sílaba, (experiencia = eks-pe-rien-cia) ya en dos (examen = ek-sa-men), Se elimina la v, que en español representa el mismo fonema de la b, letra mucho más antigua y frecuente en el idioma (viene desde el fenicio, el griego y el latín). Se suprime la ll, pues el fonema que representa actualmente es el de la consonante y. Esta última se utilizará únicamente como consonante, ya que para el fonema vocálico tenemos la i (Así se hizo mucho tiempo en toda América). Para el fonema j, se utilizará únicamente esta letra, y de esta manera la letra g representará exclusivamente el fonema g junto con todas las vocales, eliminando la u muda antes de e, i: ga, ge, gi, go, gu. (También se hizo en América). La rr se representará siempre (aún al comienzo y después de n) con el dígrafo rr. Y, a su vez, la r representará exclusivamente el fonema r

El máximo cambio que sugiero es utilizar la letra K para trascribir dicho fonema que hoy se representacon varias letras: qu solo antes de e, i; con la letra c, antes de a, o, u. Esta solo fue creada por los romanos, y se presta a múltiples confusiones ya que, solo en el español, se puede pronunciar hasta con tres fonemas diferentes: k, z, s. En cambio la letra k, que se pronuncia k delante de todas las vocales, procede del fenicio a través del griego y el latín, y es muy usada en otras lenguas, sobre todo, alemán, inglés, ruso, y, más que nada, para trascribir multitud de lenguas extranjeras, como chino, japonés, coreano y demás lenguas de Asia y África.  

Finalmente está la letra z. Representa un fonema que solo pronuncia una parte de los españoles, pero nunca ha existido en el Continente americano. O sea, que su utilización es mínima. Además, los españoles la escriben junto con todos las vocales, pero igualmente lo hacen con la c antes de e, i. Propongo conservarla como opcional, pero además como la única para representar siempre dicho fonema, con lo que ce, ci los deben escribir en adelante ze, zi los españoles. En cambio, el fonema s lo trascribiremos todos siempre con dicha letra, también original del fenicio, el griego y el latín, y la más común de toda la lengua española. 

De esta forma podemos conformar un alfabeto absolutamente fonético, donde no haya otra posibilidad de confusión o ambigüedad que el no escuchar bien cada palabra. Y, aunque el ideal sería colocar al comienzo las vocales y después las consonantes, dado el orden internacional ya establecido, aquellas se intercalarán entre estas. Helo aquí:

A, be, che, de, e, efe, ge (gue), i, jota, ka, ele, eme, ene, eñe, o, pe, r (ere), erre, ese, te, u, ye, zeta.

O, más sencillo:

A, ba, cha, da, e, fa, ga, i, ja, ka, la ma, na, ña, o, pa, ra, rra, sa, ta, u, ya, za.

Como ejemplo, veamos parte de un maravilloso poema de José Asunción Silva en este alfabeto fonético, o nueva ortografía:

Nokturno

Una noche,
una noche toda yena de murmuyos, de perfumes i de músikas de alas;
una noche
en ke ardían en la sombra nupsial i úmeda
las lusiernagas fantástikas,
a mi lado lentamente, kontra mi señida toda, muda i pálida,
komo si un presentimiento de amarguras infinitas
asta el mas sekreto fondo de las fibras se ajitara,
por la senda floresida ke atrabiesa la yanura
kaminabas;
i la luna yena
por los sielos asulosos, infinitos i profundos,
esparsia su lus blanka;
i tu sombra,
fina i lángida,
i mi sombra
por los rrayos de la luna proyektadas,
sobre las arenas tristes
de la senda, se juntaban,
i eran una,
i eran una,
i eran una sola sombra larga,
i eran una sola sombra larga,
i eran una sola sombra larga…”

Dos ortografías compatibles

Veíamos que la razón fundamental que esgrimían Andrés Bello y Juan García del Río para su propuesta de simplificar la ortografía era el que todos los habitantes de América (sin excluir a los de España) pudieran fácilmente aprender a leer y escribir: “Entre los medios… de extender y generalizar todos los ramos de ilustración, pocos habrá más importantes que el simplificar su ortografía, como que de ella depende la adquisición más o menos fácil de los dos artes primeros, que son como los cimientos sobre que descansa todo el edificio de la literatura y de las ciencias: leer y escribir”. Creo no equivocarme al afirmar que es el mismo interés de todos los que proponemos su simplificación.

Esto me lleva a proponer que el uso del alfabeto fonético se acepte como una ortografía alterna, mientras que los que deseen continuar con la actual deban también seguir constantes sus normas. No se trata de crear anarquía, como se está dando incontroladamente, sobre todo en el uso de las nuevas tecnologías, puesto que quienes utilicen el nuevo alfabeto solo utilizarán sus letras inconfundibles y no las que se eliminan, mientras los otros deben ceñirse por completo a lo establecido.

La universalización de la educación, que trata de alfabetizar a todas las personas, ha vuelto más difícil el que una gran mayoría pueda dominar la ortografía actual, como se puede constatar estadísticamente. Es más, muchas de esas personas no tienen la capacidad o, al menos, la ambición de la alta cultura que representan las etimologías que están en la base de la ortografía académica y solo requieren unas lecturas sencillas, acomodadas a sus necesidades, y el poder escribir las diligencias más sencillas de la vida social y política en que se desenvuelven. Con una ortografía simplificada podrán avanzar cada día más en “los ramos de la ilustración” y sentirse plenamente dignos, sin tener que eludir el escribir algo personalmente, o tener que acudir a otra persona aun para los trámites más simples, pues un solo error en la difícil ortografía actual les cierra muchas puertas.

Es más. Sugiero que la enseñanza inicial de la lengua se haga con el alfabeto simplificado, y los que lo deseen, ya personalmente, ya por el interés de su familia o su entorno, pasen más adelante a la otra ortografía más sofisticada, en la que se elaborarán los escritos literarios, las disertaciones académicas, los diplomas de alto coturno.

La unidad del idioma, que tanto cuidan las Academias, se conserva mucho más con una representación fiel de la fonética, o sea, de las palabras propias del idioma, que con los múltiples errores que hoy pululan aun en los textos de las personas más cultas. Ni se diga de los periódicos y revistas y aun en obras científicas y literarias de prestigio.  

Esto no implica que la gran mayoría quede excluida, ni mucho menos, del gran acervo de la lengua representado en todos los escritos en la ortografía actual. Con un poco de interés, todos podrán, si lo desean, leerlos y entenderlos fácilmente. Igualmente, los que sigan usando la ortografía actual, leerán con mucha mayor facilidad la nueva. No así el proceso inverso. Aprender una ortografía basada en un alfabeto fonético, donde cada fonema tiene un solo y único grafema (letra) es supremamente fácil. Cualquier niño lo puede dominar en su primer año de colegio. En cambio, dominar la ortografía actual es un esfuerzo de toda una vida, y siempre se tendrá que acudir a un diccionario o a alguna ayuda externa.   

El dominio básico de la lengua materna no puede ser privilegio de unos pocos. Debe ser un derecho de todos y cada uno de los miembros de la comunidad hispanohablante. Es más. Un alfabeto fonético ayudará sobremanera a difundir nuestro bello idioma a muchísimas personas de otras lenguas y lo difundirán por todo el globo.

[Actualizado a las 17:52 COT]

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13 comentarios a la entrada “¿Dos ortografías compatibles?”

  1. pacho
    martes 9 de noviembre de 2010, 12:02 COT
    1

    Me parece una gran propuesta profesor Fabio. Revolucionaria y hasta iconoclasta para los magos de la Real Academia, pero todo un cambio de paradigma. Felicitaciones!

  2. Lully
    martes 9 de noviembre de 2010, 18:27 COT
    2

    Apreciado Fabio:

    No deja de ser interesante tu propuesta y bien podrías liderar a la Real Academia Española de la Lengua (RAE) No obstante, para los que andamos ya sumergidos en este alfabeto, sería un cambio difícil de aceptar pero, por el contrario, para los que hablen otro idioma o estén en sus primeros años de vida, será más fácil su aprendizaje.

    Me gustó que mencionaras la propuesta de Gabriel García Márquez, que otrora, escandalizó a los señores de la RAE y a la mayoría de la gente. Gabo siempre ingenioso.

    Como dice Pacho, una propuesta revolucionaria e iconoclasta que podría revolucionar nuestro español. Es donde me detengo y digo: Sí, nuestro español no es tan fácil.

    ¡Un abrazo de bienvenida a esta revista digital que se engalana con escritores como tú!

  3. Tequendamia
    jueves 11 de noviembre de 2010, 09:59 COT
    3

    ¿Para qué desperdiciar el tiempo aprendiendo español?
    El español es el idioma del atraso, del servilismo, de la pobreza, del subdesarrollo. Fíjense que ya ni los españoles lo quieren hablar para que no los confundan con los latinoamericanos.

  4. Rafa XIII
    viernes 12 de noviembre de 2010, 09:32 COT
    4

    Debe ser por eso que pueblos como Haití, toda el Africa francófona y las ex colonias británicas del Africa negra tienen niveles de vida tan altos, y no saben de pobreza, hambruna y epidemias, simplemente porque no hablan español.

  5. Carlos Gil
    sbado 13 de noviembre de 2010, 14:48 COT
    5

    Mis respetos señor periodista, me quito el sombrero porque me debato entre la ortografia, la semántica y la redacción desde temprana edad pero cada día creo que sé menos. Le apuesto a lo simple.

  6. Domingo Román
    lunes 15 de noviembre de 2010, 10:29 COT
    6

    Felicitaciones, y dos alcances:
    1. Se trata de una propuesta que en rigor es de una escritura fonológica, no fonética.
    2. La letra “c” se puede usar para el sonido de “ch”, la “h”, una vez más, sobra.

  7. Schlecter
    mircoles 1 de diciembre de 2010, 00:54 COT
    7

    Yo he venido transformando el idioma a mi gusto y guiza, suprimiendo tildes, y varias letras se intercambian sin pudor b-v,c-s.

    Leed mi articulo

    http://schlecter.blogspot.com/2006/01/reforma-ortografica.html

    En donde digo “Uebos de gayina”

    Saludos

  8. Petúfar
    sbado 4 de diciembre de 2010, 08:38 COT
    8

    Curiosamente, el autor del artículo y todos los comentaristas menejan perfectamente la ortografía actual, lo cual demuestra que sí es posible aprenderla. Una ortografía más fonética no resolvería el problema porque diferentes personas oyen de modo distinto los sonidos. Por ejemplo, el autor expresa que no existe el sonido de la /v/ en español, lo cual para mí es totalmente falso. Por otra parte, la ortografía no es solamente de letras. También es de tildes, de puntuación y de palabras. Más importante que cambiar la ortografía, sería mejorar su enseñanza. Un cambio como el que propone el profesor Fabio causaría un caos de grandes proporciones.

  9. Rogelio
    martes 7 de diciembre de 2010, 17:03 COT
    9

    Me parece una excelente propuesta… básicamente la misma propuesta de Bello, pero con la supervivencia de la letra k en lugar de la letra q.

    La letra c no podría tomar el valor de la actual ch dado que el objetivo es tener dos sistemas de ortografía compatibles. Así que el digrafo ch se tendrá que seguir utilizando.

    El uso de las tildes debería ser opcional. Podría ser utilizado en los libros de texto de primaria o en los libros para enseñanza de extranjeros, por ejemplo; o cuando se introdujeran términos que se suponen no conocidos por la mayoría de los lectores.

    A final de cuentas, la lengua es de quienes la hablan y la escriben. La función de las Academias de la Lengua no es el de regular y legislar el lenguaje, sino el de formalizar y reconocer el uso y las formas que los hispanohablantes le dan a su propio idioma.

    Saludos.

  10. Julián Ortega Martínez
    mircoles 8 de diciembre de 2010, 00:32 COT
    10

    Petúfar, en rigor no, el sonido labiodental de la v no existe o no es de uso mayoritario en español. Si así fuera serían pocos quienes cometieran errores ortográficos con esas letras. Tanto la b como la v tienen el sonido bilabial de la primera. Otra cosa es que, por influencia del inglés, en ciertos ámbitos (presentadores de noticieros, actores de televisión), la v se pronuncie como en ese idioma.

  11. Tequendamia
    mircoles 8 de diciembre de 2010, 03:10 COT
    11

    Julian,

    Es debido a la influencia del árabe o mozárabe que en el castellano no se hace diferenciación entre la “v”y la “b” y es en verdad una suerte que a pesar de esta influencia todavía diferenciemos la “b” de la “p”.

    Saludos

  12. Tequendamia
    mircoles 8 de diciembre de 2010, 03:18 COT
    12

    Hola todos,
    El español no tiene futuro, en lugar de desperdiciar el tiempo en ese idioma deberíamos invertirle energía a la elaboración de una gramática para el portunhol, el idioma del futuro.
    Saludos

  13. Esteban
    mircoles 22 de diciembre de 2010, 15:35 COT
    13

    En mi opinión esta reforma ortográfica es una aberración y una salvajada.

    Lean el siguiente extracto artículo de Arturo Pérez-Reverte
    Lean el sigiente ekstrakto del articulo de Arrturo Peres-Rreberte (¡¡¡!!!¿¿¿???)

    ¡Atención! Les advierto que este artículo puede herir su sensibilidad visual.

    [Acabo de recibir un e-mail de Pepe Perona, el maestro de Gramática, reproduciendo otro que le ha enviado no sabe quién. Desconocemos el nombre del autor original, así que, en esta versión postmoderna del manuscrito encontrado, me limito a seguir el juego iniciado por mano genial y anónima. El maravilloso texto se refiere a una supuesta reforma ortográfica que va a aplicar la Real Academia, a fin de hacer más asequible el español como lengua universal de los hispanohablantes y de las soberanías soberanistas. Y lo reproduzco con escasas modificaciones.

    Según el plan de los señores académicos -expertos en lanzada a moro muerto-, la reforma se llevará a cabo empezando por la supresión de las diferencias entre c, q y k. Komo komienzo, todo sonido parecido al de la k será asumido por esta letra. En adelante se eskribirá kasa, keso, Kijote. También se simplifikará el sonido de la c y la z para igualarnos a nuestros hermanos hispanoamerikanos: “El sapato ke kalsa Sesilia es asul”, y desapareserá la doble c, reemplasándola la x: “Mi koche tuvo un axidente”. Grasias a esta modifikasión los españoles no tendrán ventajas ortográfikas frente a los hermanos hispanoparlantes por su extraña pronunsiasión de siertas letras…]

    Para el artikulo kompleto dirijanse a (¡¡¡!!!¿¿¿???):

    http://carmenlobo.blogcindario.com/2006/07/00398-limpia-fija-y-da-esplendor.html



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