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Ecoturismo: mitos y realidades

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martes 6 de mayo de 2008 13:03 COT

Creo que tenía una gran deuda con los lectores frente a un tema que estuvo muy álgido hace un tiempo, especialmente en Colombia, y es sobre el llamado ecoturismo. Me parece importante hablar sobre el tema pues tiene varios mitos, pero a la vez varias realidades que nos ayudan a comprender que este concepto no es tan fácil de aplicar en el campo de lo práctico. Es así que desde un aceptable nivel de conocimiento sobre el tema, quiero dejar sentadas unas bases para la construcción de una discusión propositiva para plantear alternativas para el desarrollo humano integral sostenible relacionadas al ecoturismo.

Origen y aproximaciones

En 1983 el mexicano Héctor Ceballos-Lascuráin acuñó por primera vez el término “ecoturismo” y su definición preliminar. La versión modificada de esta definición fue adoptada oficialmente por la Unión Mundial para la Naturaleza (UICN) en el año de 1996. Esta última define al ecoturismo como “aquella modalidad turística ambientalmente responsable consistente en viajar o visitar áreas naturales relativamente sin disturbar con el fin de disfrutar, apreciar y estudiar los atractivos naturales (paisaje, flora y fauna silvestres) de dichas áreas, así como cualquier manifestación cultural (del presente y del pasado) que puedan encontrarse ahí, a través de un proceso que promueve la conservación, tiene bajo impacto ambiental y cultural y propicia un involucramiento activo y socioeconómicamente benéfico de las poblaciones locales” (Ceballos-Lascuráin, 1998).

Sin embargo, en muchas ocasiones este concepto suele ser confundido o relacionado con el de “turismo ecológico”, “turismo rural” o “turismo de aventura”, entre otros, por lo cual hay que hacer algunas salvedades. Precisamente en la actualidad el impacto del turismo sobre lás áreas naturales a nivel mundial, entran en la lógica de evitar y minimizar los impactos negativos a dichas áreas, aprovechando los potenciales de las áreas protegidas sin que ello signifique perjudicar no solo el patrimonio ecológico local, sino las culturas locales asociadas a dichos territorios. Es así como el ecoturismo surge como un enfoque alternativo. Sin embargo aún se carece de una solución conceptual única para la definición del ecoturismo (Acott, et al., 1998), por lo que tiende a confundirse cualquier práctica de turismo en áreas abiertas y naturales como ecoturismo o turismo ecológico.

Pese a lo anterior buena parte de las definiciones del ecoturismo reconocen que este combina diversos elementos a diversas escalas como la reducción del impacto ambiental, interacción con la naturaleza, respeto e incorporación de la comunidad en la actividad e interacción con las poblaciones locales, actividades ambientales (como la educación ambiental) y la sostenibilidad económica (Puertas, 2008).

No obstante, una constante preocupación manifestada por cientos de comunidades locales frente al tema, es que poco a poco se han venido cuestionando la efectividad de algunos de los principios que enmarcan al ecoturismo, pues se han visto opacados en varios casos por dinámicas netamente económicas. Precisamente el pre-fijo eco no hace que muchas actividades de turismo en áreas silvestres sigan siendo lo que son, actividades turísticas y de la llamada “industria del ocio”.

Hasta hace unos 25 a 30 años, por ejemplo, la relación entre desarrollo y turismo no era nada de fácil. Se decía que el turismo era un sector volátil, coyuntural y por tanto era incapaz de generar opciones de desarrollo local integrales. Aún hoy eso sucede, sin embargo cada vez es frecuente encontrar posiciones que tratan al turismo como una actividad básica en los procesos de desarrollo, donde todas las actividades relacionadas con el ocio, tiempo y obviamente adquieren una mayor importancia social y económica que puedan contener bases integrales de desarrollo local.

Un turismo no planificado y con mal enfoque de gestión, puede generar considerables efectos negativos no solo en los ecosistemas sino en las comunidades locales. A su vez puede generar falsas expectativas ya que el turismo en el corto plazo no puede dar solución a todos los problemas, lo que conlleva desmotivación y frustración en los habitantes que participan de estas iniciativas (Oyarzún, s.f.).

Por lo cual es muy importante la afirmación que hace Ceballos-Lascuráin de señalar que el ecoturismo no debe considerarse como una abosoluta panacea ni como actividad única de una comunidad rural: debe constituirse en una actividad complementaria a otras que ya practican los habitantes locales. O sino sucedería algo parecido a lo acontecido con los campesinos “victimas” de bonanzas rurales o generadas por recursos ecológicos o ambientales: dejan toda actividad productiva de lado por esa “bonanza” y pueden descuidar otras alternativas que aseguren su vida en coyunturas en donde el turismo no sea viable. Finalmente quienes deberán decidir sobre el involucramiento de alguna población local determinada en el proceso ecoturístico son ellos mismos.

Pero no todo es malo y se ha podido constatar que el ecoturismo ha sido una opción real y alternativa de desarrollo integral que cuenta con un gran número de experiencias desde Costa Rica (en donde se han observado potenciales endógenos para el ecoturismo), pasando por México (en donde se ha trabajado bajo enfoques comunitarios), África y los Andes. Además el ecoturismo responsable es reconocido como una herramienta para la gestión ambiental y de áreas protegidas. De hecho el año pasado en el Congreso Latinoamericano de Áreas Protegidas de Bariloche se reconoció así, junto al valor que tienen la educación ambiental y la interpretación ambiental para complementar y acompañar actividades ecoturísticas.

El caso colombiano

Colombia es considerado un país megadiverso con grandes potenciales para aplicar prácticas de ecoturismo y agroturismo (este último asociado a las actividades campesinas), por su diversidad de ecosistemas y culturas asociadas a ellos, lo cual ha suscitado un interés como alternativa de desarrollo para muchos municipios. Pero como todo se han suscitado controversias, encuentros, desencuentros y también alternativas de manejo integral. Veamos entonces a continuación parte de dicho escenario.

El ejemplo más notorio ha sido el manejo que se le ha dado al ecoturismo en Áreas Protegidas de orden nacional. De acuerdo al documento CONPES 3296 de julio 24 de 2004, el país dió curso a las concesiones en las Areas Naturales Protegidas con el argumento de que la Unidad Administrativa Especial del Sistema de Parques Nacionales Naturales -UAESPNN- tenía incapacidad presupuestal y operativa para implementar e incentivar actividades de ecoturismo. Curiosamente este argumento se enfrenta al hecho que la Unidad había trabajado (desde comienzos de esta década) en instrumentos de trabajo participativo con comunidades asentadas en las áreas protegidas. Bajo este marco se desarrolla la forma actual de promoción del ecoturismo en el país que da paso a las llamadas concesiones por diez (10) años dentro del siguiente modelo:

  • No hay transferencia de propiedad
  • Se mantiene jurisdicción de la Unidad de Parques
  • Se extienden plazos limitados y áreas específicas
  • Se hace una asignación clara de riesgos y responsabilidades
  • Las tarifas de acceso son controladas
  • Se garantiza el desarrollo para el ecoturismo social
  • Reversión de bienes afectos a la concesión
  • Esquema flexible de remuneración al Estado

Y como contraprestación las empresas deben proveer:

  • La dotación, adecuación, mantenimiento, rehabilitación, construcción y mejoramiento de infraestructura física en el área protegida
  • Un pago semivariable anual a la UAESPNN
  • La prestación de algunos servicios tendientes a beneficiar a las comunidades locales y a la UAESPNN.

Durante este proceso las firmas seleccionadas por el Estado para operar las concesiones están bajo la figura de una unión temporal en la que participan de manera importante: Aviatur, Avia Caribbean y Cielos Abiertos Ltda. De esta forma seis de los parques nacionales naturales -PNN- con mayor vocación y número de visitantes están sujetos a concesión: PNN Tayrona, PNN Gorgona, PNN Amacuyacu, PNN Los Nevados, SFF Iguaque y SFF Otún Quimbaya. Los tres primeros han tenido ya una importante intervención y de desarrollo turístico.

Ahora lo preocupante de este caso y que ha sido manifestado por algunos actores sociales involucrados, académicos y ambientalistas, es el temor frente al fenómeno sucedido en el país en el pasado con otras concesiones de manejo de bienes públicos (como el agua o la energía): en el caso de las concesiones se podría incurrir también en un daño patrimonial y de limitación de acceso a los bienes de carácter público, marginando de los beneficios de la actividad a las comunidades sociales de base desvirtuando así el sentido mismo del ecoturismo (Puertas, ídem), y en el peor escenario genere una insostenibilidad ambiental.

Es cierto que los que están haciendo uso de las concesiones se están rigiendo por lo dictado por las leyes nacionales y el Gobierno además que se tiene la supervisión de la Unidad de Parques. Sin embargo la lógica procedimental y jurídica es distinta a la lógica ecosistémica. Debemos recordar que no toda razón de derecho (desde lo jurídico) es razón de justicia. Es por eso importante que las políticas estatales garanticen que estas actividades tengan un desarrollo sustentable, con equidad social, ecológica y económica enmarcado en el buen uso del patrimonio ecológico, que por naturaleza es público. Y en ello es definitiva la acción ciudadana para hacer seguimiento de cerca e incidir en el buen desarrollo de dichas políticas reconociendo dinámicas endógenas pero que con el apoyo de diversos sectores puede ser fortalecida.

Pese al panorama anterior, a nivel comunitario y de la sociedad civil se han trabajado en alternativas de manejo que lastimosamente han sido desconocidas o no han tenido el eco suficiente. En muchas de ellas las comunidades le apuntan a una forma más de valorar y apropiarse del territorio, sin embargo deberían ser fortalecidas a nivel técnico y social. Por ello hay que recibir con beneficio de inventario y de buena forma la vigencia del decreto 3600 de 2007 en donde se autorizan las actividades ecoturísticas, etnoturísticas, agroturísticas y acuaturísticas que se desarrollen en el suelo rural y restringe y ordena los desarrollos urbanísticos e industriales en algunas zonas del país. De hecho, en su artículo 18 hace referencia a “las áreas de actividad industrial en la Sabana de Bogotá” en donde se limita el otorgamiento de licencias para parques industriales, tanto en la Capital como en los 29 municipios de la Sabana.

El caso del municipio de Suesca, Cundinamarca (municipio muy cercano a Bogotá) en donde existe un potencial ecoturístico es un potencial de desarrollo alternativo nos brinda un marco de referencia para comprender un buen uso del decreto 3600. Para ello se estableció el Comité de Turismo de Suesca, con apoyo y participación de la Alcaldía del municipio, del Instituto Alexander von Humboldt, la Fundación Al Verde Vivo, la Fundación Endesa y del grupo de escaladores de Suesca. Ojalá esta iniciativa tenga un buen acompañamiento, responsabilidad e involucramiento de la comunidad local y que no sea una buena intención más.

En sintonía con el caso de Suesca, hace unos meses Juan Pablo Ruiz Soto comentó en una de sus columnas en El Espectador sobre el ejemplo de Agroecotur. Esta corporación fue creada para prestar servicios turísticos desde pequeñas fincas y reservas naturales privadas. No pretende un turismo “tradicional” o de cinco estrellas; se busca valorizar cultural y económicamente el espacio rural, con un intercambio que dé a conocer las actividades y productos locales, las costumbres y cultura campesina. De igual forma se propone un turismo de precios accesibles, que no tenga que girar los excedentes al exterior, donde los dueños y prestadores del servicio sean grupos familiares.

El desarrollo del ecoturismo en nuestro país debe tener en cuenta la complejidad del sector y la multifuncionalidad no solo económica sino ambiental del territorio (por lo general rural). La educación, capacitación y formación continúan siendo la base del desarrollo sustentable y deben ser organizadas para impulsar la creatividad cultural que permita construir alternativas de desarrollo local. Para ello es clave el trabajo conjunto y articulado de los diversos sectores desde el Gobierno pasando por las comunidades locales, la empresa privada, las organizaciones no gubernamentales, la academia, los organismos de cooperación y los medios de comunicación. Y para involucrar activamente a las comunidades estas deben ser incorporadas al ecoturismo como un factor clave para mejorar su calidad de vida (Duis, 2008).

Como se puede ver, los principios que consigna no solo el ecoturismo sino el respeto a los ecosistemas deben ser tenidos en cuenta, no solo por instancias oficiales sino privadas y comunitarias. El ecoturismo (y también el agroturismo) deben servir de soporte para el desarrollo rural y territorial integral que permita porque no, un intercambio y enriquecimiento cultural. Como se ha podido ver existen alternativas, la gracia de todo esto es sacar el mejor provecho a nuestro patrimonio ecológico y ambiental en pro de mejorar nuestra relación con la vida. Lo que no conocemos definitivamente no lo valoramos y esa es la importancia de un ecoturismo bien enfocado. Es un proceso del cual personalmente era muy escéptico, pero como todo proceso debe ser llevado consecuente y responsablemente. Lo mejor de todo es que aún hay esperanzas para ello.

¡Un saludo especial!

Bibliografía consultada y referenciada

*Acott. T. G. and H. L. La Trobe; S. H. Howard. 1998. An evaluation of Deep Ecotourism And Shallow Ecotourism. Journal of Sustainable Tourism. Vol. 6 No. 3(1998). Págs.: 238-253

*Ceballos Lascuraín H. 1998. Ecoturismo: Naturaleza y Desarrollo Sostenible. Editorial Diana. México. 1998. 185p.

*Duis, U. 2008. Territorio Calima: La Ruta Ecoturística de la Zona Centro del Valle del Cauca. Ponencia elaborada para el Seminario Internacional: Las configuraciones de los territorios rurales en el siglo XXI. Pontificia Universidad Javeriana. Bogotá, Colombia.

*Oyarzún, E. Sin fecha. Desarrollo Local y Turismo … una Relación Posible. Facultad de Ciencias Económicas y Administrativas. Universidad Austral de Chile. Artículo disponible aquí.

*Puertas, E. 2008. De la gestión de competencias a la gestión del conocimiento en empresas ecoturísticas en Colombia: Caso del municipio de Suesca-Cundinamarca. Ponencia elaborada para el Seminario Internacional: Las configuraciones de los territorios rurales en el siglo XXI. Pontificia Universidad Javeriana. Bogotá, Colombia.

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Un comentario a la entrada “Ecoturismo: mitos y realidades”

  1. Me respondieron! « Más allá del ecologismo
    viernes 23 de octubre de 2009, 10:14 COT
    1

    […] Personales, Áreas Protegidas — Germán A. Quimbayo @ 10:00 am Después de haber hecho una crítica bastante dura hace ya un tiempo al tema de las concesiones de ecoturismo en varios de los Parques Nacionales […]



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