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marzo 7th, 2010

Sin busetas…hay paraíso

 

Análisis en caliente
Durante cuatro días consecutivos se llevó acabo con mucho éxito “Bogotá sin bus”, evento promocionado  y protagonizado por las mafias del transporte urbano de la capital, que logró exacerbar los ánimos de muchas personas, con sobrada razón. La ciudad toda fue sometida a la voluntad de los transportadores, grandes, medianos y pequeños, a quienes en un comienzo quisieron sumarse sus pares, los taxistas, que insisten en presionar una amnistía de multas por la bicoca de 45.000 millones de pesos, dinero que adeudan a la ciudad por infracciones cometidas entre 1998 y 2006, y que hoy buscan recuperar las autoridades de Tránsito y de Hacienda. Pero eso es harina de otro costal.
 
La parálisis de una metrópoli de 8 millones de habitantes, donde se concentra una cuarta parte del P.I.B. nacional, no es un juego de niños, pues produce, además de la ira colectiva, enormes pérdidas económicas, que serán asumidas, como es natural, por nuestros propios bolsillos. A la parálisis obligada, súmensele los cuantiosos daños causados por un vandalismo agitado desde las tinieblas por quién sabe qué clase de personajes.

Más allá de las voces reaccionarias, simplistas, oportunistas y poco propositivas que se escucharon durante la absurda jornada, se hacen necesarias la reflexión y la cordura. Y para buscarlas, el primer paso es ir al meollo: ¿Quiénes son los promotores del paro?

 
El cartel del timón: un modelo insostenible
Habida cuenta del “sistema” de transporte brutal e indecoroso que hemos sufrido por tanto tiempo los bogotanos, amén de Transmilenio, la experiencia de movilizarse por una ciudad tan extensa como Bogotá, resulta absolutamente nefasta; esta es la consecuencia de una errónea estructura de operación del servicio, que igualmente incide de manera negativa en la actividad urbana, situando a Bogotá por debajo de Calcuta, en términos de calidad de vida. Este fenómeno tiene una larga y turbia historia, que resumimos a continuación.
 
La elección y reelección al Concejo de Bogotá por varios períodos consecutivos del zar de los buses, don Julio César Cortés (Sidauto S.A.) desde los años setenta, fue apenas una muestra del maridaje entre el poder público y un gremio mafioso que presionó y colaboró con la desaparición del tranvía, y que al término de los años ochenta se relamió con el cierre definitivo de la EDTU, Empresa Distrital de Transporte Urbano que operó el “trolley” y los alguna vez dignos Buses Distritales. Al término de funciones de la EDTU, estando todo servido para la retoma del control operativo del transporte por parte de la ciudad, el entonces Alcalde Andrés Pastrana desechó la conformación de la empresa de economía mixta que iría a operar las principales rutas con modernos equipos (incluso se alcanzó a adquirir algunos).
 
Enterrada la EDTU por Pastrana, el negocio quedó incondicionalmente al 100% para los privados, con los resultados que hoy saltan a la vista. Desde entonces ha corrido mucha agua bajo el puente y los lazos del transporte con las altas esferas de gobierno y la política se han ido consolidando.
 
La libertad y falta de control estatal sobre el volumen y condiciones del parque automotor del sector transportista (igual sucede con los taxis) generó con el tiempo una sobre oferta de vehículos de transporte público, muchos en pésimas condiciones mecánicas y de higiene, que congestionan las vías, polucionan con humo y ruido el medio ambiente, aumentan de manera significativa los tiempos de desplazamiento, disminuyen enormemente la productividad y competitividad de la ciudad, y atentan peligrosamente contra la salud pública.
 
Si desde finales del siglo XIX, hasta los años cincuenta las protestas contra el transporte urbano provenían de los usuarios en reclamo de un mejor servicio, resulta increíble que los paros y bloqueos se den hoy por cuenta de quienes prestan ese servicio, y de tan mala manera. Pero es que actualmente el transporte público e individual (taxis) está a cargo de una emergente y peculiar organización mafiosa, propietaria de los vehículos, que detenta el control del lucrativo negocio del transporte urbano de pasajeros, sin concederle a este un estatus de servicio público, y velando exclusivamente por sus propios intereses.
 
Esta mafia, propietaria de los vehículos destinados al transporte público e individual (taxis), que agrede a diario al ciudadano, ha amenazado la gobernabilidad de la ciudad en distintas ocasiones durante los últimos diez años, mediante el mecanismo de la coacción, poniendo en jaque a las autoridades con el bloqueo de las vías, la ausencia de transporte y el vandalismo callejero que intimida al ciudadano, en unas caóticas jornadas, a las cuales se suma peligrosamente el oportunismo destructivo de mucha gente anónima.
 
En los últimos años el poder político de los transportadores, convertidos en verdaderos caciques electorales, se ha visto acrecentado mediante el ascenso a cargos de elección popular de representantes directos del gremio transportador y de sus calanchines, gracias al paradójico voto de sus miles de empleados a destajo, y seguramente de sus allegados, quienes laboran sin seguridad social, característica propia del empleo de tipo informal que generan los empresarios del transporte, y que induce la famosa y permanente “guerra del centavo”.
 
La acción de sus elegidos genera iniciativas y produce hechos que favorecen los intereses particulares de los 14.000 propietarios del negocio, cifra que la revista Dinero calcula entre pequeños, medianos o grandes inversionistas, pero que al parecer es mayor. Como resultado de ello, su crecimiento patrimonial es hoy desmedido, en el marco de un negocio que mueve a diario enormes sumas de dinero. Con los cálculos más conservadores en términos de utilidad corriente de un negocio, cubiertos sus costos operativos, por cada vehículo que posea, un "Corleone" del transporte se echa al bolsillo entre 12 y 15 salarios mínimos mensuales, si no es más, en una operación donde la elusión de impuestos es alta, precisamente por el tipo de contratación laboral, el sistema de recaudo de los pasajes y la ausencia de un control fiscal efectivo.
 
Ya vamos viendo entonces por donde va el agua al molino. Si bien el problema no es que los empresarios del transporte tengan buenas utilidades, sí lo es el hecho de que estos mismos personajes, que ni siquiera generan una nómina formal con prestaciones legales, cancelando aportes parafiscales e impuestos de ley (como sí lo hacen tantos otros empresarios que ganan mucho menos) utilicen su poder de inmovilización e intimidación contra la economía y la ciudadanía en pleno, aprovechando cierta patente de corzo otorgada por algunos medios de comunicación, y el respaldo de la ignorancia ciudadana sobre la problemática del transporte y la movilidad. Se suma a ello un bajo grado de cultura política y ciudadana, como el demostrado por muchos bogotanos al momento de opinar sobre la materia o de cometer actos de vandalismo, durante el pasado paro.
 
Es fundamental dar una mirada crítica al tipo de transporte al que los bogotanos nos hemos venido acostumbrando, como nos acostumbramos a todo. El esquema impuesto desde los años cincuenta, de corte anticipadamente neoliberal, en que el particular entró a llenar el vacío de unas precarias políticas de movilidad urbana, y se apoderó de los corredores viales sin contraprestación alguna, es sencillamente desastroso e inconveniente para todos, pues dista mucho de tener la connotación de servicio público.
 
Sistema Integrado de Transporte Público, SITP
Ante este hecho, y consciente de la enorme dificultad que dentro del escenario antes descrito tendría Bogotá para la futura implementación del programa bandera de la actual Administración distrital, el Metro, la Secretaría de Movilidad se dio a la tarea de reorganizar estructuralmente el transporte de la ciudad, presentando el año pasado a la opinión pública un modelo de gestión y operación denominado Sistema Integrado de Transporte Público, SITP, el cual se ha venido explicando en detalle, y cuyos principales aspectos se resumen a continuación.
 
TIPS del SITP
1.        La ciudad se dividirá en 13 zonas con rutas locales que cubran todos los sectores de estas.
2.        Los paraderos serán de uso obligatorio para conductores y pasajeros.
3.        El pasaje se pagará mediante una tarjeta inteligente y los conductores no recaudarán dinero.
4.        La tarjeta se usará en toda la ciudad y en todos los sistemas, Metro, Transmilenio y buses.
5.        Habrá integración tarifaria. Quienes hagan transbordos o utilicen más de un método para viajar, obtendrán un ahorro.
6.        La Secretaría de Hacienda tendrá un estricto control sobre los verdaderos ingresos del negocio.
7.        Se calcula la generación de 27.000 empleos formales para conductores, y muchos puestos de trabajo indirectos.
8.        Con un salario fijo, horario racional y prestaciones de ley se terminará la “Guerra del Centavo”.
9.        Un parque automotor moderno minimizará el impacto ambiental y aumentará la comodidad del usuario.
10.     Los vehículos tendrán una vida útil de 12 años y a partir de 2010 su antigüedad no podrá  ser mayor de 10 años.
11.     Para controlar la sobre oferta, se reducirá la flota de aproximadamente 16.000 buses, a unos 12.000.
12.     Igualmente se controlará y regulará el número de microbuses, “colectivos”, taxis y bici taxis. 
13.     En julio de 2010 se adjudicará mediante licitación pública la operación de las 13 zonas.
14.     Se dará primera prioridad a los pequeños propietarios de buses y busetas.
15.     La segunda prioridad será para las empresas de transporte colectivo.
16.     Una tercera prioridad la tendrán los accionistas de Transmilenio.
17.     Una mega sociedad manejará los intereses de todos los propietarios.
18.     Los pequeños propietarios de buses y microbuses los entregarán a la mega sociedad a cambio de  acciones.
19.     Habrá una renta mensual fija mínima para los accionistas, independiente de si tienen salario.
20.     El SIPT comenzará a funcionar parcialmente en marzo de 2011 y el cubrimiento pleno será en octubre del mismo año.
21.     El servicio deberá representar una buena alternativa para los usuarios de vehículos particulares.
     
La reacción al cambio
El plan estratégico para poner en marcha el ambicioso SITP, una vez socializado con el gremio de transportadores y demás actores de la operación, fue expuesto a la opinión a mediados de 2009 y comenzó a funcionar tras la firma por parte del Alcalde del Decreto 309 de ese año, que le da vida a la reorganización del transporte público en la ciudad. La licitación, una de las mayores en el mundo en su género, está ya abierta y en discusión sus pliegos.
 
Precisamente esta licitación, que compromete enormes y variados intereses del sector privado, y especialmente los de los transportistas tradicionales de la ciudad, ha divido al gremio entre los que poseen acciones en el sistema Transmilenio, y los que se dicen pequeños y medianos transportadores. Estos últimos son los mismos que opusieron resistencia a la entrada de Transmilenio en sus Fases I y II, pero que ahora están interesados en unirse para entrar en la Fase III. Igualmente tienen prelación (e interés) para ser contratados como operadores del SITP, lógicamente previo el cumplimiento de algunas condiciones básicas del nuevo sistema.
 
Abierta oficialmente la discusión del pliego, el grupo de los pequeños y medianos transportadores, liderados el presidente de Apetrans, Alfonso Pérez, escogió una vez más las vías de hecho, y declaró desde el pasado 1 de marzo el paro que acabamos de sufrir, y que luego de cuatro largos días, finalmente la administración distrital conjuró, más con argumentos y firmeza, que con concesiones contrarias a las finanzas de la ciudad.
 
Se acordó un reajuste al porcentaje de utilidad del 0,85 al 1,5 por ciento, y se aumentó en un 5% el valor de retoma de los buses a chatarrizar, cifras estas que estaban dentro de los márgenes de maniobra posibles calculados por los expertos en factibilidad financiera, quienes colaboraron en la elaboración de los pliegos licitatorios. En este tope técnico se basó la posición "intransigente" del Alcalde Samuel Moreno, frente a las pretensiones de Pérez y sus aliados, quienes al final debieron aceptar las cifras originalmente ofrecidas por la Alcaldía.
 
Epílogo de un desafortunado hecho
Algunos críticos de la Administración distrital, como  Vargas Lleras o Ándrés Pastrana, quienes impulsan y claman por la revocatoria del mandato a Moreno Rojas, dejan al descubierto afanes electorales y viejos odios ancestrales de estos  y otros pocos políticos que quisieron aprovechar el paro para pescar en río revuelto, ya fuera dándole la razón a la turba enardecida y a la mafia del transporte.
 
Lo cierto es que el Alcalde Moreno terminó recibiendo el apoyo de los distintos gremios, y de manera especial, el del Gobierno central, cuyo ministro de Transporte fue pieza clave en las conversaciones con los líderes del lamentable paro. Y no era para menos, pues se trataba de respaldar la institucionalidad y los intereses de los bogotanos, muy bien representados esta vez por el Alcalde Mayor, frente a la chantajista actitud de un innecesario acto que causó tan graves perjuicios a los ciudadanos de a pie y a la economía nacional. Una prueba más de la necesidad que tiene la ciudad de reorganizar adecuadamente su movilidad.
 
En medio de lo sucedido, es de destacar que, gracias a la presencia de dos estupendas obras, Transmilenio y las ciclorutas, que hacen parte del legado del ex alcalde Enrique Peñalosa, el caos reinante y la angustia ciudadana no colapsaron por completo la ciudad. Es de suponer que, aumentadas las líneas de Transmi, y a medida que se construyan las del metro y el tren de cercanías, la ciudad se irá blindando contra estos atentados a la razón y a la paz ciudadana. Aunque, por supuesto, con la entrada en operación del SITP, la ciudad y sus costumbres serán otras.

Ojalá nos quede como lección la importancia del respeto a los demás, frente a la solución de los problemas particulares, concepto que no parece claro en los distintos marchantes que han decidido en los últimos años bloquear el sistema Transmilenio para hacer públicas sus variadas y particulares peticiones. Hay mejores vías para ello, y las de Transmilenio son exclusivamente para el fácil desplazamiento de sus usuarios. Démosle luz verde permanente.

Posted by Sentido Común as Homo Urbanis at 7:10 PM COT

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marzo 6th, 2010

Diagnosis de una movilidad cavernaria

 
Vivir en Bogotá implica sufrir a diario las consecuencias de uno de los más caóticos sistemas de transporte del mundo, lo que aunado a la falta de disciplina ciudadana y a la agresividad de gran parte de los conductores particulares, da como resultado una ciudad peligrosa y poco amigable. Basta hacer un recorrido de cincuenta cuadras a bordo de una buseta o un bus bogotanos, para entender la magnitud del problema.
 
El sitio menos indicado para subir a un bus es cualquiera de los paraderos dispuestos a lo largo de las principales vías, ante el riesgo de que allí se forme una aglomeración de gente, o lo que es peor, una fila, a las que son alérgicos la mayoría de los bogotanos. Como los buses también tendrían que guardar un orden de llegada si se detuvieran exclusivamente en los paraderos, sus choferes prefieren cazar pasajeros donde buenamente los vayan encontrando, como igual, arrojarlos donde mejor les convenga, poniendo algunas veces a prueba la pericia para llegar con vida al andén, de quienes admiten ser dejados en los carriles interiores de la vía.
 
Una vez abordado exitosamente el automotor, la emoción va en crescendo, incluso si es hora pico, posiblemente por algunas cuadras seamos parte de un racimo humano. Es el momento de sacar nuestro billete de 20 o 50 mil pesos, para pagar los $1.300 del pasaje, pero cuidemos de no “dar papaya” a un raponero para que se alce con nuestra billetera, cartera, aretes, reloj, pulsera, collar, pirsin y demás cacharros que usa la gente en este tiempo.
 
Las vueltas (el cambio) podrán venir con billete falso o con insulto justificado de parte del conductor, quien como retaliación, intentará llenarnos de moneditas de $50. El viejo truco de demorar las vueltas muchas veces resulta en perdón y olvido, y entonces, como decía el expresidente Uribe, esa platica se perdió. Adentro es posible que nos toque hacer parte de una cadena humana, para transportar dinero procedente de pasajeros que abordan la nave por la puerta trasera, y es entonces cuando se pone a prueba la honradez ciudadana. Pero ojo, que mientras el metálico circula, es posible que su celular con minutos haya cambiado de plan… y de dueño.
 
El Imperio de los Sentidos
Como no es Transmilenio, usted en realidad se ha subido a una caja de Pandora, en la que sus sentidos experimentarán toda suerte de sensaciones, comenzando por el olor a tapicería de pana color rojo ennegrecido, lavada por última vez en 1998, con agrieritas de bebé de 2001 y vómito de borrachito de 2008. Por fortuna para quienes les molestan estos dos aromas, un restante potpurrí de fragancias ahogará, entre chucha y pecueca, cualquier desagrado por los primeros. De cualquier forma, es recomendable llevar su buen tapabocas y una bolsa a mano, por si acaso.
 
Le sigue el impacto visual del decorado kitsch, arraigado en el arte pop zonal, que ya desde el exterior se insinuaba en el ilegible cartel de la ruta. De hecho no son estos avisos lo que se acostumbra mirar, sino los colores institucionales de la EPS, o empresa prestadora del respectivo servicio, y algún tipo de carrocería característico de la ruta.
 
Si el exterior es medianamente tipológico, su lenguaje plástico interior le imprime a cada vehículo un carácter propio, personalizado, donde la cabina es lo más singular. En la del que abordamos en esta crónica, la bombillería a granel (sin estar en navidad) enmarca los sobrios acabados cromados, los tapices de arabesco y los cojines de leopardo con el rótulo Panamá, cuya asociación no se explica fácilmente. Cajitas de madera sobre bayetilla roja raída suavizan los pespuntes de la acolchada tapicería que cubre el motor, impidiendo que los gases tóxicos afecten en demasía a la tripulación. En esta ocasión el espíritu coleccionista del conductor salta a la vista, con bellos modelitos a escala y el juego completo de estampitas religiosas compradas en Chiquinquirá. El detalle que remata magníficamente la armoniosa decoración es el escarabajo con visos fosforescentes, recubierto en plástico transparente, que corona la barra de cambios. Si miramos al piso, una cabeza plástica de la muñeca Janeth nos hace distintos gestos, dependiendo la marcha en la que se desplaza el vehículo.      
 
Pero si “sus vistas” tienen motivo para explorar y deleitarse, la tortura sobre sus oídos no cesará en esta aventura urbana sin par. Vallenato, reguetón, Heavy Metal y mucha plancha solo dejarán de sonar si la ruta va equipada con un par de televisores plasma en los que siempre estará sintonizado un pregrabado de Pirry despotricando de los pobres Tom & Jerry, o la Gurissati hablando contra el pobre Chávez. Al fin y al cabo estamos entre pobres.
 
Quizás el sentido mayormente afectado sea el del tacto. El roce social y el toque-toque son la máxima característica del transporte masivo. Algunos machos experimentan la adivinación con las manos, aunque lo pueden proyectar a otra parte de su anatomía, sin problema. Precisamente es el tacto en el resto de su cuerpo el que muchas hembras experimentan a bordo, con repulsión muchas veces, quien sabe si con abnegación otras.
 
Al mirar a nuestro alrededor es posible observar cómo muchos garosos pasajeros van ejercitando su sentido del gusto. Chitos, Charms, besitos, papas fritas, yuquitas, uvas chéveres o gomitas ácidas en forma de gusano son apenas unos de los nutrientes alimentos cuya venta y consumo al interior del aparato incitan al placer de degustar cualquier porquería que se ocurra. Algunas personas menos afectas a la comida chatarra llevan entre su equipaje de mano una doradita presa de pollo o un sanguche de muchacho preparado con esmero por la mamá. Activada la gurbia, y en recorridos como Bosa-Lucerito o La Gaitana-Claret, el refrigerio cubre una necesidad básica insatisfecha.

La interacción socioeconómica se da cita en cada recorrido y con elevada frecuencia. En nuestro recorrido de cincuenta cuadras es posible que presenciemos dos actos culturales, tres apéndices de televentas y un caso impresionante de emergencia social doméstica no cubierto por el POS, factor hoy en aumento. Desde raspa y armónica, hasta arpa y capachos, circulará por los estrechos corredores toda una orquesta sinfónica, en busca de un aplauso y de las moneditas de 50 con que llenó nuestros bolsillos el maquinista. Perfumes, chanclas y lápices flexibles, además de los caramelos antes descritos, reposarán en los cantos de quienes tiene asiento, mientras el vendedor narra su experiencia de vida, pide perdón por vender incomodando al respetable pasajero y agradece su amable atención. Mientras tanto en el exterior, y ayudados por el continuo trancón, hace presencia la amenazante competencia de vendedores de manzanas acarameladas, Bon Ice y hasta cañas de pescar de cinco metros.

Posted by Sentido Común as Homo Urbanis at 11:30 PM COT

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enero 3rd, 2010

Compadre, hijo y espíritu santo

Ilustración: PANTOCRÀTOR DE TAÜLL
 
 
Compadre:
(A Daniel Ramos, en adenda al comentario 9 de su post "Navidad en Holanda", publicado diciembre 19 09, en el blog colectivo equinoXio.)
 
Leyendo los comentarios a su interesante entrada 'navideña', me vuelven las palabras a la boca. Personalmente yo espero que antes de que el Vaticano exalte a una mujer como papisa, las religiones se hayan acabado en el mundo, o al menos, hayan perdido buena parte de su descomunal poder sobre la conciencia de la gente, lo que definió Marx como 'el opio del pueblo'.
 
Pero por encima del indiscutible y reprochable machismo presente en el cristianismo, siempre me ha sorprendido la facilidad con que la gente sigue aceptando que uno de los 'duros' de la santísima trinidad sea justamente Cristo o Jesús, un simple humano o un mero mito; de esta aceptación de Cristo como miembro de la trinidad se desprende todo un arsenal de fábulas moldeadas a través de la historia, como es la innecesaria e imposible virginidad de la mamá del niño dios, en apoyo del cuentico del "pecado" original.
 
Adolescente aún, y a expensas de la clase de religión obligatoria que se daba por entonces, un día le pregunté en privado al padre Fabio Suescún, hoy encopetado monseñor (y en una de esas arzobispo o cardenal), que cómo diablos hubiera sido posible el desarrollo de la humanidad si Adán y Eva no hubiesen metido nunca las de caminar. Como me habló del santo sacramento del matrimonio, rápidamente le salí al paso recordándole que por la época de Adán y Eva, como no había religiones, no había curas, luego tampoco la posibilidad de casarse. ¿Y entonces? …entonces el padre Suescún dejó de hablar conmigo en los recreos.
 
Mi pregunta no era tan mala, y provenía de otra materia obligatoria, la de educación sexual, en la que nos hablaban de las relaciones ídem como algo maravilloso, no sin la previa advertencia de los serios riesgos que se corría cuando no había de por medio responsabilidad y conciencia del acto. No necesitaba de esta materia para saber que los bebés no venían de París, como tampoco necesitaba de la clase de religión ni de la de ciencias naturales para saber que los papás eran a la vez, el niño dios, y el ratón Pérez.
 
Desde entonces detesto esa alegoría a la virtud de “sin pecado concebido” que tanto se le achaca a la mamá de Cristo, y que de paso nos hace sentir como si todos los demás proviniéramos de un polvo ilegal, por lo cual seguramente es necesario sacarnos de adentro ‘al demonio y sus tentaciones’ mediante la administración de un primer sacramento, el bautizo. Sin este bendito ritual, al morir nos iríamos al limbo, como se irán de golpe los demás mortales ateos o de otras religiones. Me daba cólera pensar en los africanos, en los orientales o en nuestros propios indígenas, que solo por no tener la dicha de haber sido católicos, se estuvieran privando de ir al cielo al morir.
 
El camino sacramental definitivamente me desilusionó: siendo bebé aún, en una pila bautismal me echaron agua fría y aceite para matricularme en una religión a la que no pedí ser vinculado. Más tarde me hicieron contarle mis ‘pecados mortales’ a un curita que para poder recibir el cuerpo y la sangre de Cristo, algo que me suena decididamente canibalesco. Luego me dieron una cachetada dizque para confirmar mi fe. Como por fortuna no tuve jamás vocación religiosa, no me ordené de cura, pero tomé entonces el camino del matrimonio católico, recibiendo este sacramento más por amor y respeto a las convicciones de mi mujer, que por otra cosa; la condición de que la misa la oficiara el cura Sánchez logró que me sintiera menos raro en el evento. Aunque ya prácticamente no me queda faltando sino la extremaunción, renuncio a recibirla, y doy público aviso, por si acaso.
 
Volviendo a Jesucristo, quien de hecho es un personaje mítico presente en prácticamente todas las religiones distintas del catolicismo, resulta increíble para mí que su asociación con una blanca paloma y un cuchito de barba, pueda sustentar la fe de tantas personas en un dogma llamado la santísima trinidad.
 
Padre y espíritu santo ya eran suficientes para significar el sentido de divinidad del hombre frente a lo desconocido, aunque mejor hubiese cuadrado, al lado de la paloma, una Madre que evocara de mejor manera a la naturaleza. Pero el hijo hecho hombre a imagen y semejanza ya queda sobrando, y es apenas un intento más de humanizar los misterios del universo.
 
Iniciando tardíamente su vida pública, el niño dios se transforma en Jesús e integra una gallada de doce amigos, con quienes comienza a predicar la Palabra y hacer milagros por ahí, para luego terminar clavado en la cruz.
 
Sobrevienen la lavada de manos de Pilatos, la sapeada de Judas Iscariote y la traición de Pedro, quien a pesar de su reiterada negación en menos que canta un gallo, termina siendo la piedra sobre la cual se edifica la Iglesia católica.
Injustamente, nunca se reconoce que los trabajos de Pilatos y del pobre Judas eran necesarios para que crucificaran al Mesías. De no haber sido exitosas estas tareas, Jesús hubiese muerto de viejo o por alguna plaga o accidente doméstico, y no existiría la catequesis cristiana como tal. Es de ahí que siendo Dios tan poderoso, y habiendo enviado a su hijo a la Tierra con misión tan precisa, pues debió ser Dios mismo quien dirigió el casting para asignar los distintos papeles, luego no tendría por qué mirar feo a quienes los personificaron. Recordemos que ni una hoja se mueve sin su voluntad. 
 
¿Habrá acaso un Cristo en todos los planetas del universo donde hay vida inteligente? Porque su redención del pecado no tendría por qué operar solo en un diminuto planeta como la Tierra, situado en algún rincón de una insignificante galaxia. Y ¿para qué diablos necesitaban o el señor de barbas o el zuro blanco redimir de pecados a unas criaturas de su creación, cuando el pecado es justamente un invento local de estas y no una verdad universal? Vaya uno a saberlo. Pero estoy sospechando que eso hace parte de la estrategia de las autoridades, en este caso las eclesiásticas, para manejar al ser humano con cargos de conciencia.
 
Para desprenderme de todos estos interrogantes hace mucho tiempo opté por fundar mi propia micro-religión, basada en lo que siento y en lo que creo. Resultó ser una religión amable, sin laceraciones espirituales innecesarias y con el reconocimiento simple de que el líder y único miembro de esta selecta secta es un ser humano, que como todos los demás, está hecho de ideas y sentimientos, y se sabe una brizna del macro cosmos, en donde el tiempo y el espacio son solo una percepción subjetiva. El respeto a la individualidad y la obligación de pensar autónomamente es lo que define el número tan reducido de integrantes de mi secta. Amén.
 
Sentido Común 5.0
 
Adenda: Favor no insistir, no hay cupos. Mejor que cada quien funde la propia (es gratis).

Posted by Sentido Común as Homo Urbanis at 4:51 PM COT

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mayo 18th, 2009

Benedetti, gracias por el fuego

FOTO: Tapa de una reedición del libro escrito por Benedetti en 1965. (Seix Barral, Barcelona, 1984)

De verdad no entiendo por qué al momento de la muerte de personas como Mario Benedetti, Escalona y tantos otros, cuya obra no es propiamente reciente, y cuando por el contrario se detuvo su producción hace tiempo, se deba hablar de una “gran pérdida” y de tristeza. Salvo que hayamos compartido una amistad con ellos, lo que nos queda es alegría, pues su legado se encuentra y permanece vivo en nuestro corazón.

Es simplemente la extinción de sus vidas lo que sucede; pero paralelamente, y con más fuerza, se siente en nuestros corazones y acude a nuestra memoria el placer de haber escuchado una canción, de haber leído una novela o de habernos estremecido con la creación de su talento e ingenio.
Son ellas, las personas inmortales como Benedetti, quienes nos han inoculado para siempre un virus llamado goce, que no tiene cura, para el que no hay tapabocas que valga y cuya transmisión es inevitable de persona a persona. Qué bueno sería poder sacar tiempo para leer o releer a Benedetti, las varias obras que devoré y las tantas que me faltan, y que simplemente intuyo como maravillas creadas por su pluma, que en algún anaquel esperan en reposo el momento para ser leídas, si es que me llega.

Hago este homenaje de despedida a Mario Benedetti muy lejos de la silla del crítico literario que no soy. Expreso solo un sentimiento, y es el goce que ya mencioné, el que siento por dentro cuando escucho su nombre. No me interesa tocar su biografía ni sus ideas; solo aprovecho este minuto de mi vida para darle…gracias por el fuego.

Posted by Sentido Común as Homo Urbanis at 12:11 PM COT

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mayo 14th, 2009

Murió un inmortal

Foto-Carátula de dominio público  

Aunque Juli advirtió anoche la necesidad de ser experto en vallenato para despedir a Escalona, y evidentemente no lo soy, me cuelo en el desfile para decirle adiós a un grande.
El maestro Rafael Escalona es, o era, del tipo de personas a las que nunca imaginamos muriéndose, mucho menos muertas. La razón es sencilla: su obra llegó a enraizarse en nosotros hasta el punto que lo sentimos parte de nuestra vida. Y lo es.
Esta mañana me emocionó escuchar por primera vez la voz (hablada) de Bovea, cuando toda mi vida he llevado grabado el sonido, curiosamente exento de acordeón, de su interpretación de los paseos de Rafael Escalona, como grabada tengo en la memoria la carátula del disco con el compositor parado delante de un arbusto, con un bus y una paredilla que se ven al fondo. Siempre relaciono el bus y el colegio con las letras de esas canciones donde se menciona a la Maye, a la brasilera, a Maria Tere, a Pedro Castro, al pipe Socarrás, a la vieja Sara y a tantos personajes más, desde la visión de un hombre joven de nuestra costa Caribe y sus andanzas por la Guajira, el Magdalena y El Cesar, donde aparecen contrabandistas, matronas, artistas y objetos tan cotidianos para los colombianos como el Mejoral y el Chevrolet.
Te vas Rafa, y te quedas con nosotros para siempre, ¡ay, hombe!

Posted by Sentido Común as Homo Urbanis at 9:07 AM COT

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abril 12th, 2009

Brevísima reflexión en Siete Palabras

Especial beato de Semana Santa

 

Colombia, país del Sagrado Corazón de Jesús (en Vos confío), donde supuestamente el principal culto religioso sigue siendo el catolicismo, y donde la gran mayoría de la población decimos profesar los principios cristianos, podría ser, de acuerdo con las creencias de todos nosotros, piadosos ciudadanos, una sucursal del infierno, o al menos una franquicia del purgatorio, si no fuera porque en medio de todo, la nuestra es una tierra paradisíaca: paraíso de la violencia, paraíso de la mafia, paraíso de la corrupción, paraíso de la injusticia, paraíso de la impunidad, paraíso del desorden, paraíso de la miseria, paraíso de los desplazados, paraíso de la ignorancia, paraíso de la politiquería. Para eso es Colombia.

Acostumbrados a eventos cíclicos como el desbordamiento anual del río Magdalena y sus eternos damnificados, o los abominables negociados con el patrimonio nacional y sus malosos beneficiarios, los colombianos sobrevivientes llegamos una y otra vez a la famosa Semana Santa, período del año cada vez más vacacional que vocacional; comen opíparamente el Jueves Santo quienes aún pueden; llueve casi por norma el Viernes Santo, cuando la costumbre manda pescado, ya sea éste tilapia, bagre, sardina en lata, pescado salado (ahora “genérico”, de dudoso origen y a lo mejor transgénico), mero en salsa, trucha arco-iris al ajillo, viudo de capaz, mojarra a la criolla o los cada vez más comunes y bienaventurados sushis y makis (no cuentan los vegetarianos); el trancón y los accidentes por alcoholemia, velocidad, sobrecupo, descuido, o todas las anteriores, son endémicos la víspera, durante y en la pascua; la música clásica de entierro ha sido progresivamente desplazada, primero por los clásicos épico-religiosos del séptimo arte, verbi gracia “Los 12 mandamientos”, “Quo Vadis”, “Jesús, el nazareno”, “Espartaco” o la moderna “Jesus Christ Superstar”, y recientemente por cantos profanos en ritmo de champeta y reguetón; una vieja y lúgubre costumbre como era que las iglesias cubrieran sus imágenes con unas brillantosas sábanas lilas para descubrirlas en los días santos, cuando la gente debía irse de tour a un mínimo de no recuerdo cuantas iglesias, romería que le daba a las ciudades una apocalíptica imagen, que en Bogotá comenzó a ser profanada por Fanny Mickey, desde su primer Festival de Teatro. Desde entonces los bogotanos cambiamos la fingida pesadumbre por la alegría y el divertimento; pero tal vez el momento culmen de la Semana Mayor, su éxtasis, es “el sermón de las siete palabras”, verdadera "vaciada" que desde su púlpito, y con la complicidad de la radio y la tv, se jalan los jerarcas pluma blanca de la Iglesia, quienes caen sobre los fieles como paracaidistas, denunciando un malestar social que ellos parecieran desconocer el resto del año, o lo que es peor, patrocinar.

Eludiendo la cascada catequizadora de obispos, arzobispos y cardenales, como la del propio Benedicto, usurpo su sacro púlpito para dar mi versión colombianizada y muy personal del sermón de las siete palabras. Paciente esperaré la excomunión. Amén.

 
(Click en la palabra para ver)
 
PRIMERA Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen (Lc. 23,34)
SEGUNDA En verdad, en verdad te digo: hoy estarás conmigo en el Paraíso (Lc. 23,43)
TERCERAMujer, he ahí a tu hijo; hijo he ahí a tu madre (Jn. 19, 26-27)
CUARTA ¡Dios mío, Dios mío!, ¿por qué me has abandonado? (Mc. 15, 34; Mt. 27, 46)
QUINTA Tengo sed (Jn. 19,28)
SEXTATodo está cumplido (Jn. 19, 30)
SÉPTIMAPadre, en tus manos encomiendo mi espíritu (Lc. 23, 46)

Posted by Sentido Común as Homo Urbanis at 3:14 PM COT

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abril 8th, 2009

Terremoto sacude al Perú

Un fuerte remesón, sentido en buena parte del continente suramericano, sacudió esta tarde al Perú, al conocerse la condena de Alberto Fujimori a 25 años de prisión por los cargos de homicidio calificado, asesinato, lesiones graves y secuestro, hechos ocurridos durante la época de su largo mandato.

El “Chino”, como se le conoce coloquialmente, aspiraba a salir airoso del juicio que enfrentaba por violación a los derechos humanos en su país, e incluso tenía dentro de sus planes el de presentarse a una nueva reelección como presidente del Perú. Al parecer, su hija Kaiko tomará ahora las banderas del fujimorismo para buscar la presidencia y neutralizar el fallo judicial, tan adverso a su padre.

Dentro del proceso de defensa de los derechos humanos, la condena a un jefe de Estado por parte de la justicia de su propio país es un hecho sin precedentes y constituye la más clara señal de que el abuso del poder en contra de la humanidad no será más un crimen impune. La conducta arrogante que caracteriza a algunos mandatarios autoritarios y totalitaristas del planeta, conlleva la utilización del favor popular para enraizarse en el trono y doblegar el orden institucional al antojo de sus voluntariosas y particulares pretensiones.
 
Es de esperar que esta lección ejemplarizante sirva en adelante para que otros gobernantes asuman de mejor manera su autoridad…o para que definitivamente vayan poniendo sus barbas en remojo.

Posted by Sentido Común as Homo Urbanis, impuesto de guerra at 12:15 AM COT

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enero 14th, 2009

Julio Sánchez

A propósito del deceso de Monseñor Julio Sánchez González, el 13 de enero de 2008.

Fue un buen año para mi vida aquel en que conocí de cerca al padre Julio Sánchez. Yo acababa de lograr perder el curso 3º de bachillerato en aquel colegio que tan malos recuerdos me trae aún hoy, ubicado por cierto en el barrio La Castellana de Bogotá, y de cuyas edificaciones solo queda en pie la blanca iglesia, contigua entonces al salón donde tomaba clases de guitarra, para distraer de alguna forma el estrés que por aquella época me producían el irreflexivo sistema académico, la obligada formación católica, la acartonada disciplina escolapia y el espantoso almuerzo estilo militar del seminternado.
 
El año anterior, cuando el famoso 19 de abril de 1970, había tenido la oportunidad perfecta para ‘capar colegio’, cuando en los días que sucedieron a las elecciones presidenciales mi casa fue discretamente rodeada por agentes del DAS y los teléfonos interceptados, ante la posibilidad de que mi padre, seguro futuro ministro del gobierno de Rojas Pinilla, hiciera parte de algún movimiento de sublevación contra los ‘arreglos’ entre el gobernante y el candidato del Frente Nacional, que culminaron con el cínico robo del triunfo de Rojas.
 
Por razones de seguridad, falté al colegio un par de semanas, mientras abrigaba el anhelo de que la situación política del país empeorara aún más para extender así mis vacaciones. Lamentablemente todo se fue normalizando y tuve que regresar a mis estudios. Sin embargo, esta situación logró relajarme lo suficiente para tomar las cosas con calma. Con demasiada, en verdad.
 
Tenía tal vez 14 años y ya vestía como todo un doctor colombiano, de paño y corbata, nunca supe para qué ni por qué, pero eran las reglas del colegio. Me hice a dos amigotes que pronto se convirtieron en los cómplices de horas y horas de esparcimiento, en resistencia a las absurdas imposiciones antipedagógicas que tiempo después me hicieran sentir verdadero fervor por esa oda a la libertad mental proclamada por Pink Floyd en la canción The Wall.
 
Con el fin de año llegó la obvia noticia del fracaso académico y mi voluntad de cambiar de colegio. Comenzando enero visitamos al Cura Julio en la casa parroquial de Santa Bibiana, quien desde entonces me acogió con los brazos abiertos. No puedo decir que sané de todos mis traumas con la educación, pero de entrada dejé de ser un número, para convertirme en una persona con nombre propio. Y el Cura fue clave, con sus charlas alrededor de la cancha de fútbol, en las que, apretándome un poco fuerte el cuello, me mostró un mundo nuevo que tenía por delante, si decidía esforzarme. Poder decirle "Curita" en vez de Reverendo Padre ya nos acercó mucho. No así su terca afición por un equipo llamado Santa Fé.
 
Jamás me obligó a aceptar nada por la fuerza, ni siquiera los preceptos del catolicismo que eran y son doctrina del Emilio Valenzuela. Con la licencia secreta que me concedió para no ir a misa cuando no quisiera y otras menores que no contaré, diferencié por primera vez la autoridad del miedo. Y el Cura sí que la tenía y la tuvo siempre. Su autoridad era real porque emanaba del ejercicio honesto de unos principios que no conocen fronteras ni tiempo: los cristianos. Hoy puedo refutar algunas cosas de ellos, pero nunca la manera como el Cura los practicaba ejemplarmente. Era una persona parada en el mundo real, con la visión espiritual que tanto falta hoy en la gente común. De estos dos elementos estamos hechos los muchos emilistas que Julio formó a lo largo de su vida.
 
Los años en el Emilio no fueron fáciles, como no lo es la vida, pero resultaron enriquecedores y serenos, dejando en mí las mejores enseñanzas que no dan las matemáticas ni las ciencias. Precisamente aquellas que nos son útiles para caminar por el laberinto de un mundo cada vez más complejo, autista y autodestructivo.
 
Conservo el recuerdo de un cura “chévere”, que usaba el pelo más bien largo, que andaba en un viejo Chevrolet convertible y trataba amorosamente a todos cuantos le rodeaban. Los tiempos pasaron, las cosas cambiaron, pero el espíritu emilista que construyó poco a poco, prevalecerá en todos sus hijos, quienes llevaremos una parte suya hasta el final de nuestros días. Estamos inevitablemente marcados con tu sello. Gracias Julio y feliz viaje.

Posted by Sentido Común as Homo Urbanis at 11:12 AM COT

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diciembre 28th, 2008

Resumen del año

Termina para Colombia un año caracterizado por el escándalo. Tantos escándalos tuvimos, que al diluirse entre el ruido y la distancia, parecieran confundirse en una enredada historia sin comienzo ni final.

Casi seis años a bordo de un presidente, cuya mediática popularidad ha estado acompañada de atrevidas actuaciones propias de un caudillo mesiánico, hacen perder un poco la noción del tiempo. Un país centrado en la reelección de este fulano, se ha dejado atrapar por la maniquea polarización entre el bien y el mal, desentendiéndose de los claros síntomas del deterioro moral y social que vivimos.
 
Si bien el guerrillero más viejo del planeta, Tirofijo, murió por causas naturales y no pudo ser esgrimido por el ministro Juan Manuel Santos como otro trofeo de guerra, golpes de opinión como la muerte de Raúl Reyes en territorio ecuatoriano, o la liberación de rehenes en poder de las FARC, una de ellas mediante la más espectacular acción militar jamás realizada, la operación Jaque, han logrado equilibrar, a la fuerza, el prestigio de un gobierno que hace agua a babor y a estribor.
 
Otro paliativo a este desgaste fueron las marchas. Lo que comenzó como un fenómeno de la comunicación de masas, la convocatoria vía Facebook para la gran marcha del 4 de febrero contra las FARC, habría de convertirse con los meses en un caballito de batalla usado por unos y otros para manipular opinión. Pero la gente se cansó poco a poco de salir a caminar para nada.
 
El afán de Álvaro Uribe por perpetuarse en el poder, le hace tanto daño, como daño nos hace a los colombianos la institucionalización de costumbres a las que creíamos se oponía el país entero, tras la aparente derrota de las mafias, esas mismas que hoy campean orgullosas, sintiendo suyo el poder. Aquí todo vale.
 
2008: HECHOS DE COLOMBIA Y EL MUNDO EN VIDEO

Cierra el año con el estruendoso derrumbe de las pirámides. Al satanizarse a DMG, este sistema de riqueza rápida se convierte en sinónimo de aquellos males contagiosos, de los que nadie quiere padecer, propicios para una feroz cacería de brujas, que no se hace esperar. Miles y miles de apostadores quedan en la calle, y los que no apostamos salimos a pontificar sobre la ‘insana’ ambición y la ingenuidad de quienes sí lo hicieron. Gajes del dinero.
 
En el plano internacional sobresale la elección de Obama a la presidencia del decadente Estado norteamericano y el consecuente declive de los anti principios impuestos por el régimen bárbaro de George Bush, quien sale del ruedo con varios millares de zapatazos en su conciencia. La guerra ha causado tanta muerte y dolor, que todos los zapatos del mundo en su cabeza no alcanzarían para sanar el terrible daño.

Posted by Sentido Común as Homo Urbanis at 3:26 PM COT

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noviembre 28th, 2008

La paz no marcha

 

La Paz No Marcha

El boom de la operación jaque ha terminado. Ingrid en Europa, donde se ha ganado más premios y condecoraciones que Juanes, se ha dado cuenta que se le olvidó estar en la marcha pasada y se le ocurre entonces convocar otra marcha más, por la que recibirá seguramente más premios.

Cómo no participar en algo tan patriótico y lleno de significado. Los secuestrados nos lo agradecerán luego, aunque no los van a liberar por nuestra cívica conducta. Los secuestradores solo reirán de ver tantas inútiles camisetas blancas. Creo que lo mejor es no seguir escribiendo este post, cuyo texto ya escribí antes, y cuyas fotografías están por ahí, en todas partes.
 
No marchemos más, no seamos tan pendejos.

Posted by Sentido Común as Homo Urbanis at 1:08 AM COT

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