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Colombia - Cargada el 21.04.2014 16:43:00 COT 


Columnas

Las voces de equinoXio

Bogotá: la maldición de la no movilidad

Columnas > Economía Por: Julián Rosero Navarrete

4 dAmerica/Bogota marzo dAmerica/Bogota 2014 13:08 COT


Manifestaciones tras colapso del sistema Transmilenio, Estación General Santander (Avenida NQS), 4 de marzo de 2014 (Foto original: Sandra González Franco).

En tiempos de revocatoria, destitución y la desgracia de una posible interinidad, surge ante los ojos de los ciudadanos el eterno problema de la ciudad: la movilidad. Hace unos días, el diario El Tiempo publicó un artículo que hacía alusión a la falta de planeación de la ciudad; cómo quienes se encargaron de diseñarla, en aras de traer un falso progreso y crecimiento urbano, decidieron trazar avenidas rectas y planas como la apariencia gris y tosca que luego proyectaron, llevándose por delante monumentos y finos espacios arquitectónicos. Como enuncia el artículo, Bogotá fue demolida una y otra vez, volviéndola así la ciudad de “ensayo y error”, y llevando a erigir el leviatán urbano que es el día de hoy.

Claramente, esa fue la filosofía, el trasfondo de esta urbe: un completo caos de cemento que redundó en la imposibilidad de pensar una ciudad en crecimiento, una metrópoli, en volver habitable el conglomerado urbano más importante del país. A nadie se le ocurrió hace varias décadas que la ciudad capital, entrado el siglo XXI, iba a contar con más de 8 millones de habitantes, con una población flotante de más de 10 millones y con una densidad poblacional que, si se excluye la localidad de Sumapaz, supera los 15.000 habitantes por kilómetro cuadrado. Y fue esa miopía la que llevó a que ciertos académicos en la década de 1970, desde un prestigioso think thank que es irrelevante nombrar, propusieran gastar recursos para demostrar que no valía la pena usar fuentes del erario para construir un metro. Que el sistema existente ya era por sí eficiente y, pues, no requería tal inversión. Que se gastara esa platica en otros menesteres. Así pues, el monstruo de ciudad que se venía se quedó sin una solución estructural para el problema del transporte masivo.

Manifestantes toman vías de Transmilenio y presencia de la fuerza pública, tramo entre estación de Comuneros y estación de Ricaurte (Avenida NQS), 4 de marzo de 2014 (Fotos originales: Ángela Pérez España).

El problema del metro ha estado en el debate público desde entonces. Esta ciudad, por la cantidad de habitantes que tiene y su densidad poblacional, necesita todo un sistema integrado de transporte: metro, buses articulados, buses urbanos tipo SITP, trenes de cercanías, ciclorutas, etc. Sin embargo, a lo largo de las últimas décadas tan solo se han formulado soluciones cortoplacistas: desde la troncal de la Caracas (luego un nido de delincuencia) hasta el afamado Transmilenio (al borde siempre del colapso). Y es tal la visión de “ensayo y error” que quien impulsó el proyecto Transmilenio, con tal de entregar rápido la obra la ciudadanía, aceptó una infraestructura incompatible con los suelos de la ciudad, que llevaría a un imparable reparo de las losas que la conforman. Esto, claramente, ha costado miles de millones de pesos al erario distrital. A los bogotanos les ha costado mucho dinero esa falta de visión. Alguna vez, cuando un experto extranjero en alguno de los tantos foros que se ha hecho sobre el tema cuestionó por qué no se había encaminado todos los esfuerzos financieros en Bogotá para la construcción de un metro y un sistema integrado, algún experto del peñalosismo le respondió que un sistema así era como un Rolls Royce y pues, que solo había dinero para un “Mazdita”. La respuesta del experto redundó en que ese es el problema de los latinoamericanos: que ven la política pública en temas de mejora en movilidad como si fuera un lujo y no como la necesidad que es.

Hoy por hoy, el sistema Transmilenio sigue al borde del colapso y las soluciones alternativas aún no responden a la demanda que tiene la urbe. La ciudadanía constantemente hace manifestaciones para exponer el descontento y cada vez más surge una ciudad con una movilidad imposible. Y no es del todo culpa de los gobiernos socialistas de Petro y Lucho, ni de la mediocre visión de ciudad de Samuel o Peñalosa: es la ausencia de un pacto social, de un acuerdo último y total sobre la movilidad como algo esencial. Es culpa de la ausencia de voluntad política, no solo de los cabildantes y el ejecutivo distrital sino también de la falta de compromiso de empresarios, organizaciones ciudadanas, de la sociedad en su conjunto, para encaminar una solución estructural al problema.

Finalmente, cabe señalar que si nunca se da un pacto social por la movilidad y no se instituye la voluntad política para lograrla, como menciona el artículo antes citado, Bogotá continuaría siendo un “sueño de ciudad inconcluso”, un “juego inmemorial de piezas intercambiables” que, en comparación a las grandes urbes, no sería más que un gigante amorfo y amotriz, con millones de transeúntes que nunca se pusieron de acuerdo para enderezarla.

El ‘avivado’ estudiante promedio

Columnas Por: Julián Rosero Navarrete

10 dAmerica/Bogota enero dAmerica/Bogota 2014 14:52 COT

Hace ya varios años, el hoy exprofesor de la Universidad Javeriana Camilo Jiménez hizo pública su carta de renuncia a la docencia cuyo contenido generó un debate de suma importancia para la opinión pública colombiana: las capacidades del actual estudiante universitario promedio en Colombia. Muchos docentes, incluyendo quien escribe el presente artículo, se adhirieron a lo expresado por Jiménez, no solo por estar conscientes de la “limitación” de muchos estudiantes que tienen acceso a la educación superior, sino también, como diría el profesor César M. Gómez, de la “subordinación de la educación a una lógica neoliberal de producción”.

Retomando con la cita antes suscrita, en la actualidad, el servicio de la educación superior se mercantilizó a tal punto que pareciese ver a un alumnado en medio de cualquier rutina de shopping, adquiriendo títulos profesionales sin estar consciente del arduo proceso de aprendizaje de competencias. Claramente, eso no es culpa solo del estudiantado, sino también de muchas “universidades de garaje” al imponer la concepción del estudiante como cliente. Es un debate tan extenso que un solo escrito no es suficiente para abordarlo.

En aras de concretar el punto del presente artículo y continuando con las “prácticas de garaje”, una de las cosas nefastas que se llevan a cabo en las instituciones de educación superior es tomar lista en las clases. Esto no solo por reducir de la manera más ‘escuelera’ posible ese espacio, sino porque fomenta en el estudiante una cultura de la “obligación” frente a algo a lo que él mismo decidió acceder y para lo que invirtió tiempo y dinero. Si una persona entra a una universidad, por omisión se asume que hay disposición al aprendizaje, ya sea cumpliendo con los requerimientos académicos y/o, concomitantemente, dejando volar la curiosidad para ir más allá de los contenidos de los programas. A nadie obligan a entrar a una Universidad, pues por definición el entrar a una no es más que un proceso de libre albedrío al que pocos tienen el privilegio de acceder. Si la persona no cuenta con la dedicación o se rehúsa a destinar el tiempo necesario para responder con los requerimientos académicos y/o llegar a desbordar los contenidos programáticos, pues es mejor que no vaya a “calentar puesto”. Si no cuenta con la dedicación o se rehúsa destinarle tiempo, desista de entrar a universidad, más bien colabore para acabar con ese mercado de “universidades de garaje” o, en su defecto, no le quite el cupo en el rival sistema de educación pública colombiana a otra persona que sí tiene la disposición de aprender y asistir a clase.

¿A qué viene todo esto? Porque es inaudito el debate que se ha venido dando respecto a un accidente que tuvo una estudiante de la Universidad Jorge Tadeo Lozano. Al principio, con solo leer el titular en los diarios, da la impresión que la universidad en serio tuvo que ver en este terrible impasse. Cuando los ojos inquietos pasan de dicho titular al contenido del texto, uno se da cuenta que no era así, pues se trataba de una estudiante que no contaba con el tiempo de asistir a clase (¡vaya a saber uno por qué!) y por ello, al perder el espacio en donde el profesor explicó los procedimientos, no logró replicar de manera correcta un experimento teniendo como resultado la amputación de uno de sus miembros. Sin duda, eso que en el párrafo anterior se denominó “obligación” la indujo a que “avivadamente”, así no contara con el trasfondo técnico ofrecido por su profesor, llevara a cabo el proceso con esos terribles resultados. Lo más prudente hubiese sido que ella hubiese desistido de presentar ese experimento para aprobar la materia y aplazado verla cuando realmente contara con el tiempo, pues antes de ella habían pasado 800 estudiantes que sí lograron replicarlo gracias a tomar detenida nota y prestar atención al espacio que el docente ofreció para tal fin.

No obstante, se escuchan voces de muchos colegas en las cuales se dice que se llame lista y que si las o los estudiantes faltan a más del 20 % de las clases entonces que reprueben o que no se les permita presentar sus trabajos finales. Reitero, ¿acaso la universidad es una escuela primaria? ¿Por qué se le tiene que “rogar” al estudiante que vaya a clase y se deben emplear sistemas casi punitivos para que así sea? ¿No es ya un estudiante universitario lo suficientemente grande como para asumir sus responsabilidades y las consecuencias por la omisión de éstas?

Claramente, el argumento principal de llenar planillas de asistencia es que se debe tener el sustento documental en las facultades para poder enfrentar las quejas de los estudiantes y cosas como la de la estudiante en mención. Sin embargo, ¡eso es peor aún! Que las universidades necesiten de este tipo de pruebas documentales para defenderse de las arremetidas de los estudiantes es algo sumamente perverso. Si bajo este marco se concibe el aprendizaje de competencias, entonces nadie se debe extrañar de por qué tan solo una universidad colombiana se encuentra en el top 300 del mundo (curiosamente, institución en donde no se usan planillas de asistencia en las clases). Que se les tenga miedo a los estudiantes menoscaba por todos los frentes contra la calidad educativa, pues las universidades, por mantenerlos apaciguados, resuelven disminuirles la exigencia y la rigurosidad a los que sí quieren aprender.

En fin, tras esta breve reflexión es prudente volver a avivar el debate que inició Jiménez y que continuaron profesores como Richard Tamayo, César Mario Gómez, entre otros, con el fin de plantear soluciones a infinidad de prácticas que van en detrimento del aprendizaje universitario en Colombia.

Produciendo un cuento de hadas

Limpia - Mente Por: Johanna Pérez Vásquez

26 dAmerica/Bogota diciembre dAmerica/Bogota 2013 13:33 COT

Era lunes y era julio cuando yo tenía, al menos, tres certezas. Una: encontrar a una pareja gay que organizara bodas no sería sencillo. Dos: en caso de encontrarla necesitaría una maniobra complicada para confirmar su inclinación. Y tres: el sábado siguiente nadie me pediría que sostuviera el centenar de globos rojos que harían parte del final feliz de Yeny y Carlos.
Hoy, cuando ya no es lunes y julio es recuerdo, esas tres certezas han desaparecido.
***

La mañana del martes en que conocí a Sergio Acosta, uno de los organizadores de bodas que produce espectáculos únicos para las parejas que lo contratan, llevaba un ejemplo listo para explicarle, con delicadeza, porqué quería saber más de su mundo: tan inusual como es ver a profesores hombres dando clases a niños de pre-escolar es encontrar a un hombre que ocupándose de tareas que, en apariencia, han sido tradicionalmente femeninas.
Minutos más tarde me dijo que justamente el hecho de ser gay es su marca distintiva, porque cuando las mujeres sueñan con el día más feliz de sus vidas no sólo imaginan al príncipe azul sino que desean la magia que puede traer un hada madrina o, como ocurre en este caso, un padrino mágico.
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Todavía no son las diez y media de la mañana de un sábado de agosto cuando Sergio sube a una camioneta, en la que puede leerse Sergio Acosta ─ Event Designer, que lleva, en el platón y bajo una lona negra, las compras hechas en un supermercado que más tarde será un ejemplo exquisito del caos en la tierra.
Mientras conduce, por la ya congestionada Autopista Norte, menciona algunos de los requisitos de su negocio:
─En este trabajo uno debe saber de todo: de vinos, de comida, el maridaje es importante, de protocolo, de moda, porque las viejas y las mamás siempre le preguntan a uno “¿cómo me voy vestida?, esto ¿me va a quedar bien?”. La profesión hace que uno se vuelva experto en mil cosas.
De otras habilidades, más y menos obvias, también necesarias para tener éxito en la organización de bodas, me hablará luego, entre sillas parecidas a malvaviscos, envueltas en plástico, y bajo un techo con luces navidad y ondas de tul.
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Tan sorprendente como ver una caja de herramientas, robusta y bien dotada, haciendo parte del montaje de una boda, me resultó oír a Sergio hablando del poder de los huevos.
Quizás actualizando una costumbre, relatada por Rosa Pereda en El amor: una historia universal, que aconseja llevar huevos a las hermanas clarisas, para evitar que llueva el día de la boda, Sergio les sugiere a los novios llevar a un ancianato, y personalmente, tantos huevos como invitados hubiere a su matrimonio.
Luego, en la capilla que está a unos 150 metros del salón de recepciones, Jason, el auditor financiero con quien Sergio comparte viajes y vida desde hace más de un año, me dirá, al tiempo que prepara móviles hechos con palomas de papel y cuentas transparentes, porqué los matrimonios campestres no están de moda:
─En Bogotá tú nunca sabes cuándo va a llover, nosotros somos súper afortunados, nunca ─jamás─ nos llueve, pero es un riesgo que es mejor no correr.
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Jason y Sergio, de pie en el lugar que Yeny y Carlos ocuparán horas más tarde, frente al altar.
Los detalles que faltan para terminar la decoración de la capilla sólo serán puestos después de que otra pareja se prometa amor eterno en una ceremonia que empezará a las cuatro de la tarde, pero los preparativos que se han tejido desde el día anterior ya comienzan a tomar forma.
Sergio habla de lo lindo que está quedando todo y de sus ganas de casarse. Jason sonríe, tal vez mientras piensa que el riesgo que sí está dispuesto a correr es el dejar que Sergio tome todas las decisiones de la organización de su matrimonio. Jason sólo quiere vivir la ceremonia de bendición de argollas y disfrutar la celebración, como lo han planeado desde hace meses, cuando aún no había pasado un año desde el día en que se conocieron.
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A las tres de la tarde la magia de los árboles, que sostienen velas apagadas, y la del puente, sobre el que se colgarán globos de luz, se ve amenazada.
La organizadora de bodas, que está a cargo del otro salón que tiene la hacienda donde se casarán Yeny y Carlos, se ha llevado la escalera que estaba siendo usada para varias tareas del montaje. Un mesero va a pedirle que regrese la herramienta, pero la mujer no cede y responde “la cogí y ¿qué?”. Cuando Sergio se entera de la situación su escaso mal humor se enciende y deja ver la faceta de madre protectora que también usó a la hora del almuerzo, para convocar a todo su personal.
Más tarde la escalera volverá al territorio conocido, pero luego surgirá otra crisis que ahora nadie sospecha.
***

Los jeans, las camisetas y los aretes llamativos han sido reemplazados por ropa formal, oscura, y por joyas silenciosas. Las mesas del salón, los muebles para coctel y la constelación de accesorios que los complementan posan impecables frente a las cámaras de los meseros, de los floristas, de los luminotécnicos y de los fotógrafos profesionales.
El pastel, que en su único tercio comestible sostiene a una pareja de novios de madera, exhibe collares de fantasía en medio de una mesa cubierta con pétalos de rosas, mientras ve llegar a los postres traídos de un lugar frío y encerrado.
Una maleta con aire vintage, que Sergio siempre lleva a los eventos que organiza, y que fue usada por sus papás en su luna de miel, ahora está en el baño de mujeres, sosteniendo los zapatos de caucho que más tarde usarán las invitadas cuando necesiten descansar de los tacones. A centímetros de ella, una canasta discreta y una caja transparente guardan parte del inventario dispuesto para atender emergencias estéticas y estomacales.
***

Hacia las cinco y media de la tarde estoy al lado de Wilbur, el asistente principal de Sergio, esperando que los invitados y los ─ya─ esposos del otro matrimonio comiencen su celebración. Entre el séquito una mujer que tiene encima el brillo de las lentejuelas atrae la atención de Wilbur:
─¡Divino ese vestido!
Tal vez le recuerde, a este Licenciado en Educación Física, los que sus compañeras usaban cuando bailaba en el ballet Tierra Colombiana.
Los aplausos y las sonrisas siguen. La jefe de las aseadoras de la hacienda, que también está con nosotros, propone entrar a la capilla por la puerta trasera, para terminar la decoración.
Corremos con discreción, entramos y seguimos con los preparativos. Cierro la entrada principal mientras sigue el festejo de los esposos nuevos. Una aspiradora, también nueva, comienza a tragar pétalos amarillos.
Acomodo una especie de velas largas y huecas al lado de las bancas mientras Wilbur riega pétalos blancos a lado y lado de la alfombra roja. Llegan los encargados de las luces para instalar reflectores con filtros rosa y violeta. Uno de ellos hace templar la base metálica, escondida entre flores, que sostiene un farol blanco.
Llegan los amigos y los familiares más puntuales de Carlos y Yeny. Y entre ellos, ella.
***

La mamá de la novia, luego de ver el resultado, casi definitivo, del trabajo de más de setenta personas, dirá “¡¿eso era todo?!”, ejerciendo el poder de quien pagó para que su hija viviera un cuento de hadas.
La misma mujer inventará otra tarea de última hora para el personal de Sergio: poner más velas en las mesas del salón y en el puente sobre el estanque.
La orden se cumplirá mientras se alistan los juegos pirotécnicos y se desea en voz alta diciendo: “me voy a casar y le voy a decir al jefe que me haga el matrimonio”.
***

Hay lujos que un organizador de bodas puede darse, por ejemplo probar, bien entrada la fiesta, los cocteles con los que se embriagan los invitados, pero hay otros que están prohibidos, como dejar pasar mucho tiempo sin lucir una sonrisa en frente de quienes lo contratan.
Sergio, intentando olvidar la tensión extra que acaba de aparecer, vuelve a enfocarse en los protagonistas indiscutibles de la noche.
Antes de que comience la ceremonia religiosa le dice a Carlos que cuando vea a la novia debe besarla en la mejilla y no en la boca, poco después corre con Wilbur hasta donde está Yeny ─cien metros más allá─ para arreglarle el velo y para asegurarse de que el vestido, inmaculado, no se lastime al cerrar la puerta del carro que la llevará hasta la capilla.
***

Pasadas las siete de la noche y antes de que los novios esposos den sus primeros pasos, como pareja solemne y reconocida, me convierto, sin intentarlo, en la responsable de uno de los actos que le darán un carácter inolvidable a las escenas siguientes.
Diego, auditor jurídico, amigo de Sergio y de Jason, que es feliz organizando bodas, porque le dan espacio para “explotar ese lado gay que no puedo explotar en mi trabajo” en una empresa del gobierno, me pide que sostenga dos racimos de globos rojos mientras va a un lugar donde lo necesitan más.
Al regresar no sólo no se los devuelvo sino que tengo que oír a Sergio apurando para que los desprendan uno por uno para dárselos a las personas que llenan la capilla, antes de que Carlos y Yeny le den la espalda al cura, pues serán sorpresa y preámbulo del número de fuego que más tarde se verá en el cielo.
Y ahora que escribo, después de haber sentido los ruidos de la fiesta, las voces, el tintineo de las cucharas, la risa y el olor de la hierba, de alguna manera dentro de mí, usando palabras de Katherine Mansfield en Fiesta en el jardín, me pregunto si también hubo globos rojos en esa boda planeada en Suiza de la que Sergio, Diego y Diana, otra cliente de Sergio, me hablaron en ocasiones distintas.
***

Hace unos meses, cuando Diego llegó del trabajo se encontró con una situación inesperada.
En la sala del apartamento, que Sergio, Jason y Diego comparten, estaba Sergio ─que también usa ese lugar como sede de su negocio─ atendiendo a una pareja que hacía poco se había casado. La mujer, llorando, fue hasta donde Diego para abrazarlo y agradecerle el trabajo que habían hecho él y todos los demás, convencida de que sin su esfuerzo su boda no habría sido perfecta.
Era la misma mujer que semanas atrás había asumido todos los trámites necesarios para que Sergio fuera a pasar cuatro días en Suiza, planeando el sueño que luego se cristalizaría en Bogotá.
***

Son más de las ocho cuando los amigos y familiares de Yeny y Carlos, disfrutan el coctel y se relajan antes de oír los discursos del papá de la novia y del padrino, que con su final marcarán el comienzo de la celebración más alegre.
Jason aprovecha el momento para asegurarse de que todo vaya bien y ─sospecho─ para darles los datos de Sergio a las parejas que ya sienten antojo de casarse.
Al mismo tiempo los novios comen de pie al frente de la capilla, mientras reciben la atención de tres fotógrafos que miden la luz y ensayan composiciones, esperando el momento de empezar una sesión de fotos que poco podrá envidiarle a las protagonizadas por modelos profesionales.
Si bien Carlos difícilmente podría haber inspirado los rasgos del novio de Barbie, el escenario inundado de luz y plantas naturales motiva los saltos y los lanzamientos de velo que Sergio dirige para que los recuerdos inmortales transmitan la diversión y el encanto de esta noche.
***

Sergio, Jason, Wilbur y Diego utilizan sus modales más regios para llevar a todos hasta sus lugares, pero cuando las mesas se llenan todavía hay personas de pie.
A pesar de las incontables llamadas hechas por Wilbur para confirmar la lista de invitados, nadie pudo pronosticar la llegada de indecisos o despistados, por lo que un mesero debe llevar al salón más sillas de plástico transparente para atenderlos.
Una vez se ha controlado el último imprevisto la mayor actividad, durante un rato largo, se dará a en las sombras, como cuando Wilbur nos haga reír, improvisando brevemente la coreografía para una canción popular.
***

Hacia la una de la mañana Diego chatea con intermitencia, usando su teléfono; Jason intenta vencer al sueño mientras mira fotos de un hombre atractivísimo, en su cuenta de Facebook, también usando su teléfono; Wilbur pide a los invitados que dejen escritos mensajes con deseos buenos para los esposos nuevos, y Sergio se acerca al escenario para hablar durante las rifas del ramo y de la liga.
Las solteras rodean una pista de baile, armada con módulos de luces LED. En ella una ruleta animada por computador elige a la ganadora, que recibe un ramo distinto del que usó Yeny. El de la afortunada no tiene ni alfileres con topes que simulan gemas, declarando con esas ausencias quién es la dueña de la fantasía.
***

Son más de las dos de la mañana cuando la magia comienza a ser desmantelada.
Los platos, los cubiertos y las copas del brindis duermen en sus cajas, mientras Sergio escucha, junto a Jason, las quejas de un mesero y se asegura de que haya suficientes conductores sobrios.
Posiblemente a esa misma hora una pareja decide que ya es cuando, que es necesario comprometerse más, y para conseguirlo contratará a Sergio, que si tiene suerte comenzará el montaje de esa boda tras haber dormido ocho horas, y no sólo hora y media, como ha ocurrido en sus fines de semana más exitosos, en los que ha tenido que comenzar con los preparativos de una boda después de apenas haber desempacado los artificios de otra.

Fotos de esta crónica https://drive.google.com/file/d/0B-GpwHmV_gICMWl4eldHTkpsV0U/edit?usp=sharing

Los deportistas del año y el fiasco de 2013

Columnas > Con los taches arriba Por: Rafa XIII

2 dAmerica/Bogota diciembre dAmerica/Bogota 2013 21:17 COT

Nunca antes había sido tan fácil, y a la vez tan difícil escoger a los personajes más destacados del deporte colombiano en los doce meses que están a punto de terminar. Fácil, porque, afortunadamente, los triunfos y logros de los deportistas colombianos fueron muchos, demasiados, y en casi todas las disciplinas en las que hubo un participante nacido en esta tierra la bandera colombiana estuvo siempre en los lugares de honor. Y difícil, porque además de cantidad, hubo calidad en las victorias de los nuestros, de modo que fue un partidero de cabeza el tener que ponderar a uno en detrimento del otro, sin caer en la injusticia.

Con base en el criterio de importancia del evento que otorgó el título, la dificultad en la obtención del mismo y la popularidad del deporte practicado por el ganador, el siguiente, en nuestro concepto, es el podio de los mejores deportistas de 2013.

1. Caterine Ibargüen, la nueva Negra grande de Colombia

Koneva, Ibargüen y Saladuha

Sin duda, ella fue una de las revelaciones del XIV Campeonato Mundial de Atletismo Moscú 2013. La longilínea saltadora nacida en Apartadó, Antioquia, ya había dado muestras de lo que era capaz, durante su participación en el Suramericano de Atletismo Buenos Aires 2011, donde ganó el oro; en los Panamericanos de Guadalajara, en los que consiguió el mismo metal; y en los Olímpicos de Londres 2012, que la vieron alzarse con la presea plateada. Su consagración definitiva se dio en el foso de arena del triple salto en la capital rusa. A medida que fue superando las fases preliminares, su favoritismo fue creciendo, y en la final apenas si tuvo resistencia de parte de sus más fuertes rivales, la local Ekaterina Koneva —quien perdió la opción de vencer a nuestra compatriota al fallar en el salto definitivo— y la ucraniana Olha Saladuha. De todas maneras, este trío de atletas hizo el uno, dos, tres en la modalidad de salto triple.

Por si esto fuera poco, luego vino su espectacular actuación en la Liga de Diamante, certamen compuesto por un circuito de 14 competencias atléticas celebradas en diferentes ciudades del mundo, en las que Ibargüen acumuló un puntaje suficiente para doblar el obtenido por Saladuha (28 contra 11) y ratificarse como la reina indiscutible del salto triple femenino en 2013.

2. Rigoberto Urán y Nairo Quintana

Urán

No fueron campeones absolutos de la clasificación general, pero se lograron parar en la foto final del podio de dos de las tres competiciones más importantes del mundo en cuanto a ciclismo de ruta se refiere. Urán fue subcampeón del Giro de Italia, primer colombiano que alcanza semejante posición y, además, primer pedalista latinoamericano en subirse al podio en toda la historia de esa carrera. El antioqueño, en opinión de los expertos, pudo haber sido incluso campeón si no hubiera desperdiciado tiempo valioso como gregario del líder del equipo Sky Procycling, el corredor británico Bradley Wiggins, que venía de ganar el Tour de Francia de 2012 y era el campeón reinante tanto a nivel olímpico como del mundial de ruta: Wiggins tuvo que retirarse prematuramente de la competencia en la duodécima etapa, cuando el tiempo perdido por Urán en favor suyo era demasiado. Sin embargo, el esfuerzo del ciclista antioqueño se vio reflejado en una victoria en el décimo tramo, entre Cordenons y Altopiano del Montasio. Con todo, el campeón, Vincenzo Nibali, lo superó por algo más de cuatro minutos en la clasificación general final.

Quintana

Nairo Quintana, por su parte, volvió a poner el tricolor nacional en los Campos Elíseos de París, esta vez en la segunda posición del Tour de Francia, superando el tercer puesto de Fabio Parra, en 1988. El menudo pedalista boyacense recuperó también para Colombia la mítica camiseta blanca de pepas rojas que distingue al campeón de los premios de montaña y, de contera, consiguió también la casaca blanca que lo acredita como el mejor corredor novato de la competencia francesa en 2013. A Quintana también le pasó lo que a Urán: empezó como gregario y terminó como líder de su equipo, en este caso, ante el mal desempeño de Alejandro Valverde, la figura máxima hasta la etapa 13 del equipo Movistar. Cuando Valverde quedó sin opción de título, mucho antes de terminar la carrera, se hizo evidente que el sacrificio de Quintana había sido en vano, y que aquellos preciosos minutos y segundos perdidos bien podrían haber significado no un segundo lugar para Nairo sino el título. El bonus track de su actuación fue su primer lugar en la vigésima etapa, entre Annecy y Mont Semnoz, el 20 de julio. En la clasificación general, a Quintana también le ganó un británico, Christopher Froome, sacándole apenas cuatro minutos y fracción.

3. La selección Colombia de José Pékerman

Falcao

Lo logró él. Lo lograron los jugadores. Lo logramos los casi 50 millones de colombianos que hicimos fuerza hasta el punto de la hernia en aquel dramático partido frente a Chile, el 11 de octubre, que nuestro equipo nacional perdía por 0-3 al término del primer tiempo. Parecían hacerse realidad los peores vaticinios de los pesimistas, y que otra vez íbamos a llegar a la última fecha dependiendo no sólo de un triunfo en Defensores del Chaco contra Paraguay sino de que no hubiera ningún resultado amañado en Montevideo, como había pasado en las eliminatorias para los mundiales de 2002 y 2006. Pero algo grandioso tuvo lugar en ese camerino durante el intermedio. Tal vez nunca sepamos lo que Pékerman les dijo a sus dirigidos, pero lo que sea que haya pasado en el vestuario del Metropolitano, amén de los cambios dispuestos por el entrenador argentino al servicio de la Federación Colombiana de Fútbol, ocasionó que el equipo saliera en la segunda parte con una disposición completamente distinta. Se produjo algo más allá de lo táctico. Fue una remontada con base en lo testicular. Los tres goles, de Teófilo Gutiérrez y Falcao García, combinados con la victoria de Ecuador en Quito contra Uruguay, nos dejaron automáticamente clasificados a Brasil 2014 y acabaron con más de una década y media de sequía mundialista.

El éxito del trabajo de José Néstor Pékerman pasa no solamente por el esquema propuesto dentro del terreno de juego, sino, sobre todo, por el trabajo mental. Como lo señalamos en su momento, el técnico rioplatense puso a pensar a sus jugadores de otra manera. Los convenció de sus capacidades y potenció sus virtudes. Les hizo ver sus defectos, pero a la vez les hizo caer en cuenta de que sus rivales también los tenían y que era en esas debilidades de los oponentes en donde más se tenía que atacar para hacerles daño. Los números de la selección Colombia al mando de Pékerman son contundentes: de los 30 puntos sumados al final por el cuadro cafetero, en los trece compromisos de eliminatoria que él dirigió se obtuvieron 26 unidades, luego de ocho triunfos, dos empates y tres derrotas (Leonel Álvarez ganó un partido, empató uno y perdió otro).

Por fin los menores de veintitantos años sabrán lo que es ver la camiseta colombiana (a pesar del horrible diseño que se inventaron los genios de Adidas) en un campeonato mundial de fútbol, y los que llevamos más años a cuestas tendremos la oportunidad de cambiar el magnífico recuerdo del empate in extremis con Alemania en Italia 90 por la imagen de una meritoria actuación del seleccionado tricolor, ojalá llegando a instancias avanzadas del torneo, como los cuartos de final, e incluso más. Colombia tiene los hombres, los nombres y el Director Técnico (así, con mayúscula) para ser protagonista en las canchas brasileñas.

El fiasco

Viera

Así como hubo ganadores, también los fracasos fueron bastante notorios, y uno de los más sonados fue el del América de Cali, que por segundo año consecutivo vio frustrado su intento de regresar a la primera división del fútbol profesional colombiano.

Hay que separar dos cosas: lo institucional y lo deportivo. Si miramos la gestión empresarial, lo conseguido por el presidente escarlata, Oreste Sangiovanni, es memorable. Luego de 16 años de ostracismo, el equipo de los Diablos Rojos salió de la tristemente célebre “Lista Clinton”, que tuvo maniatada a la Corporación Deportiva América durante todo ese tiempo, privándola de contar con las relaciones comerciales fundamentales para que el desempeño de la empresa fuera el adecuado. Con bombos y platillos se hizo el anuncio oficial, y las cosas empezaron a mejorar paulatinamente para la naciente América S. A., pues se firmó un contrato con la multinacional Adidas para que se hiciera cargo de la elaboración de la indumentaria del plantel durante los próximos cuatro años. También se acordó que Bavaria estuviera patrocinando la camiseta por lo que restaba de 2013, con posibilidad de extender dicho patrocinio si el equipo ascendía a la Primera A.

El panorama deportivo fue todo lo contrario. La nómina, según lo sostenido por los directivos, fue escogida por el propio técnico Diego Edison Umaña, pero fue muy inferior en cantidad, en calidad, y más que todo, en el rendimiento alcanzado, en comparación con la de 2012. Recapitulando, el equipo de Eduardo Lara, el año pasado, ganó el primer torneo y peleó el ascenso hasta el último momento, pues jugó la finalísima del año (que perdió por penales ante Alianza Petrolera) y luego cayó en el repechaje de la promoción ante el Cúcuta por diferencia de gol, con un global de 3-5 que favoreció al cuadro rojinegro. América 2012 acumuló 103 puntos (sumando el partido que ganó en la promoción) y contabilizó 92 goles, récord absoluto para la categoría. El América 2013 no clasificó a ninguna de las dos finales semestrales, y perdió la opción de clasificar a la promoción por reclasificación ganando un partido que le convenía perder. A pesar de los 87 puntos obtenidos, se quedó sin nada.

Salvo el portero uruguayo Alexis Viera, el relevo de jugadores debe ser total, pues quedó comprobado que ni los experimentados (Tavima, Hurtado, Arzuaga, Núñez y Arango), ni los jóvenes (Rivera, Cardoza, Ortiz, Peralta, García, Martínez y un largo etcétera), ni los brasileños de poca monta (Junior Paraiba, Wander Luiz y Flavio Carvalho —que dejó el equipo por amenazas de la hinchada—) se logró el objetivo de volver. La confirmación de la salida de Umaña, tras este rotundo fracaso, deja sembradas muchas dudas acerca de lo que será América en 2014, su tercera temporada en la segunda división, a la que siguen cayendo los equipos tradicionales de la A, como le tocó ahora al Deportes Quindío. Lo más grave es que la máxima categoría de nuestro campeonato se está peruanizando, porque llegará inevitablemente un nuevo equipo de la B (el ganador de la final entre Autónoma o Fortaleza) y si el Cúcuta Deportivo pierde la promoción contra el perdedor de esa finalísima, serán diez los conjuntos de segunda que llegan a primera y se quedan. Con antelación ya lo han hecho Equidad, Deportivo Pasto, Chicó, Patriotas, Alianza Petrolera, Envigado, Itagüí y Atlético Huila.

Llegó la hora

Columnas > Con los taches arriba Por: Rafa XIII

8 dAmerica/Bogota octubre dAmerica/Bogota 2013 8:54 COT

Pékerman

So pena de parecer un economista, dado que los que ejercen como tales son famosos por pronosticar qué va a suceder en el mundo de las finanzas para luego tener que salir a explicar por qué no pasó lo que ellos mismos vaticinaron, es tiempo de ver cómo Colombia ratificará de una vez por todas su participación en Brasil 2014.

Decíamos en la columna anterior que Colombia, con 23 puntos, estaba a una victoria de asegurar un cupo directo al Mundial del próximo año, en el doblete ante Ecuador y Uruguay. Pues bien, a pesar de la victoria ante los ecuatorianos y las 26 unidades alcanzadas, hubo una serie de marcadores en los otros partidos que solamente le permitieron al cuadro tricolor tener garantizado el cupo al repechaje. ¿Por qué no se logró el cupo directo en septiembre? Porque aquel viernes Chile le ganó por goleada a Venezuela (necesitábamos que empataran) y Uruguay derrotó a Perú (debían ganar los peruanos). De contera, el martes siguiente, perdimos contra los uruguayos, Bolivia empató con Ecuador (tenía que ganarle) y Venezuela venció a Perú (a Colombia le servía que empataran). No se dio ninguno de los resultados que le convenían a nuestra selección. Quedó haciendo falta un punto para no ocupar la quinta casilla, que obliga a jugar una serie extra de ida y vuelta contra Jordania.

No hay motivo para alarmarse, ni tampoco para entregarse al triunfalismo. En cualquier caso, como colombianos debemos estar ya curados de espantos, al recordar que clubes y selecciones representantes de este pedazo de tierra han perdido copas en el último minuto de la prórroga de un tercer partido, o han recibido nueve goles en un preolímpico cuando se podían encajar hasta ocho tantos en contra sin quedar eliminados. Estamos en Colombia, el lugar en donde ocurren cosas que no pasan en ninguna otra parte del planeta.

En esta última dupla de partidos nos esperan Chile —que también necesita un punto ante nuestro equipo o contra Ecuador, para escapar del quinto puesto— y Paraguay, completamente eliminado. La última vez que se les ganó a los australes en territorio colombiano fue en Bogotá, para la eliminatoria a Japón-Corea 2002, hace la friolera de DOCE años, con goles de Freddy Totono Grisales, Juan Pablo Ángel y Jersson González. Con esos tres puntos obtenidos, Colombia llegó vivo al juego en Defensores del Chaco, ganó y goleó a Paraguay, pero todos sabemos lo que pasó de manera simultánea en el partido entre Uruguay y Argentina, con aquel sospechoso empate a uno entre hermanitos.

Las dos rondas clasificatorias siguientes no nos traen buenos recuerdos. Rumbo a Alemania 2006, el combinado cafetero venía herido de muerte tras perder 2-3 contra Uruguay. Un lánguido empate 1-1 ante Chile en Barranquilla, el 8 de octubre de 2005, nos dejó conectados a respiración artificial. De nada sirvió el triunfo 1-0 en Paraguay porque, a la misma hora, Argentina “perdía” por la mínima diferencia ante Uruguay. Para Sudáfrica 2010, un 3-1 contra los charrúas obligaba a Colombia a ganarle a Chile en Medellín, para tener alguna opción matemática en el último partido en tierras guaraníes. El 10 de octubre de 2009, perdimos 2-4, con baile y pintada de cara de parte de los dirigidos por Marcelo Bielsa. Eliminada, Colombia ganó otra vez en Paraguay y, ¡oh, sorpresa!, ahí sí ganó Argentina en Montevideo, ante un Uruguay clasificado de antemano.

Al margen de los tongos, esas tres selecciones Colombia que fracasaron en su intento de ir a un mundial merecieron la eliminación por su falta de jerarquía, cosa que le sobra al onceno de Pékerman, que ha ganado, gustado y goleado, pero también ha empatado y perdido, sabiendo manejar siempre cualquiera de esos resultados. Nos falta un punto de seis posibles para quedar por encima del quinto puesto y evitar jugar el repechaje, y de seguro que el técnico argentino al mando de nuestro equipo irá por los dos triunfos, no solo porque le ha imprimido al seleccionado una mentalidad ambiciosa, que no se conforma con hacer el menor esfuerzo para conseguir lo que se necesita, sino porque además la FIFA informó hace unos días que el ranking al término de las presentes eliminatorias determinará quiénes serán las cabezas de serie en Brasil 2014, siendo el local una de ellas y las otras siete plazas se asignarán por la ubicación en dicho escalafón, en el que Colombia está actualmente en la quinta casilla, lo cual, de carambola, también garantizará que los suramericanos, excepto Ecuador, queden de entrada sembrados en grupos diferentes.

La única baja importante en la convocatoria de Pékerman la constituye Camilo Zúñiga, lesionado a última hora y reemplazado de emergencia por Santiago Arias, del PSV Eindhoven, de Holanda. Sin embargo, no es de extrañarse que el DT nacional, en vez de improvisar como lateral derecho a un debutante absoluto en la de mayores como Arias, luego de la no muy afortunada experiencia con Stefan Medina en Montevideo, más bien se decida por el experimentado Luis Amaranto Perea, central natural, pero que ha ejercido por las bandas cuando ha sido necesario. Por otra parte, vuelve Armero, que tuvo que ser suplido por el ahora ausente Zúñiga en la franja izquierda, con la desventaja de quedar con la cancha cambiada al no tener perfil zurdo. Sabemos que es mucho pedir que en el medio creativo jueguen al mismo tiempo James Rodríguez y Juan Fernando Quintero, porque no solamente saben con la pelota y la entregan a los atacantes en el lugar y momento adecuados, sino que también ellos mismos llegan a zona de remate y tienen precisión en los tiros libres. Arriba, a diferencia de la jornada anterior, Falcao está en plenitud de condiciones.

Faltan 180 minutos para volver a un campeonato mundial de fútbol. Sin lugar a dudas, allí estaremos, y tenemos hombres y nombres para dar de qué hablar en Brasil.

El día D

Columnas > Con los taches arriba Por: Rafa XIII

5 dAmerica/Bogota septiembre dAmerica/Bogota 2013 15:53 COT

Pékerman

Llegó el momento decisivo en la historia de la selección colombiana de fútbol, al mando de José Néstor Pékerman. Colombia, con 23 puntos, está a una victoria de asegurar un cupo directo al Mundial Brasil 2014, en los partidos a disputar frente a Ecuador como local y Uruguay de visitante.

En concepto de este servidor, ya está asegurada por lo menos la casilla -quinta- para disputar el repechaje contra un equipo asiático (Uzbekistán o Jordania), porque al mirar el antecedente de las tres eliminatorias anteriores, el equipo que disputó la repesca (que en todos los casos fue Uruguay) llegó a esa instancia con 27, 25 y 24 unidades, en las rondas clasificatorias a los campeonatos de 2002, 2006 y 2010, respectivamente, sobre la base de 18 partidos disputados. En esta ocasión, debido a la no participación de Brasil en el torneo previo —porque tiene cupo automáticamente por ser el anfitrión—, cada selección jugará solamente 16 encuentros, con lo que el umbral de puntos se reduce de 54 a 48, en el improbable caso de que alguno de los combinados ganara todos sus partidos. Siguiendo esta misma lógica, si jugando 18 partidos, el quinto fue a la serie extra con un máximo de 27 y un mínimo de 24, siendo 16 los juegos, en este momento al quinto —coincidencialmente es Uruguay— que tiene 16 puntos, le bastaría ganar un partido y empatar otro para quedar con 20 y garantizar repechaje.

A diferencia de otras eliminatorias, la tricolor colombiana no tiene la angustia de obtener resultados propios y esperar marcadores ajenos para mantener alguna esperanza de seguir con vida. Sin embargo, es bueno señalar que le convendría sobremanera que, amén de ganarle a Ecuador en Barranquilla, perdiera Chile con Venezuela en Santiago, y Uruguay no venciera a Perú en Lima. Con esos resultados ya no habría ninguna posibilidad de que el cuadro cafetero se quedara por fuera del mundial, aunque perdiera los partidos restantes y los demás los ganaran. Ecuador haría 30, Chile 27 (descansa en la fecha del martes), Uruguay 26 (si empata el viernes), Perú 26 y Venezuela 25 (descansa en la última fecha), y, en todo caso, sería imposible que todos lo lograran a la vez, pues juegan entre sí.

La ilusión colombiana se basa en derrotar a los ecuatorianos, pero eso no hay que darlo por descontado, porque el once dirigido por Reinaldo Rueda también tiene sus cuentas y posibilidades intactas, aunque juega en su contra el hecho de que de los cuatro partidos que le quedan, solamente disputará uno como local frente a Uruguay, en tanto que actuará a domicilio en Barranquilla, La Paz y Santiago. Dentro de los factores extra deportivos, hay que ver hasta dónde puede influir en el ánimo del equipo la muerte de Christian Benítez, una de las figuras del seleccionado de la mitad del mundo. De nuestra parte, es indudable que Colombia es una con Radamel Falcao García y otra sin él. El esguince de tobillo que sufrió con el Mónaco lo incapacitó inesperadamente para pisar la cancha en este doblete futbolero. Lo más seguro es que Pékerman no lo ponga, y aunque esté medianamente en condiciones de jugar, es mejor no arriesgarlo. En cualquier caso, es conveniente para Pékerman y sus jugadores afrontar situaciones de partido sin Falcao. Para eso están Teófilo Gutiérrez, Jackson Martínez, Carlos Bacca y hasta James Rodríguez o Juan Fernando Quintero, estos dos últimos como alternativas interesantes para llegar desde el medio. Los tres puntos en el Metropolitano hay que ganarlos, con Falcao o sin Falcao, jugando bien o mal.

¿Por qué es tan importante ganarle en Barranquilla a Ecuador? Porque de no hacerlo, va a ser mucho más difícil sacar el resultado en Montevideo contra Uruguay, el martes. Primero, porque los charrúas tienen sed de revancha de lo sucedido en el encuentro de ida, que fue catastrófico para ellos, no solo por el apabullante 4-0, sino por la forma como el conjunto celeste se fundió víctima del calor y la humedad del Caribe colombiano. Y segundo, porque al ver las dos eliminatorias anteriores, este fue el punto preciso en el que las otras selecciones Colombia —la de Rueda y la de Lara- se quebraron, pues ambas perdieron en el estadio Centenario, 3-2 para Alemania 2006, y 3-1 para Sudáfrica 2010. Moribundas, volvieron luego a enfrentar como locales a Chile, y ahí lloramos todos las dos eliminaciones con un lánguido empate 1-1 en Barranquilla para 2006, y un humillante 2-4 en Medellín para 2010.

No hay necesidad de caer en el pesimismo, porque hay fútbol —y de sobra— para clasificar. Pero siempre debemos mantener los pies en la tierra, ganando o perdiendo. Si Colombia clasifica de una vez en este doblete al mundial, los partidos restantes servirán para consolidar el grupo de jugadores y probar variantes. Si el suspenso se prolonga, quedarán aún seis puntos contra Chile y Paraguay.

Fechas 15 y 16, eliminatorias sudamericanas a Brasil 2014

(Hora de Colombia, transmisión por Caracol TV)

viernes 6 de septiembre de 2013
15:30 Colombia-Ecuador
17:30 Paraguay-Bolivia
19:30 Chile-Venezuela
21:30 Perú-Uruguay

martes 10 de septiembre de 2013
15:00 Bolivia-Ecuador
17:00 Uruguay-Colombia
18:55 Venezuela-Perú
20:40 Paraguay-Argentina

Noticias del cómic nacional

Columnas > Cómic en serio Por: Doctor Comic

31 dAmerica/Bogota julio dAmerica/Bogota 2013 0:02 COT

Luego de una larguísima ausencia, heme aquí de nuevo para traer a los lectores (¡si es que me queda alguno!) la primicia de un grande y grandilocuente proyecto que se viene gestando hace tiempo para renovar el género de la historieta en Colombia.

Desde hace un poco más de un año, cierto personaje de la vida nacional se ha dado a la tarea de catapultar una historieta diferente y no se han escatimado gastos del erario en hacer un lanzamiento con todas las de la ley.

Este proyecto fue conocido por quien escribe gracias a una infiltración en las altas esferas y lo que se presenta a continuación es tan solo una muestra de lo que se viene en cuestión de cómic en nuestro país… una propuesta original, dinámica, que abarca no solo el cómic impreso sino que se lanzará a la par de una película basada en el personaje, todo esto con el fin de competir codo a codo con las grandes superproducciones de cómics que se hacen en Hollywood.

Agárrense de la silla porque esto está buenísimo. Presento a continuación a:

Santo(s), el enmascarado de plata

Santos

Desde su concepción estética podemos entrever un nuevo paradigma en lo que a narrativa gráfica se refiere: un personaje conocido en una faceta superheroica que emprende en solitario, cosa que sorprende pues en la vida real necesitaría 20 o 30 asesores para tomar alguna decisión.

Santos

Las aventuras de Santo(s) transcurren en universos imposibles, donde se enfrenta a toda suerte de peligros y combate las maléficas fuerzas de la realidad que se empeñan en desfigurar la fantasía y el surrealismo en los que está sumergido el personaje. Es el héroe clásico que NUNCA pierde y que siempre sostiene una sonrisa perenne incluso en las más duras situaciones. Prueba de ello es la historieta número 3 en la que Santo(s) ve desaparecer una porción del territorio nacional y pese a ello se mantiene alegre y positivo.

Santos

Pero nada detendrá a Santo(s) en su impetuosa y presuntuosa carrera por mantener una imagen, si bien es un ídolo de papel. Se evidencia en la misma filosofía del personaje, el respeto y compromiso por las causas nobles. Sin ir más lejos, ¡todas las revistas están impresas en papel higiénico y usado!, lo que demuestra lo lejos que llega el compromiso del héroe por la ecología y el reciclaje.

Leer a Santo(s) se convierte entonces en toda una experiencia escatológica que puede ser algo nauseabunda y hedionda al principio, pero que un lector promedio podrá ir superando al paso de unos tres o cuatro años de resistencia, tolerancia y algo de resignación, vale agregar.

Sin embargo, Santo(s) no solo se quedará en el papel (higiénico y usado): para el año 2014 está previsto el estreno de su primera película. Una creación alucinante que solo podía ser encomendada al genio cinematográfico colombiano Harold Trompetero, con guiones del brillante narrador Dago García y la excelsa banda sonora que contará con los excelentes artistas J Balvin, Maluma, Andrés Cabas y Andrés Cepeda.

Santos

El reparto de la película es todavía un misterio. Los sitios web de este gran proyecto solo arrojan esporádica información, pero todo indica que el villano será encarnado por el genial y versátil Juan Pablo Raba, mientras que el rol del patiño de Santo(s) parece que recaerá en el magnífico actor Sebastián Martínez.

Entre las chicas que acompañarán a Santo(s) se barajan los nombres de las sensuales Negra Candela y Yolanda Ruiz, quienes dejarán por un tiempo sus ¿carreras? periodísticas y acompañarán a su ídolo en este arriesgado proyecto.

En fin, todo un despliegue de talento nacional puesto al servicio de quien se perfila como el héroe colombiano definitivo. Es tal la confianza que se tiene en este proyecto que ya se baraja la posibilidad de secuelas. Los temas están siendo analizados a medida que la realidad nacional genera nuevas situaciones probables.

Santos

Es muy probable que podamos ver de nuevo a Santo(s) en las películas:

Santo(s) y la isla perdida (la de San Andrés, obvio)
Santo(s) vs. Uribe Demon
Santo(s) vs. las momias del Catatumbo
Santo(s) vs. el paro camionero
Santo(s) vs. el paro cafetero
Santo(s) vs. el paro lechero
Santo(s) vs. …Colombia

Quintana, el pequeño gigante

Artículo destacado > Con los taches arriba Por: Rafa XIII

21 dAmerica/Bogota julio dAmerica/Bogota 2013 20:59 COT

Podio del Tour de Francia 2013, Nairo Quintana está a la izquierda de la imagen

Hace casi tres años, mencionábamos en este espacio lo que había sido el notable triunfo de un jovencísimo Nairo Quintana en el Tour da L’Avenir, y que el novel corredor era el llamado a continuar la rica tradición del ciclismo colombiano de Cochise, Herrera, Parra, Flórez, Botero y demás ídolos de épocas lejanas y cercanas en nuestros recuerdos.

Y lo cumplió con creces. Su rutilante actuación como debutante en la edición número cien del Tour de Francia, en este 2013, le ha asegurado por derecho propio a Nairo un lugar entre nuestros más grandes deportistas de todos los tiempos. Con apenas 23 años y algo más de 1,60 m de estatura, este pequeño ciclista boyacense se convirtió en un gigante de las carreteras europeas, siendo a la vez el campeón de los premios de montaña, de los novatos y subcampeón de la clasificación general individual, solamente superado por el británico Christopher Froome. Como si fuera poco, el sábado 20 de julio, la fiesta nacional por excelencia de Colombia, le regaló al país la victoria en la etapa Annecy-Mont Semnoz.

Un par de meses atrás reseñábamos el segundo lugar de Rigoberto Urán en el Giro de Italia, y ahora que se dio lo de Quintana, es válido establecer comparaciones sobre la situación de carrera que los llevó a ambos a la posición de honor que finalmente ocuparon. Al igual que Urán con Bradley Wiggins, Quintana inició la competencia como gregario del español Alejandro Valverde, capo de Movistar, y tuvo que trabajar para él hasta la etapa 13, cuando Valverde perdió toda posibilidad de pelear la carrera, y se cambió la prioridad del equipo en favor de Nairo. Viendo el brillante desempeño de nuestro pedalista en los tramos siguientes, con el tiempo que sacrificó en vano en favor de su líder, a lo mejor la pugna con Froome por el título final habría sido hasta la raya de sentencia en París.

De todas maneras, la hazaña de Quintana superó lo alcanzado por Fabio Parra en 1988, con su muy meritorio tercer lugar en el giro galo, y no es para nada aventurado el pensar que, dada su juventud y excelentes condiciones, Nairo volverá al podio de esta competición, pero para estar en el primer lugar y traer a Colombia la mítica maillot jaune —la camiseta amarilla— reservada para el mejor corredor de ciclismo de ruta en el mundo.

Hace tres años destacábamos el origen humilde de Nairo y el hecho de que se había convertido de niño en ciclista porque era la única forma de ir de su finca a la escuela en el pueblo y de allí de regreso a casa. Aunque ya es un hombre famoso, conserva esa misma sencillez heredada de sus padres, un par de campesinos que son el vivo retrato de la familia colombiana. Habla poco, no porque sea engreído, sino por su timidez, tan solo comparable con la que en su tiempo mostraba el gran Lucho Herrera ante cámaras y micrófonos. Merece y recibirá todos los homenajes, que serán muchos, en una trayectoria deportiva que todavía está en sus primeros logros.

A tres puntos de Brasil

Columnas > Con los taches arriba Por: Rafa XIII

14 dAmerica/Bogota junio dAmerica/Bogota 2013 8:32 COT

Falcao

Con la victoria de Colombia ante Perú por las eliminatorias, el seleccionado nacional tiene un altísimo porcentaje del tiquete para el Mundial Brasil 2014. Tendría que ocurrir una desgracia de proporciones épicas, léase que el equipo de Pékerman no lograra tres unidades en los cuatro partidos restantes de la ronda clasificatoria, para quedar por fuera de la cita mundialista.

Si bien es cierto que en el encuentro contra Argentina en el Monumental de Núñez Colombia mostró un fútbol opaco, de una discreción solo comparable al que lució en la pírrica victoria ante Perú en Lima, al igual que en esa ocasión se logró el objetivo: se sacó el resultado. Un empate que fue buen negocio luego de tres derrotas consecutivas de visitante en Buenos Aires en las eliminatorias a 2002, 2006 y 2010, con todo y las heridas de guerra que significaron la lesión de James Rodríguez y la expulsión de Cristian Zapata.

Lo ideal para llegar al segundo partido del doblete frente a Perú era que los incas no vencieran a Ecuador, pues de esa manera llegarían con sus opciones de seguir en carrera bastante mermadas. Pero el triunfo 1-0 ante los ecuatorianos les puso aire en la camiseta. Por lo demás, el antecedente de los peruanos visitando a Colombia en las últimas cuatro clasificaciones dejaba las cosas 50/50. De los cuatro partidos ganó dos: en Barranquilla 1-0 en 1997 y en Bogotá 1-0 en 2001, y perdió dos: 0-5 en Barranquilla en 2005 y 0-1 en Medellín en 2009. Saltaron a la cancha del Roberto Meléndez con sus posibilidades intactas, y cualquier pretensión de salir a ganar se fue al piso demasiado rápido.

Aguantó diez minutos. El penalti cometido sobre Zúñiga, transformado en gol por Falcao hizo que el técnico Markarián hiciera un par de cambios suicidas antes de los 30 minutos. Sacó los dos laterales y puso un par de hombres de ataque: Carrillo y Farfán. La reacción fue tibia, con un par de cabezazos y un tiro en el poste, pero cuando las cosas no estaban en su mejor momento, el segundo tanto, de Teófilo Gutiérrez, acabó con el partido. De ahí en adelante fue un ir y venir de juego fuerte, jarras de cansancio, sudor —no tanto por la velocidad sino por el bochorno después del aguacero— y un espectáculo pobre. Los peruanos porque, a pesar de poner todas sus cartas, dispuestos a empatar o a que los golearan, no tenían argumentos de fútbol para vencer a Ospina, y Colombia pareció conformarse con el resultado ya obtenido y sumió las acciones en un sopor que no terminó sino hasta que el árbitro sentenció el final del cotejo.

Tal como pasó el viernes, no fue un partido vistoso. Falcao, el gol y nada más. Gutiérrez liquidó a los peruanos cuando tuvieron algún asomo de mejoría. Ospina detuvo los pocos remates incas, y el otro dio en el palo. Yepes se multiplicó por cuatro en la zona posterior. Cuadrado suplió la ausencia de James Rodríguez. Se hizo lo que había que hacer para ganar y pare de contar. Con 23 puntos, a Colombia le falta una victoria para finiquitar la clasificación. Perú está virtualmente eliminado (tendría que ganar los cuatro encuentros que le quedan por disputar) y, con los resultados de los demás juegos, Argentina ya aseguró su boleto. Ecuador, Chile, Uruguay y Venezuela jugarán para quedar por encima del quinto puesto, que obliga a jugar una serie extra de repechaje con un equipo de Asia.

Urán, histórico…

Columnas > Con los taches arriba Por: Rafa XIII

30 dAmerica/Bogota mayo dAmerica/Bogota 2013 18:22 COT

Rigoberto Urán

No es costumbre en esta columna exaltar a los segundos puestos porque, por regla general, la historia siempre recuerda al que es primero en algo, no al que llega detrás a hacerle compañía. Por eso todos saben que Rodrigo de Triana fue el primer marinero que vio un pedazo de tierra americana, desde La Pinta, pero nadie sabe quién fue el segundo que hizo lo mismo. Todos saben que Neil Armstrong fue el primer ser humano que piso la Luna, y pocos, muy pocos, recuerdan que Edwin Aldrin se bajó enseguida del Eagle, para ayudarle a poner la bandera estadounidense en el suelo lunar. Hoy haremos una honrosa excepción, pues la ocasión así lo amerita.

El segundo lugar en la clasificación general individual obtenido por el pedalista colombiano Rigoberto Urán en la edición 96 del Giro de Italia es desde ya un hito para el ciclismo nacional, pues nunca antes un corredor nacido en nuestro país había alcanzado tan alta posición en tierras italianas y, lo que es más, por primera vez un ciclista latinoamericano estuvo en el podio de la competencia. Por otra parte, el subcampeonato de Urán viene a completar el uno-dos-tres en las carreras más importantes de ruta a nivel mundial, porque Luis Herrera fue campeón de la Vuelta a España en 1987 y Fabio Parra fue tercero en el Tour de Francia en 1988 y segundo en la Vuelta a España en 1989.

La actuación de Urán tiene el gran mérito de haber sido lograda por un gregario, es decir, un ciclista cuya misión principal es la de colaborar para que el líder del equipo obtenga un mejor desempeño durante cada tramo de la competición. Rigoberto estuvo a cargo de ese trabajo sucio en favor del capo di squadra del Sky Procycling, Bradley Wiggins, nada menos y nada más que el campeón del Tour de Francia del año pasado, medallista de oro en Londres 2012 y múltiple campeón mundial de pista. Con semejante coequipero, era obvio que Urán y Sergio Luis Henao estuvieran rodando en carretera en función de su líder, tal como sucedió durante la séptima etapa, entre San Salvo y Pescara, en la que a pesar de estar mejor ubicado en la general y con posibilidades incluso de alcanzar el liderato, Urán recibió la orden de esperar a Wiggins para darle rueda y evitar que perdiera más tiempo.

Esta decisión del director técnico del Sky, Dave Brailsford, pudo haber significado a la postre que nuestro compatriota se alejara de la posibilidad de haber sido campeón de la carrera, porque su sacrificio en tiempo no sirvió de nada, dado que Wiggins se retiró del Giro unos días más tarde. En cambio Urán se dio el lujo de ganar la décima etapa (un día antes del abandono del británico), entre Cordenons y Altopiano del Montasio, triunfo que, de no haber sido por los minutos que dejó escapar —obligado— en la séptima etapa, le habría significado apoderarse de la maglia rosa, quizá hasta la meta final. La ventaja que sacó Vincenzo Nibali fue imposible de franquear en las etapas subsiguientes y no hubo manera de arrebatarle el título al italiano.

De todos modos, el desempeño de los pedalistas colombianos fue impecable, pues no solo Rigoberto Urán se adjudicó la segunda casilla en la general de forma definitiva cuando cruzó la línea de sentencia en Brescia, sino que además Carlos Betancur, del equipo AG2R La Mondiale, quedó quinto en la clasificación individual y también fue distinguido como el ganador en la categoría de los novatos.

Es reconfortante ver que el ciclismo colombiano va recuperando paulatinamente el lugar de privilegio que tuvo en las competiciones internacionales desde comienzos de los años 80 hasta mediados de los 90 del siglo pasado, cuando luego de tantos momentos de gloria, las dos generaciones exitosas de corredores se quedaron sin relevo. Esta nueva camada de pedalistas ha llenado el vacío, y no es descabellado pensar que las imágenes con colombianos en los podios de Giros, Toures y Vueltas, serán muy frecuentes.

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