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Balas invisibles

Columnas
Por

mircoles 15 de septiembre de 2010 15:51 COT

Hace un año volví a nacer; hace un año tuve una experiencia que me mostró la maravilla de enfrentar la vida con arbitrariedades y alegrías. Hoy, esta realidad que tuve que resistir, se repite una y otra vez, y a pesar de saberse en el pueblo, nada cambia y nadie hace nada para que esto no vuelva a suceder. Son estas cosas las que creemos que no pasan en pueblos tan hermosos como La Ceja.

¿Grupos de limpieza social? ¿Paramilitares? ¿Águilas Negras? ¿Bandidos que se creen con el poder de hacer justicia con sus manos? Como se quieran denominar. Todo mundo sabe que este país está vuelto mierda, pero lo último que necesitamos es más violencia, más balas, más muerte, más llanto…

La Ceja, Antioquia. 31 de agosto de 2009.

Era un lunes como cualquier otro. Los niños salían a estudiar; iba gente a la iglesia a pedirle al fantasma de Jesús por la paz del mundo o favores particulares; las personas iban a sus trabajos y el tránsito de las calles era igual al de cualquier lunes en La Ceja. A pesar de ser un día como cualquiera, ese lunes me iba a encontrar frente a frente con la muerte y con la realidad disfrazada de nuestra “hermosa patria”.

Ese día dejé de existir para el mundo, me volví un ser invisible porque me despojaron de la prueba de que existo en este país: mis documentos. Ahora soy un ser que deambula por las calles sin nombre, tipo de sangre, nacionalidad, seguro médico ni estudio alguno. ¿Hasta cuándo? Hasta que tenga el dinero para poner el denuncio por la pérdida de papeles, pues denunciar un atraco debe ser en contra de alguien en particular, así que no hay de otra que resignarse a denunciar un “extravío de documentos”.

Pasadas las cinco de la tarde, terminé un parcial de investigación. Sentía un enorme cansancio, estrés y agotamiento, aparte por una mala noticia que había recibido en las horas de la mañana. Una invitación a acampar que me hizo un amigo de la universidad me motivó y me llevó a pensar que iba a poder distraerme y relajarme de todo el cansancio acumulado durante estos días de estudio.

(Omitamos el recorrido) Eran alrededor de las diez de las noche. En el lugar conocido como “El campito de golf”, cerca de la antigua Casa Blanca, las llamas de una fogata y la luz de la luna creciente danzaban al ritmo de música reggae. Una garrafa de vino de cuatro mil pesos refrescaba nuestras gargantas y humedecía nuestras bocas. El cielo se nublaba por momentos con el humo del fuego y el cigarrillo, mientras nos reíamos de las locuras de South Park. En medio de la conversación y la distracción escuchamos unas voces y sólo se veían unas siluetas que nos rodearon y nos apuntaban con revólveres y fusiles.

 

—¡Quietos, hijueputas! Al suelo, al suelo… ¡Que al suelo les dije!

Sonaron dos disparos y todos nos tiramos de bruces al pasto. Uno de los muchachos del campamento había ido con su perrita Zasha. Toda la noche había estado inquieta y antes de que nos rodearan empezó a ladrar; ya los había sentido.

—¡Matá a esa hijueputa perra! —gritó uno de los encapuchados o lo que fueran.

Otro disparo silenció los ladridos de Zasha y en el ambiente sólo había un aire de muerte.

Eran cuatro o cinco hombres con pañoletas a media cara, de ropa oscura, acento costeño campesino marcado y jerga militar. No se identificaron.

—Mire, mi lanza, estos son los ladroncitos. Estos son lo que se mantienen robando las casas.

—Claro, lanza, matemos a todas estas gonorreas. Por allí treinta y cinco, aquí otros ocho; todos los días hay masacres, una más no importa.

¿Qué piensa uno cuando tiene la muerte a su espalda? Toda la vida pasa como una película por la cabeza en cuestión de segundos.

—¿Qué están haciendo por acá? ¿Dónde tienen lo que se robaron? —preguntaban entre golpes y cachazos a los que estábamos en el suelo.

—¿Qué hacemos mi teniente?

—¡Requíselos a todos! Quítenles los celulares para que no llamen a nadie.

Nos requisaron hasta el último bolsillo. Sacaron nuestros bolsos de la carpa y los esculcaron completamente. Nos despojaron de celulares, candelas, bolsos, billeteras…

—Yo tengo ganas de matar. Estoy 'enamorado' de este—decía uno de ellos haciendo alusión a uno de mis amigos— ¿Qué dice, mi teniente…?

—Dale, yo te lo regalo…

Lo único que alcanzaba a escuchar eran golpes y gritos. Esperaba con impotencia y rabia el retumbar del disparo que le quitaría la vida a uno de nosotros. Si mataban a uno nos mataban a todos.

—Me van a mostrar ya lo que estaban estallando. ¿Están armados? Algo estaban estallando, por eso nos llamaron de las fincas.

—¡No me mirés! —gritaban, y golpeaban bruscamente a quien se atreviera a mover por lo menos un dedo.

—Mirá, son puros gronchos. Estos son los que me mantienen jodiendo en el pueblo.

—Claro, mi lanza. ¡Si les encontramos algo robado los matamos! A mí me da la misma, hoy tengo ganas es de matar.

Esa fue una esperanza. Habían acabado de condicionar nuestra muerte, que parecía inminente. “Si les encontramos algo robado los matamos”, ninguno de nosotros era un ladrón. Lo que teníamos de comer lo habíamos llevado de nuestras casas, lo mismo que la carpa que era de uno de los muchachos, y el resto de cosas eran objetos personales.

—Mirá, lanza, tienen cuadernos. ¿Estaban robando?

La respuesta fue inmediata.

—No, pana, eso es de la universidad. Somos estudiantes, el carné está en la billetera—dijo uno de los que estábamos en el suelo.

—¡Que va, eso debe ser robado! —decían— Me van a decir sus nombres y cómo les dicen.

Nadie se atrevía a responder.

—¡Ve, ese está levantando la cabeza!

—¡¿Qué estás mirando, hijueputa?! ¡¿Es que no la crees?! —gritaban, y de un cachazo le reventaron la cabeza al osado que la levantó porque las hormigas le caminaban por toda la cara.

—Metelo a la fogata —dijo uno de ellos— Acá tenemos bastante leña.

Un millón de pensamientos se me cruzaron y pasaban como destellos por mi mente. Pensaba en mi familia, en mi novia, en mis amigos, en el parcial que había presentado en la tarde, en el concierto del lanzamiento del demo de mi banda, en que “qué gonorrea morirme un lunes”, en Los Simpson —e imaginaba a Homero gritando “Ayúdame, Jebús”—, en los titulares de las noticias del día siguiente y me lamentaba por las cosas que tenía en mi billetera: mi cédula, el carné universitario, el carné de la EPS, las boletas del concierto, la plata del demo, las fotos de mis amigos, familia y novia, algunas cartas y la figura número uno del álbum de chocolatinas. Sí, eran tantas cosas que se me confundían entre las que me causaban risa, tristeza, dolor y se mezclaban con todas las estupideces que invaden los pensamientos cuando la muerte te seduce y parece que te dijera al oído: “Hoy sí te tocó”.

—Mandémoslos en pelota —dijo uno de ellos, y aunque todos decían “Sí, hágale”, no nos quitaban la ropa.

—No —dijo otro de ellos—, mejor mándelos sin cordones, a ver si son capaces de correr.

—Déjeles los cordones —respondió el que los otros llamaban “teniente”—, necesitamos es que corran.

Llevábamos alrededor de media hora en el suelo, besando la tierra. Cada segundo se hacía más eterno y desesperante. Ya no sabía si iba a morir o si iba a tener que correr desnudo por las calles de mi pueblo, con otros siete amigos.

—¿Quién armó la carpa? —preguntaron.

—¡Yo! —dijo una voz que sonaba entrecortada y como si estuviera a diez metros bajo tierra.

—¡Párese! La va a desarmar rápido, guárdela como la trajeron que nos vamos a quedar con ella, y por cada minuto que se demore desarmándola es un amigo menos.

“¿Quién morirá primero?”, pensé. Igual no importaba, lo único que esperaba era la hora de estar tranquilo en mi casa, leyendo desprevenidamente, o en el cementerio, devorado lentamente por los gusanos.

De los cuarenta y cinco minutos que habíamos tardado en armar la carpa, sólo dos fueron necesarios para desarmarla. Sin embargo, los ocho seguíamos vivos. La verdad no sabía si alegrarme por estar vivo, porque pensaba que lo único que estaban haciendo era retrasar nuestra muerte.

—¿Por dónde vinieron? —preguntaron a quien acababa de desarmar la carpa.

—Por allá —respondió él, señalándoles el camino.

—Entonces se me van a ir para el otro lado. Allá abajo cuadran con el patrón. Van a correr hacia donde está el tizón.

¿Cómo íbamos a saber nosotros hacia donde correr si no podíamos levantar las cabezas?

—Si no tienen nada que esconder les hacemos llegar los papeles a sus casas —dijo uno de ellos.

—En un bolso están todos sus celulares y sus billeteras, si los quieren se los van a ir a pedir al patrón en la finquita de allí abajo, la de la manguita.

¡Obvio, la finca de la manguita! Estando boca abajo casi tragando tierra, veíamos la finca claramente. Cómo se nota todo lo que embrutece un arma entre las manos.

A cuatro de los muchachos les devolvieron las billeteras con sus documentos. A los demás no. Después de mucho rato en el que discutían si nos mataban, desnudaban o llamaban al “patrón”, se decidieron a dejarnos ir.

—Tiene dos minutos para correr y se me van a ir de a uno.

Cuando señalaron al primero se escuchaban sus pasos tan rápido que por un momento lo perdí. Cuando dijeron “corran todos”, me paré y noté que era el último en salir. Nos recibió una pendiente de unos setenta grados de inclinación por la que corrimos tan rápido que el alma se nos estaba quedando atrás. Cuando empezamos a correr dispararon un par de veces, quizás al aire. Nada nos detuvo en la huida; alambres de púas, charcos, pantanos… todo se volvió un adorno de la noche. Llegamos a una carretera que no sabíamos de donde era.

La escena era terrorífica. El viento soplaba helado. Ya no teníamos aire en los pulmones, todo se veía borroso. Los perros de las fincas aledañas aullaban a la luna y unos caballos que habían en unas pesebreras relinchaban y pateaban las puertas como queriendo salir detrás de nosotros.

Llegamos a la carretera principal, la que conduce al municipio de El Retiro, después de la urbanización La Suiza. Nadie decía nada pero en las caras se veía la impotencia de quien es víctima de uno de los tantos actos delictivos de este país pero nada puede hacer. Al llegar a la entrada del barrio Las Acacias, nos dividimos, cuatro para una casa y cuatro para otra. Eran las once de la noche, pero esa noche se hizo realmente larga.

Al otro día, al llegar a mi casa, me sentía incompleto. Y no por el hecho de ya no tener el celular, la correa, el bolso y la billetera: me sentía una parte miserable e inaportante de este mundo insensato y malintencionado.

Las noticias de La Ceja nunca muestran algo así y por eso la comunidad no lo sabe; lo curioso es que muchas de las personas que se enteraron de este hecho afirmaron que ese “monte” —como si no estuviera en plena zona urbana— es peligroso y que han visto personas raras, con ropas militares y armadas. Muchas personas están al tanto de eso, sólo que nadie puede decir ni reclamar nada, porque siempre se corre el riesgo de ser silenciado. Además, lo que la actualidad demanda son los problemas con las redes del gas y las mil y una inspecciones que se están haciendo en los establecimientos públicos para evitar la presencia de menores en los sitios donde se expende licor. De eso se ocupan las noticias y los medios del municipio, por eso no hay espacio para que la opinión pública esté al tanto de estos acontecimientos.

Gracias, señor alcalde; gracias por permitir una “seguridad privada” cuidando los intereses de los ricos y exponiendo la vida de los que no tenemos para pagar una. ¡Ah! quizá usted no lo sabía, por eso ha de ser que en esa zona nunca hay fuerza pública, ni policía ni ejército. Simples coincidencias, me imagino. Puede seguir preocupándose por el orden del pueblo con sus “eficientes policías” que se sientan en los locales a tomar cerveza, café o gaseosa en sus horas de “guardia”, mientras esos hombres misteriosos que nadie ve y que se ocultan en la noche nos vigilan sigilosamente a nuestras espaldas. Como siempre, el poder lo tiene quien empuña un arma y mancha sus manos con sangre inocente. De no ser por nuestra apariencia, hubiéramos sido otros de los que ya hacen parte de las listas de falsos positivos. Si de verdad no lo sabía, reflexione sobre lo que está haciendo y cuál es la seguridad que le brinda al pueblo.

El último agradecimiento es para el señor ex presidente. Gracias por la seguridad del país, gracias por desplazar y disfrazar esas figuras de guerrilla y paramilitares y después darse un pantallazo al mundo pregonando la “gran gestión realizada” ¡Qué sería de este país sin usted! No sería mejor, pero sí podría ser menos peor.

A pesar de todo, esta historia también tiene un final feliz. El martes primero de septiembre, en las horas de la mañana, Zasha llegó a su casa, herida, pero viva…

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20 comentarios a la entrada “Balas invisibles”

  1. Lully
    mircoles 15 de septiembre de 2010, 16:36 COT
    1

    Un relato conmovedor apreciado Eisen Hawer. Quén creería que en esa zona de La Ceja, Antioquia, donde sus paísajes son paradisiacos, ¿existen seres de este tipo haciendo de las suyas?
    Así es Colombia, detras de riquezas naturales se ocultan las armas. Eso fue porque atravesaste una frontera invisible, de esas que hay ahora en la mayoría de comunas de Medellín. Lo mejor es que hayas sobrevivido y que estés hoy contándonos la historia.

    Un abrazo y bienvenido a equinoXio!

  2. Silvana
    mircoles 15 de septiembre de 2010, 22:58 COT
    2

    ¿Qué puedo decir que no te haya dicho antes? Te repito por enésima vez que em siento muy orgullosa de ti y queconfio plenamente en lo exitoso que serás.
    Igual que vos, siento tus triunfos como mios. Yo espero que sigas pensando que puedo ser el pedazo perdido de tu ser y que unas letras mias no son más que el complemento de las tuyas.
    En cuanto al texto, no sabría separar lo personal y no puedo dejar de recordar cada que lo leo esa sensación que me dio aquella vez que lo leíste por primera vez.
    Felicitaciones amigo, colega y un excelente prospecto de la escritura.

  3. juandavid
    jueves 16 de septiembre de 2010, 16:09 COT
    3

    ¡¡¡Amigo Eisen!!! ya me habias contado la historia, pero enserio que esos detalles de los que hablastes en tu relato me pusieron los pelos de punta, por un momento llegue a imaginar ¡¡Que tal si uno de esos encapuchados le hubiera dado por cambiar de opinion y hubiera dado la orden de matarlos!! Menos mal la historia fue otra y hoy se encuentra bien. Y que falla, asi es la situación en nuestro país. El gobierno solo se preocupa por el bienestar de los mas ricos, y los de menos estrato que se defienda como puedan. Ya ni siquiera podemos salir a disfrutar del bosque en una acampada, por que sin darnos cuenta podemos estar arriesgando nuestras vidas.
    Parcero lo felicito por este relato, le quedo muy bien elaborado, yosé que te vair bien, cuenta con mi apoyo. Todo bien pues se cuida.

  4. Reginald
    jueves 16 de septiembre de 2010, 16:11 COT
    4

    Que buen escrito Hawer, de la Ceja recuerdo muchas historias por los lados de San Jose, una temibles, otras con buen final. El toque de suerte y buena vibra tienen mucho que ver en los buenos desenlaces.

  5. StIakov
    jueves 16 de septiembre de 2010, 21:59 COT
    5

    Son las cosas que nos hacen sentir frustración de nuestro país y querer un futuro mejor para las personas que queremos. Que mal que pasen estas cosas en nuestro país y peor que se queden en impunidad. Impactante la historia deja mucho para reflexionar. Eisen felicidades y mucha suerte con la carrera.

  6. Kyque
    viernes 17 de septiembre de 2010, 09:38 COT
    6

    Eisen Exelente!! vas hacer un exelente periodista, espero verlo reciber un pulitzer, me dejo frio leerlo, termine con los pelos de punta y me alegra de corazon que este bien y que pueda contar esto. Animo cambiemos esto HPT y EXITOS!!

  7. Liz
    viernes 17 de septiembre de 2010, 12:10 COT
    7

    Amor, ya te lo había dicho en una oportunidad, tus escritos tienen algo que transmiten al lector lo que realmente sientes… por lo tanto no puedo evitar las lagrimas cada vez que leo esto, no sólo porque es triste la realidad de este pais, porque me duele ver esta clase de injusticias, sino porque esa noche estuve a punto de perder media vida….
    No sabes lo feliz que me hace verte haciendo lo que amas y que tu trabajo sea compartido con tantos…

  8. Deysi
    sbado 18 de septiembre de 2010, 12:45 COT
    8

    Un escrito que parece la narracion de una pelicula por lo bien escrito y el contenido.

  9. Lina
    sbado 18 de septiembre de 2010, 13:07 COT
    9

    Que asco de pais.

  10. luisa ibarguen
    sbado 18 de septiembre de 2010, 13:53 COT
    10

    triste realidad la de este pais, y todavia hay tanto ciego diciendo que aca no pasada nada, y pàrece que la ineficiencia de la policia es cosa comun en todos lados,parece que es una de los requsitos para entrar en la milica que cosas, y en cuanto a el fenomeno de los paras hay que gradecerselo mucho a los8 años de seguridad democratica que hay me pregunto donde esta, porque en menos de nada se vino a bajo los 8 años y esa platica como que se perdio, te felicito por no quedarte calloda con esto asi no sirva de mucho, pero pro lo menos la gente estara imformada y podra tomar medias para que algo asi no le suceda

  11. Mafalda
    domingo 19 de septiembre de 2010, 13:06 COT
    11

    Es increible, cómo la prefección de la maldad puede ser escrita y espelugnantemente perfecta.

  12. Paola Cabrales
    domingo 19 de septiembre de 2010, 21:50 COT
    12

    Y en Colombia ponen el grito en el cielo porque Piedad Cordoba habla de esto, de fosas comunes y desnutricion. Miren lo que pasa en Colombia de parte de un testigo que salio ileso de milagro porque cuantos no pueden sobrevivir para contar el cuento. Esa es Colombia y su corrupcion.

  13. montes
    domingo 19 de septiembre de 2010, 22:20 COT
    13

    que bien Eisen vas hacer un exelente periodista

  14. Jonathan
    lunes 20 de septiembre de 2010, 14:52 COT
    14

    Cuando vives en un pais donde “la justicia” la compras con dinero, y donde la muerte te la encuentras en cada esquina, jum!! o en cada bosque, solo queda agradecer que la libertad de escribir aún existe, para estallar a traves de palabras la IRA que nos genera vivir en uno de los paises más hermosos del continente y no poder admirar su verdadera belleza porque no sabes que terrenos pisas…. pero bueno, excelente escrito EISEN, Felicitaciones!!!, porque se que este es el inicio de una maravillosa carrera.

  15. stiven
    martes 21 de septiembre de 2010, 08:36 COT
    15

    buena historia . pero que lastima que esta sea nuestra realidad ,que lastima que las personas que prometen ante nuestros ojos defender nuestros ideales y derechos, nos hagan ir en contra de estos. que lastima que en este pais la avaricia de las personas que creen estar arriba sea masgrande que su lealtad y palabra; mientras unos viven en pobreza otros estan revolcandose en su mundo de hipocrecia y mentira viviendo a costa del sudor de las personas que quieren que este pais se comvierta en un lugar digno de vivir.
    sigue adelnte EISEN que personas como tu cambian mentes y pensamientos.

  16. Marisol G.
    martes 21 de septiembre de 2010, 19:37 COT
    16

    Como la primera vez que escuché tu crónica, me duele nuevamente… tus palabras me remiten a este desagradable suceso, todo lo imagino y me duele recordar tu voz cuando compartiste esto con nosotros; es una triste realidad.

    Definitivamente estoy convencida de lo profesional que eres y del venturoso camino que van a recorrer tus letras, tus historias, tu nombre.

    Felicidades de todo corazón.

    Te quiero mucho.

  17. yesik
    viernes 3 de diciembre de 2010, 00:31 COT
    17

    Eisen!!… la verdad antes de leer imaginaba que iba a ser bueno… pero mi sorpresa fue a medida iba leyendo este espeluznante episodio que cuentas con tal detalle que nos trasmiten cada una de las emociones que muy probablemente sentías, te llevan a recrear toda una película y crea conciencia en las personas.

    si no me hubieras contado no te creería que fue totalmente cierto
    …Sencillamente me encanto!! Felicitaciones…éxitos ;P

  18. Luisa
    jueves 10 de marzo de 2011, 11:03 COT
    18

    Considerame Tu Fan Número Uno!!!

    Eisen, Ya Te Lo Había Dicho, Mil Felicidades… No Sabes Cuantos Sentimientos, Cuantas Emociones Tan Difíciles De Explicar… Hay Que Leer Tus Notas, Tus Publicaciones Para Poder Sentir Esos Sentimientos Encontrados… Ira, Dolor, Frustración… Pero A La Vez Independientemente De Lo Sucedido Satisfacción De Estar Con Vida… De Poder Compartir Con Nosotros Esa Spr Historia… De Informarnos, De Ver Cada Día Más Cerca La Realidad… Un Spr Perdiodista, De Nuevo Mil Felicidades!!!

  19. sebas
    mircoles 25 de mayo de 2011, 20:04 COT
    19

    eisen un excelente escrito esto es en lo q hay q pensar e indagar con una gran critica constructiva q en verdad nos hace caer en esa cruda realidad q todos vivimos y pocos medio conocemos y tambn porq representa a esos tantos q hemos sido victimas de tan bajos actos por parte de aquellos q se creen con poder

  20. Aleyda
    martes 3 de septiembre de 2013, 19:57 COT
    20

    La Realidad Que Sufren Las Personas De Este País

    Excelente Escrito 🙂



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