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Las tildes al diccionario

Columnas
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viernes 19 de noviembre de 2010 9:58 COT

Historia de las tildes

Una de las normas de la ortografía española, promulgada por las Academias, que más frecuentemente elude gran cantidad de personas, sobre todo jóvenes, es la de las tildes. Esto es lo que me incita a hacer un análisis de la misma, para ver si se deben eliminar.

Antes que nada, quise indagar la historia de la tilde en español, que, a diferencia de otras lenguas, tiene por fin indicar cuál es la sílaba acentuada, y no como en ellas, que tiene otras funciones, pero en ninguna, al parecer, con la finalidad de la española. Finalmente encontré en Internet lo siguiente:

“LUIS PÉREZ TOBARRA, Universidad Lingüística de Moscú, Instituto Cervantes de Moscú. El primer caso conocido de acento en castellano es de 1477 en el manual Doctrina christiana en las palabras justícia y fortuíto. Desde 1566 se van generalizando las tildes (circunflejo ^, acentos agudos Ž y graves `), pero no se regulariza su uso hasta mucho más tarde. El primer paso para la fijación de las reglas de acentuación se dio en el "Discurso Proemial de la Ortographia" del primer Diccionario de la lengua castellana (1726), dónde se lee: «En la Léngua Castellana el circunflexo, que se forma assi ^, no tiene uso alguno, y si tal vez se halla usado por algun Autór, es sin necessidád, porque no sabémos yá el tono que los Romanos usaban y explicaban con este accento. En nuestra Léngua los accentos no sirven para explicar el tono, sino para significar que la sylaba que se accentúa es larga…». Como puede verse se trata de unas tildes muy diferentes a las actuales. En otros idiomas, como en italiano, las tildes aparecieron antes que en castellano pero terminaron siendo eliminadas”.

Sin embargo, esa primera fecha que da este autor puede no serlo. En los Estudios de Grafemática en el Dominio Hispano, de la Universidad de Salamanca y el Instituto Caro y Cuervo, aparecen unas palabras con tilde en Guipúzcoa ya en 1426 (pág. 206) y en El fuero de Teruel, que puede ser anterior. ¿1379? (pág. 290)

Como se ve, el uso de la tilde como “signo colocado sobre la vocal de la silaba tónica de la palabra”, como la define la Ortografía de las Academias, es un signo que no utiliza ninguna otra lengua en la actualidad, y solo se sabe que lo hiciera alguna vez el italiano, pero ya lo eliminó. Y, en segundo lugar, es algo que empezó tímidamente, pero poco a poco se fue incrementando, hasta que en 1726 lo empezó a regular, aunque de manera muy diferente a la actual, la Academia Española, según muestra la cita del lingüista de Moscú (Véanse las palabras que acentúa la Academia en 1726: “léngua, autór, necessidád, sabémos, yá, accentúa, pero no assi, algun.”).

Qué importancia tiene y si vale la pena seguir utilizando la tilde, tal y como lo prescriben hoy las Academias, es lo que me propongo analizar.

Significado de las tildes

La invención de la escritura fue un largo proceso hasta que se llegó al alfabeto, al que luego se le fueron agregando gran cantidad de signos adicionales, como los de puntuación y las tildes, que en otros idiomas son muy variados y tienen funciones muy diferentes a las del español. Con todo ello se trata de representar gráficamente la lengua hablada, que es la creación más asombrosa del ser humano. Ni qué decir que la escritura, con toda la variedad de signos, es una proeza, pero nunca podrá llegar a reproducir la infinita variedad de flexiones que conlleva el habla. Siempre será una representación deficiente y muchos anhelarán más y más ayudas complementarias. Basta ver cómo en el uso de las nuevas tecnologías, sobre todo los jóvenes, incluyen gran cantidad de iconos para hacer más expresivos sus textos, supremamente cortos por lo general.

Podemos decir que la tilde trata de reproducir en el escrito una parte de la lengua hablada. En primer lugar, el acento tónico de cada una de las palabras polisilábicas, que son, por supuesto, la gran mayoría en nuestra lengua. Esto lo ha definido desde hace tiempos la Real Academia Española, a la que se han tenido que plegar todas las demás, con las reglas básicas sobre la tilde en las palabras agudas, graves o llanas, esdrújulas y sobresdrújulas.

Sin embargo, ahí no se agotan ni el uso ni las normas. Si vemos el capítulo sobre la acentuación en la Ortografía de 1999, que poco se va a modificar con la que se apruebe en noviembre de 2010, los casos de posibles ambigüedades o excepciones a las reglas generales son los que copan el capítulo. Empiezan con los diptongos, los triptongos y los hiatos. A continuación entran a considerar las tildes en los monosílabos (¿habrá que buscar otra sílaba en ellos para definir en cuál se coloca?). Y luego empiezan las tildes diacríticas, en las que una misma palabra puede tener significados distintos, o formar parte de diferentes tipos de oraciones: afirmativas, negativas, interrogativas, exclamativas. Finalmente tratan la tilde de las palabras compuestas, que pueden ser de muchas clases, y por último la de palabras de otros idiomas.

Este solo enunciado nos muestra lo complejo que es todo ese tinglado. Máxime cuando los hablantes, que somos 500.000.000 esparcidos por todo el mundo, a veces acentuamos una sílaba u otra, sea porque la misma palabra puede pronunciarse con el acento en una u otra: Amazonia, Amazonía; médula, medula, y tantísimas más, y, sobre todo, cuando dos vocales van juntas y las convertimos en una o en dos sílabas. En la “Reforma” que anuncian las Academias, traen las palabras “guion" y "truhan" como un caso en que no debe haber tilde, pues las consideran diptongos, cuando muchos las pronuncian como si fueran hiatos: gui-ón, tru-hán.

Análisis de las reglas

El español, a diferencia del chino y otras lenguas afines que son monosilábicas, y aun del inglés que inicialmente también debió serlo (lo comprueban los nombres de las partes principales del cuerpo, lo más cercano al ser humano al comenzar a nombrar lo que le rodea: hair, head, eye, ear, nose, mouth, tongue, lip, brain, heart…), el español, digo, es fundamentalmente polisilábico como lo son el griego, el latín, el árabe y aun las lenguas precolombinas, sus principales precursores. Esto no excluye los monosílabos, muchos de ellos pronombres, preposiciones, adverbios y otras palabras que modifican o sustituyen a los sustantivos y los verbos.

Varias son las características de las sílabas y las palabras del español. Las sílabas se componen con frecuencia de una o varias vocales, con una o máximo dos consonantes que las anteceden o las siguen, aunque más lo primero. Son muy pocas las compuestas, como el prefijo “trans”, con una sola vocal entre cuatro consonantes. Las palabras más numerosas son las graves o llanas, con el acento tónico en la penúltima sílaba. Las siguen en frecuencia las agudas y finalmente las esdrújulas y sobreesdrújulas. La mayoría de los sustantivos y adjetivos singulares terminan en vocal, pero cuando se convierten en plural lo hacen en s. Como, también, la mayoría de las desinencias del verbo terminan en vocal, s o n.

Los que las idearon se basaron en lo anterior para establecer las reglas básicas de las tildes. Primera, que siempre la llevan todas las palabras esdrújulas y sobreesdrújulas, por ser las más escasas. Segunda, que las graves terminadas en vocal, n o s, no tienen tilde, pues son las más numerosas. Finalmente, que las agudas solo llevan tilde si terminan en vocal, n o s.

Realmente es un principio de “economía” bien aplicado. Pero lo que nos podemos preguntar es por su utilidad. Todos aprendemos a escribir mucho después de saber cómo se pronuncian las diferentes palabras. ¿Para qué se tiene que señalar permanentemente en el escrito lo que todo mundo sabe? Ahí se pierde toda la anterior “economía”. Fuera del gasto al escribirlo, primero manualmente, pero, sobre todo, ahora con la máquina de escribir (esa tilde que nos impide llevar el ritmo de las palabras) y con los nuevos instrumentos tecnológicos como el computador y el teléfono móvil con todas sus versiones. No sé qué implicaciones tenga para el alfabeto morse o el de ciegos y sordomudos.

Todo sin contar que al leer lo que buscamos no son simples letras, ni sílabas, ni siquiera palabras, sino la idea en todo un contexto. Y existe una dificultad adicional. Muchas personas (lo constato con mis alumnos universitarios) no saben separar debidamente las sílabas. ¿Cómo van a aplicar las reglas que se basan en ese proceso previo?

Pero esas reglas básicas, como vimos, son lo mínimo. Vienen todas las otras alternativas de tildes diacríticas. Primero que nada está el problema de los diptongos, triptongos e hiatos. Todo el problema está en reconocer si las dos o tres vocales contiguas pertenecen a una misma sílaba o a dos diferentes. Esto solo se sabe por lo que se ha escuchado de oídas. El que convierte diptongos en hiatos, o el que hace el proceso inverso no van a poder aplicar la norma general. Si lo conoce, no necesita una nueva norma.

Donde habría una exigencia mayor serían en los polisílabos que pueden tener hasta tres significados distintos, v. gr. “práctico", "practico", "practicó” o solo dos, como el utilizado por García Márquez en su discurso: “revólver" y "revolver”. Por el solo contexto se sabe qué palabra es el verbo y cuál sustantivo, y en el verbo si es primera persona o tercera. El contexto es el que no nos permite equivocarnos, no necesariamente la tilde. Algo similar ocurre con los monosílabos que regulan las Academias: “el, tu, mi, te, mas, si, de, se, o”. Es el contexto el que indica su significado, no necesariamente la tilde. Lo mismo en los demostrativos.

¿Por qué se tiene que poner tilde en algunos pronombres para indicar la interrogación o la exclamación si, al mismo tiempo, estamos colocando los signos de puntuación que indican esta función, con el agravante de que no solo los ponemos al final, sino por partida doble, desde el principio?

Cuando unimos dos palabras lo que hacemos es formar una nueva. Luego lo normal es acentuarla como lo que resulta, una sola. Como máximo, ponemos un doble acento, aunque más fuerte el de la última. Es lo que pasa con la mayoría de los sufijos. Pero, ¿quién no pronuncia la palabra que antecede al sufijo “mente”, con su acento previo?

El sitio apropiado, el Diccionario

¿A qué, pues, tantas reglas? No me extiendo más. Lo importante que deben hacer las Academias, para que el español tenga unidad (este es el motivo fundamental de todas sus normas ortográficas) es señalar en su Diccionario donde va el acento tónico de todas y cada una de las palabras polisilábicas. Es lo que hace el Webster’s New Dictionary para el inglés. Si se permite una alternativa, también la deben indicar.

¿Y cómo lo deberían hacer? Colocando esa tilde guía, en todos los polisílabos. El que nunca haya escuchado una palabra o dude de su acentuación, de inmediato lo encontrará. Así cumplen con su fin y permiten que todos escribamos con agilidad y sin tener que ir descifrando toda esa maraña de normas.

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9 comentarios a la entrada “Las tildes al diccionario”

  1. Camilo Gomez
    domingo 21 de noviembre de 2010, 18:35 COT
    1

    No niego que las tildes ayudan a resolver problemas cuando no tenemos claro el contexto; muchas veces tengo que releer nuevamente cuando leo mal una tilde, pues el contenido del texto leido cambia abruptamente. Sin embargo pienso también que sería mucho más sencillo aprender español, cuando las tildes no existan, pues la verdad es que de inicio hacen bien complicado el oficio de lector. Gracias profesor Fabio por la gran argumentación de su propuesta.

  2. Paola Cabrales
    domingo 21 de noviembre de 2010, 19:50 COT
    2

    Estoy de acuerdo co Camilo y pieso que los viejitos de la RAE debiera de hacer del español un idioma mas sencillo y la propuesta sin tildes seria lo mejor que se hiciera con los que sufrimos con español que llaman moderno.

  3. Lully
    lunes 22 de noviembre de 2010, 14:03 COT
    3

    Me llevaste a releer un comentario de uno de los miembros de la RAE, Salvador Gutiérrez, hecho al hacer mención de la nueva edición de ortografía que elaboraron recientemente las veintidós Academias de la Lengua:

    “cualquier persona que tenga una formación de bachillerato o de enseñanza media podrá comprender la ‘Ortografía’ (…) La ciencia ortográfica necesitaba una obra que desarrollara el porqué de las diferentes normas y reglas. Esos principios no estaban explicados”.

    Considero que de hacerse un cambio que sea realmente significativo. Es entonces donde sí me pregunto, entonces ¿porqué se dan tantos errores con palabras como por ejemplo Itaguí? Donde esos “dos puntitos sobre la u”, no aparecen programados en muchos teclados. Y eso por mencionar algo.

    Qué gusto aprender de ti a través de equinoXio, querido Fabio.

    Un abrazo!

  4. Maya
    martes 23 de noviembre de 2010, 06:50 COT
    4

    Es un artículo interesante pero no estoy para nada de acuerdo con eliminar las tildes para hacer del español un idioma mas fácil. Me parece que seria de cierta forma empobrecerlo, pues la ortografía va de mano con la etimología y la historia de cada lengua.

  5. Markota
    jueves 25 de noviembre de 2010, 00:04 COT
    5

    Hola, Fabio.

    Han pasado veintiocho años desde cuando García Márquez nos regaló en Zacatecas ese bello discurso conocido como “Botella al mar para el Dios de las palabras”, sobre la jubilación de la ortografía: http://congresosdelalengua.es/zacatecas/inauguracion/garcia_marquez.htm.

    Yo me cuento entre los defensores de la tilde; sobre todo, por asuntos prácticos. Esta es mi explicación del porqué.

    La tilde cumple una función bien interesante en el español: señalar gráficamente las excepciones a la regla. Los profesores de español les enseñan a los extranjeros que en nuestro idioma las palabras que terminan en VOCAL, N o S tienen el acento en la penúltima sílaba (margen, frase, martes). Esto quiere decir que si terminan en una letra diferente y no tienen acento gráfico (tilde), son agudas: coctel, misil, estructural, ardid, hablar, reloj, pertinaz.

    Cuando se altera este principio, hay que señalarlo. Y una solución práctica para señalarlo es mediante un recurso gráfico, que en el español es la tilde: cóctel, mísil, árbol, camión.

    ¿Y cómo indicamos que esa palabra que termina en vocal no es llana sino esdrújula o sobresdrújula? La única forma conocida en español (salvo cuando el contexto evidencia el lugar donde debe ir la acentuación) la opción que tenemos con los recursos propios del español es la tilde. Esto es fácil de verificar; para ello retomo un modelo que usaste: hábito, habito, habitó. / Tráfico, trafico, traficó. / Término, termino, terminó. / Esdrújula.

    Cuando tenemos juntas dos vocales cerradas (iu, ui), dos vocales iguales o una vocal abierta (a, e, o) y una cerrada, hay diptongo.

    Para el caso de la abierta y la cerrada (sin importar el orden), el acento va sobre la vocal abierta (el diptongo se rige por las normas generales de acentuación): oiga, óigame, bonsái. Cuando se rompe esta regla, es decir, cuando el acento va en la vocal cerrada y no en la abierta, también se rompe el diptongo, y el resultado es un hiato, una ruptura de la sílaba.

    ¿Cómo indicamos, entonces, la presencia de este caso de hiato? Lo señalamos con una tilde, sin importar la posición del hiato: baúl, grúa, comía, ahíto (la h no afecta al hiato). Los demás hiatos (dos vocales iguales o dos vocales abiertas diferentes) se rigen por las normas generales de acentuación.

    Alguien que no sepa de memoria dónde queda el acento de una palabra (sea un hispanohablante o un extranjero), muy posiblemente la acentuará basándose en la regla de la VOCAL, N y S. Por ejemplo: ¿dónde llevan el acento palabras como: barbajan, furfuraceo, aspalato, ambidos, etc.? No es lo mismo río que rio; fío que fio; confiás que confías; pelícano que pelicano; contrarias que contrarías.

    Con respecto a las tildes diacríticas, son una solución para resolver los casos de ambigüedad, aunque no siempre son indispensables. Un ejemplo que les pongo a mis alumnos es:

    Si Carlos y María compraron carros usados, ¿por qué compraron estos carros usados? ¿A qué se refiere estos? Necesariamente se refiere a los carros usados. ¿Y si quería referirme a Carlos y María?… Debo precisarlo con una tilde: ¿Por qué compraron éstos? carros usados? Claro que otra opción sería reescribir la pregunta, y hasta quedaría mejor redactado.

    Soy de los que escriben guion sin tilde: me parece que es consecuente con la norma, porque la U es muda y su función (salvo las variantes regionales señaladas por la RAE) es señalar que se debe leer como G y no como J. En cuanto a lo de truhán, no lo sabía, no lo había notado y, ahora que lo leo, me parece que tiene toda la lógica, porque es un diptongo mediado por una H, en este caso tan muda y tan inútil como nuestro entrañable apéndice (al igual que la H de los hiatos ahíto, vehículo, búho, etc.).

    En fin, la historia es más larga: faltan los triptongos y otras menudencias, pero mi objetivo básico era argumentar por qué en español el uso de la tilde tiene lógica y coherencia.

    En otros aspectos de discusión que están en boga, no me gusta el “todas y todos”, ni el “juez y jueza”, no “coloco” casi nada y seguiré acentuando sólo (solamente), aún (todavía) y las palabras interrogativas para preguntas directas e indirectas, porque, ya sea por facilismo o por moda, sería crítico prescindir de la diacrítica.

    Un saludo virtual.

  6. ¿Jubilar la tilde? « Markota
    jueves 25 de noviembre de 2010, 00:21 COT
    6

    […] Reproduzco aquí un comentario que escribí en una interesante entrada publicada por Fabio Villegas Botero en equinoXio, llamado “Las tildes al diccionario”. […]

  7. Petúfar
    sbado 4 de diciembre de 2010, 12:44 COT
    7

    Las tildes no son un adorno en español: reflejan la pronunciación. No se puede prescindir de ellas. No es lo mismo decir papa que papá, por ejemplo. Eso lo puede apreciar el niño desde que nace (y seguramente desde antes). Con abolir la regla de los monosílabos sería suficiente.

  8. Schlecter
    lunes 6 de diciembre de 2010, 12:06 COT
    8

    Yo tengo un blog en donde JAMAS he escrito una sola tilde, y la gente entiende lo que escribo

    Yo he venido transformando el idioma a mi gusto y guiza, suprimiendo tildes, y varias letras se intercambian sin pudor b-v,c-s.

    Leed mi articulo

    http://schlecter.blogspot.com/2006/01/reforma-ortografica.html

    En donde digo “Uebos de gayina”

    Saludos

  9. Esteban
    martes 21 de diciembre de 2010, 11:09 COT
    9

    Quisiera apuntar tres inexactitudes dignas de mención, con todos mis respetos hacia su autor, en el artículo y bajo el subtítulo “Análisis de las reglas”, en el primer párrafo.

    1. El español no es la única lengua que utiliza la tilde para marcar la sílaba tónica de las palabras y su correcta pronunciación. Con este mismo propósito lenguas como el portugués, el catalán, el gallego y el occitano utilizan la tilde, todas ellas lenguas de origen romance de la Península Ibérica y sur de Francia, como nuestro español o castellano también normativizadas.

    2. El chino no es una lengua monosilábica, es una lengua tonal. Las vocales pueden tener un máximo de cinco tonos diferentes y en las palábras monosilábicas como “ma” el tono permite expresar cinco significados diferentes. Sin embargo, el chino tiene palabras polisilábicas “hanyu”, “huayu”, “zhongwen” significan lengua china (en general) y “putonghua” significa chino mandarín (estándar). No hay más que ver los topónimos chinos desde “Beijin” para Pequín hasta “Shanghai”.

    3. El inglés tampoco ha sido una lengua monosilábica en sus orígenes. Como contraejemplo basta mencionar las palabras elbow, finger, ankle… para codo, dedo y tobillo respectivamente.

    [Etimología consultada en el Oxford English Dictionary en línea:

    *ELBOW Old English elboga, elnboga, of Germanic origin.
    *FINGER Old English, of Germanic origin; related to Dutch vinger and German Finge.
    *ANKLE Old English ancleow, of Germanic origin]

    Nótese la simplificación de ELNBOGA a ELBOW y ANKLEOW a ANKLE y la reducción de la palabra FINGER a FINGE (alemán).

    Es un hecho común y constatado por lingüistas que las lenguas tienden a simplificarse a medida que evolucionan. La largura de las palabras se reduce cuanto mayor es su frecuencia de uso. Por lo tanto, el inglés es más “monosilábico” en general ahora que en sus orígenes.

    Además, la lengua germánica por excelencia, el alemán, está trivialmente emparentado con el inglés y es conocido por su tendencia a crear larguísimos sustantivos compuestos. Es decir, este es una rasgo típico de las lenguas germánicas y en el caso del “Old English” debió manifestarse con más frecuencia, pues, el pueblo anglosajón tenía una relación más estrecha con los pueblos germánicos continentales. Junto a ellos los anglos y los sajones se habían desplazado y convivido en la Europa continental hasta la definitiva invasión de las Islas Británicas.



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