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De un Río místico convertido en oasis

Elecciones 2010 > Estancias > Política Por: Marsares

6 de junio de 2010

 

Foto de Alan Vernon – Licencia CC
 
Se acaba la primera semana después de que la maquinaria rompeolas del uribismo santista dejara en veremos al Partido Verde y la situación no parece cambiar. La victoria tiene muchos amigos, la derrota pocos, por decir, ninguno. Esta ley de la vida, en política si que es contundente.
 
Cuando se presagiaba en primera vuelta un cabeza a cabeza entre la vieja y la nueva política, los marrulleros de provincia y uno que otro peso pesado electorero, comenzaron a mirar hacia Antanas Mockus, ofreciendo sus votos para “bien de la patria”.
 
Hoy, cuando Juan Manuel Santos contabiliza una victoria arrasadora, la fila de la clientela ocupa cuadras para ofrecerle su respaldo incondicional, o casi condicional al nuevo jefe de la patria. No importa cómo, pero lo único es salir en la foto.
 
El gobierno de Unidad nacional propuesto por Santos que no es otra cosa que un Frente Nacional estilo Uribe, les sirve de pretexto a todos los políticos de viejo cuño, pero sobre todo a los antiuribistas vergonzantes, para justificar las adhesiones en masa.
 
Dejar atrás la polarización del país argumenta sin rubor Simón Gaviria para explicar su adhesión a Santos, al igual que los demás caciques liberales que ya lo habían hecho por debajo de la mesa, en las urnas. Es que 12 años sin burocracia, es demasiado.
 
Mientras los conservadores le entregan a Santos las hilachas de su partido y los de Cambio Radical se arriman con permiso de Germán Vargas Lleras que ya muestra talante presidencial, por los lados del Partido Verde la soledad es evidente y el desconcierto, total.
 
Después del infortunado discurso de Mockus el domingo de elecciones, en el que posó de pastor místico dispuesto a cruzar el desierto, en vez de trazar el nuevo rumbo con energía y decisión, no se ha hecho nada por convencer a los esquivos votantes abstencionistas.
 
Como si vivieran en otro mundo, en otra historia, en otro país, los tres tenores (la convalecencia alejó a Fajardo) desafinan sin cesar. Continúan insistiendo en el discurso moralista que los convirtió en espectáculo mediático hace varias semanas y rechazan alianzas porque no comparten todo su ideario, dejando un tufillo a grupo fundamentalista que parece pregonar un único evangelio.
 
Pero no solo no sólo cierran las puertas a sectores, partidos y grupos que podrían haberlos acompañado por simpatizar con sus tesis, sino que se dan por bien servidos invitando a una abstracta masa abstencionista con la consigna no menos abstracta de "Alianza ciudadana". Michelle Bachelet, de visita en nuestro país, tiene mucho que enseñarles.
 
No entienden que ese encanto por su moral sin tacha, que los catapultó como una real alternativa de poder, ya pasó. Al profesor Mockus y a sus compañeros se les sigue admirando pero ya la sorpresa, como toda sorpresa, se acabó rápido como debe ser. Al igual que en los noviazgos, la primera impresión deslumbra, pero no enamora. Se necesita pasar a los hechos para que surja el amor.
 
Los colombianos quieren escuchar de Mockus soluciones concretas a sus problemas, empezando por el desempleo, el mayor de América Latina (12.2%), y la aterradora informalidad laboral (58%) y empresarial (41.1%) que amenaza estallar el conflicto social en cualquier momento con consecuencias impredecibles.
 
La bomba pensional que se devora el presupuesto público y a su lado los millones de colombianos que no cotizan, huérfanos de la seguridad social, cuyos cuidados en la vejez deberá asumirlos el Estado a un costo preocupante, es un problema al que hay que buscarle prontas soluciones.
 
Un partido Verde que no habla de desarrollo sostenible. En estos momentos Uribe se vanagloria de haber triplicado las exportaciones, pero se guarda de decir que fue gracias a los minerales (petróleo, carbón y níquel) que producen poco empleo y de paso degradan la naturaleza, nuestra mayor riqueza a futuro. Ingeominas por ejemplo, ha otorgado permisos para la explotación de minería a cielo abierto en el 47 por ciento de los páramos que pone en peligro ecosistemas fundamentales para regular el agua.
 
Durante el gobierno de Alvaro Uribe descendimos del cuarto lugar al 24 en la lista de países que tienen mayor cantidad de agua dulce por habitante. El 53 por ciento de los habitantes de zonas rurales no tienen acueducto y el 82.2 por ciento carecen de alcantarillado y 21 millones de colombianos tienen algún grado de dificultad en el suministro. El partido Verde está en mora de pronunciarse sobre esta agobiante realidad.
 
Mockus no se refiere al cambio de este modelo de desarrollo, como lo hicieron otros candidatos, convirtiéndonos en una despensa del mundo, potencia agrícola que aproveche el suelo fértil y el agua que aún nos sobra, deteniendo el absurdo monocultivo que propician los biocombustibles, con sus secuelas de desplazamiento forzado y lavado de dinero.
 
Y si vamos a la corrupción, mutis en el foro por el lado de Mockus sobre la eliminación de las Contralorías departamentales, el control previo a las contrataciones en vez del nefasto control posterior, nuevas reglas de juego con las regalías que frene el despilfarro de los recursos públicos, redefinición del gasto público y de la inversión extranjera, en fin…
 
Y así muchos temas que el Partido Verde no pone sobre el tapete, no discute, no controvierte, como las cooperativas de trabajo asociado que mutaron en empleadoras que les arrebatan a los trabajadores sus conquistas sociales, la infraestructura vial, la modernización de nuestros puertos, la recuperación de las arterias fluviales, el modelo regional en vez del departamental, nuestro futuro como potencia exportadora de energía.
 
No basta con decir que los recursos son sagrados, que la vida es sagrada, principios esenciales, pero que deben llevarse a la práctica con una profunda reforma a la justicia que evite la absurda congestión de procesos, modelo de impunidad que parece no tener fin, y un revolcón educativo que prepare profesionales y técnicos acordes con el nuevo modelo económico. Ciencia y tecnología, sí, ¿pero cómo?
 
Soluciones concretas a problemas concretos que detengan el hueco fiscal más allá de enunciar una reforma tributaria, salidas audaces que fortalezcan la microempresa la mayor empleadora, que reduzca la impunidad, que nos eleve la competitividad, que termine con la política de subsidios que alimentan la informalidad, en suma, un país que corrija el rumbo.
 
Mockus nos despertó, nos mostró que si es posible pensar en un nuevo país, que son muchos los inconformes y que sólo esperan que alguien interprete sus esperanzas aplazadas por generaciones, entre la corrupción, la violencia y la inequidad, para darle su apoyo y trabajar al unísono en busca de un mejor porvenir.
 
Infortunadamente, el profesor Mockus es un líder de la moral y la transparencia, pero no tiene talla de estadista aunque si el talento de conformar excelentes equipos. Es nuestra conciencia, pero necesitamos dar el siguiente paso, convocar líderes que conviertan en realidad sus anhelos. Antanas Mockus es el sextante de esta época convulsionada y oscura y por esto recordaremos esta campaña presidencial de 2010 que nos volvió a sembrar la esperanza.
 
Fue un río místico que sacó lo mejor de nosotros, pero al final de cuentas quedó reducido a un refrescante oasis en medio del desierto. Depende de nosotros abrirle el camino al río caudaloso, a consolidar esa ola que nos puso a soñar por semanas y que multiplique los girasoles desterrando la hiedra y la maleza.
 
El 20 de junio sembremos millones de semillas en las urnas electorales.  

¿Por qué Antanas Mockus?

Elecciones 2010 > Estancias > Política Por: Marsares

29 de mayo de 2010

Galería de Cristinasirkia – Licencia CC

A diferencia de muchos que ven en su transparencia, en su honestidad a toda prueba, la mejor credencial para ser presidente en una época de corrupción desmedida, no es ese el principal motivo que me lleva a depositar mi voto por Antanas Mockus.

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El “todo vale” de José Obdulio Gaviria

Elecciones 2010 > Estancias > Política Por: Marsares

27 de mayo de 2010

El “todo vale”, pilar ideológico de la “Seguridad democrática”, que cubrió —y aún cubre— de horror la democracia colombiana, encuentra por estos días uno de sus más nefastos ejemplos en boca de quien funge como el más ferviente seguidor del presidente Uribe, su intérprete mayor y su consueta más reconocido, el señor José Obdulio Gaviria.

En su más reciente columna para El Tiempo, Gaviria lanza una andanada de frases disonantes contra el candidato Mockus que manipula con habilidad los hechos y los transforma en haberes para sus tesis. Hasta ahí, no hay nada anormal por provenir de quien proviene. Pero, en el remate de su escrito, afirma:

“El rey de los listos, escribió en su programa presidencial: "Los niños y niñas tienen derecho a ser deseados o deseadas, por lo que es impostergable una política pública en materia de salud sexual y reproductiva" (capítulo 14 numeral 4). ¿Con qué nos saldrá ahora para explicar ese Manifiesto Pederasta?”

¿Antanas Mockus, pederasta? ¿La campaña verde, pederasta? ¿Hacen los verdes apología de uno de los crímenes más abyectos del ser humano? ¿La frase “Los niños y niños tienen derecho a ser deseados y deseadas” es una invitación a que violenten sus cuerpos, atropellen sus derechos, destruyan sus vidas a través de la violencia sexual?

Una mirada completa a este apartado del programa de gobierno de Antanas Mockus demuestra el infundio. Antes de la frase citada, en el preámbulo, se advierte: “Impulsaremos la educación sexual y reproductiva para promover la concepción de niños y niñas deseadas y deseados, y prevenir el abandono infantil”.

Claramente, en dicho programa se propugna porque no se traigan al mundo niños producto de una concepción irresponsable. Los niños deben ser “deseados”, es decir, sus padres deben querer concebirlos, para que desde su nacimiento, se les de la atención y el cariño que se merecen.

Por eso, el mismo programa señala que “La mejor estrategia para lograr la equidad en Colombia es mejorar la atención, el cuidado y las condiciones de vida de los niños y niñas”. Y más adelante, en el mismo capítulo que no cita José Obdulio Gaviria, se advierte:

“Impulsaremos programas gratuitos de cuidado integral formal con personal altamente calificado para las poblaciones más vulnerables, así como programas de apoyo y asistencia a los padres y las madres en buenas prácticas de crianza, salud y nutrición. Desarrollaremos políticas diferenciales para la niñez e incrementaremos significativamente los recursos para asegurar su acceso a la salud, la nutrición, la educación y el registro civil. Facilitaremos espacios físicos para el libre desarrollo físico, intelectual y emocional de los niños y niñas, particularmente en la primera infancia. La inversión en las niñas y los niños de 0 a 5 años será prioritaria. Fortaleceremos los contextos familiares, educativos y comunitarios como entornos protectores de la infancia y formadores de ciudadanía y trabajaremos por el mejoramiento de los ingresos familiares. Buscaremos que el maltrato, la violencia sexual, la explotación laboral, la vinculación a la guerra, y cualquier otro acto que afecte su dignidad, integridad y libertad sea castigado cultural, moral y legalmente. La felicidad de los niños y las niñas es la base de una sociedad exitosa”.

Este es el contexto de la cita que manipula el ex consejero del presidente Uribe, el que niega que haya desplazados, el que atribuye los falsos positivos a calumnias, el que considera que la justicia es el brazo legal de la guerrilla y todo aquel que no comulgue con las ideas de su patrón, un terrorista.

Este siniestro personaje, arropado en la sombra de la impunidad palaciega, es uno de los que aspira a continuar en el poder tras el trono del heredero, continuando en su papel del Torquemada de la parroquia uribista que a unas horas de las elecciones presidenciales no encuentra otra manera de detener las fuerzas del cambio que a través de la puñalada trapera de la calumnia.

Dice la sabiduría popular que “el que las usa se las imagina” y así parece ser el caso de José Obdulio Gaviria, oscuro individuo que en la soledad de su alma y de su cuerpo, seguramente querrá ser el deseado de su propia calumnia.  

La confianza: ¡una mujer irónica!

Elecciones 2010 > Estancias > Política Por: Julián Rosero Navarrete

25 de mayo de 2010

A lo largo de 8 años más alrededor de unos 6 meses de intensa campaña electoral en 2002, se convenció a la opinión pública que la ofensiva militar y el atacar frontalmente al terrorismo generaría un clima de seguridad con el cual se establecería la confianza y por tanto, el incremento de la inversión privada. Así pues, gracias a este discurso, aquel candidato que en febrero de 2002 tan sólo tenía un 2% de la intención de voto se convirtió en el caudillo más popular que ha tenido Colombia en su historia reciente.

Después de 8 años, con muchas bajas en los ejércitos irregulares y la insurgencia diezmada en muchas zonas del país, sigue aún esta “confianza” esquiva pues reconoce que una cosa es seguridad y otra cosa es la “intensa custodia”. En línea con esto, como se dijo en algún artículo, el hecho de reducir a la guerrilla a la mitad de lo que estaba en 2002 no significa que ya estén derrotadas. Es más, hoy por hoy, Colombia está lejos de este escenario. Incluso, se podría pensar que a pesar de que el actual gobierno encaminó y sobrellevó la guerra contra el terrorismo en Colombia, perdió la guerra contra el narcotráfico, el principal motor financiero del crimen en el país, lo cual lleva a inferir que en 8 años de intensos esfuerzos militarles sólo “se perdió pólvora en gallinazos”.

Ahora, como el dogma guerrerista se percató que el problema de las FARC era mucho más complejo, se trató de perpetuar el gobierno y, al no lograrlo, se instauró una figura proveniente del oficialismo quien se ofrecía a continuar con su obra. Su lema, al igual que los últimos 8 años: seguridad, confianza inversionista y, adicionalmente, ¡prosperidad! Aún así, es curioso ver cómo la susodicha confianza —término tan enunciado en el presente siglo— responde a circunstancias bastante cíclicas; hace 8 años, la confianza respondía a qué tan fuertes y qué tanta capacidad de operación tenían los grupos armados irregulares.

Hoy, la confianza responde a la institucionalidad, la estabilidad del gobierno y, por qué no, las oportunidades y capacidades del recurso humano. De pura casualidad, los últimos 8 años de administración menoscabaron estos elementos y su actual candidato no refleja en su mínima expresión la capacidad para enmendarlo. Así pues, por muy bien dotado que se encuentre el ejército en las carreteras, irónica y paradójicamente, la confianza sólo se restablecería de una manera diferente al que se ha propuesto hasta ahora.

Prueba de lo anterior es la carta que fue escrita al candidato Antanas Mockus Šivickas por un significativo grupo de intelectuales, entre ellos filósofos, expertos en políticas públicas y científicos sociales de todo el mundo. De hecho, se contaba con la firma del mismísimo Jürgen Habermas que, palabras más palabras menos (y me disculpan los que sí saben de filosofía), fuese como si la firmaran filósofos de talla histórica como Descartes, Kant o Hegel. Ya, los expertos del mundo, y leer bien la parte de “expertos de mundo”, sugieren que la mejor propuesta para restablecer la confianza en el país recae en el candidato verde. ¡No en la de Juan Manuel Santos!

Tomando en cuenta lo anterior, ¿cómo un propagandista como J. J. Rendón matizaría este importante hecho? ¿Será que José Obdulio Gaviria, Londoño Hoyos y Plinio Apuleyo Mendoza dirán que estos personajes han sido seducidos por el proyecto terrorista de las FARC? ¿Será que se atreverán a decir que un personaje como Jürgen Habermas está equivocado al no vitorear la propuesta guerrerista de los últimos lustros?

Curiosamente, ahora, para que la confianza vuelva a caminar por el vasto territorio nacional, ya no requerirá ir de la mano con la guerra y aquella noción de seguridad disfrazada de “custodia”, sino que querrá estar en línea con la paz; al lado de una propuesta pacífica de desarrollo como la que muchos candidatos diferentes a Juan Manuel Santos proponen. ¿Será hora de que ya se cocine una alianza nacional para ganar en segunda vuelta contra la propuesta guerrerista que tan pocos retornos ha tenido para el bienestar y la prosperidad en Colombia los últimos 8 años?

El peor enemigo de Antanas Mockus

Elecciones 2010 > Estancias > Política Por: Marsares

14 de mayo de 2010

Hace algunos días, alguien de la campaña de Juan Manuel Santos aseguraba en un programa radial que el peor enemigo de Antanas Mockus es él mismo y la cruda realidad le está dando la razón.

Cada día que pasa, cada entrevista, cada opinión del profesor Mockus muestra a un hombre abstracto y dubitativo, que comienza a gastar a manos llenas el inmenso capital político que los colombianos le entregaron

Todos tenemos derecho a equivocarnos, pero cuando esas equivocaciones son reiteradas, comienza la preocupación. ¿De verdad Mockus está preparado para gobernar un país violento y corrupto como éste o tiene razón el jubilado que lo calificó como el mejor gobernante pero para un país de ángeles?

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Mockus vs. Santos: el tablero contra la trinchera

Artículo destacado > Elecciones 2010 Por: Marsares

11 de mayo de 2010

Antanas Mockus y Juan Manuel Santos en el Foro Económico Mundial América Latina en abril de 2010

Antanas Mockus y Juan Manuel Santos en el Foro Económico Mundial en América Latina, evento realizado en Cartagena de Indias en abril de 2010 (Fotos: Edgar Alberto Domínguez Cataño para World Economic Forum, licencia Creative Commons BY-SA)

Después del alud de encuestas de las últimas semanas en las que la ola verde crecía sin parar, los partidos tradicionales se desteñían y Juan Manuel Santos se mantenía estacionado, la pregunta era obvia, ¿hasta dónde crecerían los verdes?

Se aclara el panorama

Tres encuestas, la del Centro Nacional de Consultoría, la de Datexco y la de Napoleón Franco, aunque difieren en las cifras de Juan Manuel Santos, coinciden en el caso de Antanas Mockus, mostrando el mismo 38% de hace una semana, incluyendo la última que, si bien le rebaja cuatro puntos (34%), queda dentro del margen de error que es del 3,5%.

¿La estrategia santista hizo mella en los verdes? Recuérdese que la guerra sucia en contra de Mockus arreció en los últimos días, con la aparición de vallas insultantes y mensajes en Internet como el presunto ateísmo del candidato, su “admiración” por Chávez o la intención de extraditar al presidente Uribe, que en la última de las encuestas afectó al 35% de los votantes.

Paralelo a esto, la distancia que había querido marcar el propio Santos de Álvaro Uribe, fue desechada, regresando a la figura tutelar del primer mandatario como gancho para los electores, encabezando una cuña en la que se resalta que ya que “él” no puede hablar, los colombianos lo harán por él y otra en la que un imitador de su voz llama a votar por el heredero.

Lo cierto es que haya o no dado resultado la estrategia de Santos al parecer llegó a su techo la ola verde. El frenazo de esta última semana así lo indica. Si tiene algún crecimiento de aquí al 30 de mayo será mínimo, quizás un par de puntos que lo hará bordear el 40%, o quizás descienda en el mismo porcentaje. Nada más.

Matemáticas puras

Este frenazo de Mockus, unido a un pequeño repunte de Santos, indica varias cosas. La primera es que el 30 de mayo ninguno de los dos va a llegar al 50% que señala la Constitución para ganar las elecciones en primera vuelta, y que son ellos y ninguno otro los que se enfrenten en la segunda.

Lo segundo es que la distancia entre ambos va a ser mínima. Si tenemos en cuenta el margen de error, en realidad puede estar entre el 2% y el 3%, porcentaje escaso para cantar victoria o resignarse a la derrota, indicativo de que en segunda vuelta cualquier cosa puede pasar.

En efecto, si nos atenemos a las proyecciones de los últimos años, la votación debería estar alrededor de los 15 millones, es decir, un 50% del censo electoral, pero dada la polarización de las últimas semanas, junto a la intención de voto juvenil mostrada en las redes sociales, podría subir en un 5%, es decir, situarse alrededor de los 16 millones y medio e incluso alcanzar los 17, cifra inédita en los comicios electorales colombianos.

Redondeando cifras, los dos punteros van a acaparar en proporciones similares entre 11 y 12 millones de votos, indicativo de que habrá por conquistar para la segunda vuelta, entre 4 y 5 millones de votos. Como la diferencia entre ambos es escasa, e incluso puede llegar a ser apenas de un par de cientos de miles, nada está ganado y como sucedió con Pastrana y Samper, el que gane la primera vuelta no da ninguna garantía de repetirlo en la segunda.

Ahora bien, la intención de voto para la segunda vuelta muestra a Mockus con un aproximado del 50%, es decir obtendría entre 8 y 8 millones y medio de votos, mientras Santos ajustaría sus cuentas entre 6.900.000 y algo más de 7.300.000, quedando al final una diferencia de más o menos un millón de votos, perdiéndose otro tanto en abstención o votos en blanco.

Timonazo

Si nos atenemos a las cifras de las pasadas elecciones presidenciales, los votos de Santos corresponden a la fuerza del uribismo en su más pura expresión. Este es un dato interesante. Santos habría cumplido su meta: recoger todos los votos del uribismo (la clientela, los convencidos y los manipulados) que no le alcanzarían para ganar, porque al otro lado del espectro político estarían votantes de derecha, de centro y de izquierda que, aparte de la ideología misma de cada quien, desean un cambio de rumbo.

Pero no sólo la ideología marca la diferencia. También los estratos sociales. Mockus gana en el medio y alto y tiende a igualarse en el bajo, indicativo de que cada quien siente que la seguridad democrática no es su prioridad y ahora quieren que el nuevo gobierno se centre en otros problemas que los afectan mucho más.

Los estratos bajos quieren empleo, salud y acceso a la vivienda. Los estratos medios quieren mejor educación, poner a raya la corrupción y aumentar sus ingresos. Los altos desean potenciar la competitividad del país y reactivar el comercio fronterizo, hoy reducido en el caso de Venezuela a su mínima expresión. A esto se agregan los jóvenes que quieren un país de estudio y trabajo y no de corrupción y violencia.

En resumen, muchos colombianos quieren un timonazo que no les garantiza Santos como heredero de Uribe que por su obsesión guerrerista dejó de lado los grandes temas sociales y terminó aislado en la región y en manos de la corrupción. La política de guerra contra la subversión fue el primer paso, pero no puede convertirse en el fin último y eso comienza a entenderlo el país.

Los convidados de piedra

Salvo un grave suceso de última hora que afecte a uno de los dos candidatos punteros, la tendencia se va a mantener, por lo escaso del tiempo que le impide a Santos aventajar a Mockus, o a éste desprenderse definitivamente de su competidor, no descartándose que al final los separen apenas unos 2 ó 3 puntos porcentuales, recorte posible gracias a las maquinarias, la guerra sucia y la nueva propaganda de Santos que regresa a la identificación plena con el presidente Uribe en busca de sus votos, unido a los abstractos planteamientos de Mockus que generan confusión o la idea que cunde de que no tiene un programa de gobierno.

¿Y los demás candidatos? La caída libre de Noemí Sanín y el estancamiento en el fondo de la tabla del liberalismo, Cambio Radical y el Polo indican, para infortunio de ellos, que poco y nada tienen para ofrecer a Mockus y Santos. En esto, las encuestas son muy claras.

Independientemente de lo que digan y hagan sus líderes de cara a la segunda vuelta, los votantes de estas agrupaciones ya están mirando hacia los punteros y manifiestan abiertamente su intención de votar por uno de los dos. Aparte de esto, la percepción del 39% de los votantes, simpaticen o no con Mockus, es que creen que ganará las elecciones, hasta el punto de igualar por primera vez a Santos, lo que indica la incertidumbre que reina, pues comienza a verse a Mockus como una opción real de victoria, importante a la hora del voto útil.

El veneno y el antídoto

Se teme, y con razón, que aparte de la guerra sucia (los debates no cambian la intención de voto) haya constreñimiento al elector como se vio en Bucaramanga y Villavicencio, donde fueron engañados u obligados los beneficiarios de programas gubernamentales como Familias en acción para asistir a los mítines de Santos. Son cientos de miles de potenciales votantes que pueden desequilibrar los resultados.

No obstante, la drástica sanción de la Procuraduría al gobernador del Valle es posible que se convierta en una talanquera para los políticos regionales y locales o por lo menos los obligue a actuar con mayor sigilo, lo que limitaría de algún modo sus maniobras ilícitas.

A esto se agrega, en un hecho sin precedentes, la presencia de 30.000 testigos electorales del Partido Verde que vigilarán los escrutinios, cubriendo al menos la mitad de las mesas de votación. También estarán presentes la OEA, la Misión de Observación Electoral (MOE) junto al crecimiento del voto de opinión, el escrutinio de los medios y el Internet convertido en una poderosa herramienta de denuncia.

Pero…

¿Cambiará Colombia de rumbo y la trinchera dará paso al tablero? ¿La revolución de los lápices tendrá un final feliz? En un país diferente la apuesta tendría muchas posibilidades de ganar. En Colombia, es arriesgado el pronóstico. Demasiados intereses de por medio, empezando por los actores de la violencia y el narcotráfico que infiltraron el Estado, y los propios políticos tradicionales que no quieren perder sus prebendas, oscurecen el panorama.

De todas formas, aún si los uribistas se mantienen en el poder, se vislumbra el agotamiento de la era de los mandatarios guerreristas y comienza la transición a la de los estadistas. Aún es pronto para cantar victoria, y como toda transición, restan varios años para que el futuro lo construyamos multiplicando los tableros y no fabricando los muertos.

La buena noticia es que ya empezamos.

Subiendo la marea verde pero… ¡pum! ¡Santos presidente!

Elecciones 2010 > Estancias > Política Por: Julián Rosero Navarrete

5 de mayo de 2010

El lunes se anunciaron cambios en la campaña “Santos Presidente”, lo cual nunca resultó inesperado. Al ser el candidato del oficialismo, los resultados en las últimas encuestas alertaron a los artífices de la campaña buscando mandar a la banca a quienes se encontraban a cargo y poner en primera línea a la artillería pesada; entre los nuevos cambios, se encuentra la adhesión del polémico estratega político venezolano J. J. Rendón, maestro de la propaganda negra y artífice del mass media tipo Joseph Goebbels, asunto responsable de mantener en pie el gobierno de la “Seguridad Democrática”.

Resultaba obvio que las directivas de la campaña y el mismo Juan Manuel Santos se pellizcaran con el resultado de las últimas encuestas. No dejarían que un proyecto político sin burocracia ni dinero aplastara al pánzer electoral compuesto por millones de pesos invertidos, millares de puestos y billones en subsidios a poblaciones vulnerables. Así pues, se busco “oxigenar” o más bien, “intoxicar” de elementos nuevos para que Santos logre acceder a la Casa de Nariño a toda costa. En pocas palabras, para hacerse una idea, ¡no les sorprenda que aparezca en el computador de Reyes una foto de Antanas en camuflado tomándose una “frías” con el Mono Jojoy! Y más aún, que el responsable de la presente entrada termine “arrunchado” con Nicolás Castro por “osar” escribir sobre esto.

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Sin más que decir…

Elecciones 2010 > Estancias > Política Por: Julián Rosero Navarrete

29 de abril de 2010

Una de las características del ex ministro y hoy candidato presidencial Juan Manuel Santos es su incapacidad de hablar de temas trascendentales de la política pública nacional. En los debates y en general, en su propaganda política, lo único que ha sabido enfatizar es en que “no echará para atrás”. Esto sin duda puede interpretarse de diferentes maneras; la primera y —según su discurso— la más importante es que mantendrá el esquema militarista con que se ha enfrentado a las FARC los últimos 8 años; en lo otro, podría interpretarse como seguirán gobernando los mismos, con los mismos escándalos, entre otras, para mantener su “guerra contra el terrorismo”.

Lo curioso del asunto es que, como todas las guerras, ésta no ha sido eficaz y no ha hecho relucir a algún ganador. Según un experto de la Cruz Roja Internacional, las FARC, pese a sus bajas, han mejorado su capacidad de acción. De la misma manera, los datos expuestos de manera triunfante anteayer en los que señalan que esta organización “tan sólo” cuenta con 8.000 miembros, dejan una fuerte confusión. Ahora bien, sin saber si resultó un brote de inocencia, ignorancia o las dos, la verdad es que 8.000 miembros sigue siendo un “jurgo” de gente: el M-19 tuvo en jaque varias veces al país y tan sólo contaba con unos 200 miembros, al igual que el MR-8 al Brasil en la década de 1960 y tan sólo contaba con 8 miembros. De la misma manera, trayendo otros casos, el grupo independentista vasco ETA cuenta con una cúpula activa de casi 30 miembros. ¿Cuándo identificarán estos “expertos” de las armas que en la lucha guerrillera el número es irrelevante frente a la capacidad de acción?

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El fenómeno Mockus

Elecciones 2010 > Estancias > Política Por: Marsares

28 de abril de 2010

Aparte de si se está de acuerdo o no con el proyecto Mockus, la publicidad de su campaña es creativa, original y desbordante de ideas. No es el producto de especialistas consagrados, buscados con lupa para enderezar campañas. Responde al anhelo de muchas personas que, aparte del fervor personal, ponen lo mejor de sí para plasmar en una imagen, un lema, un juego de palabras, la esperanza de un pueblo cercado por los corruptos que tiene derecho a buscar nuevos caminos.

Mockus, pues, también se convierte en un fenómeno de publicidad política, como lo fue en su momento Luis Carlos Galán, con la diferencia de que en aquella época fue una sola imagen convertida en ícono la que, espontáneamente, fue colocada en miles de ventanas para demostrar su rechazo a la politiquería. Esta vez, son muchas, quizás respondiendo al lema de la campaña Verde: “la unión hace la fuerza".

Acá una pequeña muestra de ese desborde de creatividad que airea a Colombia, como también lo hacen las ideas del equipo Verde que pretende sacar a este país de la cueva de corrupción y autoritarismo en que nos sumió la era Uribe, por fortuna dando sus últimos coletazos.

'Avanzar por caminos construidos es negarse a construir nuevos caminos'

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Cambio de valores y política tradicional

Elecciones 2010 > Estancias > Política Por: Julián Rosero Navarrete

9 de abril de 2010

El fenómeno Mockus ha sido desconcertante. Tanto que la juventud, visualizada en cuanto foro, expresión cultural e incluso en Facebook, se ha teñido de color verde y aquellos que eran apáticos hoy cargan en sus perfiles la foto del polémico líder. Es más, el desorden de los conservadores, la ausencia total del Polo Democrático Alternativo, lo opaco del liberalismo y la “estela lunática” de otros candidatos presidenciales pusieron al vencedor de la consulta verde de segundo en las encuestas. Es claro también que la adhesión de Fajardo a la campaña, con todo lo oportunista que fue, le agregó un apoyo político con el que no se contaba.

Era claro que el electorado, sobre todo el juvenil, había quedado con un mal sabor de boca por los resultados de los comicios del 14 de marzo. La avalancha de apoyos hacia Antanas Mockus responde al inconformismo de la “nueva Colombia”, inconformes con las prácticas tradicionales de hacer política que afloraron de manera terriblemente ostensible en las elecciones parlamentarias. Según una denuncia de la revista Semana, el 14 de marzo fue la fecha en la que el “mercado de votos” sobresalió, dejando en la diestra pública la poca legitimidad del próximo Congreso. Había de todo: desde la aparición mágica de votos en el formato E-14, pasando por los infaltables acuerdos de naturaleza burocrática, hasta llegar incluso a postularse como fuerza política una cuestionable lista de herederos políticos de lo reprochable.

Es más, la “renovación” que tanto necesita la corporación en mención se disfrazó de aquello que la empolva. Aparecieron nuevos barones electorales fortalecidos con todas las dádivas obtenidas tras 8 años de rodillas ante la actual administración. La renovación que tantos predicaban estuvo precedida por contratos y ríos de dinero. Incluso oportunistas e imberbes politiqueros que atrevieron a confundir a un sector del electorado juvenil con que a los contratos masivos y dinero de yo no sé dónde también se les puede llamar una “donación masiva de creatividad”.

El fenómeno Antanas promete a la nación un cambio profundo en los valores culturales y ¡vaya que era hora de plantear esta opción! En una nación en donde la corrupción política nace del ciudadano inculto, en donde se giran cheques de las campañas para complacer a quienes la jerga electorera denominó como “líder”, y en donde el trabajo político del candidato termina reducido a unos refrigerios y “atenciones”, se necesita de manera urgente un cambio cultural. Se necesita de una vez por todas que se cambie la concepción de “voto por él porque me ayudó con un puesto, ayudó a un sobrino o ayudó a un cuñado”, de la concepción de “¡Doctor, deme tanto dinero y le trabajo tantos votos!” o, en su defecto, del ajuste de cuentas absurdo, en el cual algunos juzgan el voto de opinión con un “¡qué estúpido! ¡Pudiendo irse con alguien que le podía dar algo!” Son todas estas máximas que nacen del ciudadano común, aquellas que sirven de trampolín para la politiquería, las que se deben erradicar de una vez por todas del imaginario colectivo de los colombianos.

Pese a que aún se persisten reservas frente a quienes acompañan el proyecto mockusiano, en el que algunos guardan debajo de su “cola de marrano” el oportunismo o la pésima gestión teñida de “ciudades bonitas”, es posible que en Colombia la politiquería se lleve un gran escarmiento. Si Mockus va a segunda vuelta y los sectores alternativos que han estado pasivos en la actual contienda se le adhieren, es posible que los paladines de la Seguridad Democrática pierdan su juego y suban aquellos que sí tengan propuestas loables y sensatas para frenar parte de las problemáticas que tiene Colombia.

No obstante, lo anterior, que por cierto es muy idealista, puede verse manchado de “lo mismo de siempre” si los movimientos políticos que promueven una alternativa no se depuran. No se puede hablar de “los recursos públicos son sagrados” cuando se han gastado cerca de 26.000 millones de pesos del erario distrital arreglando losas, ni juzgar las gestiones corruptas cuando de manera intempestiva se termina en matrimonio con un miembro de éstas. Se necesita más que retórica para, en serio, hablar de un cambio cultural y entablar una lucha frontal con la política tradicional.

Cabe finalizar lo anterior con lo importante que, una vez depuren sus movimientos, se constituya una alianza Mockus-Petro. Es la única fórmula que puede derrotar el continuismo que no ha dejado más que un nación resquebrajada culturalmente, una “economía de mentiras” con la tasa de inversión más baja del continente y asediada por flujos especulativos de capital, un 14% de personas desempleadas (con todo lo que se hizo en 8 años para manipular esa información) y, sin duda alguna, una contrarreforma agraria que, desafortunadamente, podría coincidir con los casi 4 millones de desplazados que deambulan por las capitales del país. La mencionada alianza depurada es el único enemigo y lo único que podría hacer tambalear, y de raíz, a la política tradicional. Ahora, ¡esperar a que suceda!



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